Un par de horas antes del arranque oficial de la campaña por las europeas Felipe la inició en El Hormiguero dándole de lo lindo a Zapatero y a Sánchez. A la consabida tesis de que la amnistía certifica el arrodillamiento patrio ante un prófugo de la justicia, quien fuese renovador del partido medio siglo atrás se relamió con otras confituras: del expresidente destacó que se ha convertido en salvador ese «buen muchacho» que dejó la organización -pesecé incluído- hecha unos zorros y sobre el anuncio del retiro de los cinco días no se privó, deteniéndose en la visita al rey que calificó de rara acompañada de un gesto con el que venía a significar que el monarca debió pensar pero este hombre qué hace aquí, no digamos ya después de trasladarle que no se iba ni de coña. Igual el amanuense quiso ser el primero en felicitar a su majestad por el vigésimo aniversario y, a la vista de la confesión íntima en el escrito, este le devolvió el cumplido corroborando lo bonito que es el amor. Más sentido tiene.
Mientras Broncano no llegó a tiempo a un Motos entregado a la causa le faltó esto para sacar a hombros al diestro quien, ahora que ha ganado, puso por las nubes a Illa y aplazó los guiños a Moreno Bonilla para cuando se acerquen las suyas. El que sí compareció en tiempo y forma fue Tezanos. Coincidiendo con la solemne declaración de Feijóo tras la retirada de la ley del suelo de que «el Gobierno está roto», el Cis otorgó cinco puntos de ventaja del pesoe sobre el pepé basándose en la atomización del voto de la derecha donde hasta Ciudadanos puede rascar. A sus 77 tacos hay que ver cómo se lo pasa el sociólogo de cabecera de Pedro. Ni que decir tiene que el diagnóstico del centro de investigaciones va en contra dirección al vaticinio de sondeos privados, pero también lo fue en las generales de julio y es bien sabido qué ocurrió. Yo aún debo alguna invitación porque quienes acertaron van a hacer daño y se piden ostras para empezar. Aunque, ojo. En el pepé no todo el mundo rebaja expectativas. Ayuso sonríe.
Autor: fesquivel74
Una buena colección
A renglón seguido de afrontar el escarpado episodio catalán Milei ha querido hacerse carne entre nosotros. Prefiero no pensar qué será lo próximo.
El menda lerenda ha venido a disfrutar del sarao montado claro está por Vox como pistoletazo -es un decir- de salida para las europeas que se nos echan encima. Las mesnadas de Abascal han invitado también a Meloni, Le Pen y Orban que, en plan cartel de San Isidro, no es de extrañar que las ganaderías prefieran que les toque en suerte Rafaelillo, Cayetano, Talavante y Roca Rey. El hombre que clonó a Conan hasta obtener varios mastines le ha hecho ascos a las autoridades españolas en esta su primera visita tras alcanzar la presidencia. El inquilino de la Moncloa debe estar descorazonado. Después de meses de interiorizar el prucés cargando con el gachó expatriado en la mochila en una apuesta arriesgada es poco, lo único que le hace falta es que le hablen de clonar el espécimen que sea.
Pero lo primero que tenía colocado en la agenda el ultra mandatario argentino es hablar de su último libro presentándolo en sociedad. Sí, ese volumen que retiraron nada más salir al comprobarse que el arranque de la biografía en la solapa, donde se hacía constar que «formado como economista se graduó en la universidad de Bueno Aires y obtuvo el doctorado en la de California», era falso puesto que ni es doctor ni pasó por el campus referente de la pública en la metrópolis bonaerense, sino que la licenciatura y un par de posgrados le cayeron en la privada tal como constata la nueva edición. Valiente lince.
En la convención no se privaron de intervenir ni Buxadé ni Hermann Tertschni Girauta por lo que, a continuación, turno para un dijei lo más rápido posible, sin olvidar el hueco para mesas de debates como «El futuro de Europa», «La libertad ante la cultura de la cancelación», «Medios de comunicación y poder político» y «Voces de libertad contra la izquierda criminal». Con programaciones de este tenor es hasta factible sacar de quicio a Illa.
El Tsunami agita el mapa
Voy por los periódicos al quiosco -el único que sobrevive en kilómetros a la redonda, ¡qué dolor!-, salta la radio del coche, pillo los coletazos postreros en ese tramo sobre las perspectivas abiertas tras lo ocurrido con las últimas urnas en danza y, quien conduce el programa, da paso al especialista del tiempo: «En las próximas horas van a descargar tormentas con mucha intensidad en Cataluña y esta es una de las buenas noticias. Cuidado con la lluvia torrencial, pero mucha de esta agua caerá en la cabecera de los principales ríos que abastecen los embalses que después van a Barcelona». Joder con Sánchez.
Dijeron que estaba en las nubes cuando se tomó los cinco días famosos y efectivamente allí debía andar urdiendo el plan de regadío. El del pepé pasaba por neutralizar a Vox. Imagínese que no solo se lo come sino que, dentro de la supuesta efervescencia, araña hasta sumar con Junts los 68 de marras. Es obvio que no ocurriría nada relevante puesto que, con tal de gobernar, Puigdemont no va a rociarse de españolismo por ningún costado y que Feijóo, pese a que enviara en su día a González Pons a deslizar que «Junts es un partido cuya tradición y legalidad no están en duda», en absoluto consentiría que la formación ganadora no gobernara. Eso lo sabe hasta el que asó la manteca.
Y es que nunca llueve a gusto de todos salvo para García Castellón. Al día siguiente del escrutinio, el juez citó a los imputados por Tsunami, incluida la secretaria general de Esquerra, Marta Rovira. Hay semanas en que es mejor no levantarse. Sin embargo el que está de gira es el presidente del Consejo General del Poder Judicial quien en Granada ha dejado caer que «no vamos a dimitir salvo jubilación o fallecimiento». Teniendo en cuenta que el tal Guilarte está en funciones y que anunció que dimitiría este verano, habrá que ver qué ocurre en caso de que alguno fallezca. Para Joaquín Urías, profesor de derecho que ejerció como letrado del Constitucional, «nuestros jueces tienen una conciencia de casta». No sé. Ignoro en qué se basa.
Un poco de miramiento
Mi cuñado Bernardo fue el martes al médico no porque al día siguiente se la jugara el Madrid puesto que dada la antimadriditis que padece podría haber sido, pero no. Hace mucho tiempo que se automedica al respecto. Si su Atleti coge una racha tomatosa aguarda a que el partido concluya para verlo solo si se entera que ha ganado y, a los de Chamartín, ni en diferido. Tiene asumido que lo suyo es incurable.
Recuerdo que cuando el equipo del régimen estricto de mi cuñado dejó a Pep con una cara que para qué desplegó toda una tesis a la vista de lo que había ido llegándole en torno a cómo transcurrió la contienda y sentenció: « Si nosotros llegamos a clasificarnos jugando así la inmensa mayoría de cronistas habría coincidido en la vergüenza del planteamiento exhibido y en la suerte increíble de lograr el pase encerrado en el área. Lo de ellos, en cambio, fue una heroicidad». Disculpen los ronceros, jabois y demás baluartes actuales de una leyenda como la levantada desde mediados del XX dado que siempre resulta enriquecedor el contraste con aquellos que no lo ven como tu, incluidos los que no quieren ni verlo pero que, eso sí, los tiros que llevan dados los facultan.
De modo que en esta ocasión esperé para llamarlo doce horas tras producirse el desenlace y, al notar que andaba carente de análisis, comprendí que debía ser prudente porque lo ocurrido contaba con más subterfugios y además fue emigrante en los setenta por la cercanías muniquesas y el Bayern le hace tilín. Lo único que le había llegado es que el portero falló, a lo que alegué: «Pues fue el mejor». Le dije con tacto que el doblete lo hizo Joselu y ni se me ocurrió mencionarle el broche con el banderín subido a toda mecha y el pitido ultra rápido del colegiado polaco no fuera a ser que invadiese Plock, su ciudad natal. Creo que es hora de exigirle al súper campeón que, en casos como este, sentencie en el primer tiempo con la superioridad exhibida y no haga lo que hace que tiene a la legión de disidentes en las últimas. Naciones Unidas debería intervenir.
A cuento de un logro
En un diario distante de la desinformación, de los considerados serios, se lee este titular: «El turismo cierra el mejor primer trimestre de su historia con 16 millones de visitas». No opta por emplear el más masivo, sino el mejor. Para ratificar la tesis resalta que «Canarias, aún en plena temporada alta, es la comunidad que más se beneficia del tirón». No la que más plebe recibe, sino la que más se beneficia cuando es en la que acaban de producirse las primeras manis multitudinarias de residentes en contra de las avalanchas que les caen. Y por si faltaba algo el ministro del ramo pone la rúbrica: «Este primer trimestre ha resultado ser el mejor de nuestra serie histórica, con un crecimiento destacado de gasto en destino y del gasto medio de los turistas internacionales que recoge perfectamente el cambio de modelo turístico». Y aquí paz y después gloria.
Casualmente, unas páginas antes, un colaborador ilustre derrama una serie de consideraciones en torno a la «defensa de los límites» poniendo especial énfasis en que hoy en día se ve como «una restricción intolerable» argumentándolo de esta guisa: «Como esos padres y madres que tardan tanto en aceptar el valor educativo de los límites, creo que esa educadora implacable que es la realidad nos va enseñando a todos, en cada ámbito de la vida, la necesidad urgente de aceptarlos, y no ya como estorbos inevitables, sino como puntos de partida para una mejora racional de las cosas». Y apuntilla: «Nada puede crecer indefinidamente: ni el número de turistas ni el agua potable que se consume es un país de desertificación y de sequía». Es lo que tiene pensar.
Pero, claro, en el acumulado del primer trimestre, el desembolso de los turistas extranjeros avanzó un 28% hasta los 21.948 millones de euros. Recuerda el autor de la reflexión que hace solo 25 siglos Buda alertó acerca de que «los deseos pueden no acabarse nunca y una vez obtenidos despierta no el apaciguamiento de lo ya logrado, sino la ansiedad de lo que todavía no se tiene». Otro pensador. Será posible.
Retorno al presente
Viendo campar a sus anchas a la poli por los rincones de las universidades norteamericanas más icónicas, regadas a fondo con posibles de los intocables, me ha asaltado la memoria a base de bien. ¡Ay, la memoria, cuánto acoge, cuánto sopesa! La Onu ha instado a España a adoptar medidas contra las leyes esas de concordia que se han sacado de la manga con tal de negarse a que nos miremos por dentro. Pero quién es Naciones Unidas para meterse en nuestras entretelas. Ni ella ni Cristo que la fundara. Estaría bueno.
Pero sí, ya digo, la persiana del retrovisor se me ha corrido cinco décadas atrás cuando, conocedores en casa de que se preparaba una buena, antes de cerrar la puerta se oyó la voz de mi madre que aún resuena grabada a fuego: «Ten cuidado, hijo». Nada más entrar en la facu llovieron octavillas. La primavera andaba revuelta. Por distintas vías, currantes, militantes rebosantes de clandestinidad y universitarios se dirigieron al rectorado. Insospechadamente su titular permitió la entrada de la caballería y fue todo un espectáculo ver lanzar los pupitres desde las balconadas y contemplar a los potros por las escaleras.Puig Antich fue ejecutado y unos cursos después quien dio las llaves a los grises, para hacer del recinto un sayo, nombrado en plena Transición ministro de Cultura. En cuanto a asignaturas pendientes, malo no era el currículum.
Franco está muerto dentro de un orden. Netanyahu vive y no deja vivir apoyado por ni quien se plantea ponerlo en su sitio y eso que todavía no es Trump por lo que, zamparse las escenas de los campus estadounidenses, cuesta. Claro que para situarnos siempre nos quedará Paul Auster: «El genocidio indio a manos de los colonos blancos y la esclavitud es un veneno presente. El conflicto del racismo seguirá mientras este país no sea capaz de hacer las preguntas correctas, de enfrentarse a su pasado». Tampoco es fácil de explicar que Columbia, además de arder, expulse a la prensa cuando tiene instituido el Pulitzer. A este paso igual se lo dan al No-do.
Nada nuevo bajo el sol
Lo estaban esperando con el cuchillo entre los dientes. Ana Rosa se ajustó las gafas con una montura de armas tomar dejándose los pelos en la gatera para quedarse a gusto: «Por su victimismo al cuadrado, más que regeneración suena a enajenación. Tras someternos a una farsa de cinco días, utiliza métodos trumpistas para luchar contra el trumpismo». Entre otras contertulias presentes, Susana Díaz, que aunque no dijo esta boca es mía a favor de corriente, debió apretar la mandíbula para que el morbo no se soltara. Igual aún la nota fuera de sitio. Como a ella.
Y qué voy a decirles de la recepción dispensada en El hormiguero donde el fantasma de Broncano en el ente sobrevoló el chou para advertir que es «como para creernos el discurso del mártir» e indicar que al ínclito Motos lo detendrían y a las hormigas las decapitarán. Menos mal que El mundo rebajó el clima ampliando el espectro con tal de no dejar hilo suelto con una pregunta lanzada al aire: «Se puede estar profundamente enamorado tras 21 años de relación». La cuestión queda resuelta a manos de una sola psicóloga, autora del libro «Adicta a un gilipollas». Y la respuesta es que «sí se puede, aunque es muy difícil». Mejor no mirar siquiera un ejemplar ante el peligro de reconocerse.
Tras volver del retiro, el mandatario en cuestión ha pedido a los medios que se sumen a la lucha contra los bulos que lo condujeron a refugiarse porque «no puedo hacerlo solo». Parte de sus socios le han recordado que, cuando ellos sufrieron el lawfare, desde su partido miraron hacia otro lado. Los cañonazos de desinformación tampoco son nuevos. En los noventa, auspiciados por Aznar&MAR e irradiados a los próceres territoriales, se catapultaron libelos para intentar hundir a las voces críticas financiados por instituciones en su poder y por empresarios que preferían que su anuncio ni siquiera saliese. La descompensación es que, mientras la maraña digital resulta infinita, la robustez hoy de los soportes tradicionales con vocación de periodismo fetén es la que es. Limitadita.
El nudo emocional
Ha sido una carrera muy intensa. De las que desgastan más de lo habitual. Al principio pocos pensaban que aquel pimpollo alto, explosivo fuera a llegar a lo más alto. A cada paso que daba sus rivales se multiplicaban. Pero muy pronto se detectó que sus armas consistían en desafiar al destino. Sin tratarse de un fino estilista apechugaba con todo lo que le salía al paso. Agarrado a la izquierda, se hizo el abanderado de la pista y jugó fuerte. Fuerte es poco. Paseó aquel sello aguerrido por multitud de puntos cardinales y pronto pudo verse que no se arredraba ante ningún tipo de rival que le saliera al paso en un trayecto en el que no había lugar para distraerse ante molinos de viento. Poco a poco fueron llegando las citas donde jugársela a cual más exigente. Y ahí, en ese instante fatídicamente sagrado, sacó a relucir una y otra vez que estábamos ante un competidor nato. Se destapó como todo un «killer». Un mal rival para cualquiera que se pusiera enfrente demostrándole a la afición que había entendido sin reserva de ningún tipo a lo que se enfrentaba. Podía gustar más o menos la técnica y la estrategia en determinadas acometidas, pero hasta a sus más íntimos detractores no les quedaba otro remedio que reconocer que solía salirse con la suya. El grado de eficacia alcanzado pese a las adversidades que van multiplicándose tras variados esfuerzos fue construyendo a ojos del circuito nacional e internacional la figura de alguien casi indestructible, fajado a base de golpes. Inevitablemente este estado de tensión permanente por responder a las expectativas pasa factura. Nadie, por muy batallador que se sea como es el caso, puede pretender que el organismo no se resienta con el paso de los embates. Y, sin duda, hay sacudidas que repercuten de forma más dañina en la moral de todo quisque. Ese es el partido que le toca disputar ahora y que tiene en la reserva tan sonada singladura. Sumido como se halla en un fuerte nudo emocional dilata irse por la puerta grande tal como se ha ganado de sobra. Rafa Nadal, claro está.
Todo un regalo
Ni puede quejarse ni lo intenta. Es alguien reconocido. Su dilatada trayectoria a la hora de representar como pocos a una popular entidad financiera lo confirmó como una persona de ley y, más aún, cuando tiempo después los sucesores en la cúpula patrocinaron la histórica deriva. Más duro fue hace un lustro ahora perder a la compañera de viaje con quien tantas travesías acometió como aquellas a Formentera con parada y fonda bajo la luz de las estrellas. Ese combustible es el que le permite a los ochenta y pocos seguir disfrutando de todo lo que le seduce e irradiarlo a su círculo cercano. No hay más que catar las inquietudes y los gustos que mantiene para percibir que estás ante un ser del Renacimiento requete bañado en las obras de la antigüedad clásica pertenezcan a la disciplina que pertenezcan, incluido el dry martini cuya esmerada preparación llevará siempre a gala. Es muy british y debe estar a punto de entregarse a su cadena y a las estadounidenses para calentar motores con vistas a la cita electoral de noviembre y destripar si es posible que venga el coco dentro de los signos desalentadores que irradia el mapamundi. Caer bajo su área de influencia es uno de esos lujos del que uno no está dispuesto a desprenderse. Así que le puse uno de los habituales mensajes para dar con nuestros huesos en una mesa de picoteo. Al ver que no contestaba reparé en que el guasa llevaba más tiempo del prudencial inmóvil. La culpa la tuvo un virus que lo mantuvo unos cuantos días ingresado y alejado del chisme por lo que me puse en contacto con el hijo quien enseguida situó la acción advirtiéndome que todavía andaba flojo, pero recuperando poco a poco. Lo más preocupante fue el remate: «Aquí estamos viendo el partido». Como son del Atleti, el trago no era otro que el vivido en Alemania. Después de aquello ya hemos entrado en contacto y ha reiterado que va mejor aunque, dentro de su estilo, sin dejar de hacer hincapié en que sin prisas. Teniendo en cuenta los estragos del Madrid cualquiera es el guapo.
El chucu chu de nosaltres
Renfe está lanzada por estos lares, no solo va a volcarse en Extremadura. Nadie puede acusar a la empresa de faltarle capacidad de innovación. No por inesperado, lo último es menos grandioso. Insatisfecha con lo que había, que ya se las trae, ha puesto al alcance de los usuarios una nueva fórmula para llegar de Alicante a València. Desde hace nada ha querido liderar una conexión consistente en coger el ave hasta Albacete con sus sesenta minutos habituales de duración, pasar en el andén otros veinte o lo que se tercie, y aguardar a que llegue un regional que depositará al viajero tan ricamente en dos horas y media más de recorrido en la Estació del Nord. Aunque parezca imposible, la compañía lo ha razonado. Ha esgrimido que, con dicha estrategia, busca «ampliar su oferta comercial» y conectar «cientos de destinos». Pocos parecen. Por la temeridad del empeño da la impresión de que se quieren alcanzar unos planos más ambiciosos de los que se explicitan en el comunicado. Se intuye que esta reciente implantación esconde una baraja de alicientes para una segunda fase en la que realizar paradas con posibilidad de contemplar fortalezas y castillos o adquirir productos típicos del lugar y, en definitiva, echar el día por una tarifa muy competitiva. Estamos, pues, ante la circulación de vagones terapeúticos que nos ponen ante el dilema de para qué tanta alta velocidad. Bien, vale que la pillas en origen cuando arrancas el día estresado ante la jornada que hay por delante, pero a continuación el servicio te sumerge en un viaje con sensaciones opuestas que devuelva a uno a los biorritmos adecuados. Un enlace a fin de alcanzar algo tan sagrado como es la tranquilidad de espíritu. Podríamos decir que nos encontramos ante la adquisición de un billete que, por su duración, invita a que meditemos. No hay que olvidar que el término yoga significa «lo que une y conecta». Y, además, nadie puede quejarse porque la opción está disponible en ambas direcciones. Para que nadie se queje más de que vertebrar esto es una quimera.