Un buen día Molina Foix le puso un piso a sus libros que el ciclón 2008
se llevó por delante. En puertas de la virulencia actual vino por
Pynchon con obra propia y se despidió con indicación inadvertida
puesto que su narración lleva por título «Kubrick en casa». Durante un
acústico matinal de Vera Green en ese local, Mira-Perceval tomó en
brazos al nieterío sin parar de moverse. Alguien tuvo la tentación de
sacarlo bailando pero pensó que, al reenviarlo, los receptores dirían:
«¡Joder, con las fack!». Como puede apreciarse, todo señales.
Seguro que Manolo, el de Set i mig, no dispuso en su época de
mandatario alguno registrado que, en medio de una crisis colosal, se
pierda en la letra pequeña al trasladar cuándo vuelve la temporada de
caza y de pesca en lugar de cómo podremos ver a los nuestros. Fernando Linde, por su parte, dejó huella al frente de la nave y dijo adiós deseoso de sumergirse en el estudio de Filología Hispánica. De haber hecho el traspaso de 80 Mundos próximo a la cuarentena y llegar a oídos de Teodoro & Cayetana, le habrían echado los perros por ventajista puesto que algo de titiriteros les cuelga y con tales arietes en acción nunca sabremos si venimos del mono o vamos hacia él.
Sea como fuere, del feisbuk de una de las socias y herederas en
Marvá prende este cartel: «Al del 3ºF: Después de los aplausos oímos
cómo leía a sus peques la “Ciencia de la lógica”, de Hegel.
Respetamos su postura, pero somos una comunidad kantiana. No podemos compartir espacio con alguien que considera la apercepción
trascendental vinculada a un cuestionamiento sobre el alcance
epistemiológico de la lógica trascendental. Estamos convencidos de que
postulados de Kant van dirigidos a la idea de que el objeto es una
síntesis puramente intelectual y no por el descubrimiento de la
verdadera naturaleza del pensar puro y del origen del objeto de
conocimiento como propone su adorado Hegel. Tras la decepción, hubo
que contener a Manoli, del 5ºB, y Salvador, del bajo E. Por la paz,
creemos que debe marcharse. Atentamente, sus vecinos». Tanto libro,
coño, es lo que tiene. Que pervierte.