Como uno más

Siempre me pareció Aznar una persona muy cercana. Esa manera de poner los pies sobre la mesa, similar a la que cualquiera de nosotros emplea cuando está en casa. Pero él no. Él los colocó en una cumbre del G8 representando a su país en un receso junto a Bush, Schröeder y Chirac entre otros mientras fumaba un puro. Mayor naturalidad no cabe. «Que nadie piense que estoy aquí para mostrar una cara distinta a la que tengo», pensaría el mandatario entre calada y calada. Y quién no se ha soltado la lengua en una reunión y más si es con bodegueros para acabar largando algo como «a mí no me gusta que me digan las copas de vino que tengo o no tengo que beber». Ese es el mensaje que le envió en 2007 a la degeté todo un expresidente del Gobierno. He ahí el gran mérito. Tiempo después Miguel Ángel Rodríguez fue detenido por cuadruplicar la tasa de alcoholemia al volante tras provocar un choque con coches estacionados en el distrito de Retiro. La fidelidad a unas palabras que, en fin, no tiene límites.
Pero además de esa afinidad con tantos compatriotas está el tesón que demuestra. Tras el pollo que trajo consigo la boda de la niña en El Escorial tampoco encuentras a muchos que se atrevan a montar un sarao de alto copete a la vista de todos. No es el caso y el padre de la novia aprovechó sus 70 primaveras para regalarse un desfile de modelos en la recepción de los más de doscientos asistentes al Teatro Real. Acudió parte de los invitados al acontecimiento anterior y parte no. Es ley de vida y de la penal. Los convidados presentaron sus mejores galas. Al llegar la «reina» Isabel acompañada de su asesor de cámara se corrió la especie de que ella saldría de la tarta a cantar el «happy birthay» puesto que si bien no había armas de destrucción masiva MAR siempre anda preparado para entrar en acción. Tras despedirse no consta en parte policial alguno. Otro motivo de celebración para los automovilistas.

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