Con todas las bendiciones

Prensa Ibérica está implantada en gran parte de las comunidades habidas y por haber. Además cuenta con cabeceras de las más longevas de esta nuestra escenografía: Faro de Vigo y El Correo de Andalucía. Este último, que celebra su 125 aniversario, fue fundado por el cardenal Spínola. Ya en el XX, a finales de los sesenta otro clérigo, el cura Javierre, le dio un golpe de timón haciéndolo combativo hasta más allá de donde se podía dando paso a que en el 70 Chinarro, otro sacerdote, inaugurase la sección Mundo Laboral donde batallas de sindicatos clandestinos encontraron altavoz. Spínola, que como joven abogado asesoró gratuitamente a demandantes de clase trabajadora, estaría orgulloso. Íñigo Domínguez, uno de los sabuesos que más polvareda ha levantado investigando casos de abusos sexuales en la Iglesia -siempre por medio- cuenta con un espacio sobre noticias llamativas en «A vivir que son dos días» con el nombre de Prensa Ibérica que a estas alturas es de donde emanan la mayoría de casos que desfilan. De no habérselo puesto habría tenido que cambiárselo.

     Con motivo del aniversario he vuelto a toparme con Holgado Mejías. Fue subdirector, entrevistador de culto y el que cogió por banda a «Isidoro» a su vuelta de Suresnes hace ahora medio siglo. Ambos acabaron en comisaría, aunque con el que tuvieron más consideración fue con el que un día podía llegar a gobernar, mientras que el peligroso era el otro de ahí que quienes tomaban café a su lado en la barra del bar solían ser de la secreta.

      Hasta el último mono tuvo movida. Mi novia me dijo que junto al chalé de sus padres llenaban la piscina con camiones cuba pese a las restricciones por sequía. El concejal se las vio y deseó para salvar el cuello y Mari Carmen estuvo a punto de ser deportada. Redacciones de diarios de provincia son escuelas, graneros y a sus 92 tacos Juan Holgado dice que, de nacer hoy, volvería a ser periodista. Es lo malo de quienes veneran el oficio. Que, por mucho tiempo que pase, no escarmientan.

El nutrido repertorio

Para intentar que el baluarte del recién nacido independentismo ultra no siga comiéndole la tostada, la ingeniería de Junts pretende hilvanar una sarta de mensajes con los que alertar sobre la inmigración a los acordes de «la supervivencia de la catalanidad está en riesgo». Hasta ahora lo soltaban sobre todo en la intimidad.

     Da igual que en un informe del Defensor del Pueblo se recoja que los flujos migratorios son esenciales para compensar el declive de la fuerza laboral nativa. Importa un pito que un estudio del Banco de España  precise que se necesitarán 24 millones de inmigrantes para mantener la relación entre trabajadores y pensionistas. Se desprecia por parte de esta camarilla que el territorio al que dicen defender esté construido también por compatriotas manque les pese, llegados de latitudes jodidas que con su mano de obra contribuyeron a que sea una de las zonas más ricas e industrializadas. Pero qué más da, firmado desde Waterloo con amor.

     Eso sí, tampoco vamos a hacernos los estrechos. No cuentan con la exclusividad. Hace demasiado tiempo que cada uno va a lo suyo, con mando en plaza para el capitán general. La presentadora de informativos Helena Rosanoescribe: «Cuando se anunció el compromiso con Letizia muchos auguraron el principio del fin de la monarquía. Separada, sin linaje… un despropósito. Pasma que periodistas con años de profesión se atrevieran a hacer semejante pronóstico con todo lo que había escondido en la alfombra del entonces todavía rey». Como que ha vuelto el destape.

     Y, entre tanto, el Gobierno se agarra a la silla al pactar con Bildu la reforma de la ley mordaza propiciando que «Huracán» Tellado entre a saco para señalar lo «secuestrada» que anda la legislatura. Este es el friso bajo el que nos movemos, no hay más que hablar. Aunque siempre queda un asomo de esperanza. El que dibujó el refinado Borja Sémper: «El Real Madrid es la España que necesitamos y la que nosotros traeremos». Y así le habremos dado la vuelta a la historia. Tendremos el régimen del equipo.

Qué poco dura lo bueno

Radiotelevisión Española arrancó 2024 trayéndose a su experta corresponsal en las entrañas de Europa para presentar y darle otro empaque al telediario nocturno. La primera edición del 15 de enero se extendió cerca de una hora. Marta Carazo expresó su intención de ofrecer contexto a los asuntos primordiales de actualidad, por lo que durante el debut introdujo un paréntesis para el análisis bajo el epígrafe de «Superaño electoral» al que accedieron caminando tan ricamente Ana Bosch y Lorenzo Milá exponentes de una plantilla que enriquecen el medio y a la que se le saca el jugo que se les saca de higos a brevas. La conductora del espacio situó la acción en los cuatro mil millones de personas llamadas a votar en este curso, desde Estados Unidos pasando por la India, Méjico y Venezuela -¡uy, Dios mío!-, Sudáfrica… «todo ello dentro de un entorno geopolítico inestable». Fue media hora de disección sobre lo que estaba por venir, tan inestable que, efectivamente, a día de hoy se han reducido incluso los titulares del sumario para dar paso corriendo al que viene detrás armando bulla.

     Es el sino del ente cuando cuenta con todos los resortes al alcance para ser referencia. Dentro de «La noche en 24 horas» tiene lugar un debate cohesionado por Fortes en el que se escucha al de enfrente, se madura la respuesta y se matiza la controversia frente al habitual de las cadenas comerciales donde los contertulios tienen claro que repetirán soldada si gritando más sube el share. De ahí que, para mi mujer, Xavi sea como de la familia hasta el punto que de toparnos con algo sobre su padre, militar de la UMD, o acerca de la escritora de su hermana hay que verlo.

     De nuevo la corporación de marras ha caído en un agujero negro y ha sido el periodista mencionado quien ha dicho que «hay que ser muy miserable» para filtrar las preguntas de las oposiciones a las que se presentaban cinco mil aspirantes tras lo que bastantes de ellos sienten que «están riéndose de nosotros». Es lo que ocurre cuando se apuesta todo a la revuelta.

Toda una odisea

Años atrás los jubilados debían irse tan ricamente con el Imserso. Hoy el desafío es conseguir plaza. En medio de la avalancha se montan auténticos dispositivos desde los que hijos y nietos acuden al rescate a bordo de la terminal electrónica. Aun así hay muchas posibilidades de que se queden colgados portátiles y abuelos.

     Un conocido, que hasta ahora había despreciado el sistema vacacional que pone en danza a cientos de miles de pensionistas, se dirigió por primera vez a una agencia tras renunciar a sus fundamentos y haberse inscrito. Su pareja y él habían puesto los ojos en Menorca y, de no poder ser, Ibiza o Tenerife. Finalmente se van a Fuerteventura. Fue el último que pilló cacho en Canarias. De ese modo se marchó con la tranquilidad de que pensando en próximas convocatorias más lejos ya no puede tocarle salvo que recuperásemos el Aaiún, lo cual no habría que descartar teniendo en cuenta la de vaivenes diplomáticos que tenemos gestionando.

     El caso es que ella está encantada con el destino forzoso que han pillado. Le parece muy exótico. Recorriendo por la pantalla unas vistas aéreas ha dado con una playa para flipar a la que se accede a través de un camino que no tiene fin compuesto por un paisaje lunar. También ha dispuesto que han coger el ferry para ir a isla de Lobos y al Parque Nacional de Timanfaya, «un espectáculo de cráteres rojos y coladas de lava que refleja el arder de la tierra y su fuerza incontrolable donde puede apreciarse una de las mayores actividades de vulcanismo del mundo», según los folletos. Él lleva cuatro días encerrado imponiéndose en la materia para encontrar una salida a sus nulas ganas de aventuras. De momento sabe que el nombre le viene de que el viento por el que se caracteriza no es moco de pavo de ahí que sea paraíso del surf, el windsurf y el kitesurf, sin olvidar el kayak y el rafting, entre otros. Se han abierto apuestas para dar en el blanco de las actividades por las que se decantará siempre que, antes de despegar en noviembre, lo saquen de la habitación.

Los contumaces

Vox no ha perdido ni un segundo y, antes incluso de clausurarse el verano, registró una proposición no de ley en las Corts con la que insta a declarar Bien de Interés Cultural la Cruz de los Caídos enclavada en pleno corazón de la capital alicantina. Desde que entró a formar parte de la escenografía patria no ha dejado de partirse el pecho por salvar la simbología de marras, esparcida por la Piel de Toro, enalteciéndola y exigiendo protección para ella. Cierto es que en alguno de los municipios anteriores alcaldes asimilaron el monumento a todos los caídos, pero a las mesnadas de Santiago Abascal lo que les interesa es ondear reminiscencias. Aborrecen, por supuesto, que se busquen los vestigios de los perdedores sacrificados en las cunetas ya que lo importante es mantener en lugares preeminentes tales monolitos, que sí disponen por su concepción de un alma al que honrar.

     Menos mal que existen. No se me ocurre qué sería de la ciudadanía sin sus desvelos por las cuestiones que de veras quitan el sueño al más pintado. Cuando no andan al quite de que los bienes de interés cultural adquieran el verdadero empaque que merecen fijan la meta en proponer el predominio para determinadas zonas de la lengua predominante y, de paso, que la que ha sido desconsiderada se abandone hasta su réquiem. No paran. Es un paquete de buenas intenciones lo que llevan entre manos. Y cuando muerden un lance con el que epatar no lo sueltan, contumaces hasta la extenuación.

      Claro que tanto afán tiene sus contrapartidas y a diatribas en torno a la escasez de acceso a la vivienda, falta de recursos en coles y centros de salud o déficits en los transportes no llegan. Afortunadamente se trata de aspectos secundarios del ansiado bienestar. Y luego, si a tiro de piedra de la Cruz de los Caídos un gachó quema la furgoneta convencido de que su mujer está dentro, en eso tampoco es preciso inmiscuirse porque algún motivo tendría Y, si no, ahí están ellos para defender todo cuanto merece la pena conservar.

La escapadita

Acude Sánchez con Begoña a los cines Verdi para ver un drama basado en hechos reales. Apoyado en su inclinación epistolar también podía haberse decantado por una comedia romántica, pero escasean es cierto. Los cuidadores del presi han querido enfatizar normalidad cuando lo menos habitual que se despacha es que ambos se dirijan entre semana a la fila correspondiente como una pareja cualquiera. No ha faltado por supuesto la difusión de cuidadas imágenes, tanto que el operario cliquea la entradas sin poner gesto alguno de sorpresa cuando acceden por el hall desierto a la proyección de una historia que está siendo de las que más vienen recaudando. Ni que decir tiene que han llovido filípicas de todos los colores entre las que podría calificarse de más suave la que da por seguro que fijo que «habéis entrado con la peli empezada para no ser abucheados». A saber cuánto cobran los asesores tal como está el patio por idear una escapada de final previsible.

     El desenlace de la legislatura es una tómbola, tom-tom, tómbola. «La dignidad no es algo abstracto -ahí va el ensayista-, es la lucha por el agua, luz, Correos, sanidad y educación pública. Salgo emocionado de ver El 47, un homenaje maravilloso a la España plural y trabajadora que construyeron nuestros padres, madres, abuelos y abuelas». Tiene mucho cuidado en no señalar. A diferencia de él, ha tenido que ser el actor que comanda la revuelta en su tierra el que explote: «Hay que hablar de los otros catalanes, construyeron Cataluña con sus manos, literalmente». Los de Junts, por ejemplo, cuentan con fórmulas para dejar patente que no están por la labor de dar pábulo a monsergas y así han tumbado la ley de alquiler de temporada en medio de la zozobra en cuanto a acceso a la vivienda se refiere con tal de hacerse valer. También es verdad que te detienes en observar con detalle al grupo y no hay más que propietarios. El oscuro objeto de deseo de Llarena y al que no le pierde ojo hoy es inquilino. Con el mando a distancia le basta y le sobra al galán.

El largometraje

Pongo la radio y me asalta que se ha producido un intento de asesinato de Trump. Me quedo a cuadros. Efectivamente vivimos en el Día de la Marmota.

     Una vez que se desvele el resultado de las elecciones del 5 de noviembre no va a ser sencillo analizar lo que ha pasado y por qué. Se requerirá un compendio de tesis doctorales para escudriñar en el laberinto, salvo que la inteligencia artificial le eche arrestos y lo clave en un periquete. Cuando nos quedamos de piedra con el que disparó y se cargaron en julio durante un acto al aire libre coincidiendo con los síntomas de senectud que venía televisando Biden dijimos no hay partido, se va a salir de la tabla. Ahora ya la repetición de la jugada reduce la intensidad del impacto y, por si fuera poco, durante un reciente mitin en Las Vegas le llevaron al candidato republicano el apoyo de una figura del reguetón y, antes de que esta apareciera por el estrado, el propio expresi lo presentó como la superestrella latina Nicky Jam: «¿Conoces a Nicky? ¡Está buenísima!» Y mira por donde Nicky es un tío.

     El hombre armado que se pertrechó a unos 400 metros del objetivo en el campo de golf cuenta con un arsenal de antecedentes y anda entregado a la causa ucraniana de modo insano. Tanto que en sus alegatos por redes también puso al presidente y a Kamala en la diana por no hacer lo suficiente. Pero esto al otro le da igual y le ha servido para señalar que la retórica de aquellos está provocando que «me disparen cuando soy yo quien va a salvar al país». Francotiradores al margen, la encarnizada polarización allí viene con música. Taylor Swift ha puesto al patio de su género en ebullición por la ocurrencia de las huestes trumpistas de frivolizar en torno a la maternidad con eso de las «mujeres sin hijos con gatos» y tiene a los machirulos contentos. El aspirante anaranjado ha escrito que la odia y su amiguete Elon Musk ha borrado un tuit en el que preguntaba por qué nadie atenta contra Biden y Harris. La peña anda fuera de sí. A ver si pierde Trump y lo dejan tranquilo.

Solo se vive una vez

Se trata de dos películas en cartel. Una retrata lo canutas que lo pasaron en torno a mediados del XX el mogollón de emigrantes que hubo de coger el petate con destino a las partes más favorecidas de nuestra geografía dado que en las respectivas no había manera. Y aunque lo hace a través de una historia jonda y amable no pude evitar que se me encogiese el alma pensando que mis padres debieron estar a cinco segundos de emprender el mismo destino lo que habría traído consigo un cambio completo de papeles, imposible de saber si mejores o peores ni si muy alejados a la postre el uno del otro. Es esa incertidumbre la que te hace agarrarte con determinación al asiento manteniendo los pies firmes en el suelo. La pantalla traslada las fatiguitas tan jodidas que atravesaron aquellas hornadas de españolitos dispuestos a bandeárselas en un tiempo de horizonte sombrío dentro de un país desgajado y cómo poco a poco, cerrando los puños, haciéndose fuertes solidariamente fueron conquistando un sitio que dejar a sus hijos quienes ya no encararían drama alguno porque el lugar en el que habían crecido es el suyo.

     La otra está protagonizada por Isabelle Huppert que viene de presidir el jurado de la Mostra veneciana. La actriz fetiche de Chabrol encarna a una escritora perdida en una sequía creativa, existencial más bien, que decide aceptar a duras penas la invitación de un editor que ha vuelto a poner en circulación su primera novela por lo que para promocionarla se desplaza a Japón donde la agasajan con todo tipo de atenciones. Es, por tanto, un discurrir zen alejado del avatar que afronta Eduard Fernández en los suburbios. Son dos mundos que ni se cruzan los que se reflejan y, sin embargo, ninguno de los protagonistas se libra del padecimiento hasta escarbar con insistencia en el interior y lograr salir a flote. Tampoco hace falta jurar que c´est la vie, la misma por la que a punto de los 87 el maestro Sacristán ha clamado desde su optimista melancolía «¡No pierdas el tiempo!». Pues a por ello, ¡oé!

De cómo caza la perrita

Alguien impuesto en la materia, que en contra de las cacareadas necesidades del guion no estima necesario que Medicina se imparta en la Universidad de Alicante, se topa con la irrupción de un candidato al rectorado y ve en él la posibilidad de brotes verdes. Estima que sus estancias investigadoras en Illinois, Grenoble y Munich le infieren una perspectiva alejada de lo que él estima guerra de localismos en el pim-pam-pum a la facultad iniciado en el último tramo del pasado siglo. Al poco de expresar esa esperanza, Enrique Herrero, catedrático de Química y aspirante a derrocar a la actual rectora, no solo se manifestó en la dirección de que «no tiene sentido lo que el Consell está haciendo», sino que en su día fue el autor de la memoria del proyecto para que Medicina vuelva a impartirse en el campus del que fue arrancada. Ya no puedes fiarte ni de la ganancia de perspectiva.

     La del conseller del ramo es jevi. En el transcurso de la diatriba ha llegado a decir que es hora de superar el conflicto como si fuera ajeno a la mecha que lo encendió cuando formaba parte del meollo en el que su íntimo Diego Such asó la manteca para que el señorito al que servía reinase a sus anchas según los antojos. Ahora que este no debe andar pasándolo bien en espera de la sentencia tras ser traicionado por algunos de los más cercanos es lógico que el cabecilla del departamento haya puesto Educación al servicio de los gustos del ínclito a fin de darle al menos una satisfacción. Es lo menos que podía esperarse del «conciliador» José Antonio Rovira.

     Tras solicitar al tesejota que anulase el decreto por el que se creó Medicina en Alicante y dictar que solo se impartirá  en el campus sumatorio propuesto por los virreyes en ejercicio, Mazón se ha mirado al espejo, ha debido contrariarle la imagen devuelta, ha llegado a la conclusión de que no le gusta cómo caza la perrita y se ha comprometido a devolver Medicina en el caso de que los tribunales anulen el grado en Alicante. Al carecer de límites, lo próximo será sacar a Pedreño en procesión.

La toma del salón de té

Uno de estos días se produce una conversación con sus aristas en el capítulo correspondiente de «Salón de té La Moderna» cuando Pietro, el pastelero, condensa: «Lucía yo no quiero hacerte daño ni tampoco ser brusco y no sé lo que viviste en América, pero yo aquí he rehecho mi vida». La escena se secciona y, sin previo aviso, surge desde el umbral de palacio para enumerar los nombramientos conocidos y atestiguar a la audiencia que «España vive uno de sus mejores momentos de las últimas décadas. Donde antes hubo corrupción, hoy hay limpieza; donde hubo crisis territorial, hoy hay cohesión y donde antes hubo crisis económica, hoy hay crecimiento». Imagino a los espectadores perplejos por el rumbo del melodrama ambientado en el Madrid de los años treinta tras un montón de episodios. Solo alguien como el ínclito es capaz de retorcer el guión de esa manera.

     Estamos hablando de sufridores de novelas a quienes por centenares de miles los sucesivos acontecimientos desde junio -en este caso, deportivos- los tienen adscritos a un sinfín de interruptus. A los seguidores no les quedó otra que atender a la plática presidencial para no perderse la respuesta de Lucía. También es verdad que Perico, otra cosa no, pero, especialista en sortear subidas escarpadas, es. Y así lleva detrás el pelotón de escuadras rivales y cercanas haciendo «eses». Mientras el competidor directo mira al ministro gobernador, él coloniza el perfil de espectadores que menos sobresaltos quiere y, por lo que a la financiación autonómica respecta, ya tiene a los perseguidores tirando cada uno para un lado. Un caso.

     Esa misma noche voy a ver «El conde de Montecristo» y, en el trance en que está pergeñando su plan para tomarse la revancha por el escarnio padecido, se detiene la proyección. Al ser horario de «prime time» temo lo peor y pienso: otra vez nos va a recitar los nuevos cargos. Pero no, falsa alarma. Solo sé que, de haber salido al paso, Sánchez termina con el conde, con Dumas y con el sursuncorda.