Tropas de montaña en acción

Me escurro por Filmin. Inesperadamente me topo con «Profesor en Groenlandia» y cualquiera no explora. El director es francés. Enseguida se me vino a la mente el mensaje de Macron desvelado por el avieso destinatario: «Lo que quieras Donald y por favor no se lo digas a la población». La docuficción, por su parte, es de hace ocho años y, desde entonces, Samuel Collardey está desaparecido en combate.

     El planteamiento es bien intencionado. Lo mejor, las escalofriantes panorámicas. Anders anda con la mosca tras la oreja porque ve cómo se consume el padre y no está por la labor de heredar la granja y los aperos. Tanto es así que, desde el continente, opta a una plaza en esa tremenda isla. Le ofrecen la capital, un pueblo mediano u otro de apenas ochenta habitantes en el peor lugar posible, que es el que elige. Quiere romper con todo, pero pronto se percatará de que ni Dios le hace caso. Alguien espeta que a ver si se ha creído que por ser danés puede mirarlos por encima del hombro. Marzio G. Mian, reportero de los pies a la cabeza, destacado experto en el Ártico, atestigua que la población de inuits no siente nada por Europa, que está obsesionada con la comida y por sobrevivir y que, aunque la ballena y la morsa son sugerentes, la foca no hay quien se la coma. Para lograr integrarse, el profe le dice a la anfitriona que le eche más. 

     Aprovecha el acercamiento para interesarse por un crío que lleva una semana sin aparecer, a lo que le contestan que aprende mucho más yendo a cazar con el abuelo. Se nutren desconectados del mundanal ruido, por lo que llega un punto en que Anders comprende que no queda otra que domar el trineo y apuntarse a la primera expedición. Dentro del ensayo previsto por la Otán, España enviará tropas de montaña al norte de Noruega ante el envite de la Administración estadounidense. En una presunta guerra ártica los vehículos hay que mantenerlos en marcha o no vuelven a arrancar; la grasa se congela; los fusiles cambian sus gatillos para que quepa el dedo enguantado y las gafas se empañan o revientan. El escenario no puede ser más rompedor. Y tanto el Catar-Suiza como el Austria-Jordania del Mundial en San Francisco no colman las expectativas de Trump para este verano. Al final va a ser eso.

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