Cómo será de agobiante la que se nos ha venido encima en plena primavera que en el ascensor, antes que del tiempo, la gente prefiere hablar de las sesioncitas en el Senado.
Los expertos están saliendo de debajo de las piedras para llamar la atención sobre la deriva y advierten que como no se aborden cambios profundos en las ciudades apostando por más vegetación y menos asfalto lo tenemos claro. Señalan que el asfalto y el hormigón absorben calor durante el día y lo sueltan de noche, a lo que hay que añadir la proliferación de edificios que impiden que corra el aire. En el que me crié y crecí no tiene ningún otro piso encima y en verano puede pegar en el techo más de cincuenta, pero abriendo ventanales entraba una brisa proveniente de una gran extensión con solares sin edificar en donde echábamos los partidos. Hoy, las pocas veces que vuelvo al lugar del crimen, lo que levantaron tiempo atrás es una mole en la que contemplo sin problemas el bacalao con tomate que prepara la de enfrente, algo de lo que no tengo necesidad alguna porque con el cocido de mi hermana voy que chuto.
Para los que saben de esto lo fundamental es plantar árboles y que hacerlo en un 30% de la urbe podría reducir un tercio de los fallecimientos prematuros por el efecto isla de calor. «España -según los investigadores- es de los países europeos con menos porcentaje de árboles en las ciudades. En su lugar hay plazas de cemento o de hormigón por un tubo, sin vegetación». Cuánto urbanista comprometido y cuánto combatiente vecinal llevan siglos clamando por primar los espacios públicos sobre todos los negocios dotándolos de elementos sencillos en pos del disfrute del contribuyente y que, gracias a la desatención prestada por los gestores de un color y de otro, en la actualidad un buen manojo de ellos caza moscas. La frustración en estos seres admirables ha llegado a tal extremo que no quiero mentirles. Ya albergan dudas sobre si eso de que «en abril, aguas mil» es un dicho o una promesa electoral.
Mes: abril 2023
Acordes de una guerrera
Susan Sarandon ha abierto en Barcelona el Film Festival con motivo de la reposición de Thelma & Louise al celebrarse el 32 aniversario del estreno. Ya ven, cualquier excusa es buena.
El certamen arrancó con su presencia y en la intervención reservó un espacio para diseccionar la crisis del periodismo. Pensará alguno: ¿es la voz más autorizada? ¡Pero por Dios! Uno de sus papeles iniciales fue en Primera plana, con eso está dicho todo. En ella Billy Wilder la situó en la peripecia de Peggy Grant, prometida de Hildy Johnson, reportero estrella del Examiner encarnado por Jack Lemon, en cuyo ir y venir este le procura una mala vida que para qué camino del altar, algo que el menda del director interfiere con todas sus ganas en el ansiado intento de impedir que se lleve a efecto.
Lógicamente aquel contacto con los seres que habitan las redacciones no la condujo a sumergirse en ninguna de ellas, pero su espíritu crítico y combativo ha superado a no pocos medios de los que hay en circulación. La prueba está en la cantidad de leches por segundo que ha repartido a todo lo que le toca de cerca durante su estancia: «Hollywood no es liberal ni ama el cine, solo le interesa el dinero… Y si eres viejo y gordo no te quiere». Aunque haga junto a otras estrellas historias de usar y tirar como la que tiene en cartel, no va a dejar de largar fiesta a los setenta y tantos una activista como ella que ha dado guerra cuando estaba en la cumbre. Y, si no, fíjense: «Clinton abandonó a la clase media y Obama rescató a Wall Street y no hizo nada por la gente… Los demócratas han estado perdiendo a la clase trabajadora durante años. No están haciendo frente a los problemas económicos, solo a los culturales. Y eso no va a conseguir que la gente vaya a votar. Por muy loco que parezca, Trump tiene muchas posibilidades de que vuelvan a elegirlo».
Lo juro. Si Burns, o sea Walter Matthau, la cogiera por banda la pondría de ariete en los puntos calientes del país y a Hildy lo mandaría a completar el ajuar de boda.
Los pasajeros de la noche
Cabalgo sobre la cinta que lleva el sugerente título que acabo de compartir. Es una más de las aportaciones que rebosan el muestrario compuesto por los descendientes pertinaces de la «nouvelle vague». En este caso, un cálido retrato en torno a las vicisitudes de una mujer con dos hijos mayorcitos a su cargo que ha recibido la detonación del «bye, bye» de su marido y se encuentra con que ha de completar esa página en blanco llamada futuro. La destinada a escribir las líneas de un horizonte incierto es Charlotte Gainsbourg, hija en la vida real de Serge que compuso para su madre Jane Birkin la seductora «Je t ́aime… moi non plus», padres de tronío que debieron contribuir a que la actriz se superara, provista de una raza que rocía con ese aura de autenticidad que sube la nota de cualquier guión al que se enfrente. La empatía hace que sufras y que te relajes cuando por fin ha visto la luz y, en mi caso, que la cabeza se pierda por otros derroteros de nuestro paisaje en los mismos años ochenta en los que transcurre la historia.
Ocurrió en el instante preciso en el que la cámara ilustró el amanecer con ráfagas de lugares simbólicos y se recreó en la apertura de un quiosco que extendió alas con la exposición de todo el mosaico de lectura disponible. Ese imán guardado bajo llaves en cuyo punto de atracción coincidían noctámbulos acérrimos y esforzados de la ruta laboral. Camino del café o de la fábrica los degustadores de novedades rebuscaban por dónde iban los tiros de los asuntos más próximos dejando para algún que otro momento el gustazo de sumergirse en las piezas favoritas que a diario ayudaban a abrir los ojos. Los problemas estaban encima, el mundo se encontraba lejos y descifrar enigmas de la mano de alguien de confianza con tiempo para madurar las teorías contraponiendo tus dudas creaban carácter. Hurgar en tanto misterio dejaba un aroma concentrado. Las películas hermosas también tienen fin.
Sin cortarse lo más mínimo
Se ha desvelado la forma en la que el magnate de medios de comunicación Rupert Murdoch puso fin a su enlace con Jerry Hall, la exmodelo que tuvo cuatro hijos con Mick Jagger, coincidiendo con el arranque del juicio contra la Fox por dar en su parrilla a todas horas que a Trump le mangaron las elecciones. Las diligencias previas retratan las interioridades de la cadena y el modo artero de proceder del invento que es palabra de Dios para el contingente conservador estadounidense con 75 millones de abonados, que se dice pronto. El editor australiano ha utilizado en su defensa la tesis de que las afirmaciones descabelladas son igualmente noticia sin dejar de admitir que sus presentadores avalaban el bulo de las elecciones robadas. A estas alturas de la vida que pilota como le sale de ahí mismo a bordo de sus 92 tacos no pretenderá nadie que se corte un pelo. Es lo que ha venido a plasmar Vanity Fair con la publicación de los detalles acerca de cómo se produjo el punto y final del último embarque sentimental. El susodicho le mandó a su mujer un «e-mail» de once palabras pidiendo el divorcio. Si después de unos cuantos años de convivencia fue capaz de despedirla así cómo no lo hará con los empleados que quiera quitarse de encima. Aunque también es verdad que, en este aspecto, muchos avispados del sector no le van a la zaga.
El texto elegido por el ínclito para anunciar sus intenciones fue el que sigue: «Jerry, lamentablemente he decidido ponerle fin a nuestra relación». Ella, que se encontraba esperándolo en una de las propiedades del Reino Unido, no dio crédito en principio al correo recibido. Conociéndolo como lo conoce pensaría que se trataba de una «fake». A diferencia de su caso, el jurado reunido en Delaware lo que deberá determinar no son las consecuencias de las mentiras sino si fueron difundidas con dolo, es decir a sabiendas. La perplejidad llevó a Jerry Hall a comentar al círculo íntimo su sorpresa porque «en estos años de matrimonio, Rupert y yo nunca nos peleamos». Pues vaya casamiento.
Pelea sin cuartel
Lo ha dejado caer el mismísimo Iván Redondo: «Si el pepé se hace con la Comunidad Valenciana, casi tiene pie y medio en la Moncloa. Pero si Ximo Puigse mantiene puede haber partido». Con lo que se avecina hasta el puente de la Inmaculada, es lo único que les quedaría por hacer a Sánchez y a Feijóo: vestirse de corto.
Mazón, no obstante, va bien servido. Ante los nítidos mensajitos que fueron llegando de arriba durante el recorrido inicial de precampaña no tuvo más remedio que aceptar la realidad: «Todo lo que no sea ganar y gobernar será un suspenso y no un sobresaliente». Ahí se ve que el psicólogo le había dicho que eliminara el notable y el aprobado. Que la gama de grises no existe para él en su debut. Y como era de prever no para. La otra noche me lo encontré en 13tv, que hay que tener cuerpo por mucho que te mentalices para ir de la mano con los que tendrías que ir de la mano. Es de esas cadenas en las que te hacen la pregunta y te dan la respuesta por el mismo precio. Ferreras se cree que anda muy lejos, pero le queda parecido.
Tras el diagnóstico proyectado por el que fuera director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno lo consecuente sería que, de haber seguido en el puesto, hubiese indicado a su asesorado que no le tirara el trasvase a la cara a quien puede ser decisivo cuando la Moncloa anda en juego. Pero estando o sin estar el intrépido Redondo cuenta con la ventaja de que Sánchez solo escucha a Sánchez a diferencia del contrincante de Mazón por mucho que él los ponga en el mismo cartel. Acaba de encontrarlo también en El mundo: «El presidente valenciano ha gobernado ocupando la centralidad y no suscita rechazo ni siquiera en la parte derecha del electorado. Allí tampoco existen fiebres políticas nacionales ni madrileñas».
Desde que aterrizó, la nueva apuesta gallega del pepé no se cansa de repetir a los suyos que le echen una mano. Dada su desenvoltura puede que una sea poco. Y si la clave reside aquí, pobre Mazón y en qué condiciones va a llegar a las Hogueras.
Entre meditaciones
Quentin Tarantino ha pasado por Barcelona para presentar ante cientos de seguidores arrebatados sus «Meditaciones de Cine». Acaba de cumplir sesenta tacos, ha dejado caer que con el próximo rodaje pondrá fin puesto que quiere darse de continuo a la escritura. Nunca he sido un loco de su filmografía, pero resulta que he visto toda. Y eso que cuando a mi primo Jesús la puerta del bus aquel le espachurró los dedos quien se desmayó fui yo.
El imaginero de «Pulp Fiction» se recreó durante la comparecencia en la niñez. Deslizó que su madre le permitió ver películas de adultos con estampas perturbadoras como escenas de violaciones y de torturas, aunque reconoció haberlas disfrutado. Sin embargo le traumatizó «Bambi». Admitió que no esperaba que fuera a pasar algo así. «No vi venir ni estaba preparado para que mataran a la madre del cervatillo ni para el incendio del bosque». Según él, ha destrozado a muchos niños durante décadas. Me rindo. Es un genio.
Otro aspecto que me ha ganado del encuentro mantenido es que los organizadores pidieron a los asistentes guardar los móviles en una funda precintada hasta el final del acto y, si estarían entregados al ídolo, que ni rechistaron. Medidas de choque habían de tomarse porque lo del chisme este es ya enfermizo. Dylan viene en nada y los conciertos estarán presididos por idéntica medida lo cual adquiere un rango superior dado que el poeta y músico de Minnesota no mira al público en las actuaciones. Una riada de madrugadores sí que andaban ansiosos por deleitarse con la imagen del Cristo al que canta Serrat. Y después de estar allí clavados ni se sabe, en cuanto apareció, no lo entiendo, en lugar de extasiarse con los andares del Señor al que llevan de lujo, un gran porcentaje alzó la mano grabando hasta que se fue e impidiendo la visión a buena parte del resto. Y sí, sentí la influencia de Tarantino. Les hubiera cortado el brazo.
A bordo del festival
Ustedes no darán crédito, pero Eurovisión asoma la patita. Falta un mes apenas. Hay gente que ya cuenta los días.
Yo no y, sin embargo, aquí estoy dejándome llevar un año más por las apuestas que circulan. En cuanto la cita se calienta el bombardeo se torna incesante y es difícil abstraerse. Tampoco es cuestión de ponerse estirado cuando lo fastidioso son otras cuestiones. Entre hablar sobre los pronósticos del 13M o de las encuestas de cara al 28 con el derbi entre bloques no hay dudas. Pese a los días señalados de los que venimos, que se flagelen otros.
Lo siento pero hay una clara favorita que es Suecia y que de tocar el cielo alcanzaría la cima junto a las siete victorias de Irlanda. Todos los ojos se clavan en Loreen, ganadora del certamen en el 12, quien con una composición de similar factura desparrama un combinado de pop, dance y trance junto a una puesta en escena de impacto. A continuación coge fuerza como opción predilecta entre los jurados internacionales y un apoyo considerable de los votos del público Finlandia con el rapero Käärijä que fíjense si ensalzará la piña colada en el himno compuesto que el título escogido es «Cha cha cha» y lo más grande es que al parecer, cuando terminas de empinar el codo, se dice así en finés.
También andan dos austriacas petándolo en las redes con tono pegadizo para zurrar al machismo en el sector musical. Y Ucrania e Israel junto a Mae Mullerseleccionada internamente por la «bibicí» en la que la cadena británica tiene altas expectativas para enterrar a Gary Lineker. La revolica, no al comentarista.
Y queda Blanca Paloma cuyo flamenquito es ensalzado aquí, en territorio nacional. Si pese al poderío tampoco se obtiene recompensa no habría que descartar que, dado el rumbo escogido para seleccionar a quien se pretende que nos represente, alguien proponga que sea Massiel quien venga a sacarnos de este «impasse».
Dejémonos de historias
Me ha chocado enterarme de que Adolfo Domínguez es un creyente de la mili. Así lo ha confesado su hija Adriana, actual presidenta de la compañía: «En verano nos ponía a sus tres hijas a hacer dibujo, piano y natación y él supervisaba luego. Nos decía que, como éramos chicas, no íbamos a hacer la mili y le daba pena porque creía que había ciertas enseñanzas que nos íbamos a perder. Eso sí, hizo construir en la finca una plataforma de cinco metros de altura de la que pendían cuerdas y palos, nos hacía subir y bajar y decía que si hay una guerra y os tenéis que tirar de una cuerda desde un helicóptero no podréis alegar que no sabéis». Ahora comprendo de dónde vino lo de «la arruga es bella»: debió pasar el servicio militar arrastrándose todo el día.
Dentro de los capítulos positivos que pudo tener aquella odisea uno de los más reiterados es posible que sea el de las amistades allí fraguadas. Yo siempre preferí buscarlas alejadas del cuartel puesto que uno de los deseos más ardientes fue librarme de acudir. Recuerdo que nada más entrar en plantilla el segundo pensamiento que me inundó tras el alegrón fue el de la angustia por el desafío de encontrar el momento propicio para comentarle al director que la tenía pendiente. Menudo marrón cuando las prórrogas no daban más de sí. El milagro lo obró en el último instante la llegada del primogénito. Me dio igual que berreara.
Dos novedades han alimentado la tendencia del diseñador de moda puesta al descubierto. Aquí dentro, el anuncio de que la princesa Leonor iniciará tres años de formación militar y, fuera, la afirmación del ministro de Defensa alemán, el socialdemócrata Boris Pistorius, confesando que «como ciudadano, y como político, diría que fue un error suspender el servicio militar». A que vuelve… Vueltas están dándole. Creí que la historia iba a ser superada por la formación de fuerzas armadas muy profesionales capacitadas para duras misiones. Pero vaya con el espíritu recluta. Caramba, no se arruga.