Maldito día que aquí sigue

La travesía de estaciones hasta volver al día más temido ha supuesto un carrusel de altibajos en el estado de ánimo que ni los propios seres humanos se explican cómo han llegado de pie hasta aquí encontrándose como están de malheridos. La cabeza no ha parado un solo instante y no deja de preguntarse por qué decidió bajar al garaje con lo cuidadoso que era, pero no quiso Dios que midiera el riesgo. Más duro aún es preguntarse a cada paso cómo fue incapaz de sujetar con más fuerza a la criatura, sin que nadie consiga convencerlo de que hizo cuanto estaba a su alcance. Y no va a ser fácil lograrlo.

     Centenares de críos han incorporado a la rutina mirar por la ventana cada dos por tres esperando que no diluvie del pavor que les entra. El barro se ha transformado en otro de los fantasmas que acude en la penumbra a sobresartarles el sueño, mientras que el descubrimiento de montañas de coches apilados que conservan en la memoria provoca en ellos escalofríos y fascinación. Hay que cuidarlos sobre todas las cosas. Es difícil aguardar que en la cacareada reconstrucción se haya incluido un plan especial de protección para las mentes más vulnerables que en aquellas secuencias espantosas vieron saltar por los aires buena parte de lo que les reportaba seguridad, desde el cole hasta la habitación y parte de su familia o de la de los amiguitos de juegos. Atendámoslos.

     Es lo que hicieron tantos como arrimaron el hombro volcándose a lo largo de intensas semanas tras la inutilidad de la alarma que sonó cuando la hecatombe venía campando a sus anchas desde horas antes. Para mayor desasosiego, los meses posteriores han traído un goteo escalonado con el desconcertante proceder del máximo responsable de la gestión del territorio sacudido, cuya única certeza es que ese negrísimo 29 de octubre no estuvo donde le correspondía por muchas vueltas que le dé a la película cuyo cierre completo da grima pensar cuál puede ser. Y si hay algo nítido sobre la reconstrucción es que la suya resulta del todo imposible. O no.

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