Ya hace unos años que se jubiló, pero con el de cabecera que más tiempo estuve ocurría una cosa: que nada más sobrepasar la puerta de la consulta estaba riéndose. Y era una risa contagiosa. Tu ibas apurado y, en cuanto se pegaba la segunda carcajada llamémosle, el agobio desde luego se había ido. Le salía de modo natural, era su carácter. Aunque después llegaría el tratamiento, a los dos minutos la neura fenecía en tal clima. Un método del entrañable borde de eficacia probada.
Hoy por lo general la atmósfera en los centros de salud es la opuesta. El personal anda desbordado y, el paciente, atacado. Como sabemos, la enseñanza también se ha visto envuelta en crisis de identidad. Antes, los maestros resultaban intocables y, para los padres, una referencia a la que el vástago debía seguir y obedecer. En cuanto el planteamiento quebró -se decía- y la sartén por el mango pasaron a tenerla los críos el ambiente en no pocas aulas se transformó en irrespirable. Pero en Atención Primaria quienes la arman son los mayores fundamentalmente. Las agresiones, los insultos y amenazas que se registran ante el mostrador o la mesa del facultativo vienen protagonizadas por plebe talludita que hace tela dejó atrás al tutor del insti que guiaba su comportamiento. O que, para ser precisos, lo intentaba.
La distorsión arrastra tras de sí una sobrecarga asistencial, falta de recursos y planificación chunga. Las plantillas nunca están al 100% y los currantes advierten que, en verano, cuidadín. Un médico tiene asignados un mínimo de 50 acongojados al día con bastantes de ellos exponiendo hasta cinco dolencias para aprovechar la visita. La pandemia nos ha dejado tocados del ala y ha sobrecargado el sistema, aunque tampoco nos engañemos porque con anterioridad las administraciones de distinto color rivalizaban por ver cuál supera a la anterior en récord de listas de espera. Los afiliados tienen todo el derecho a reclamar. Pero si atacan a quienes les auscultan que luego no se quejen. Además de la atrocidad habrá más para ser atendidos.
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En línea caliente
Me meto en la cama con Iglesias, Calvo y García–Margallo dispuesto a pasar un rato provechoso en todos los sentidos. El primero acusa a Errejón, comunes y Compromís de vetar la entrada de Podemos en Sumar y la exvicepresidenta le para los pies al parlamentario europeo después de que este largara fiesta del pesoe y de sus socios. Vaya con el poliamor.
Tras haber disuelto, el presi puso en marcha una línea caliente colocando seis debates en la casilla de salida. Se le nota mucho que necesita desfogarse y a saber lo que tiene aún en cartera. Es que el varapalo es de los que dejan marca. Siguiendo con atención lo que iba sucediendo en cascada, en el pasado recuento me pareció ver doble a García–Page y me dije que si yo había tenido esa percepción cómo no sería la de su jefe de filas. Y resulta que acabo de corroborar que el mandamás manchego es gemelo. No son demasiadas las buenas noticias que llevarse a la boca en Moncloa. Por supuesto también han recibido la respuesta a tanta invitación para quedar los lunes ante las cámaras y Feijóo no ha caído en la trampa de responder que bueno, que dos encuentros por disimular y que no parezca que tiene prevención después de los repetidos enganchones en el Senado. No, lo ha hecho porque está seguro de que su pérfido contrincante aceptaría encantado proponiendo que, dado que la serie pilla en tiempo de ejercer la presidencia del Consejo de la Unión Europea, el segundo cara a cara fuese en inglés cuando con el español el gallego tiene de sobra. Y de poner de fondo a Springsteen ni de broma.
Por si sirve de termómetro, una mesa de al lado se quejó de lo que habían tardado en traer los menús. La dueña pidió disculpas, dijo que no habían reforzado porque las reservas se produjeron a última hora y que la noche anterior solo acudieron extrañamente cuatro clientes: «Como no sea que todo el mundo estuviera ante la tele viendo la boda de Kiko Matamoros…». Pues eso mismo, sin más, es lo que a todas horas ansía Sánchez: «Sálvame».
Como para no creérselo
En 1946 si los Busto, Antúnez y Arza no perdían en Las Corts conquistaban la Liga que, de sucumbir, sería para el Barça. Ya desde Córdoba el paso de los campeones tras el empate cosechado fue tela marinera y, al ser detectados por el radar de la Giralda, un delirio. En ese recibimiento se encontraban las dos ramas de mi familia al completo, con mis padres empezando a cogerse de la mano. En la temporada que nací, los Campanal II, Antoniet, Pepillo y siempre Arza condujeron al club a estrenar zamarra en la Copa de Europa. Parecía que el bebé no podía quejarse de la cuna que le cayó en suerte.
Ja, ja. Que se lo había creído. Bueno, en el 62 se alcanzó la final de Copa en una de las primeras retransmisiones. Como ni Dios tenía tele invadimos la casa del único en varios kilómetros a la redonda, con unos nervios que para qué en espera de que los Ruiz Sosa y Achúcarro resistieran al Madrid en el Bernabéu con Franco en posición. Era mucho resistir. Hasta el punto que, en cuanto el árbitro pitó el saque inicial, la nieve tomó la pantalla y la imagen volvió al terminar aquello con el 2-1 de Puskas en el último instante, que fue cuando apagamos la radio a la vez que el otro chisme volviéndonos por donde habíamos venido.
Fueron pasando las tardes dominicales en Gol Norte con mi primo y amiguitos costándonos entender que esa fuera la herencia recibida y no digamos cuando a mediados de los sesenta nos fuimos a Segunda de cabeza. La única pica en Flandes la puso Suker de falta sobre la bocina para superar dieciseisavos de la Uefa en Atenas, que es donde los de Nervión jugarán seguramente ante Pep la Supercopa al tocar plata en el Puskas Arena con Mou flamenquín. Algún ángel debió pasar en el curso del Centenario para que, tras 45 años a dos velas, la de agosto se convierta en la vigesimosegunda final de mi equipo en 17 años. Era mucho más tranquilo lo de antes.
Contrastada infalibilidad
En las postrimerías del franquismo uno de los que pasaba por el periódico a intentar que este se hiciera eco de las acciones previstas era puntal de la Joven Guardia Roja. Se trataba de un nieto del dueño de la principal fábrica del contorno, un chaval entregado a la causa. Las movidas en el campo obrero y en la uni se volvieron contínuas. Durante una de ellas los antidisturbios entraron a caballo por los pasillos de Derecho con la aquiescencia del rector y desde la balconada llovieron mesas y sillas. Lo que podría haber supuesto un acorralamiento del establishment desembocó a cuento de la estrategia empleada en un mayor distanciamiento entre los convocantes que ya se profesaban odio africano. El peté contra el emecé; el pesoe y el pecé a porfía por decirlo suave; el… Puede que esto fuera lo que inspirase a Franco para decir que lo dejaba atado.
También podía haberme remontado a los sartenazos que se propinaron en la Segunda República. Por eso lo que más me ha llamado la atención es que haya causado sorpresa la situación en la que tenemos a la izquierda. ¡Coño, la de siempre! Belarra y Montero saliendo del Consejo de Ministros para desmarcarse de las medidas tomadas en el mismo. Es decir, alentando a sus votantes a que se queden en casa con lo poquito que necesitan para hacerlo. O a Iglesias con la cara hasta el suelo el día que se anunció lo del 23J porque el malvado Sánchez acababa de sustraerle unos cuantos meses de marear la perdiz e incendiar el granero desde la tramoya, con lo bien que él se lo pasa.
A la hora de aniquilarse entre sí son infalibles. En cambio el pesoe logra con su conducción parámetros económicos que ya quisieran los países que nos rodean y no obstante aún hay quien intenta descifrar en qué basó la campaña. Entre tanto, los compañeros de viaje no se preguntan por qué en el mitin del candidato de Podemos con presencia de Yolanda y todo la gran mayoría de asistentes era gente mayor. ¿No les da qué pensar a los máquinas? ¡Pero, por Dios! Hasta ahí podríamos llegar.
Reguero de sangre
Es comprensible que si usted lleva unas cuantas horas sin saber nada de Sánchez esté de los nervios. Con el último paso conocido ha sido capaz de cambiar el guión a los ganadores, de desquiciar a los derrotados por su izquierda, de terminar de derrengar a los suyos y de maltratar a los informadores. No hay más que ver a Àngels Barceló llevarse las manos a la cabeza al oír lo del 23J y a otros colegas decirle la madre que te parió. Menos mal que «El mundo» está disfrutando de lo lindo en un reguero de portadas que se encandilan solas: «España censura a Sánchez y hunde al pesoe»; «Pedro Sánchez liquida el Gobierno tras la debacle»; «Las facturas del sí es sí de cinco años de Sanchismo, de la soberbia del Falcon a la traición con Bildu y ERC». Oé, oé, oé.
Para cualquier grupo es imposible olvidarse de él. Coincidente en hora con la sorpresa del presi, uno de los autores de la biografía sobre Abelardo de Carlos, el editor ilustrado del XIX, perdió el tren en Madrid. Pensando que esto estaba al sur se fue a Atocha y llegó por los pelos en otro a la presentación. Junto a la lacerante falta de inversiones y demás desatenciones, trabas de regalo mientras él se saca de la manga descuentos para el interrail que tanto rédito le ha dado. Bueno sí, un viaje.
La odisea fue la de la Generalitat en su afán de que la Comisión Europea levantase el castigo a Ciudad de la Luz para recuperar la actividad. Poco después del escrutinio del domingo estaba previsto que el complejo retomara los rodajes con el tanque de agua en ebullición cuando el tsunami acababa de llevarse por delante al primer impulsor de semejante rescate. No hace falta decir que la película es otra y no son pocos los protas con un duro final. Fernández Vara anunció el adiós y la solicitud de ingreso en su plaza de médico forense. Mejor descripción del momento es difícil. Ximo Puig no se ha decantado aún. Cómo no comprenderlo. Es periodista.
Tras el tormento
Mi madre se habría encaramado en estos días a los cien años de los que se quedó a un par de pasos y la efeméride ha reavivado un pasaje sombrío que se quedó ahí en el limbo. Mi nacimiento la condujo a las tinieblas bajo una depresión posparto de la que tardó meses y meses en salir.
No sé mucho del tormento. Si acaso que no pocos del círculo más cercano se encargaron de señalar su debilidad para traer hijos al mundo. Aunque la consiguiente pérdida del sentido de la realidad sobre todo en casos de primerizas estaba diagnosticada desde mediados del XIX, la desconexión que sufre la mujer descoloca a parte de quienes la rodean hasta el extremo de negarle el apoyo. Nada de esto llegó a través de ella. Es más, aún conocedora de aquellos que le volvieron la espalda reemprendió la relación con los que fueran como si nada hubiese ocurrido. Solo se refirió al maldito trance para poner en un altar al especialista que la atendió que no fue otro que el padre de Carmen Romero, ex de Felipe, a la sazón médico militar en el hospital al que tuvo acceso por ser hermana de un capitán del Ejército del Aire, el mejor padrino que pude tener y que me acogió en su casa el tiempo que duró aquel dolor.
Así he pasado estas horas. Estremeciéndome a ratos y celebrando que el demonio, al que ni mis hermanas ni yo conocimos, desapareciera igual que entró. Y con ese cuerpo he presenciado los ataques sin cuartel que buena parte de aspirantes dedica por un puñado de votos a quien no es de su cuerda o al ansia exhibido por quienes con los ojos clavados en los resultados, y más allá de la eficacia, solvencia y rigor demostrados a lo largo de una trayectoria, dejan patente que por ellos «matan». Son innumerables las citas a las que acuden a tal velocidad que, efectivamente querido Lennon, tienden a olvidar que la vida es eso que sucede mientras te empeñas en hacer otros planes. Ya veremos qué ocurre cuando se les chafen. Tras sobreponerse al laberinto, mi madre se centró en uno: no dejar escapar la coherencia.
Bandadas de timos
Qué sería de nosotros sin Ayuso. Una nave sin rumbo. Por fortuna ella centra las cuestiones de un plumazo. La más candente no hace falta que les diga cuál es, una que desde los expertos hasta cualquier espectador barrunta que situar el contexto y aplicar soluciones con tino tiene su telemendengue, y sin embargo ahí está ella dejando claro lo que hay: «España no es un país racista. Esto mismo ocurre también con las ofensas contra el Rey». Debe referirse lógicamente a Baltasar.
Aliviado tras haberse hecho la luz en un asunto tan complejo acelero al echarse encima una cita ineludible. Estoy aún en el salón, aunque a punto de salir, cuando salta un «eseemeese»: «Papá, mi teléfono está roto. ¿Me puedes mandar un mensaje de whatsapp a este número?». Aunque para mí pasar algo de un invento a otro es todo un reto por decirlo de un modo suave, lo consigo. Una hija es una hija. Enseguida recibo el mensaje: «Tienes que hacer algo por mí. Se me ha caído el celular al inodoro y no puedo acceder a mi banca por internet sin mi tarjeta sim. Necesito hacer dos pagos; ¿puedo enviarte los detalles? Te lo devolveré el viernes cuando abra el banco». Pese a que ni de lejos soy Philip Marlowe, algo olía a podrido en Dinamarca.
Recurro a Ed, quien finiquita el caso: «No es ella, su móvil está bien». Mientras por la otra vía recibo el detalle del cargo de 983 euros en Mediamarkt bajo un tipo de transferencia inmediata, la suplantada rubrica: «¡Papá, no hagas caso! Aparte que yo no diría nunca celular ni inodoro». Lo pongo en conocimiento del primer poli que me encuentro por si quiere hacerse con el número del celular, pero el hervidero de engaños es de tal grado que solo a partir del drama empiezan a interesarse y lo único que me pregunta es: «¿Pero han secuestrado a su hija». Pese a que acabo de oir el audio se me abren las carnes. No todos podemos tener el cuajo de Ayuso.
Las garras del poder
El presi de la Región de Murcia cogió al actual número uno del circuito, se paseó con él, lo condujo ante una mesita con un par de pistas de tenis a la espalda donde en una de ellas se había plantado un cartel con trazas improvisadas que reza «Copa Carlos Alcaraz» y se dirigió a los medios a fin de anunciar que el evento «será un hito para esta tierra» sin precisar ni el lugar en el que se celebrará ni el «oponente top» al que se refirió ni la fecha, aunque al menos ahí adelantó que será «un día cercano a las fiestas navideñas». Pregonar así algo no podía por supuesto esperar más. En absoluto. A continuación cedió la palabra al campeón quien, no se lo van a creer, dijo estar encantado de poder jugar en casa. Ni que decir tiene que, dentro del ránking de Comunidades en inversión en Deportes, el territorio conducido por López Miras se halla a la cola. Con uno que sobresalga basta.
El sucesor de Nadal en el mapa nacional está tutelado de lujo por Juan Carlos Ferrero, que también en este apartado de la instrumentación política acumula una basta experiencia. Con el de Ontinyent subido a la ola, Zaplana puso sus garras sobre él y no lo soltó. Que si para allá, que si para acá. Y cuando quiso que no acudiera a algún sitio que no fuese de su gusto, llamada al canto y el tenista se desmarcaba. Siendo ya ministro de Trabajo tiró de él para que leyera el manifiesto en favor del pehacheene dentro de la campaña del «Agua para todos». Tiempo después, bajo el auspicio de Paco Camps a los acordes de aquellos grandes eventos, la Generalitat apoquinó 18 millones por el torneo de quien conquistara Roland Garros y la Copa Davis. No todo van a ser reveses.
El chaval de El Palmar cayó inopinadamente en Roma ante un húngaro desconocido y así ha podido prestarse a este juego que también proporciona réditos. No creo que lo hiciera a postas, aunque al ínclito le vino de perlas para proclamar que podrá verse a esta figura risueña en un partido de exhibición, cuya previa ha sido la exhibición del baranda del partido.
En el recodo del camino
Un numeroso grupo de amigos ha completado una lista para el 28M, una más, que ha recibido todos los parabienes legales con vistas a comparecer en la cita que nos aguarda. Se diferencia del resto de opositores en que ninguno de sus componentes dará entrevista alguna ni piensan pronunciarse al respecto de los asuntos candentes que azotan al municipio en cuestión y no tienen intención por supuesto de protagonizar ningún acto de campaña. ¿Iluminados? ¿Extraterrestres como otros que no hay más que ver las cosas que dicen a lo largo de estas jornadas? ¿Seres entregados a la meditación? Nada más lejos de la realidad. Se trata de una plebe que de este modo se asegura no ser requerida para formar parte de una mesa electoral y poder así estar ese domingo con la Virgen del Rocío, que es la verdadera fe que les une. Ya quisiera el resto de candidaturas contar con un lazo indeleble de esa dimensión.
Lo genial sería que quienes van a tener que pringar en los colegios y formalizar el recuento se pusieran de acuerdo y previamente sedujeran a cercanos y conocidos para votar en bloque a los rocieros y que, de los diecisiete, tres o cuatro salieran elegidos. Tras el polvo del camino y el salto de la reja les aguarda la fiesta de la democracia en toda su esencia y crudeza. Parece que los estoy viendo: «¿Ah, entonces, tu no vas a renunciar? Pues, yo tampoco?». Esos ingeniosos hidalgos que se lo pasaron pipa pergeñando la treta, que le dieron forma hasta completar la apuesta, que la presentaron en el registro todo serios conteniéndose para que no se les escapara el descojone por la comisura y que brindaron con fino el día en que la publicación salió en el boletín oficial de la provincia no podían imaginar que el ardid se les volviese en contra y que, de ser inseparables, anden ahora peleándose por ser portavoces. Eso sí, al menos están entrenados en aguantar carros y carretas.
Entre travesuras
De buena mañana Millás deja caer que le da envidia cuando Boyero dice que no ha votado nunca. «Lo suelta con mucha radicalidad y tal. A mi me gustaría a veces tener esa radicalidad, pero soy más cobarde. Desengancharse del sistema, estar fuera de él suena muy bonito teóricamente pero tengo la impresión de que hago daño». En más de una ocasión pienso observando el panorama que ir siempre a votar no es que sea valiente es heroico.
Yo recibí el bautismo de asistencia a mítines en la plaza de toros de Carabanchel un sábado por la tarde de junio de 77 en la que alternaba el maestro Tierno Galván. Fue una lección magistral, un ejercicio de reflexión difícil de olvidar, de modo que acabó convirtiéndose en el primero y último de la serie al que asistí por gusto. En el día en que abríamos campaña electoral, Ángel Carmona tenía en su ateneo de Radio 3 a una cincuentena de jóvenes para compartir travesuras y en una de estas solicitó que levantase la mano los que habían asistido a un mitin en su vida. Al ser solo uno debió hasta darle vergüenza. Pero te pones a pensar en el sustrato de las intervenciones que emplea hoy en día la inmensa mayoría de candidatos y comprendes perfectamente que a los 49 restantes no les pique ni la curiosidad.
Mientras el folklore mitinero sirve a estas alturas para lo que sirve, por el interior de las cocinas sí que se cuecen los menús que han de proporcionar la textura al paño con el que vamos a encontrarnos de aquí hasta que por fin se ajusticie a Sánchez, que es el tema. Aznar y Sarkozy se han sentado a la mesa con el presidente ejecutivo de Mediaset en el trance de que Telecinco se cargue el sin par «Sálvame» para entregarle las llaves vespertinas a Ana Rosa que si puede colaborar en empujar al inquilino de la Moncloa por el sumidero lo hará.Alfonso Guerra, que no para, viene repitiendo por su parte desde hace un año que lo de Yolanda Díaz es un «bluf» y que se están manipulando sondeos para darle cuerpo al invento. Al final, lo único verdaderamente nuestro es el voto.