La sacudida

Ahí está sobre el escenario. Es «1936», estrenada en el Valle Inclán y que durante este año ha andado de gira constreñida por el montaje y el elenco que necesita quiero pensar. Tanto como para meter en cuatro horas largas la explosión de sentimientos que atraviesa. El inicio recoge en varias pantallas imágenes de los Juegos de Berlín mezclados con la presencia de la cartelería de las Olimpiadas Populares en Barcelona del 19 de julio que no llegaron a celebrarse por la competición de tiros que irrumpió en la víspera. Diríase que la obra es nuestro «Novecento» de Bertolucci en el que el protagonismo de la deriva de dos amigos inseparables ante la llegada del fascismo es ocupado por las dos Españas. Queipo de Llano entra en acción en el Centro Niemeyer de Avilés. Es 21 de noviembre. Salen a relucir calles, barrios y pueblos ensartados por el fuego candente al igual que en el desarrollo de la sinrazón se recitará el listado prolijo de quienes la fomentaron en la sombra. El trabajo de documentación ha sido de órdago. La incursión de Yagüe hacia Badajoz abre la ventana del escarnio de par en par. Pero es la huida de miles y miles de criaturas desde Málaga a Almería masacradas en la carretera con la inestimable colaboración de aviones alemanes e italianos los que rocían de espanto el auditorio. Azaña radia su agradecimiento a los compatriotas en el apoyo al Gobierno, aunque haber dispuesto de armamento fetén no les habría venido mal. Sobre todo porque Calvo-Sotelo venía recopilando dinero, medios y apoyos desde el advenimiento de la Segunda República en el 31 con su círculo de potentados. Madrid, Barcelona, la batalla del Ebro y Guernica conducen al desenlace. Decenas de espectadores se tumban junto a los actores cuando caen las bombas. Las canciones sirven de bálsamo al frenesí. Cuatro de nuestros mejores autores han deglutido el entramado para ver si de una vez por todas cerramos sus huellas como hay que cerrarlas, pese a quienes jamás permitirían esta obra en cartelera sin necesidad de verla siquiera. Así seguimos.

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