Ali Akbar es el voceador de prensa diaria que queda suelto por el barrio Latino de París y al que un Macron estudiante invitaba de vez en cuando a café o a una copa de vino. Ahora el presidente de la República ha concedido la Légion d’Honneur, la más alta distinción de la República cuya entrega está prevista en otoño, a este pakistaní que puso distancia con su país sin un céntimo en el bolsillo. Se ha ganado a pulso salir en los impresos como noticia relevante. Confiemos en que el marido de Brigitte esta promesa la cumpla.
Medio siglo atrás tiró de Libération y de Charlie Hebdo hasta que los interesados comenzaron a demandar Le Monde, que es con el que se ha quedado durante el periplo. Al ser vespertino puede que también le viniese mejor para recomponer su existencia después de dormir no poco tiempo bajo un puente, ya que hasta el mediodía no veía el ejemplar la luz, de modo que se batía entre plazas, restaurantes y locales nocturnos para poner en la mano a los lectores lo que daba de sí la actualidad, los análisis correspondientes, el sagrado editorial, el pronóstico del tiempo y el horóscopo entre otros atributos. Era la época en que en las avenidas de las grandes urbes resplandecían abiertos y escalonados a las tres de la madrugada quioscos dispuestos a despachar las cabeceras más preciadas. La competencia hoy en día tanto de unos como del otro acude a todos lados desde otra dimensión de forma instantánea. El titular de su andadura podría ser, si me permiten, Ali, qué bien resistes.
Los ingresos le dan para ir tirando, aunque los devotos de su presencia no lo descuidan. Se ha ganado el afecto imprimiendo sello propio y al llegar a la altura de un viandante soltar «¡Ya está. Putin ha terminado la guerra y ha pedido perdón!». Tirando de ironía es como llama la atención cuenta Daniel Verdú cuando en julio voceó «¡Ya está aquí! Bayrou ha solucionado los problemas de Francia. Estamos salvados». Y, claro, el primer ministro acaba de dimitir hace unos días. Normal. A estas alturas Ali es un todoterreno. Clava diagnósticos y hace el cierre en la concurrida terraza de La Palette.