El quebranto

Lo he escuchado una y otra vez. Un testimonio hondo. Toñi García comenzó su relato aferrándose como podía a la entereza. Duró lo que duró. En cuanto llegó al 31 y a la madrugada del 1 en que los buceadores encontraron los cuerpos en el garaje, uno el de Miguel y otro el de Sara, la hija de 24 años de ambos, la narración se quebró. Estaban juntos y fuera del coche, es lo único que le dijeron. Solo con eso ya tuvo suficiente para imaginar lo que habría sufrido su marido viendo que se ahogaba y que no podía hacer nada por salvarla. Y, sin embargo, prosiguió con el testimonio. En ningún instante se detuvo. Se lo debía a ellos y al resto de víctimas que andaban esparcidas en el camposanto abierto por quienes no estaban preparados ni atentos ni al cuidado de aquellos a los que debían de proteger. Querría haber sido ella quien bajase en lugar de Sara. No para suicidarse como espetó el vivales en otra de las comparecencias del momento, sino para haberse ido con él, descansar en el más allá y no tener que pensar a diario en cómo lo pasaría su niña a oscuras, con frío, barro y sin poder respirar porque así sería ella quien siguiese adelante con toda una vida por explorar. Cada soplo de recuerdo, un tormento. No digamos nada del troncal que supuso la propuesta postrera de la chavala de que le ayudaran a hacerse con un piso en esa finca, vivir con su chico, ayudarles en cuanto se hicieran mayores y que ellos les echaran una mano cuando viniesen los críos. Toñi no solo ha perdido la parte más codiciada de la razón de su existencia, además abre la puerta al reclamo del timbrazo con la maldición de que jamás entrarán por ella los diablillos que su hija había dibujado en el horizonte. Y también sacó fuerzas para señalar que el «infierno real de destrucción, de muerte y de oscuridad» no supuso el final del impacto. Denunció que, a semejante dolor, desconcierto y desasosiego, le siguió un «silencio institucional» de los mismos que nunca han estado a la altura. Como tantos, no quiero olvidar lo ocurrido ni puedo. Sería Mazón.



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