Nacieron entre los efectos de la pandemia resonando alrededor. Han cumplido cuatro años. Pasos iniciales bajo el auspicio de la Quinta República y, tras el adiós a la guardería, inmersión ahora aquí en la línea en valenciano. No hace falta decir que se han hecho inmunes.
La madre ha vivido lejos casi media vida. Recuerdo hará diez/once años. Los hermanos venían a la celebración aquella mientras la pequeña andaba por Montevideo donde le dispensaron ese tipo de acogida que solo un país culto y sabio hace, pero no tenía demasiadas esperanzas dada su cabezonería de que empuñase el móvil. Iba al volante cuando la compañía de Radio 3 me envolvió con la composición del líder de la Creedence, la singular ¿Have you ever the rain?, interpretada por el juglar del country Willie Nelson y su hija Paula: «Alguien me dijo hace tiempo que hay una calma detrás de la tormenta/ Ya sé/ Cuando se acaba, entonces dicen, lloverá en un día que brilla como el agua/ Quiero saber si alguna vez has visto la lluvia cayendo en una día soleado». En lo único que pensaba era en la cantidad de historias que me había perdido y en las que me hubiese gustado emprender teniéndola encima como la tenía al otro lado del charco. Sobre las once de la noche sonó el teléfono y lo que recibí de improviso fue algo más que unas gotas brillando como el agua. Créanme, un diluvio.
Ha habido que aguardar, pero su repatriación ha sido tridimensional. Los críos saben latín. En el estreno de la casa de los abuelos como colonia veraniega, uno de ellos, tras tener las pantallas muy restringidas, se acercó y susurró: «Mi padre ha dicho que podemos ver la del niño en la silla de ruedas». «Bien; voy a llamarlo». «No, no hace falta». Como tampoco necesitan saber nadar para salir a flote. Y aún con el gran respeto a las olas, fruncen el ceño haciéndoles frente cuando se acercan. A la vuelta de unos cuantos estíos no sé cómo andaremos, pero qué más da si resulta imposible olvidar la aventura vivida con estos truenos vestidos de marineros.