Seguir el concierto de Año Nuevo en Viena se ha convertido en un tributo al padre. Para un empleado de banca cargado con tres churumbeles, carne de pluriempleo, presenciar allá por los sesenta la cadencia en los compases en torno a los Strauss, que llegaban desde la Sala Dorada, se convertía en un regalo de los dioses. Jamás dejó de acudir al encuentro en la salita de casa.
En 2026 la batuta cayó en manos de Nézet-Séguin, el joven canadiense de uñas pintadas, con pendiente y su marido violista incorporado de manera excepcional al grupo a quien dispensó un beso durante la marcha Radetzky. Situado al frente de la Orquesta de Filadelfia y de la Metropolitan Opera House de Nueva York, propinó un puñetazo a los compartimentos estancos, se mostró divertido, cercano y se metió a la gente en el bolsillo. Seleccionó por primera vez piezas de dos compositoras alejadas de los valses tradicionales y, de entre los Strauss, apostó por los hijos. Conocedor al igual que tantos aficionados de la intrahistoria familiar no quiso dejar de mandar mensajes. Como es bien sabido y en contra del parecer de su mujer, el padre de la saga no consintió que ninguno de los vástagos estudiase música. Nada más irse el galán con una más joven, la madre apuntó a toda la descendencia al conservatorio y fue Josep quien en su momento le dedicó una pieza titulada «La dignidad de las mujeres», incluida por el innovador Yannick este primero de enero. Cuando siglos después ninguna mujer ha dirigido una cita de esa envergadura, todo el mundo coincide hoy en que ha llegado la hora.
Al tener la compañía de los diarios era complicado que la vista no se fuera hacia el repertorio de Ábalos expuesto por una auditoría. Y me preguntaba: ¿Estará escuchando a la filarmónica? ¿Habrá apreciado los guiños tanto como se supone que degustó viajes y comidas opíparas que, en atención al rango, incluyen cargos de menús infantiles y lavados de coches? Capaz es. El pobre creería que estaba inventando algo cuando en lo suyo ni es el primero ni será el último. Valiente armonía se gastan.