Para despedir un año fino Trump recibió a Netanyahu y la sintonía que mostraron alcanzó hasta los ternos oscuros que lucían coronados por resplandecientes corbatas rojas. 2026, sin embargo, arranca con un treintañero de origen mulsulmán tomando la vara de mando de la metrópolis que vio nacer al presidente y reafirmándose en que si el menda israelí pone los pies en sus dominios cumplirá con la orden de arresto de la Corte Penal Internacional pese a que Estados Unidos no la ha ratificado. De producirse la detención -cosas más raras se han visto- nadie puede descartar que Washington descargue su ira sobre Nueva York. Con un fulano así al frente fíate tú.
Del centro del universo a Villamanín, el pueblo leonés de 800 habitantes en el que sorteo de Navidad ha detonado una bomba de relojería. Lo contaba uno de los contendientes: «Hoy en el supermercado casi hubo hostias». Con lo bien que les hubiera venido la pedrea. El municipio se encuentra en las estribaciones del puerto de Pajares que da paso a Asturias donde vio la luz el cantautor nieto de minero a cuyo abuelo dedicó todo un himno. Víctor Manuel siempre había pasado por ser un tipo reposado, lejos de declaraciones explosivas. Yo no sé qué tiene este país que ha prendido la mecha repartiendo a diestro y siniestro: tras atizar a los «nostálgicos de la dictadura» deslizó que «Abascal es un cascarón vacío, patético y el racismo su gasolina»; conminó a Felipe y a otros expresis a «callarse la boca por su hipocresía tras criticar al gobierno actual» mientras ellos negociaron con todo quisque, sin dejar de mostrar su escepticismo sobre apoyar a Sánchez tal como hizo con Zapatero.
Y no se quedó ahí. El compositor entró a saco en el terreno artístico al confesar que no le interesa el misticismo ni comprende a Rosalía llevándose por delante a una de las pelis del momento como es «Los domingos», tildándola nada menos que de aburrida. O es esta época tan zen ella o ha optado por sacarse todo lo que lleva dentro. El caso es que Ana Belén debe estar pensando: «¡Uf! A ver si va a tocarme algo».
Mes: diciembre 2025
Celebración del ingenio
Amo a Nora Ephron. La 1 ofrece dos de sus creaciones más festejadas y no solo no me resisto, sino que envío aviso a los más cercanos y aún queda en la recámara «Cuando Harry encontró a Sally». En ella el desenlace que la guionista entregó era agridulce, pero como durante la filmación Rob Reiner se quedó colgadillo de Michele Singer aquello terminó como tenía que terminar. Ya sabrán que hace quince días el director y su pareja fueron acuchillados casi con toda seguridad por el hijo mediano de ambos. No hace falta decir que los finales en la vida real son otro cantar.
En plena década de los sesenta, con veintitantos, la neoyorquina metió la cabeza en Newsweek y cató lo que vale un peine. Según los jefes las mujeres no estaban hechas para escribir. En eso, miren por donde, andábamos a la par con Estados Unidos, salvo en que ella demandó al semanario por discriminación de género y ganó el caso. Pero fue en la revista Esquire donde pilló el tono. Sin reservas a la hora de escanciar sus propias vivencias se convirtió en una araña cubierta de vainilla como aquellos entrevistados a los que destripaba sin descomponer la figura.
Luego vino el episodio de infidelidades de Carl Bernstein, padre de sus hijos y azote de Nixon, al que sobrevivió como muy pocas celebridades a un engaño público, dedicándole a continuación libro y peli envenenados y desvelando la identidad de Garganta Profunda, algo que el ínclito y Woodward guardaban en secreto. Entonces vio que, con los peques, era momento para dejar de explorar calles y perfiles turbios dándose a los guiones y a los libros, entre los que sugiero «No me acuerdo de nada» para entrar en calor en tardes lluviosas. Por si fuera poco acabo de comprobar después de múltiples indagaciones la existencia de acceso en una plataforma al documental que Jacob dedicó a su madre tras la muerte y en el que en torno a ella plasman su paso por este mundo las hermanas, el ex, Reiner, Spielberg, Meryl, Hanks, Keaton, Meg, Crystal, Talese… ¡Uummhh! Ya tengo mis Reyes.
A velocidad de vértigo
¡Ay la lotería de Navidad! Hubo un tiempo en que el operativo dispuesto en el periódico para el seguimiento del sorteo era de película teniendo en cuenta los medios disponibles y que interné no estaba a la orden día. A primera hora se encontraba en posición el frente alineado en la central más los múltiples comandos esparcidos por la provincia dispuestos para dar el salto allá donde se produjese el estallido. En el principio de la serie las imágenes de la borrachera de felicidad debían enviarse a través del bus, el taxi o un motorista entrenado al efecto. Estamos hablando de la edición extra que salía a la calle el mismo 22 y en cuya secuencia se hacía constar que la madre del cordero, osea la lista, había sido tomada al oído. Cuanto más temprano salieran los premios mayor era el margen para hacerse con los protagonistas, antes se llegaba a los quioscos y de ese modo se incrementaban las posibilidades de agotar el papel. Era una de las grandes pruebas contra reloj sin dejar de reconocer que hoy sí que sería complicado dar con puntos de venta. Cuando la rotativa se ponía en marcha en torno a las dos, tres, cuatro de la tarde según se hubiese dado el recital de los niños de San Ildefonso ya rodaba el planning del 23, con una información extensísima alrededor de lo que buscarían los lectores intentando encontrar espacio con calzador para noticias de las secciones habituales a falta de hacerse con la auténtica reliquia: la lista oficial. Para ello, uno de los especialistas de Motor de la cabecera, experto en probar coches, se ha desplazado a Madrid y ha de traerla en hora de manera que la gran tirada, que en no pocos casos cuadraba la media anual, estuviese en hora. Y lo hace a velocidad de vértigo, una lotería. La realidad virtual puso fin a ese trayecto y ahora todos los participantes pasan a mejor vida o continúan con la que tenían sin mantener por unas ráfagas latidos de esperanza. En las redacciones se agradecen jornadas en las que de vez en cuando imperen novedades agradables. Ya ven. Los periodistas también tienen su corazoncito.
Las hojas del calendario
En la madrugada que escribo se cumplen 34 diciembres de la muerte de mi padre, la misma en la que hace un cuarto de siglo se le rompió a Carlos Cano el único trozo de arteria que quedaba suyo, uno de la pléyade de cantautores que nos llevó en volandas hacia un tiempo que devolviera plena identidad al españolito que vienes al mundo, te guarde Dios. Y cuando se echen esto a la cara hará un año que se fue alguien muy querido, el mismo lapso en el que evito caer por rincones compartidos. Ya se sabe que conforme vamos dejando atrás hojas del calendario estas fiestas remueven y no se hacen fáciles de digerir.
Hoy, cuando parte de las ensoñaciones se quiebran, viene bien buscar subterfugios. Lo desliza la neurocientífica Menéndez de la Prida a fin de evitar el desasosiego: «No es normal una vida en la que andes permanentemente buscando placer. Es importante aburrirse, estar tranquilo y dejar que el sistema neuronal se relaje». Dicho y hecho. Desconecto la habitual cita mañanera con episodios denigrantes de la actualidad y, mientras encaro los ejercicios de fuerza, me enchufo un concierto de la Filarmónica de Berlín bajo de dirección de Claudio Abbado con el Orfeón Donostiarra haciendo suyo el Réquiem de Verdi. Entre cuadrar el llamado «Gato-vaca» y la madre que lo parió dándole alegría Macarena a las escápulas y la melancólica sonoridad de la composición de Giuseppe cojo tono. Envío guiños a los hijos; me bebo un vídeo de los nietos entonando el «Navidad, Navidad, dulce Navidad» sin dejar de sorber yogures y picoteo con los de nuestra quinta de confianza para reirnos de las lindezas compartidas.
Entrada la noche viene a visitarnos «Para que no me olvides», una de las últimas pelis protagonizadas por Fernán Gómez con un guión que encaja como un guante: que ante las pérdidas hay que convivir con ellas para no venirse abajo intentando eliminarlas. Dejar que nos acompañen, darles cuartelillo. Y sacarle jugo a tanto como nos rodea. Siempre que sea eso sí cuanto más respirable, mejor.
Las buenas intenciones
Algunas navidades atrás Campofrío lanzó un anuncio que, al igual que compañías de otras actividades, nos coloca un dulce en la boca. Arranca con prisioneros transportados en un camión durante la guerra. La cámara fija su atención en un chaval a quien una de su quinta le suelta «¡rojo!» a lo que él responde «¡fascista!», con un aviso que inaugura reproches espetados en el interior de las viviendas. El mensaje indica que «en este país las personas de diferente ideología, credo o forma de vida están condenadas al desacuerdo» y da paso a recriminaciones que se abren con él diciéndole «¡españolista!» y ella tildándolo de «independentista, a lo que siguen secuencias de este tenor bajo otros techos: «¡manifa!»/ ¡madero!!»; «¡taurina!»/¡antitaurino!»; «palangana! (sevillista)»/«verderón! (del otro)»; «¡come hierbas!»/¡carnívoro!»; «¡podemita!»/¡casta!»; «¡beata!/¡pagano!». La guinda repleta de buenas intenciones se cierra alentando a la audiencia a «que nadie nos quite nuestras diferencias; que nadie nos quite nuestra capacidad de superarlas». Corría diciembre de 2016. Poco más de un año después, moción de censura al canto, Rajoy a vivir que son dos días y Sánchez toma las riendas y qué riendas con su manual de supervivencia repleto de ediciones corregidas. Y hasta hoy, paisanos.
En 2025, mientras el tradicional spot de la Lotería y el de la compañía Iberia ponen el acento en el papel redentor de los abuelos tras las peripecias de los protagonistas hasta llegar a ellos, la marca cárnica está en un bucle. No solo continúa con la polarización a cuestas sino que, para a ver si la superamos, ha metido a Ana Rosa Quintana en el lote de ángeles de la guarda. Un grupo dedicado a impulsar campañas de marketing y ofrecer «regalo ideal para tu empresa» ha salido a la palestra preguntándose: «¿Era necesario?». Los de El Pozo se limitan a mirar. La cruzada navideña contra el encono instalado no da más de sí. Un día de estos habría que pensar en bajar el suflé. Si los prebostes no lo hacen por nosotros, al menos que lo hagan por Campofrío.
Cuidado con dormirse
Fernando Vallespín, catedrático, politólogo el hombre, fue el encargado de cerrar un ciclo en torno a la figura de Hannah Arendt con motivo del cincuenta aniversario del fallecimiento, que no de su desaparición. Joder con el 1975, conmemoración viene, conmemoración va.
El caso es que hay gente que asiste de pie noventa minutos. Las tres citas fijadas para indagar en el universo de la teórica política alemana de origen judío han estado a reventar. Hay esperanzas. Reencontrarse con la autora se ha convertido en un ejercicio de resistencia dado el momentazo mires para donde mires. El presentador del acto pide disculpas al no haber podido trasladar la cita al salón más espacioso debido a que anda con un montaje teatral. Nada más arrancar la disertación se cuelan voces de procedencia indeterminada puede que de los ensayos de la obra en danza. Poco a poco van haciéndose más nítidas y lo que penetra en el auditorio son eslóganes de una mani. Parecía una performance para reforzar las teorías de Arendt cuando señala que el fundamento del totalitarismo es que no puede discutirse sus presupuestos al existir un diseño preestablecido para la sociedad donde los ciudadanos se sienten superfluos. Nadie del público puso mala cara por la distorsión reinante. Bendita sea pensando en tramos terroríficos de la historia.
Los que protestaban en la calle eran docentes denunciando que «en las aulas ya no se puede trabajar». Para la pensadora de referencia las democracias modernas han de tener cuidado con la burocracia y la alienación de las masas. Ojo, diría ella, que como se fortalece es con la participación ciudadana activa en la toma de decisiones, no solo votando y se vacuna con respuestas adecuadas a demandas sólidas y bien cohesionadas. También los médicos se echaron a la calle esa jornada. Y me encontré a uno que no solo se siente quemado y minusvalorado, sino que el input que recibe es que no se apure. Se ha pegado diez años estudiando Medicina y ahora resulta que el tiempo lo cura todo.
Con la boca abierta
Hace justo un mes murió la catalana Angelina Torres que, a sus 112 años y medio, se había convertido en la más longeva del país. Queriendo hacer patria, La Vanguardia pasó la antorcha a la olotina Carmen Noguera con 111 acreditados. Pero a los diez días el abecé replicó que la plusmarquista se encontraba en Zambroncinos del Páramo, cerca de La Bañeza, puesto que Teresa Fernández sopló en julio pasado 112 velas. Y tras ellas aparece el extremeño Jesús Redondo con 110 a cuestas. El bronce tiene su mérito porque es de los pocos de su género que consigue meter cabeza en el podio.
En la familia estamos al tanto de esta secuencia porque el día de Todos los Santos la señora Esther se enfundó el maillot blanco que comparte con los participantes más prometedores de la distancia al entrar en los 107. Hasta hace seis años vivió sola pero una caída propició que los cuatro hijos se turnen y, como dos de ellos viven lejos desde hace la tira, eso también le ha dado vida. Sí, porque el encuentro multitudinario se inició al cumplir los ochenta donde ya empezó a despedirse antes de dar paso a unas palabras con las que agradecer a hijos, nietos, bisnietos y adheridos el hecho de estar siempre ahí, la primera de las veintisiete alocuciones de despedida que vinieron a continuación a cada cual más certera, sentida y entrañable.
Y todo ello gracias a cómo tiene la cabeza, estado que la conduce a no dejar de ejercer el mando ostentado secularmente, de tal modo que pase revista al llegar la cita de aniversario: «Pero, ¿solo eso habéis puesto de chacina? ¿Y dónde están las aceitunas? No, hombre, no, esos platos no. Coged los que están ahí abajo». Es que no es normal. Y cuando saca a relucir la memoria cualquiera se compara. Así que no es de extrañar que andemos al tanto del ranking de pervivencia. De hecho el cetro mundial está hoy en manos de la británica Ether Caterham tras alcanzar los 116 y, francamente, nosotros no descartamos nada. Otra cosa será que lo veamos.
Hay que tener valor
Me echo a la cara la intervención del nuevo portavoz del Consell que, dentro del apartado en el que da fe de que han dejado caer a los dos cargos más cercanos al expresidente, remacha del siguiente modo la referencia a los servicios prestados de quienes el fatídico 29-O se encontraban igual de lejos de donde ocurría lo que ocurría: «Han entregado todas sus capacidades a un servicio enormemente exigente dedicando lo mejor de su tiempo, de su vida. Por tanto les estamos enormemente agradecidos». Uno de ellos quiso dejar constancia por escrito de lo que en esta coyuntura siente hacia el que fuera su jefe: «Me quedo con todo lo vivido juntos, aprendiendo de cada paso que dabas, aprendiendo a ser buena persona…Una y mil veces más volvería a hacer todo de la misma manera a tu lado».
Me coloqué las zapatillas, fui a andar deprisa, deprisa y vino Serrat en mi auxilio, quien en México, donde alrededor de la feria del libro de Guadalajara, se vio obligado a suspender un encuentro con cientos y cientos de personas debido a que el alboroto de tantos como no podían acceder hacía imposible escuchar algo. Antes, mientras el Nano y un escritor muy cercano se desdoblaban en el relato de experiencias compartidas la cabeza, que para eso está, emprendió el recuento de la de veces que le hemos acompañado con su apostura y magnetismo sobre el escenario, en mi caso desde el verano del 72 la bendita tarde en la que confesó tenerla en «conserva» para a continuación estrenarla dejándonos estremecidos con las «Nanas de la cebolla» hasta la noche de la gira de despedida junto a la pareja de amigos nacida en aquella década y de la que no tenemos intención alguna de despegarnos mientras el cuerpo aguante.
Finalmente Serrat volvió, los asistentes emplearon el lenguaje de señas agitando suavemente las manos en el aire para que no se escuchara una mosca y a mí su compañía me recompuso el cuerpo. Ante lo que tenemos aquí encima, el bálsamo a emplear se torna cada vez más exigente.
Un varón singular
Toni Cantó se pone al frente en À Punt de una novedad llamada El debat, espacio semanal de tres horas de duración previsto para arrancar sobre las once menos cuarto de la noche. ¿Ven? No todas las noticias van a ser malas.
La verdad es que a este varón singular puedes encontrártelo en cualquier sitio ya que cuando no hace de actor va en una papeleta electoral que no tiene porqué ser la que defendía en la votación anterior o desplegando sus virtudes de profe en disciplinas varias. Como recordarán, tras renunciar a su escaño de Ciudadanos en las Cortes Valencianas, fue metido con calzador nueve días después en la lista del pepé a la Asamblea de Madrid y, dado que el Tribunal Supremo dictaminó la anulación de la candidatura al haberse empadronado fuera de plazo, la sacrosanta chulapa de la Comunidad le concedió a su arbitrio la Oficina del Español desde donde a los dos días de clausurarse lo tomó en sus brazos canal 7NN, patrocinado por la Fundación Francisco Franco, siendo director creativo hasta que el invento echó el cierre al palmar más de cinco millones de euros. No se preocupen, por favor. Aquí pagamos nosaltres.
Para estrenarse han puesto en manos del galán una cuestión que le viene como anillo al dedo: «¿Está en crisis el feminismo?». Aunque su currículum sea tan extenso es difícil olvidar que el entonces portavoz de Igualdad en el Congreso de upeydé soltó por las redes que la mayoría de las denuncias por violencia de género eran falsas, lo que obligó a Rosa Díez a decirle que rectificase. Pero hoy este adalid se mueve en aguas propicias puesto que la tele pública ha rebajado su libro de estilo en perspectiva de género, de donde ha eliminado el capítulo sobre el tratamiento informativo de la violencia machista. Es bien sabido quién maneja los hilos que propulsa a un president de la Generalitat tras otro y eso bien vale cubrirse con esmalte negacionista y lo que gusten. Bueno, luego está el plantel de invitados, ¡uf! Será el viernes. Cuento las horas.