La tentación vive en Asia

Una periodista joven de esta tierra que lleva dando vueltas por medio mundo desde que terminó la carrera, que ha cubierto una campaña presidencial norteamericana y unos Juegos Olímpicos, que ha tenido que estar pendiente de las tradicionales convulsiones que depara la enormidad representada por América Latina desde puestos de responsabilidad en medios icónicos de la profesión cambiaría el pack completo por volver a dedicar todos sus sentidos a seguir el día a día del cantar de China, destino en el que arrancó su itinerario exterior y donde comprobó retenida en una comisaría que, muy por la labor, el régimen no es que esté. Pero algo tendrá cuando alguien con posibilidad de elegir entre cualquiera de las latitudes en juego se queda con el gigante asiático. También es verdad que le tocó seguir de cerca a Trump. Y lo cierto es que en la actualidad es de las pocas demarcaciones potentes que ante él no practican la genuflexión.

      Por el afecto que le profeso estoy atento a lo más llamativo. De ese modo me entero que en la cafetería del Ikea de Shanghái se reúne un buen lote de personas mayores cargadas con bolsas de comida y termos de té que traen de casa para, alrededor de una mesa, hacer amigos y lo que surja. O sea, una especie de First Dates pero sin Carlos Sobera. La fórmula no está organizada por nadie. Surge de la necesidad de relacionarse. Los que superan los 60 años en China son cerca de 300 millones de personas de los que unos 160 -millones, claro- viven solos. Constatas la magnitud e infieres la fascinación.

     China y Taiwán han logrado más universidades que Estados Unidos en los 500 primeros puestos del ranking de Shanghái, la clasificación internacional de mayor prestigio. Y, en cuanto a inteligencia artificial, el país va como una moto. Por si le faltaba algo al cóctel, Ikea ha nombrado al primer no sueco para dirigir el futuro de la tienda y resulta que el nuevo Ceo del famoso emporio es de… ¡Cádiz! Pues nada, en cuanto circulen las papas aliñás y la tortillita de camarones, ¡uf! Se salen del mapa.

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