Un soplo de vigor

Uno de los rasgos de Ximo Puig es el de la cercanía nada impostada que
se gasta. Y no es fácil. Una cosa es que los morellanos vieran así al
xiquet cuando se lo cruzaban siendo alcalde y, otra, llegar a innumerables colectivos que componen la Comunitat sin morir en el
intento. Y, vaya, ni está muerto ni anda de parranda ni se volvió
distante.
Esta vez asomó por el foro con diez conclusiones en torno a pasos y
miradas desviados y torticeros sobre los que se camina y diez retos
cimentados en unidad de acción de cara a poner el acento en vigorizar
a los esenciales recién nacidos, mostrándose una vez más como es:
asquerosamente sensato dentro de un tiempo que, a la hora de hincarle
el diente, se las trae. Lo rubrica la lideresa de la oposición, Isabel
Bonig, tras reconocer que «Puig nos ha tendido la mano» y lo blande
Toni Cantó al entonar que «lo ha hecho mejor que Sánchez en la gestión de esta crisis», lo que viniendo de quien viene no es que sea fiable tampoco puesto que habitualmente Toni no sabe en qué anda Cantó y, a la inversa, menos.
La comparación viene pervertida porque el primer ejecutivo de la
nación está más expuesto que nadie con el inconveniente añadido de que la empatía no lo adorna, mientras que su correligionario conduce sin alharacas y, antes de trasladarlas, se han sobado las propuestas en
comandita para que a la postre se conviertan en salvavidas, lo que le
reportará cierto crédito ante el jefe o todo lo contrario, cualquiera
sabe. De ahí que Ximo se haga acompañar de Un largo sábado, el pliego
de Steiner, fallecido hace nada, en el que este judío políglota, catedrático de literatura en campus de postín y autor de obras guapas
del pensamiento moderno ofrece, dentro del lenguaje a emplear, las
claves de la comprensión y la supervivencia humanas. Para el filósofo
criado en París y en Nueva York a bordo de la desescalada frente la
amenaza nazi, nada humano le es ajeno y «si me dan una mesa, buen café y libros, ya tengo una patria». A lo que se ve es lo que busca el
nostre president desde la estancia: aplicarse el cuento a base de bien, según las enseñanzas del maestro.

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