El florecer de las semillas

Hace un mes David fue asesinado en Gata de Gorgos presuntamente a golpes con un bate de béisbol. En un primer instante la Guardia Civil detuvo a tres hombres de nacionalidad marroquí. Centenares de vecinos acudieron al entierro y la familia dijo: «Queremos que se haga justicia y lucharemos con todos los argumentos legales para que así sea. Nunca desde la violencia, nunca desde el odio a ninguna raza o religión». Este sentido pronunciamiento se cruzó con el de la entonces consellera de Justicia e Interior, puede que incluso más sentido, en el que quiso dejar constancia de que «a nadie se le escapa que se trata de un nuevo y cruento recordatorio de que nuestra seguridad y nuestras vidas están siendo sacrificadas en nombre de los caprichos multiculturales de la izquierda». Ahí queda eso. 

     Confío en que la primera reflexión que se le viniera a bastantes mortales fuese ¿¡en manos, Dios mío, de quién está desde hace un tiempecito dos departamentos de semejante trascendencia en nuestro gobierno más cercano!? ¿Es posible para cualquiera vivir tranquilo bajo un coco con esa mentalidad? Nada más despedirse del cargo, la Fiscalía ha abierto diligencias contra Elisa Núñez para investigarla por delito de odio. En el nuevo escenario esta persona de concordia se dio de baja en su formación con una dura carta al jefe de la misma al no compartir la ruptura ordenada por Abascal de los gabinetes autonómicos y denunciar, como segundo motivo, la «deriva radical» que viene llevando a cabo Vox «en materia de inmigración ilegal». Por coherencia que no quede.

     El presidente del Consell no ahorró elogios en el adiós a los componentes que han tenido que dejar sus funciones. Con el vice Barrera, naturalmente más que con nadie. Le prometió «hacer florecer algunas de las semillas por él plantadas que se queda a regarlas». Es tanta la aportación que el ahorro de agua está garantizado. Y no sería de extrañar que Mazón se planteara rescatar para algo a Elisa. Ha demostrado de sobra lo que es capaz de dar de sí.

La euforia desatada

Sale entrevistado el peluquero de quien ha sido proclamado mejor jugador joven en Alemania. Era el que faltaba tras haber visto al padre, al hermano pequeño, al barrio… cuando aún hay quienes lo llaman Yamil o Lamal o como se diga. El protagonista de la actualidad se presentó en Berlín y también arregló a Nico Williams en la víspera del gran día, con el dilema de si coger a Cucurella. El artista de peine y tijeras tiene 22 años, lo que asevera que la Generación Z está que lo rompe. Los jubilados saben de sobra que, de un modo u otro, moran destinados a hacérselo mirar.
     Margallo, entre ellos, anda por los platós tanto como las terelus. Y en primer lugar le hacen mirar hacia Estado Unidos, sobre lo que el comentarista no alberga dudas: «Esto que está pasando es muy importante y lo que ocurre en la Unión Europea, el corrimiento de la extrema derecha hacia una fuerza más radical, los cambios de alineación responden a la convicción de que va a ganar Trump». Los pelos, de punta. Necesitamos que nos echen una mano, como mínimo el peluquero. A continuación se produce un cambio de tercio que nos hace reconciliarnos con el espíritu festivo aún cuando la ocurrencia de Moratase fuese por los caminos de reivindicar «Gibraltar, español» con la muchachada pegando botes, por lo que cuestionan al exministro de Exteriores sobre cómo le suena: «Me encanta. Sobre todo que entiendan que las negociaciones que está llevando a cabo el Gobierno son una rendición en toda regla. No aprovechar el Brexit para introducir el concepto de la cosoberanía…». Es, sin duda, la idea que emanaba de los brincos en el escenario.
     Ha sido tanta la euforia que, en esta conquista, algunos han querido ver al igual que en el fin de la pandemia una salida a una época de entendimiento en la que el ambiente que ha impregnado a la peña permanezca inalterable. Es lo que trasladó el seleccionador en la celebración: «Este equipo es un ejemplo para el país. Unidos como estamos somos más fuertes. Que sigamos así». Ya hay que ser creyente.

A retomar el pulso..¡vamos!

Qué estrés, madre mía. Ha habido jornadas en las que buena parte de la plebe veía ansiosa venirse la noche sin saber si el partido de tenis se iba a echar encima del de fútbol. Esto reiterándose a lo largo de un par de semanas no es fácil de administrar y más contemplando cómo llueve por Londres, lo que ha obligado a interrumpir y aplazar no sé cuántas citas. Es tanto lo que cae en cada edición que uno llega a preguntarse si de la primera de Wimbledon en 1877 quedará aún alguna por solventar en una de las pistas más recónditas. Lo que casi nadie podía imaginar es que la selección comandada por un tipo discreto de misa diaria, con pinta de funcionario federativo de obediencia debida y modo de conducirse opuesto al dicharachero y malencarado de quien le precedió iba a practicar en el máximo torneo continental un juego que encandila en todos los países y, lo que es más difícil, que ha erradicado la polarización en el propio. A este paso no sé dónde vamos a llegar.
     Menos mal que en nada se retomará el pulso que nos caracteriza. Qué ganas de que vuelvan esas sesiones chachis en el Congreso que tan buen sabor de boca dejan en la afición y provocan unas ganas tremendas de dirigirse de nuevo a las urnas para que el espectáculo continúe. Ante los últimos acontecimientos registrados aquí y fuera se barrunta una subida de temperatura. Con todo lo que se les llena la boca de proclamar cuánto quieren a España, el ultra mayor del Reino ha decidido copar portadas en detrimento de Luis de la Fuente al ejecutar un sonoro Abascalazo. La realidad es que para los RodriLamineWilliams y demás no ha resultado sencillo hacerse notar. Antes y después de comparecer en Alemania, los choques de trenes entre el Supremo y el Constitucional baten récords y da la impresión que sus componentes andan con la vista puesta en superar las marcas olímpicas. Solo pensar en el panorama que aguarda da gustirrinín. Al fin se echa el telón de la Eurocopa. Ya está bien de suministrar opio del pueblo, que luego cuesta reconocerse.

Maneras de marcar el paso

Voy tranquilamente por el centro y veo venir de frente  a la secretaria general del pepé en el Congreso. Tranquilos, nos tenemos afecto desde hace la tira. Macarena Montesinos va del brazo de su madre con quien no he vuelto a coincidir desde que en octubre del 82 me abrió la puerta de su casa para hacer el perfil del patriarca de la tribu, uno de los fundadores de apé y cabeza de lista en las elecciones marcadas para pocos días después. Me da mucha alegría reencontrarme con la señora a la que hago constar lo fantástica que está y me responde sin inmutarse: «Cuando viniste a entrevistar a Juan Antonio me trataste de tu y ahora me hablas de usted». O lo que es lo mismo: has confundido el tratamiento las dos veces.
     La hija heredó la vocación del padre adobada con la dulce franqueza de la madre. Y de esa guisa ha escalado hasta la zona noble de la dirección feijoniana tras haber dejado su impronta en distintas tareas entre las que figura la Comisión de Control de Rteuveé donde no queda otra que batirse el cobre porque es bien sabido el celo con el que el Gobierno de turno acota la pulsaciones del Pirulí. Es una forma suave de significar cómo se estrangula la creatividad de un medio que teóricamente cuenta con todas las posibilidades a su alcance para marcar tendencia, pero que al final ha de someterse al único objetivo de los controladores de un color y de otro que es a ver quién estrangula mejor.
     Dirán ustedes: ¿Y esta digresión? Debe ser que anda Miguel Tellado en pantalla. En mi círculo íntimo Cuca tuvo la virtud de poner de acuerdo a dos personas de pensamiento contrario, puesto que incluso para la conservadora resulta superior a sus fuerzas. Con la portavocía del hombre llegado de Galicia en danza a ambos les salen ronchas y, tras exigir el envío de la Armada para sofocar a  los cayucos, ha certificado que su juego es de otra liga. Me perturba particularmente porque en buena parte de las intervenciones tiene a Macarena al lado asintiendo algunas de sus sutilezas. Y eso no está pagado con nada.

Casa en llamas

Agarro el título que ha puesto en cartel el inquieto Dani de la Orden. En la cinta una mujer elimina cualquier obstáculo que salga al paso por dramático que sea con tal de reunir al disperso núcleo familiar en la vivienda de los veranos dorados ahora que la soledad la ahoga. Los hijos no tardan en desenfundar su egoísmo y el ex el rastro de capullez que lo envuelve. Como psicóloga, la pareja de este aprecia el cristo y propone un juego en plan terapia: que cierren los ojos, se ubiquen en el lugar predilecto para relajarse y que cuando los aceche un voraz incendio piensen en quién les gustaría que apareciese para salvarlos. Por la reacción que muestran al abrirlos, ahí no se salva nadie.
     El mismo día que fuimos a verla se produjo la reunión en Alicante de la ejecutiva local del pesoe que sigue dando que hablar. El guión de la peli resulta irregular; el de la sesión en Ca Franco mantiene una regularidad meticulosa desde el pasado siglo que ha conducido a la agrupación a alcanzar las mayores cotas de la miseria en gran parte de las citas electorales con candidatos de distinta clase y condición. El último suceso acaecido en la sede ha traído como consecuencia un intercambio de lindezas entre el secundario adjunto al jefe y la portavoz municipal que se siente no ya abandonada, sino tiroteada por los suyos. Desde la ejecutiva de Diana Morant han llamado la atención a esta diciéndole que parece no saber con quién se está metiendo.
     Uno de los puntos de fricción fue que los gestores del chiringuito han impuesto turnos a la hora de controlar a quién dan las llaves como para esperar que abran el partido a la sociedad. Los contestatarios intentaron saber a qué se dedican los fondos y, pese a la fuerte tensión en medio de las llamas, lo que obtuvieron cuando acababan de analizarse los resultados de las europeas un mes más tarde fue la propuesta fuera del orden del día de trazar una hoja de ruta de cara a las municipales de 2027. Aún en situaciones extremas siempre es positivo no perder el sentido del humor.

Lo que está en juego

Si el país andará polarizado que lo que enciende la llama de la selección son los extremos. Qué juego dan los puñeteros.
     El camino a recorrer se antoja complicado, no hay que jurarlo. La competencia en las citas decisivas que se dibujan en el horizonte se ha disparado. Los rivales se las traen. El conjunto emergente de Alternativa para Alemania ambiciona liderar su propio grupo en el Parlamento de Estrasburgo para lo que se propone romper el cordón sanitario que los aleja de alcanzar el ordeno y mando a base de echar mano del delantero tanque, una especie en peligro de extinción con la que pretende reverdecer viejos laureles yendo a por todas. Que no le hablen del tiquiitaca. Eso es de maricomplejines y no es momento de titubeos. Rusia fue vetada en el torneo, pero Putin sonríe ante la cantidad de afines subidos a la cresta de la ola que lo guardan en sus oraciones. Los contrincantes lloran su aflicción. No lo digo por Cristiano que solo se enternece por él, hablo del dúo Mbappé&Macron dado que en la primera vuelta se ha visto superado por la derecha y por la izquierda. La Marsellesa puede quebrarse con la potencia que transmiten sus acordes. Quién nos lo iba a decir. E Italia, en fin. La única pieza que pita y de qué modo es Meloni. El resto de la escuadra seleccionada para partirse la cara solo es un gusto verlo cuando van de traje. Antes de plantarse en el terreno de juego y dar la réplica, qué porte exhiben los «ragazzos».
     La Eurocosa que hay entre manos está que arde. Es mucho lo que se produce más allá de las fronteras pero contamos con artillería para dar y tomar. Van cayendo goles de todos los colores. Uno de los últimos, el que concierne aPuigdemont es de los más vistosos. En caso de que se le ocurra volver será placado puesto que lo suyo tira más a rugby con la de melés que arrastra. Quien debe estar cazando moscas es Illa. Primero la pandemia y ahora otra maldición. Luego dicen que es que no sonríe. De todo lo que existe montado, a ver qué final nos aguarda. Solo queda que Milei haga en Berlín el saque de honor.

A la postre, irrepetible

Rosa Montero se tuesta al sol de las cámaras en una especie de «Esta es su vida» para periodistas de relumbrón. Y se tuesta porque, por su forma de ser, la hija del banderillero no renuncia a colocar las de fuego desde el mismo momento que repasa su llegada al «Pueblo» de aquel Fouché llamado a la sazón Emilio Romero, redacción a la que retrata como una congregación de machirulos convencidos de ser los amos del universo a pesar de lo poco que daba de sí La piel de toro. Según describe llevaban las corbatas en erección. Eso fue después de que en el 70 hiciese prácticas en Alicante, aspecto que otros encumbrados suelen dejar en el olvido y que ella lleva a gala hasta el punto de que se le ilumina la cara cuando recuerda que la primera interviú en un diario se la hizo a Julio Iglesias en el aeropuerto, encuentros que completó con no pocas voces entre las que asomaron las de Aretha Franklin y la del a día de hoy incombustible Miguel Ríos dentro del desfile veraniego de rigor. Consciente de sus limitaciones, afortunadamente no se pasó a la canción.
     De haberlo hecho nos hubiéramos perdido el placer de la cita obligada los fines de semana con sus entrevistas de personalidad ante las que hasta el propio libro de estilo tuvo que hincar la rodilla con tal de quitar el corsé y abrir paso a un estilo repleto de estímulos sensoriales puesto que para la autora el periodismo es un género literario como cualquier otro. No soportó la presión del listón alcanzado en plena selva madrileña y se retiró a los cuarteles de invierno refugiándose en la ficción a pesar de que en el país y en el oficio todo estaba por hacer y descubrir en una época irrepetible a la postre.
     Y tanto. Baste con decir que la cabecera que propició en los setenta las ganas de convertirse en intrépidos reporteros con su investigación sobre el Watergate acaba de cargarse al director en camino designado por el ínclito Bezos al demostrar que se trata de todo menos de trigo limpio. Así está el patio. Ya ven, material hay. Eso sí, de sobra para perturbar la profesión.

De pronóstico reservado

Por razones fáciles de comprender, en los últimos años diferentes galenos no paran de endosarme analíticas y, sea el día de la estación que sea, tanto en el centro de salud como en el hospital aquello es una romería. En fin, cierro los ojos y pinchazo va, pinchazo viene. De hecho ya ni me desmayo.
   Así que de otras no, pero de la situación sanitaria puedo hablar con propiedad por lo que la vista y el olfato propician para intuir las penalidades a la que se enfrenta el personal. He aguardado a que saliera el informe anual de la Federación de Asociaciones para la Defensa de la Sanidad Pública donde se constata que no he detectado mal el olor que la atención desprende. Según la valoración del documento que examina 35 variables, la sanidad en la Comunidad Valenciana es la que «peores servicios» tiene. Indica la falta de citas, el bajo número de profesionales y el patente incremento del gasto individual en la privada entre otros factores. De ocupar el puesto 15 del listado con 73 puntos el año anterior a colocarse en última posición con 62 frente a los 106 de la mejor valorada que es Navarra. El bloque de cabeza es norteño y la cola la satura la zona mediterránea y el sur peninsular. Los datos se han dado a conocer en torno a la cremà alicantina en la que, pleno de sensibilidad, el presidente de la Generalitat dijo: «No sabemos de dónde ha salido más agua, si de la manguera de los bomberos o de los ojos de las belleas del Foc, que han estado muy emocionadas». Días antes el propio Carlos Mazón dejó caer que «seguimos cumpliendo y avanzando en atención primaria para garantizar la sanidad pública que merecen los ciudadanos». Efectivamente es difícil contenerse.
     Por si esto fuera poco, la proyección del Instituto Nacional de Estadística señala que la población en Baleares y aquí serán las que más aumenten con un 19% debido a las migraciones exteriores lo que representará ganar un millón largo de habitantes en 15 años. Es lo único que nos hacía falta. Los médicos, enfermos perdidos.

La gran colisión

Los ingleses, que han acudido a Alemania gallitos perdidos, han exhibido un juego trastornado con el Brexit a sus espaldas. De cualquier modo llegarán más lejos que los tories en la que se avecina. Sunak se ha hecho con el pichichi en dislates y eso con la huella de Boris fresca en la memoria no resulta fácil. Es complicado saber cómo lo hacen, pero se superan.
     Alucina la cantidad de aficionados que se desplazan. Siendo cierto que el país anfitrión se ubica en el cogollito ignoraba que por las profundidades de Albania fuesen tantos. En Francia, que son la tira, además ven sombras. Con el galáctico de Florentino enmascarado, la cabeza la tienen en los Juegos donde todo apunta a que la antorcha hará el último tramo de la mano de Marine Le Pen y, claro, el lema oficial de «Liberté, Égalité, Fraternité» está que arde. Aquí, sin embargo, la afición es la más remisa a poblar gradas ajenas. Tiene sentido. Con los espectáculos en la fiscalía, el Congreso, otros parlamentos e instituciones varias y la reiterada presencia de Milei nadie quiere perderse detalle. Menos mal que en tiempos de Mariano se explicitó que en lo que a relaciones internacionales se refiere hay que dar parte a Exteriores. También M. Rajoy ha escrito  que «España va bien» y, aunque enfocado al arranque de la selección, a Sánchez seguro que le sirve entre tanta fatiguita. Eso sí, a Isabel las señas de su partido le interesan relativamente. Se conforma con coparlo todo. Por suerte los últimos ganadores de Pasapalabra se han declarado partidarios de compartir el montante con Hacienda por lo que quizá no sea el mejor sitio para encontrarnos al novio de la susodicha optando al botín. Algo es algo.
     Entre tanto, la selección ucraniana forma envuelta en su bandera, los serbios amenazan con irse después de que un jugador albanés coja el megáfono para denostarlos, turcos y georgianos se reparten lo suyo y así sucesivamente. La violencia ha convertido la cita en un campo de batalla para defender la identidad nacional. Vaya, hombre, será por singularidades.

Me siento sucio

Mbappé se dirigió a los jóvenes franceses para pedirles que  voten, se mostró en contra de los extremismos y en su debut en la Eurocopa le partieron la nariz. Ocurrió al chocar con un integrante de la escuadra austriaca, lugar de origen deAdolf. Pero, en este caso, fue sin querer.
     Los deportistas más populares están muy expuestos, conocedores de que tanto a los dirigentes de diferentes disciplinas como a los gobernantes sin disciplinar les pirra sacarles partido. Hasta el intocable Nadal tuvo que salir al quite de su figura tras el vínculo con Arabia para admitir que «la sensación es que me he vendido al dinero y lo entiendo. Hubo un error de comunicación, no pretendo blanquear a ese país ya que creo al cien por cien en la igualdad». A Carvajal, uno de los capitanes del combinado que se bate el cobre en Alemania, le cayó la del pulpo por pedir respeto para la cita de las derechas y derechita en Colón y por dar la espalda a Jenni Hermoso en el contencioso con Rubiales. Menos mal que Ancelotti tiene soluciones para todo porque ponerlo en la banda con la estrella gala y conseguir que se entiendan no debe estar al alcance de cualquiera. El portero de la selección tampoco es manco y una parte de la afición no sabe ya si le pone más nervioso que inicie el juego en el área o ante el micro.
     Si exceptuamos a los ZidaneLilian ThuramKanouté… algún directivo casi siempre de equipos vascos o el pelotero del Arsenal Declan Rice, quien salió en defensa de su pareja a la que los francotiradores de las redes despreciaron por no pertenecer a la constelación de muñequitas despampanantes con ataques gordofóbicos y señalando que el jugador debería «aspirar a algo mejor», a lo que respondió que «ella ha estado conmigo desde que yo no era nadie. No me importa lo que digan. Es el amor de mi vida». Son tan pocos los elementos representativos que se salen de la norma que, a veces, me siento sucio por gustarme tanto el invento. Pero entonces me agarro a Billy Wilder y sigo comiéndome las uñas. Bueno, nadie es perfecto.