Tengo delante a Alcaraz dale que te pego con la azotea redecorada. Pese a la carga de torneos que lleva encima no le dio pereza someterse a una decoloración completa eliminando el pigmento natural de su apelmazada cabellera oscura hasta dejarla medio blanca. Pensé que el aspecto podía venir dado por el tono que registraba el Samsung, pero qué va. Rubio hielo que se llama. Con una base tan morena mantenerlo será un nuevo reto: champús morados para evitar el amarillo, mascarillas nutritivas tendentes a reparar los daños de la operación y visitas periódicas al profesional de confianza con vistas a retocar la raiz. Tener al lado al hermano mayor debe ser un elemento que le viene fenomenal en todos los sentidos incluso a la hora de darle la réplica en no pocos entrenamientos, pero la que ha formado aquel con los trasquilones propinados. Ha abierto una vía que a saber si acaba como se descuiden con el peluquero en el equipo.
Décima final del año para el «namber guan» del circuito. Tenía entendido que los japoneses apenas se alteraban y sin embargo había que verlos a voz en grito, enarbolando banderas rojigualdas, con inscripciones de Carlitos en todos los colores. Y es que el juego de este chico evidentemente no es normal. Esos «lobs» sobre rivales de su edad vaya que sea, pero cuando se los coloca uno tras otro a quienes le sacan doce, quince años da cosa pensar los globos que deben pillarse y lo que chamullarán las criaturas mientras corren hacia atrás.
Va a ser difícil no acordarse del mandamás de la patronal al ver en acción al del Palmar. Para un españolito sobre el que apenas hay discusión, que despliega empatía allá por donde va no era fácil que saliese salpicado en las redes: «Que si se cree que los currantes cobran salarios como los del tenista; que si éste trabaja para él mismo, no para otros; que si es que el vencedor de París y de Nueva York gana 1.184 euros/mes con prorrata de horas…». O sea, que una ocurrencia lo ha logrado. Gran gesta la de Garamendi. Qué campeón.