Amo a Nora Ephron. La 1 ofrece dos de sus creaciones más festejadas y no solo no me resisto, sino que envío aviso a los más cercanos y aún queda en la recámara «Cuando Harry encontró a Sally». En ella el desenlace que la guionista entregó era agridulce, pero como durante la filmación Rob Reiner se quedó colgadillo de Michele Singer aquello terminó como tenía que terminar. Ya sabrán que hace quince días el director y su pareja fueron acuchillados casi con toda seguridad por el hijo mediano de ambos. No hace falta decir que los finales en la vida real son otro cantar.
En plena década de los sesenta, con veintitantos, la neoyorquina metió la cabeza en Newsweek y cató lo que vale un peine. Según los jefes las mujeres no estaban hechas para escribir. En eso, miren por donde, andábamos a la par con Estados Unidos, salvo en que ella demandó al semanario por discriminación de género y ganó el caso. Pero fue en la revista Esquire donde pilló el tono. Sin reservas a la hora de escanciar sus propias vivencias se convirtió en una araña cubierta de vainilla como aquellos entrevistados a los que destripaba sin descomponer la figura.
Luego vino el episodio de infidelidades de Carl Bernstein, padre de sus hijos y azote de Nixon, al que sobrevivió como muy pocas celebridades a un engaño público, dedicándole a continuación libro y peli envenenados y desvelando la identidad de Garganta Profunda, algo que el ínclito y Woodward guardaban en secreto. Entonces vio que, con los peques, era momento para dejar de explorar calles y perfiles turbios dándose a los guiones y a los libros, entre los que sugiero «No me acuerdo de nada» para entrar en calor en tardes lluviosas. Por si fuera poco acabo de comprobar después de múltiples indagaciones la existencia de acceso en una plataforma al documental que Jacob dedicó a su madre tras la muerte y en el que en torno a ella plasman su paso por este mundo las hermanas, el ex, Reiner, Spielberg, Meryl, Hanks, Keaton, Meg, Crystal, Talese… ¡Uummhh! Ya tengo mis Reyes.