Solo se vive una vez

Se trata de dos películas en cartel. Una retrata lo canutas que lo pasaron en torno a mediados del XX el mogollón de emigrantes que hubo de coger el petate con destino a las partes más favorecidas de nuestra geografía dado que en las respectivas no había manera. Y aunque lo hace a través de una historia jonda y amable no pude evitar que se me encogiese el alma pensando que mis padres debieron estar a cinco segundos de emprender el mismo destino lo que habría traído consigo un cambio completo de papeles, imposible de saber si mejores o peores ni si muy alejados a la postre el uno del otro. Es esa incertidumbre la que te hace agarrarte con determinación al asiento manteniendo los pies firmes en el suelo. La pantalla traslada las fatiguitas tan jodidas que atravesaron aquellas hornadas de españolitos dispuestos a bandeárselas en un tiempo de horizonte sombrío dentro de un país desgajado y cómo poco a poco, cerrando los puños, haciéndose fuertes solidariamente fueron conquistando un sitio que dejar a sus hijos quienes ya no encararían drama alguno porque el lugar en el que habían crecido es el suyo.

     La otra está protagonizada por Isabelle Huppert que viene de presidir el jurado de la Mostra veneciana. La actriz fetiche de Chabrol encarna a una escritora perdida en una sequía creativa, existencial más bien, que decide aceptar a duras penas la invitación de un editor que ha vuelto a poner en circulación su primera novela por lo que para promocionarla se desplaza a Japón donde la agasajan con todo tipo de atenciones. Es, por tanto, un discurrir zen alejado del avatar que afronta Eduard Fernández en los suburbios. Son dos mundos que ni se cruzan los que se reflejan y, sin embargo, ninguno de los protagonistas se libra del padecimiento hasta escarbar con insistencia en el interior y lograr salir a flote. Tampoco hace falta jurar que c´est la vie, la misma por la que a punto de los 87 el maestro Sacristán ha clamado desde su optimista melancolía «¡No pierdas el tiempo!». Pues a por ello, ¡oé!

De cómo caza la perrita

Alguien impuesto en la materia, que en contra de las cacareadas necesidades del guion no estima necesario que Medicina se imparta en la Universidad de Alicante, se topa con la irrupción de un candidato al rectorado y ve en él la posibilidad de brotes verdes. Estima que sus estancias investigadoras en Illinois, Grenoble y Munich le infieren una perspectiva alejada de lo que él estima guerra de localismos en el pim-pam-pum a la facultad iniciado en el último tramo del pasado siglo. Al poco de expresar esa esperanza, Enrique Herrero, catedrático de Química y aspirante a derrocar a la actual rectora, no solo se manifestó en la dirección de que «no tiene sentido lo que el Consell está haciendo», sino que en su día fue el autor de la memoria del proyecto para que Medicina vuelva a impartirse en el campus del que fue arrancada. Ya no puedes fiarte ni de la ganancia de perspectiva.

     La del conseller del ramo es jevi. En el transcurso de la diatriba ha llegado a decir que es hora de superar el conflicto como si fuera ajeno a la mecha que lo encendió cuando formaba parte del meollo en el que su íntimo Diego Such asó la manteca para que el señorito al que servía reinase a sus anchas según los antojos. Ahora que este no debe andar pasándolo bien en espera de la sentencia tras ser traicionado por algunos de los más cercanos es lógico que el cabecilla del departamento haya puesto Educación al servicio de los gustos del ínclito a fin de darle al menos una satisfacción. Es lo menos que podía esperarse del «conciliador» José Antonio Rovira.

     Tras solicitar al tesejota que anulase el decreto por el que se creó Medicina en Alicante y dictar que solo se impartirá  en el campus sumatorio propuesto por los virreyes en ejercicio, Mazón se ha mirado al espejo, ha debido contrariarle la imagen devuelta, ha llegado a la conclusión de que no le gusta cómo caza la perrita y se ha comprometido a devolver Medicina en el caso de que los tribunales anulen el grado en Alicante. Al carecer de límites, lo próximo será sacar a Pedreño en procesión.

La toma del salón de té

Uno de estos días se produce una conversación con sus aristas en el capítulo correspondiente de «Salón de té La Moderna» cuando Pietro, el pastelero, condensa: «Lucía yo no quiero hacerte daño ni tampoco ser brusco y no sé lo que viviste en América, pero yo aquí he rehecho mi vida». La escena se secciona y, sin previo aviso, surge desde el umbral de palacio para enumerar los nombramientos conocidos y atestiguar a la audiencia que «España vive uno de sus mejores momentos de las últimas décadas. Donde antes hubo corrupción, hoy hay limpieza; donde hubo crisis territorial, hoy hay cohesión y donde antes hubo crisis económica, hoy hay crecimiento». Imagino a los espectadores perplejos por el rumbo del melodrama ambientado en el Madrid de los años treinta tras un montón de episodios. Solo alguien como el ínclito es capaz de retorcer el guión de esa manera.

     Estamos hablando de sufridores de novelas a quienes por centenares de miles los sucesivos acontecimientos desde junio -en este caso, deportivos- los tienen adscritos a un sinfín de interruptus. A los seguidores no les quedó otra que atender a la plática presidencial para no perderse la respuesta de Lucía. También es verdad que Perico, otra cosa no, pero, especialista en sortear subidas escarpadas, es. Y así lleva detrás el pelotón de escuadras rivales y cercanas haciendo «eses». Mientras el competidor directo mira al ministro gobernador, él coloniza el perfil de espectadores que menos sobresaltos quiere y, por lo que a la financiación autonómica respecta, ya tiene a los perseguidores tirando cada uno para un lado. Un caso.

     Esa misma noche voy a ver «El conde de Montecristo» y, en el trance en que está pergeñando su plan para tomarse la revancha por el escarnio padecido, se detiene la proyección. Al ser horario de «prime time» temo lo peor y pienso: otra vez nos va a recitar los nuevos cargos. Pero no, falsa alarma. Solo sé que, de haber salido al paso, Sánchez termina con el conde, con Dumas y con el sursuncorda.

Históricos de ayer y de hoy

El primer Congreso Federal del pesoe data de 1888 por lo que las huestes de Ferreras no llegaron a  cubrirlo. Suena increíble que sin el concurso de estos doctos en la materia pudiera adquirir trascendencia. Todavía no se lo explican.

     Madrid y Toulouse han monopolizado prácticamente la celebración del mismo y Pablo Iglesias estuvo al frente desde el primero hasta el de 1921. A lo tonto a lo tonto Sánchez ya lleva diez aunque, por lo que ha dado que hablar, parece que fueran cien que es como pone a todo quisque. Y al no estar dispuesto a dejar de ser quien es, el cuadragésimo primero ni en Madrid ni en la ciudad que acogió a Rodolfo Llopis ni en la Barcelona reconquistada, sino en Sevilla en homenaje a quienes a bordo del R-8 prestado por Arfonzo cruzaron la frontera con Felipe de piloto dispuesto a sentar las bases en el comité nacional de Albi del vuelco a la organización. Los históricos seguro que andan emocionados con la elección de la tierra de ambos para tan magno evento y no habría que descartar que urdan una sorpresa al secretario general conforme se acerque la fecha. Es mucho el afecto acumulado.

     Pero si no hubiese más carga de profundidad el convocante no sería el que lleva tarumba a buena parte del paisanaje. Andalucía es el gran territorio perdido y quiere situar la escenografía propia en primer plano porque si no es que no hay manera. Moreno Bonilla se ha colocado en otra dimensión. Acaba de regresar de China donde asegura haber conseguido 2.500 millones por lo que no ha tenido inconveniente en proclamar: «He visto una China muy abierta el mundo». Y, al mismo tiempo, a los escuadrones con los que cuentan los sucesores de quienes la gobernaron décadas es difícil entenderlos, parece que hablan chino. Juraría que por allí Sánchez se siente perdido. A los que puso tras el susanismo no le funcionan. Con la excusa del arranque de la Bienal no sería de extrañar que les haya dicho a ver si os enteráis de qué va la copla. Porque el que debe estar a punto de ponerse flamenco es él.

Golpe a golpe

Veníamos hablándolo durante estas noches de estío: «Hay que ver qué duro es ser deportista de élite». Y, entre ellos, esos escalafones donde se las tienen tiesas desde los popularísimos hasta los semi desconocidos por decirlo suave como taekwondistas, regatistas, waterpolistas, los de halterofilia y los de lanzamiento de martillo. Lo único claro en una apuesta de esta índole es que no es oro todo lo que reluce.

     El último en saltar hecho trizas, pese a las millonarias ganancias acumuladas, es Carlos Alcaraz, un chaval de dulce, que juega como la madre que lo parió y que, con lo divertido que resulta contemplar el arrojo al desenfundar su variadisima gama de golpes más la sonrisa que trae de fábrica, ha conquistado a prójimos de los cinco continentes. Y en el momento en el que algo se ha roto no se ha escondido sino que ha seguido haciendo gala de su sobresaliente naturalidad, lo que puede representar subir el primer escalón para reconquistar el tono vital extraviado: «Siento que he dado dos pasos hacia atrás en lo que a la cabeza respecta y no entiendo por qué. No sé controlarme y para mí eso es un problema». Golpear la raqueta contra el suelo una, dos, tres… veces para alguien que transmite lo que transmite es un aviso. La presión, que no perdona.

     A esas edades la sesera y el cuerpo están hechos para otra cosa. Toca lo que toca. A los catorce dejé de salir de nazareno y de acudir al estadio a sufrir con mi equipo porque solo pensaba en las chicas y, al igual que todos lo de su especie, él lleva desde la más tierna infancia entregado a devolver pelotas sin distracciones que importunan el lejano objetivo. A Federer en sus comienzos había que verlo. Daba miedo. Repasando imágenes es difícil pensar que, con el paso del tiempo, se convertiría en un competidor caballeroso, con una clase que para qué y trazas elegantísimas que se ha retirado sin que apenas nos diéramos cuenta con lo difícil que debe ser para quienes no saben qué les aguarda porque la única vida conocida expira a los treinta y tantos. ¿Verdad que sí, Rafa?

El mismo que viste y calza

En enero de 2020 Borja Sémper abandonó definitivamente la política y, tras 25 años de dar el callo en su tierra, algunas de las razones que se esgrimieron fueron estas: las discrepancias con Génova por el acercamiento a Vox; el enfrentamiento con Cayetana; su rechazo al clima de confrontación y a «convertir al adversario en un enemigo», aunque él lo redujo todo «a la necesidad de darle a la familia otra perspectiva y de explorar una forma distinta de vivir». Desde las hordas de Abascal -amigo suyo- lo tildaron en esas horas de uno de los socialdemócratas que anidan en las huestes de Casado. No hace falta añadir que hacía tiempo que se analizaba la crisis de la socialdemocracia.

     Tras asegurar en rueda de prensa que la decisión suponía «el fin de una etapa» con su pareja, la actriz Bárbara Goenaga presente, se incorporó a la dirección de una consultoría puntera. Dado que una actividad de esas características no podía llenar un espíritu tan elevado escribió un segundo poemario bajo la inscripción «Cosas que pasan» y protagonizó junto a Eduardo Madina un podcast de puro buenrollismo titulado «La ínsula». También dejó un hueco para que le hicieran un retrato televisivo en el que sentenció: «En un momento en el que hay demasiada relatividad sobre muchas cuestiones, que se ha vaciado el contenido de las palabras creo que es importante que algunas cosas queden bien fijadas». Y quién mejor sin duda.

     La constatación es que al cabo de tres años Borja es portavoz nacional del partido; contribuye a que el ambiente sea cuanto más irrespirable mejor investido como uno de los arietes en la tarea de componer perrerías naturalmente sobre SánchezÁlvarez de Toledo va para puntal que se las pela y la formación no es que esté arrimándose a Vox, sino que gobiernan juntos donde haga falta. Todo porque Feijóo le dijo «vamos a ver si conseguimos insulizar la vida política española» y acudió al primer toque de corneta, henchido de satisfacción. Así se escribe la historia. Qué poético es todo. Definitivamente.  

Navegar, navegan

Para el desarrollo de la Copa del América de vela que se celebra en Barcelona se ha puesto en marcha un dispositivo de seguridad por tierra, mar y aire a cargo de los Mossos. La plantilla se ha visto incrementada en cuatrocientos efectivos y el encargado de diseñar el plan que dé respuesta a todas las necesidades ha sido el propio cuerpo. Ni que decir tiene que existe tanta expectación por ver qué equipo se hace con la jarra de las Cien Guineas como por comprobar qué tal les va a los drones destinados a vigilar el entorno de la competición. Que Dios reparta suerte.

     Como es bien sabido la America´s Cup, cuyo nacimiento se remonta a 1851, es la cita de mayor empaque tras los Juegos y los mundiales con var. Cinco aspirantes intentarán arrebatar el trofeo al actual poseedor que no es otro que Nueva Zelanda. Los barcos voladores se hallan inmersos en la regata preliminar. El jefe de meteorología de la embarcación helvética ha comentado que están contentos de la velocidad alcanzada aunque confían en mejorar. El director de la regata ha avisado que esperaba un día excepcional con vientos del suroeste de 12 a 15 nudos y que hasta los 21 se podrá navegar tan ricamente. El reto es de envergadura. Tampoco puede ocultarse que Puigdemont regatea que se las pela. La maniobra preparada por sus colaboradores para la escapada desde el Arco del Triunfo no es fácil de imaginar, salvo que el susodicho proclamara la República independiente con vida récord de ocho segundos y a continuación pusiera pies en polvorosa incrustado en un maletero. Durante su última exhibición se barajó la posibilidad de que lo hubiesen conducido al puerto a fin de tocar tierra fuera del territorio Llarena. De haber optado por esa vía es posible que hubiera coincidido en la dársena con Peter Burling, el patrón neozelandés, triple medallista olímpico y uno de los mejores en su disciplina aunque el historial de Carles tampoco es manco. Eso sí, pese al despliegue los Mossos carecen de competencias para actuar en el mar y en alta mar. Algo es algo. 

En la encrucijada

Cientos de turistas se vieron abocados a pasar más de una noche en el aeropuerto de Palma como consecuencia de los retrasos y cancelaciones provocados por el reciente temporal. Entre los afectados, grupos de franceses con unos cuantos menores que venían de pasar el asueto cerca de Porto Cristo se quedaron colgados y confiaban en salir al día siguiente no sabían si vía Ginebra. Ginebra ciudad, claro. Elgian y Denisa son dos jóvenes alemanes que, tras haber estado a gusto en un hotel del Arenal, ignoro si han tenido suerte o si deambulan aún por la terminal. «Esto es un caos» sueltan al culpar del desastre a Vueling. A los franceses les tocó Easyjet mientras que Ryanair aprovechó el desconcierto para meterle el dedo en el ojo a Óscar Puente, todo un deporte nacional. Es tanta la plebe que se mueve sobre todo en este mes que cualquier contratiempo desestabiliza a una legión. Los avisos, las restricciones, la lluvia de tasas se multiplica incluso por rincones insospechados. No una capital ni un destino clásico ni la Acrópolis donde ya se ha echado el freno porque el personal toma el Partenón como si contara con escaleras mecánicas desechadas por aquel orden dórico sin visión de futuro, sino un barrio, el de Gràcia ha inaugurado sus fiestas con pintadas de «Tourist go home». ¡Qué gozada! Hay que ver cómo nos lo pasamos. Aunque con cierto pudor voy a ello. Ando en un pueblo que no tiene ni güifi. La propietaria de la casa echó cuentas por ver cuánta gente vive de contínuo y a duras penas llegó a cuatro docenas. No se oye una mosca pese a que revolotean en tropel. Una vecina con gallinas surte de huevos. La jornada dura lo que dan de sí dos, tres libros. Para los paseos por la pinada al caer la tarde no hace falta audio guía y con abrir la boca en Fuente El Olmo basta para refrescarse. Al día siguiente de llegar sin pegar ojo por la humedad en el litoral hubo que taparse. Coloreada y seductora la Superluna de Esturión, diríase que fabricada aquí en el taller que todo lo arregla, reluce que te cagas. Lo sé. Un asco.

Esas estampas tan nuestras

Unos amigos relatan cómo les ha ido desde San Sebastián a Normandía a bordo de una camper, no las zapatillas sino una furgoneta. Ella era remisa, pero ha vuelto encantada. Impresionados por el parque natural de las Landas no dejan de contar su asombro por la inmersión. Lo que les ha completado ese regusto han sido las condiciones en que andan desde las áreas de descanso hasta los campings. El trozo de autovía del que puedo hablar, paralelo a los Pirineos por el país vecino, corroboro que da gusto. Aparte de que las zonas elegidas para una parada están junto a lagos con un porrón de mesas dispuestas para picnic, cuando vas a orinar topas con hábitats cinco estrellas en los que te envuelve una atmósfera sinfónica. Como se lo cuento a ustedes.

     Elimino de la mente todo lo anterior. Toca zambullirse en la M-50 camino del norte en la semana en que más de ocho millones de desplazamientos inundan los carriles, dana aparte. El pilotaje más tenso de mi histórico fue en este puente y en fila india sin respiro desde Madrid, fijo a 120, de tal suerte que si a alguien se le ocurría desacelerar los tortazos en cadena habrían sido de campeonato. De modo que preferimos adelantar la salida pese a ser martes y 13. Por mucho que la web del Ministerio de Transportes sea la encargada de indicar los lugares habilitados para relajarse como Dios manda, no doy con ellos al incluir zonas manicomiables con restaurantes o repostajes tomados. Viendo la estampa no pienso más que en idear con mimo una travesía hasta Estrasburgo para recreársela a los del arranque  y si no se dejan demandarlos allí mismo. Ahora toca parar in extremis. En las estribaciones de Somosierra me aventuro con una gasolinera a trasmano por terreno pedregoso. Tras vislumbrarla, al menos pone a disposición servicios en el exterior. Bien, pues mientras la cesta permanece vacía es el inodoro el que da cabida al mazacote de papel utilizado. ¿¡Pero será posible!? Nada, que no tenemos remedio. Y, bueno, de acompañamiento musical ni hablamos.

La difícil desconexión

Salgo cuando acaba de amanecer. El grupo que me antecede y los madrugadores que andan sueltos avanzan con el movimiento típico de la marcha. La clavan. Caminan rápido sin llegar a correr ni perder el contacto con el suelo. O son ellos o soy yo que no me he recuperado del atracón.

     Acabo el ejercicio, cojo el coche, me dirijo a repostar y me parece distinguir a Miriam Blasco. Enseguida pienso que voy a tener que ir al médico para compensar la falta de pruebas, pero no es necesario porque quien está allí para lavar el coche es Miriam Blasco. Yo también debería adecentar la carrocería. Me contengo no vaya a ser que con la cantidad de gente que aguarda se líe y me caiga un ippon. A pesar de la humedad y de los muchos grados, los ciclistas son a esta hora los dueños del asfalto. Qué circuito urbano se montaron estos franceses con la subida por Montmartre hasta el mismísimo Sacré-Coeur. Como si no hubiéramos tenido bastante viendo a los y a las de voley playa colocandósela a la Torre Eiffel y a los maratonianos dejándose caer derrengados ante la majestuosidad de la estampa, encima también pensaron en encumbrar al pelotón tomando Pigalle hasta alcanzar la panorámica de la ciudad por antonomasia. No, no va a resultar fácil superar esto.

     Tras el adiós se abre otra puerta y al mandamás del comité olímpico de aquí la inevitable pregunta que le cae es qué le parecen los metales obtenidos y su respuesta es que estará con los deportistas obtengan los que obtengan. O sea que, de ser tres, él tan campante. A mi plin, yo duermo en Pikolín, pero la cuestión es que países de nuestro corte se han escapado.  Parece como si el plan Ado ideado para el 92 y subsiguientes se hubiese puesto tibio de «relaxing cup of café con leche» y se haya quedado. Vienen cambios y especulan con que Samaranch se ponga al frente del Coi. El hijo, claro. Hay un par de intrépidos haciendo escalada por una vivienda, me quedo absorto y hasta suenan sirenas. ¡Coño, pero si son cacos! Los muy arrojados quieren llevarse algo.