Rosa Montero se tuesta al sol de las cámaras en una especie de «Esta es su vida» para periodistas de relumbrón. Y se tuesta porque, por su forma de ser, la hija del banderillero no renuncia a colocar las de fuego desde el mismo momento que repasa su llegada al «Pueblo» de aquel Fouché llamado a la sazón Emilio Romero, redacción a la que retrata como una congregación de machirulos convencidos de ser los amos del universo a pesar de lo poco que daba de sí La piel de toro. Según describe llevaban las corbatas en erección. Eso fue después de que en el 70 hiciese prácticas en Alicante, aspecto que otros encumbrados suelen dejar en el olvido y que ella lleva a gala hasta el punto de que se le ilumina la cara cuando recuerda que la primera interviú en un diario se la hizo a Julio Iglesias en el aeropuerto, encuentros que completó con no pocas voces entre las que asomaron las de Aretha Franklin y la del a día de hoy incombustible Miguel Ríos dentro del desfile veraniego de rigor. Consciente de sus limitaciones, afortunadamente no se pasó a la canción.
De haberlo hecho nos hubiéramos perdido el placer de la cita obligada los fines de semana con sus entrevistas de personalidad ante las que hasta el propio libro de estilo tuvo que hincar la rodilla con tal de quitar el corsé y abrir paso a un estilo repleto de estímulos sensoriales puesto que para la autora el periodismo es un género literario como cualquier otro. No soportó la presión del listón alcanzado en plena selva madrileña y se retiró a los cuarteles de invierno refugiándose en la ficción a pesar de que en el país y en el oficio todo estaba por hacer y descubrir en una época irrepetible a la postre.
Y tanto. Baste con decir que la cabecera que propició en los setenta las ganas de convertirse en intrépidos reporteros con su investigación sobre el Watergate acaba de cargarse al director en camino designado por el ínclito Bezos al demostrar que se trata de todo menos de trigo limpio. Así está el patio. Ya ven, material hay. Eso sí, de sobra para perturbar la profesión.
Autor: fesquivel74
De pronóstico reservado
Por razones fáciles de comprender, en los últimos años diferentes galenos no paran de endosarme analíticas y, sea el día de la estación que sea, tanto en el centro de salud como en el hospital aquello es una romería. En fin, cierro los ojos y pinchazo va, pinchazo viene. De hecho ya ni me desmayo.
Así que de otras no, pero de la situación sanitaria puedo hablar con propiedad por lo que la vista y el olfato propician para intuir las penalidades a la que se enfrenta el personal. He aguardado a que saliera el informe anual de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública donde se constata que no he detectado mal el olor que la atención desprende. Según la valoración del documento que examina 35 variables, la sanidad en la Comunidad Valenciana es la que «peores servicios» tiene. Indica la falta de citas, el bajo número de profesionales y el patente incremento del gasto individual en la privada entre otros factores. De ocupar el puesto 15 del listado con 73 puntos el año anterior a colocarse en última posición con 62 frente a los 106 de la mejor valorada que es Navarra. El bloque de cabeza es norteño y la cola la satura la zona mediterránea y el sur peninsular. Los datos se han dado a conocer en torno a la cremà alicantina en la que, pleno de sensibilidad, el presidente de la Generalitat dijo: «No sabemos de dónde ha salido más agua, si de la manguera de los bomberos o de los ojos de las belleas del Foc, que han estado muy emocionadas». Días antes el propio Carlos Mazón dejó caer que «seguimos cumpliendo y avanzando en atención primaria para garantizar la sanidad pública que merecen los ciudadanos». Efectivamente es difícil contenerse.
Por si esto fuera poco, la proyección del Instituto Nacional de Estadística señala que la población en Baleares y aquí serán las que más aumenten con un 19% debido a las migraciones exteriores lo que representará ganar un millón largo de habitantes en 15 años. Es lo único que nos hacía falta. Los médicos, enfermos perdidos.
La gran colisión
Los ingleses, que han acudido a Alemania gallitos perdidos, han exhibido un juego trastornado con el Brexit a sus espaldas. De cualquier modo llegarán más lejos que los tories en la que se avecina. Sunak se ha hecho con el pichichi en dislates y eso con la huella de Boris fresca en la memoria no resulta fácil. Es complicado saber cómo lo hacen, pero se superan.
Alucina la cantidad de aficionados que se desplazan. Siendo cierto que el país anfitrión se ubica en el cogollito ignoraba que por las profundidades de Albania fuesen tantos. En Francia, que son la tira, además ven sombras. Con el galáctico de Florentino enmascarado, la cabeza la tienen en los Juegos donde todo apunta a que la antorcha hará el último tramo de la mano de Marine Le Pen y, claro, el lema oficial de «Liberté, Égalité, Fraternité» está que arde. Aquí, sin embargo, la afición es la más remisa a poblar gradas ajenas. Tiene sentido. Con los espectáculos en la fiscalía, el Congreso, otros parlamentos e instituciones varias y la reiterada presencia de Milei nadie quiere perderse detalle. Menos mal que en tiempos de Mariano se explicitó que en lo que a relaciones internacionales se refiere hay que dar parte a Exteriores. También M. Rajoy ha escrito que «España va bien» y, aunque enfocado al arranque de la selección, a Sánchez seguro que le sirve entre tanta fatiguita. Eso sí, a Isabel las señas de su partido le interesan relativamente. Se conforma con coparlo todo. Por suerte los últimos ganadores de Pasapalabra se han declarado partidarios de compartir el montante con Hacienda por lo que quizá no sea el mejor sitio para encontrarnos al novio de la susodicha optando al botín. Algo es algo.
Entre tanto, la selección ucraniana forma envuelta en su bandera, los serbios amenazan con irse después de que un jugador albanés coja el megáfono para denostarlos, turcos y georgianos se reparten lo suyo y así sucesivamente. La violencia ha convertido la cita en un campo de batalla para defender la identidad nacional. Vaya, hombre, será por singularidades.
Me siento sucio
Mbappé se dirigió a los jóvenes franceses para pedirles que voten, se mostró en contra de los extremismos y en su debut en la Eurocopa le partieron la nariz. Ocurrió al chocar con un integrante de la escuadra austriaca, lugar de origen deAdolf. Pero, en este caso, fue sin querer.
Los deportistas más populares están muy expuestos, conocedores de que tanto a los dirigentes de diferentes disciplinas como a los gobernantes sin disciplinar les pirra sacarles partido. Hasta el intocable Nadal tuvo que salir al quite de su figura tras el vínculo con Arabia para admitir que «la sensación es que me he vendido al dinero y lo entiendo. Hubo un error de comunicación, no pretendo blanquear a ese país ya que creo al cien por cien en la igualdad». A Carvajal, uno de los capitanes del combinado que se bate el cobre en Alemania, le cayó la del pulpo por pedir respeto para la cita de las derechas y derechita en Colón y por dar la espalda a Jenni Hermoso en el contencioso con Rubiales. Menos mal que Ancelotti tiene soluciones para todo porque ponerlo en la banda con la estrella gala y conseguir que se entiendan no debe estar al alcance de cualquiera. El portero de la selección tampoco es manco y una parte de la afición no sabe ya si le pone más nervioso que inicie el juego en el área o ante el micro.
Si exceptuamos a los Zidane, Lilian Thuram, Kanouté… algún directivo casi siempre de equipos vascos o el pelotero del Arsenal Declan Rice, quien salió en defensa de su pareja a la que los francotiradores de las redes despreciaron por no pertenecer a la constelación de muñequitas despampanantes con ataques gordofóbicos y señalando que el jugador debería «aspirar a algo mejor», a lo que respondió que «ella ha estado conmigo desde que yo no era nadie. No me importa lo que digan. Es el amor de mi vida». Son tan pocos los elementos representativos que se salen de la norma que, a veces, me siento sucio por gustarme tanto el invento. Pero entonces me agarro a Billy Wilder y sigo comiéndome las uñas. Bueno, nadie es perfecto.
Por la senda de la armonía
No hace falta que le diga que los líos en Cataluña están que arden. Menos mal que, tras el resultado electoral, se había recuperado la senda del entendimiento. Si no se llega a recuperar…
El caso es que en Esquerra anunciaron lo que calificaron de «un muy buen acuerdo» con Collboni de cara a la conducción municipal en lo que se supone que era la antesala del apoyo para que el pesecé se ponga más tarde al frente de la Generalitat y pocas horas después hubo que aplazar el movimiento porque, a la hora de refrendarlo, los militantes republicanos desbordaron las previsiones con cara de que van a ponerse farrucos. Los fiscales ya lo están y, paralelamente, vienen deparando un espectáculo al respecto que no se lo salta un galgo. Álvaro García Ortiz le ha dicho a los subordinados que consideraron en su día que lo ocurrido fue un golpe de Estado que el argumentario que utilizan es improcedente puesto que a su entender la malversación se sale de la órbita del prucés, que dejen de hacer política -como si él…- y le ha dado la orden al cuarteto de fiscales de que se aplique la amnistía. Menos mal que tenemos a Bruce desparramando coherencia y saber estar entre Madrid y Barcelona y que él ha sido un ejemplo de cómo cuidar a su banda. Igual hasta han ido los cinco de la fiscalía y han aplaudido a rabiar cómo se comportan.
He tratado de indagar sobre la procedencia del inagotable frenesí de la realidad catalana al que asistimos desde el principio de los tiempos y creo factible que haya dado con la tecla. No sé si lo sabe pero el primer Kamasutra europeo es catalán. Ese manual acaba de ser presentado y se halla expuesto en un museo de Barcelona. Según los especialistas estamos ante «la joya de la corona de la erotología occidental del Medievo, el más completo y osado de su tipología». Viendo las inclinaciones que motivan ciertas posturas y la duración que logran algunos iluminados, la cuestión de fondo es si donde permanecen es en la Edad Media. Eso sí, lo que nadie duda es que, excitados, estamos.
La carta de navegación
Marion Maréchal, nieta de Jean-Marie Le Pen, traicionó a su tía y se echó en brazos de Eric Zemmour, otro que tal baila. Tras las europeas los líderes de las formaciones han empezado a negociar para presentarse en coalición a las elecciones francesas con idea de cargarse a Macron para los restos. La sobrina también debe andar expectante ante el acercamiento del jefe a Marine. Es posible que ahora se incline por restaurar la dinastía.
Nuestra hija, que reside en las inmediaciones de Montauban con el padre de los gemelos nativo de la zona, se viene para acá con toda la «troupe». Al contárselo a algunos conocidos cuestionan que lo tuvieran previsto. La abuela de Edouard, que habló poco, muy poco la mujer durante toda su vida según he escuchado, se estableció en el contorno huyendo de Alemania, no hace falta decir de quiénes. Los mismos a los que veneran en el segundo partido más votado en esta ocasión hasta el extremo de solemnizar el cabeza de lista en su día que «no todos los miembros de las SS nazis eran criminales» lo que provocó que Salvini y la reina de Francia pusieran distancia. Pero AfD ha dejado atrás a los socialdemócratas y siguen escalando posiciones. No descartemos que Netanyahu lo utilice en su sangrienta cruzada.
El caso es que hay hueco para ultras por todos lados. Proliferan que da gusto. Feijóo se ha comido toda la tarta que quedaba de Ciudadanos tras haber culminado su obra de manera antológica el dúo Rivera&Arrimadas y continuadores mártires. Sin embargo aquel que vino a robustecer el pepé desde Galicia tras el aniquilamiento de su anterior presidente no solo no puede con Sánchez, sino que le ha inspirado hasta tal extremo de convertirse en escribidor de cartas con una turra difícil de digerir. Y para completar el cuadro, Abascal no mengua pese a la irrupción de competidores. Por cierto que el último, al que han votado 800.000 españolitos, es de la tierra del abuelo de los gemelos. De continuar el mapa con estas trazas, cualquiera sabe dónde se refugiarán los nietos.
A este lado del mundo
Recuerdo la primera vez que fui a París. Como para olvidarlo cuando aún salíamos al exterior con cuentagotas. Llegué para tres noches a la ciudad que más me atrajo siempre con motivo del Salón del Automóvil, que ni que decir tiene no pisé. Dejé los bártulos y me precipité a fin de perderme por sus calles en las que me quedé extasiado con esas fachadas de edificios en diferentes estilos que destilan elegancia y poderío. Con lagrimillas rubricando el momento Nescafé escalé cientos de peldaños cual potro desbocado hasta Montmartre como si fueran a llevarse el Sagrado Corazón y con el mío a punto de caramelo poco antes de enterarme que en 1900 entró en servicio un funicular. No me arrepentí. Cuantas más sensaciones metiera en el saco, más auténtico resultaría el estreno europeo. Sudarlo lo sudé.
Desde entonces al surgir propuestas de estancia en un resort del Caribe o una incursión por algunos de los países tan de moda del Sudeste Asiático siempre he sentido cero motivación. Y si me replican que solo me seduce Europa con lo repetitiva que resulta contesto que el circuito de cementerios de muchos de sus rincones tienen mucha más vida que diez jornadas con la pulserita tomando caipirinhas teniendo en cuenta que hace décadas que se despierta uno oteando el Mediterráneo. O sea, que no me cuenten monsergas.
Haría falta tiempo, mucho más tiempo para recorrer las huellas que pensadores, escritores, músicos, pintores, mecenas han ido plantando a lo largo de siglos. Desde Sócrates a los Médici pasando por Cervantes, Van Gogh, Beethoven y los Beatles a quienes ni el Brexit puede arrancar el gusto que dan. Ellos, innumerables más, una ristra de científicos, de representantes públicos y de luchadores han impulsado un lugar que es privilegiado a pesar de los déficits que suelen señalarse. De contar como EEUU con un ejército propio al que encargar también los intereses menos solidarios que se despachan es posible que se perdieran buena parte de las raíces que este viejo continente atesora.
Una salida a valorar
Ingria es un municipio del Piamonte rodeado de parajes de ensueño. Pero por lo que ha dado la vuelta al mundo es porque, de los 47 habitantes, 30 se presentan a la alcaldía con la peculiaridad de que más de la mitad con derecho a voto reside fuera. De estar en plazo se trata de una oportunidad que ni pintada para Paco Camps. A los dirigentes del partido al que tanto quiere les daría una alegría.
Se palpa tanto en el ambiente que, al conocerse que la resolución definitiva de la Gürtel en la que el ex resultó absuelto se retrasa lo suyo tras la petición de algunos acusados de aclarar el fallo, más de uno ve la mano de la organización ante la campaña que el amiguito del alma de aquel otro gachó ha emprendido con tal de recuperar su condición de candidato a lo que sea. Y más cuando el recurso linda en el tiempo con la forma destemplada en la que el exjefe del Consell se revolvió en À Punt contra Bernardo Guzmán conminándole a que no le preguntase ni media bajo el imperativo «¡No le permito hablar!». O sea que sí que ha vuelto a departir tan campante con su antecesor en el cargo con quien tantas judiadas se dedicaron y, en cambio, le embarga la palabra a un periodista por osar criticar la trayectoria. Pues el prota de este peculiar regreso al futuro, de tonto no tiene nada: el socio de Mazón en el Palau sí que debe haberlo metido en agenda tras airear cómo se las gasta.
Es lo que ocurre con esta noble actividad de la política en la que a veces es difícil adivinar por dónde puede venir el tiro. Lo que menos imaginaba el actual regidor de Indria es que su propia madre formase parte de la lista de su mayor rival y ella lo ha explicado sin ambages: «Tanto mi hijo como yo queremos lo mejor para la comunidad y esta es una oportunidad para dar voz al punto de vista de las mujeres sin debilitar lazos familiares». Ella no tiene la culpa de que el otro haya compuesto un equipo mayoritariamente de mujeres, mientras que su niño cuarentón reconoció que pensó en incluirla. Es sin duda un buen sitio para Camps. Se sitúan igual.
Con el dedo en la llaga
Alcanzo la altura de la farmacia en plena votación de la ley de amnistía en el Congreso. Sin abrir la boca le digo a una parte de sus señorías que acumulo las suficientes goteras como para no necesitar que metan el dedo en la llaga aún más. Con la medicación para la arritmia, la amenaza de la coagulación, el colesterol, la inflamación de la próstata, la tensión… ya me doy por satisfecho. Habrá que seguir tirando con sesiones del tenor de las vividas en las últimas horas desde la Carrera de San Jerónimo. ¡Puf! No queda otra. Aunque de continuar por este camino habrá consecuencias irreparables. El gasto sanitario será el que no sobreviva.
A la tropa de Abascal le sobran las cámaras, las legislativas me refiero. Representan una incomodidad. Si estuvieran repletas de procuradores en Cortes, todavía. En el fondo, de ahí los gritos de «traidor/ traidora». Es la rabia por tener que respirar junto a indeseables, que encima llevan las riendas. Quién nos ha visto y quién nos ve. Es tanto lo que deben aguantar que a veces los pobres se pasan de frenada. En este caso, un ejemplar espetó «¡sudaca!» a un diputado de la coalición de Gobierno. Puesto que la motosierra anda suelta podría aprovechar.
La polarización ha cogido bríos y se ha plantado en Roland Garros. Djokovicintentaba llegar a una bola y, en plena disputa, alguien soltó desde la grada en español «Ahí te quiero ver» y el serbio se puso bueno. La medida de la organización ha sido suprimir el alcohol y eso que el precio era disuasorio. En la Cámara Baja, sin embargo, está tirado. Al equipo de Feijóo este aspecto no le afecta. Ante la acometida ultra y, dado que los tienen en adopción en parte de la geografía gracias al subidón de un año atrás, no movió un músculo. Creo, de cualquier modo, que no es conveniente que al jefe de filas se le seque la garganta porque, aunque se imponga el 9-J, al día siguiente el marido de Begoña es capaz de disolver, convocar para julio y colocarse de abanderado en los Juegos sin pestañear. Disculpen la visión. Son los fármacos.
El perro negro
Me sale Taylor Swift por los ojos. Es mejor de largo atiborrártelos por este motivo que con esas movidas escabrosas que habitualmente exprimen al más pintado y que se estiran hasta el no va más, Tailandia Connection incluida.
A pesar de que la presencia de la artista estadounidense es otro cantar, ¡la que se ha liado en Madrid! Más de mil personas de un centenar de empresas diferentes han currado en el montaje de los conciertos donde ni siquiera los trabajadores del club han podido acceder a las gradas, no digamos ya que Ancelotti dispusiera de aquello con idea de preparar la final. Todo para que las máximas estrellas del espectáculo incluyan el Bernabéu en sus giras. Los vecinos de Chamartín están entusiasmados. Si algunos alcaldes no hacen caso ni de las resoluciones judiciales sobre los efectos perversos del tardeo, imagínense a Almeida poniendo pie en pared a Florentino después de haber tenido que enviar una inspección al piso en que vive Ayuso. Como para preguntarle si hoy en día piensa en la reelección.
Cambiando de acera y teniendo en cuenta que Sánchez se declaró «swiftie» perdido en vísperas de las generales por ver si por ahí también arañaba algo, Óscar Puente se hizo con entrada para la cita musical del año. El hombre no se pierde una. En este caso ignoro si ha influido más los gustos del jefe, los suyos o la que se ha armado en Londres con una de las composiciones de Taylor en la que hace mención al pub «The blak dog», o sea El perro negro. Lo menciona para señalar que en él una de sus parejas le fue infiel y, a colación del título del álbum, la riada de fans ha convertido el sitio en el hogar de los poetas torturados. Además de visionar los vídeos por si dan con el noviete, los responsables del local han tenido que poner un tope porque se les ha desbordado. También es verdad que ofrecen tapas españolas, lo cual casa con la convicción de sus seguidores de que las letras las escribe a quemarropa por lo que así completan el «pack» puesto que tienen gambas al ajillo.