El retorno del nubarrón

Santos  Cerdán entró al Parlamento esgrimiendo que no tenía nada de lo que defenderse, que «le costaba  creer» que existiese un informe de la Uco vinculándolo con el «caso Koldo» y llevaba razón. Conocida la transcripción de las escuchas, la verdad es que todo indica que ante lo que estamos, de momento, es en realidad ante el «caso Cerdán», quien según los indicios envió desde el norte al grandullón para ponerlo al lado de Ábalos y poder arramblar así con mordidas tras amañar adjudicaciones públicas para una ute de constructoras entre las que figura Acciona la cual ya ha dicho pero qué me están contando. Así sigue escribiéndose la historia.

     Al día siguiente lo que había programado en el Congreso era una una jornada de puertas abiertas y hasta allí se acercó una buena embajada de ciudadanos, recibidos en la puerta por sus servidores con la presidenta del hemiciclo al frente. En el pórtico del tiempo más deseado, una gran mayoría de españolitos miraba el mañana a lomos de la «Libertad sin ira» de Jarcha, una de cuyas estrofas veía solo «gente muy obediente hasta en la cama/gente que solo pide vivir su vida sin más mentiras y en paz». Dejando a un lado lo de la cama con cincuenta años más en los costillares, son las mentiras las que pueden doblegar aquella epifanía. Y por ahí se enseñorea el bloque forofo, ansioso de rematar la faena.

     La jornada de la convulsión coincidió con un acto en el que Madina aprovechó para ponderar a Felipe González, a quien tenía al lado, por su «ejemplaridad en el ejercicio del poder» y de «dignidad en la representación del cargo». No sé, quizá sea mucho ponderar. Mientras tanto Sánchez comparecía con trazas de funeral, escuchimizado en relación al que fue y desdoblándose por enésima vez con tal de deslizar que lo ocurrido no afecta al Gobierno. María Chivite salió a la palestra con necesidad de desahogarse trasladando que «lo leído en el informe no se corresponde con la persona que he compartido mi carrera». Y lloró. El resto del vecindario hace la tira que se quedó seco.

Paréntesis de disfrute

Aún me duele el esqueleto tras el in crescendo de las horas de tensión acumuladas. El primer set lo seguí acompañado por uno de nuestros hijos al que ya de noche le puse: «Viendo historias de este calibre aquí solo en el sótano cualquier día me quedo en el sitio», a lo que enseguida respondió: «No te preocupes, te embalsamaremos en condiciones». Pero hay quienes debían andar peor. En una cabecera de cierto lustre tropiezo con un titular a todo trapo: «¿Quién es Carlos Alcaraz González, el abuelo del tenista que acaba de ganar la final de Roland Garros? El hombre con gafas y una bufanda con los colores de España». La foto revela que a quien se señala es al presi de la Federación Española en el palco de autoridades. Pues bien, 48 horas después el bloque informativo permanece inalterable. Posiblemente los miembros de la web estén embalsamados.

     A sus 66 tacos, mi adorado McEnroe sigue dando juego. Uno de los dos diarios deportivos madrileño echa gasolina vendiendo que «incendia el mundo del tenis» al meter al campeón mallorquín por medio de lo visto el domingo en París. ¡Pero, por Dios! Si lo que ha venido a decir es que ambos podrían ganar a un Nadal en su mejor forma… Es tan sensato que no parece ni propio de las travesuras de John. Lo único es que está visto que comparar distintas épocas atléticas no tiene sentido. Santana, Rod Laver y otros cuantos disponían de muñecas sublimes, pero esta generación compuesta en buena parte por titanes te la doblan sin contemplaciones.

     Además observan un trato exquisito con adversarios y jueces en los trances más angustiosos. A McEnroe le deben salir ronchas. Alcaraz tiene siempre tiempo para facilitar la tarea a los recogepelotas acercándoles la bola en medio del estrés. Lo contemplas y alucinas. Si hay que intentar ganar sufriendo se hace. Pero lo que le gusta es disfrutar. Se divierte como un niño chico y te lo hace pasar pipa. Yo me había retirado de las citas a cinco sets, pero aquí me tienen preparando Wimbledon. Y a la polarización que le den.

El burlador burlado

Ramón de España es un conocido periodista, novelista, guionista, ensayista y lo que haga falta al que sigo desde tiempo inmemorial y que, siendo como somos del mismo año, tengo esperanzas de que la batida no decaiga por razones obvias.

     Este sagaz crítico de cómic, música y tele no es mordaz, se le queda corto. Ni siquiera ha perdido su condición ahora que se enfrenta al ultimátum de un fondo de inversión que ha comprado la finca completa del piso del Eixample barcelonés en el que vive de alquiler desde hace 33 años. «Parece que no me he dado cuenta hasta que me ha tocado la china». No estamos ante una situación como a la que se aboca a multitud de mortales que se ven en la rue por mor de unos mendas dispuestos a desalojar lo que haga falta con tal de vender viviendas modestas a precios de super lujo sin tener por qué reformarlas siquiera. No, el drama de este narrador burlón es que viene dando su visión de la jugada desde que empuñó la máquina ahí y que, si nadie lo remedia, décadas después tiene pinta de que es posible que acabe viviendo en Madrid donde alguien cercano lo acogería. En 2013 publicó El manicomio catalán. Reflexiones de un barcelonés hastiado y, en 2014, El derecho a delirar. Un año en el manicomio catalán. Resistió como pudo la ola indepe y puede que la de los fondos buitre se lo lleve por delante. Así se escribe la historia cuando no es que se haga mucho por combatirla.

     El articulista lamenta la metamorfosis del barrio en el que nació, aunque entienda que si eres de Birmingham, donde llueve todo el día, y tienes un sueldo mejor que el del español medio no dudes. Lo que pasa es que sus calles se han transformado en territorio brunch: «Cuando veo una tostada de aguacate salgo corriendo. Estas decoraciones imitando a cafeterías de Williamsburg en Brooklyn, todas iguales, las odio». No sé si influiría, pero el caso es que la constelación de mandamases patrios se reunió a tiro de piedra de donde habita Ramón de España con el problema de la vivienda en primer plano. Pobrete.

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El clan de los pelirrojos

Berto Romero es ese sobrino de Andreu que, sin despegarse del todo, sigue su curso y, de nada con sifón, es capaz de sacarse un programa de la manga y grabarlo en un teatro resultón con público y todo. Para sus consultorios en los que sigue explotando mensajes de voz de oyentes y asistentes, ha colocado de escudero en este caso a un ser que parece vivir ausente, empadronado en las musarañas y que se hace querer porque además de atolondrado es pelirrojo. Aprovechando la circunstancia, el conductor del espacio trasladó a Andrés Fajngold el protagonismo de responder a un audio que parecía interpelarlo: «¿Existe algún viejo pelirrojo?».

     Por la peculiaridad de la historia hilvanada, permítame que le traslade la respuesta del ayudante: «Bueno, ha llegado el momento de confesar algo que es un secreto a voces dentro de nuestra comunidad. Existe una organización misteriosa que los secuestra. Es un ente que trabaja en la sombra porque son pelirrojos. ¿Qué hace, adónde los llevan? ¿Adónde? Pues los suben a un barco y los trasladan a una isla en Corea del Sur haciéndolos competir en distintos juegos…a muerte. Claro, bajo el sol son a muerte. Y van muriendo, muriendo, muriendo…hasta que al final sale un ganador. ¿Que cuál es el premio? La presidencia de los Estados Unidos».

     Da ganas de creérsela si no fuera porque lo del pelirrojo o así de la Casa Blanca siempre ha estado expuesto a la luz y, desde que se crearon, a las redes. Su última proeza ha sido difundir otra teoría conspirativa dando pábulo al mensaje según el cual Biden fue ejecutado en 2020 y desde entonces es un robot, lo cual se produce pocos días después de que al expresidente se le diagnosticara un agresivo cáncer de próstata del que está tratándose. Según el Times neoyorquino, durante su primer mandato este monstruo de la naturaleza realizó 30.573 declaraciones falsas o engañosas, a 21 diarias, y por las trazas confía en superar la cifra. Hace poco tildó a su amigo Putin de loco. En este aspecto nadie puede discutirle que sabe de lo que habla.

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El seguidor de «L´Estaca»

Lo retrata  Irene Lozano, lingüista, escritora, periodista relacionada con multitud de cabeceras, autora de no pocos editoriales en alguna de ellas, animosa interviniente en la cosa pública desde sus días en upeydé hasta coquetear con Ciudadanos y acabar en puestos de relumbrón dentro del universo Sánchez. En esta ocasión ha cogido por banda a uno de nuestros clásicos de quien, junto a otras veleidades, remarca que entre sus músicos preferidos anda Lluís Llach. Naturalmente hablamos de González Pons.

     En su memoria se activa el día en que quien fue abanderado de la Nova Cançó catalana actuaba en el Grec, la trola que metió -en este caso a sus padres- para saborear Vinyes verdes vora el mar y el resto del repertorio sin que le importase dormir al raso en la plaza de Catalunya, aunque admite que el concierto con el que alcanzó el «límite emocional» fue en el último que dio Moustaki cuando, afectado por una enfermedad pulmonar, enmudeció y el público acabó el recital por él. Dentro del relato se trasluce su emoción.

     Está claro que para ser considerado un verso suelto hay que trabajárselo. Sí, porque nada más iniciarse este año el nuevo mandato en la Casa Blanca, el vicesecretario institucional del pepé tildó al propietario de «ogro naranja» sin por ello dejar de añadir que «se ha proclamado macho alfa de una manada de gorilas» y que «será un emperador, pero no el fundador del imperio. Su poder se fundamenta en el caos circundante». No hace falta agregar que le asistía toda la razón, de ahí que la dirección de su formación se desvinculase y se pusiera de perfil que es como sigue.

     Y donde dice Trump se puede poner a Junts o a Mazón para repasar la singularidad de un hombre para quien una de las obras imprescindibles es «El contrato social» de Rosseau; en teatro, Lorca; en novela, Eduardo Mendoza y, en plan compositores, Aute y Sabina. Como él mismo ha repetido bajito en numerosos encuentros, «no sé que hago yo en este partido». Pues igual va siendo hora de saberlo, Esteban.

La otra cara de la moneda

Más de un cuarto de siglo después la gala de los Goya vuelve a Cataluña. En aquella edición de 2000 Pedro Almodóvar felicitó al entonces príncipe Felipe arrancando el cumpleaños feliz y los dineros del rey que salieron a colación fueron los de las piezas de colección de la moneda conmemorativa del quinto centenario de Carlos V con el retrato de Juan Carlos I en el anverso. Otra película.

     Por las puertas abiertas, veinticinco años atrás Barcelona se regó esa noche con el casticismo universal de Todo sobre mi madre, las convulsiones políticas y las pasiones emponzoñadas del Goya en Burdeos de Carlos Saura y el aldabonazo de sencillez, quejío y ternura para despedir el siglo de Solas propiciada por un chaval de Lebrija llamado Benito Zambrano. Productos frescos de temporada con una puesta en escena en la que creadores y comediantes buscan el refrendo académico para paladear con deleite el reconocimiento, hacerse fuertes en el oficio y a ser posible azuzar taquillas necesitadas, cuya celebración desapareció del mapa, al igual que otras desprogramaciones con acento hispano en la chistera, en cuanto el mando en plaza convergente y de radicales alianzas posteriores con chungos vericuetos hicieron que, al atravesar el Ebro, la cosa se hiciera difícilmente navegable para españolitos que vienen al mundo los guarde Dios.

     Un tiempo en el que, miren por donde, ha ido tomando cuerpo y de qué modo La Escuela Superior de Cine y Audiovisuales de Cataluña, la Escac, privada ella, reconocida internacionalmente, en la que se han graduado desde Bayona a Mar Coll pasando por Kike Maíllo entre el selecto puñado y en la que el fruto gira en torno a producciones e interpretaciones majas en historias con corazón que disponen de una factura reconocible y que da gusto verlas. En medio de estas realidades contrapuestas los organizadores de los próximos Goya tienen por delante el reto de plasmar normalidad. Y si además dan con la tecla de una puñetera vez y hacen la gala digerible, que no la saquen de allí.

Se agradece el calorcito

Me encuentro ante la pantalla en blanco debatiéndome entre la pesadilla en que se ha convertido acceder a una vivienda digna o bien fijar la atención sobre las deficiencias en lo que a la supervisión de los centros educativos se refiere cuando el chisme me pone en alerta. El Juzgado de Instrucción número 3 de Madrid ha imputado por primera vez a altos cargos del Gobierno de Ayuso por las muertes en residencias durante la pandemia, en concreto a los responsables de los protocolos que limitaron el acceso al sistema hospitalario de quienes allí vivían. A Ana Rosa, que está en directo emitiendo sus juicios de valor al hilo de la actualidad, y a su equipo también le ha debido saltar la alarma. Enseguida se coloca el aviso del asunto que preparan para poner a continuación: «Antonio Tejadillo, al banquillo. El juez considera que fue el autor intelectual del atraco en casa de su tía María del Monte». Ya ven. En la variedad está el gusto.

      Es lo que hay cuando, como bien saben, las familias de las víctimas no han dejado de querellarse ni de soltar sus desgarros por las condiciones en la que los suyos se fueron de este mundo en medio de lo que entienden fue una flagrante denegación discriminatoria de asistencia sanitaria. Estiman que había vías de sobra empezando por los traslados a hospitales. Los investigados como «autores intelectuales» y firmantes del protocolo, llamado de la vergüenza, son Martínez Peromingo y Carlos Mur. El primero es geriatra en la Jiménez Díaz y, el segundo, psiquiatra en Andorra. Poner distancia ha puesto. Ya veremos.

     Además hay que recordar que a lo largo de todo este duelo los afectados han contado con el calor de la presidenta de su Comunidad. En lo que va de año se ha volcado asegurando que le parece horrible «extraer a toro pasado lo que dijo el primo del amigo en un momento y lo que pasó en una residencia de una manera anecdótica», después de espetar «siempre están criticándonos con lo mismo, siempre con las mismas mierdas». No hay duda. ¡Qué bien! ¡Qué bien viene la compañía de Isabel!

El desvarío del «guan point»

Se ve a Franco apuntar a la presa, aunque la comitiva ya tiene las piezas preparadas en un matorral. Después comenta: «Ahí fuera nunca nos han querido, ministro» y, al señalar Fraga que eran 15 millones de turistas los que habían venido, el caudillo replica: «Sol y playa sí les gusta, pero luego magnifican algaradas de tres universitarios trasnochados. Mire, lo hablaba con Carmen. Ella es aficionada al festival ese… sí, el de Eurovisión. ¿Cuántos años llevamos yendo? Y no ganamos ni con Raphael», ante lo que el titular de Información y Turismo se atreve a exponer: «Es que son muchos países con muchos gustos». «Pues eso es lo que yo digo. Si nos quisieran ganaríamos alguna vez, ¿verdad, Sáez», a lo que el mariscal de campo agrega: «Seguro que el ministro lo arregla». Así arranca «La canción», serie cortita y pegadiza -también actúan los grises- sobre las vicisitudes que atraviesan los encargados de plasmar la orden con el «La, la, la» para complacer a doña Carmen. Eso sí, Massiel se negó a que el marido de esta le impusiera la Cruz de Isabel la Católica, más Serrat que los había dejado tirados por el catalán. Al menos un mes después aquello del Mayo del 68 fue en París.

      España solo ha alcanzado el entorchado en el certamen bajo el régimen del 39 y el portavoz nacional de Vox calificó el mismo lunes de «muy mala idea» politizarlo. Dí que sí, pero frena que igual no llegas al próximo. Diseccionando Europa, Muñoz Molina escribe que «igual que nos toca defender lo ganado tenemos que denunciar lo injusto, lo indecente, lo que desmiente los propios ideales europeos»… y, ya de paso, que por esa cita transfigurada de la canción en el planteamiento y resolución no campe a sus anchas alguien como Netanyahu. En su exposición, el escritor de Úbeda parte del complejo colectivo de inferioridad cuando más allá de los Pirineos nos miraban por encima del hombro. Pero no podemos quejarnos. Hoy nos codeamos con cualquier país gracias a que hacia el final lo único que ató bien atado el baranda fue Eurovisión.

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Conjuntos modélicos

Cuando vi a don Felipe y doña Letizia avanzar por el campo de concentración de Mauthausen en el 80º Aniversario del fin de la II Guerra Mundial entre algún que otro grito de «¡Viva la República!» en medio del sentimiento encendido de que el Estado debería pedir disculpas porque la responsabilidad de éste ante la complicidad perpetrada entonces no desaparece, la cabeza se me fue al viaje que emprendía Trump con el cometido de hacer negocio en países del Golfo -Pérsico me refiero- y en la posibilidad por esas cosas que tiene la vida que es tómbola, tom, tom, tómbola de que se topara en compañía del jeque más siniestro del contorno al emérito arruinando de ese modo el esfuerzo del hijo de darle a la Corona otra capa de barniz. En esta ocasión los monarcas en ejercicio debieron congratularse de que el abuelete solo estuviera pensando en Sanxenxo, sus regatas y el marisco. Lo único es que al final soltó eso otro de que «hace mucho que no voy a Santander» por lo que es posible que en las próximas recepciones de La Zarzuela solo haya anchoas.

     Es lo que tienen las familias de la tele: que cuando se besan es que no se pueden aguantar. González Pons debe estar a punto de hacerle una caricia al presidente de la Generalitat tras ser el elegido para dejarlo en evidencia desde Bruselas con tal de adornar los remaches que sujetan el cajón del cadáver hasta que hallen el modo de sacarlo de escena. Los de Sánchez, en cambio, le han cogido el tranquillo a las cámaras y ahí cualquiera es el guapo que se salta el guión, salvo que seas Page. Lo que le preocupa a la prolífica prole es que le reenvíen un guasa del jefe.

     Pero la que parte el bacalao aquí es Belén Esteban. Se vio venir la tostada y, antes de que en la pública sacaran la motosierra, dejó a su modélico grupo a cuadros: «No quiero estar en este programa. No soy la que quiero ser. No me aguanto ni yo». Comparada con miembros del resto de familias que componen la selección española es la única que mantiene la iniciativa. Como para que rescaten «La clave».     

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Un mayo de lo más florido

En el caso de que se convocara una recepción inesperada en el Vaticano de León XIV a Sánchez la clave estaría en averiguar si, tras tocar diversas cuestiones, le ha puesto diez Padrenuestros y cinco Ave Marías por referirse de ese modo despectivo a sus colaboradores menos estrechos o si en realidad lo que ansiaba su serenísima santidad era que le detallase el arte de supervivencia que practica de la «a» a la zeta. Con una semana de pontificado a las espaldas no sería de extrañar que más bien se haya interesado en lo segundo.

     Por si acaso se producía una eventualidad de estas características, Feijóo salió de inmediato a la palestra para advertir que «vamos a pasar del cónclave del Papa al cónclave del pepé». Pero en cuanto al morbo que puede deparar una colección de guasas del mismo que viste y calza con Ábalos o del que calza lo que calza con Bendodo es que confesémoslo: no hay color.  ¿Qué interés puede despertar una ristra de mensajes del aspirante galaico si el hombre está tragándose entero a Mazón cuando no hay Dios que lo trague? Los exabruptos inferidos por el inquilino de la Moncloa al ramillete de díscolos es algo que la mayoría del personal avezado barruntaba solo que al verlo blanco sobre negro corrobora que el modo de conducirse del ínclito en el interior está algo alejado del yoga. Susana Díaz ha tardado dos segundos en lucir cara de mártir y refrendar que se lo hicieron pasar canutas, aunque habría que escuchar a sus opositores del pesoe andaluz para ver la cancha que ella concedía. Es lo que identifica a buena parte de quienes alcanzan poder de tomo y lomo: ejercerlo con puño de hierro. Para lo que, evidentemente, hay que servir.

     La prueba es que por disentir de ciertos gestos el galán dijo años atrás de su ministra de Defensa que «es una pájara» y ella salió del consejo de ministros en este mayo florido con la consigna de sonreír ante las cámaras cuando le diesen el alcachofazo que iban a darle y es lo que hizo. El obispo de Roma lo tiene decidido y sobre Pedro edificará su iglesia.