Nunca he creído en las encuestas. Pues no que la que viene publicando esta casa sentencia que la opinión sobre la política de la Comunidad se hunde tras lo ocurrido en la riada y que la percepción negativa se duplica en el último año. No es posible, pero observa tela. Recalca que el rechazo a Mazón se mantiene y un 82% de los consultados reclama su dimisión. Por si fuera poco nada más y nada menos que el 90 por ciento señala que de ningún modo debería convertirse nuevamente en candidato. Sin embargo, la presión al president desde la esfera interna se ha reducido de manera considerable proporcionándole la dirección nacional respaldo notorio en un puñadito de actos. Por eso digo que no tiene sentido cómo el sondeo traslada que a la gente le da fatiga los comportamientos que vienen produciéndose en los reductos de quienes los representan pese al valor que estos le echan exponiéndose al qué pensarán sin hacer caso de los cantos de sirena. No todo el mundo sirve ni es capaz, reconozcámoslo.
Ni que decir tiene que las mediciones demoscópicas abundan en que las sensaciones retratadas no son exclusivas, sino que se reproducen en otros territorios. Si ahora se hiciese un sondeo en Andalucía tras salir a la superficie el dramático desaguisado en los cribados del cáncer de mama, la desafección hacia el universo de gestores que los gobiernan sería de aúpa al destaparse lo ocurrido en un apartado tan sensible. Desde hace meses los sanitarios vienen denunciando la desatención existente en centros de salud y hospitales y cuando estalló el problema la consejera del ramo dijo que nada, que eran cuatro casos -son 2.000- y que se dejaran de manipulaciones. Hay denuncias en curso y la Fiscalía ha abierto diligencias. Por estos lares la jueza de la dana advierte sobre la «negligencia grosera» de la exconsellera Pradas. Moreno Bonilla se queja de haber recibido información tardía. Esa es toda su defensa y estamos hablando del mirlo blanco. Pero los mirlos son negros. Donde estamos no hace falta reseñarlo.