El impacto en las conciencias

La Bienal de Venecia se ha visto envuelta entre el glamour y la barbarie que nos golpea. La presencia de las estrellas del firmamento Cate Blanche, Guillermo del Toro, Emma Stone, Sofia Coppola, Jude Law, Julia Roberts… y la demanda por otro lado de 1.500 nombres del cine italiano básicamente instando al festival a criticar el genocidio, quien enseguida respondió que hacer declaraciones políticas no es labor de la Mostra. El desfile almibarado sobre la alfombra roja y el exterminio y la pesadilla de seres a años luz de la ficción.

     Sobrevolando tanta angustia el silencio a babor y estribor, incluido el atronador de los países árabes. De ahí que en plena celebración alterasen la tranquilidad del Lido cinco mil personas enarbolando valores que cotizan a la baja. Tanto como para que una sinusitis grave impidiese al mismísimo George Clooney dar señales de vida en su rueda de prensa, cuyo diagnóstico para más de dos fue alergia a cuestiones incómodas. Tampoco es que el resto de figuras se haya mostrado como un libro abierto. Ya el primer día le pidieron a Alexander Payne, presidente del jurado, su opinión al respecto y dijo que no estaba «preparado» para esas preguntas. Es comprensible. No habrá tenido oportunidad el hombre de ver lo que pasa.

     Pero todo saltó por los aires con «La voz de Hind Rajab», que relata el asesinato por parte de las tropas israelíes de una cría gazatí de seis años, elección con la que para el director del certamen se demuestra la inexistencia de reserva alguna a mojarse. La historia gira en torno a los audios originales de las llamadas de socorro de la pequeña a la Media Luna Roja. Atrapada en el coche en medio de los cadáveres del resto de la familia cogió uno de los móviles: «Venid a salvarme». El auto recibió 335 impactos de bala. Aún resuena la conmoción en la sala. Brad Pitt, Cuarón y Joaquin Phoenix se han sumado como productores ejecutivos. Lo que ha hecho la tunecina Ben Hania es cine y mucho más. Denunciar que quienes han de actuar ahí y no lo hacen olvidan lo que está en juego.

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