La intervención

¡Cómo andará el Congreso para que el Papa intervenga! En la misma rueda de salutaciones el invitado de honor ya se hizo un cálculo. Eduard Pujol y la sin par Miriam Nogueras retuvieron al pontífice trasladándole que en la visita a Barcelona sería un acto de respeto que se expresara en catalán, al tiempo que uno se lo decía en italiano y la otra en inglés para que no quedase dudas de la consideración que se gastan con la tierra que los acoge. León XIV captó el mensaje, se remitió al XVI, destacó la influencia de España en el resto del orbe a través del influjo de la Escuela de Salamanca donde, con Francisco de Vitoria a la cabeza, un grupo de profesores y teólogos sentaron las bases del derecho internacional, indicaron los límites morales del poder hasta sentar las bases por las que la dignidad, la justicia y el bien común fuesen la medida de las relaciones sociales, tanto a nivel nacional como internacional. Se extendió lo suyo en la significación de la escuela sacando a colación a Santa Teresa y a Cervantes hasta acabar en Unamuno lo que debió pillar a Puente y a Rufíán planteándose al unísono «¿y ahora por dónde salgo yo en el tuit». Algún que otro parlamentario sensato de Podemos estaría pensando qué hago por aquí dando vueltas al edificio de las Cortes hasta que el americano acabe su homilía, mientras que a Abascal se le veía aplaudir a fuego lento en la confianza de que, llegado el momento, quien disertaba se quitara la máscara y surgiese Donald Trump de la mano de la IA, desalmada con la encíclica papal. Por contra, la tarde previa Antonio Banderas hizo un alegato con firma en el que sacó Málaga a relucir para lo que en su caso no necesita milagro alguno. Llamativo, que no sorprendente, resultó el encendido aplauso final de la portavoz de Vox Pepa Millán teniendo en cuenta que el obispo de Roma había crucificado de los pies a la cabeza, por delante y por detrás la prioridad nacional de sus entrañas. También es cierto que la ovación en el hemiciclo resultó mucho más cálida y extensa que la obtenida por Robert Francis Prevost en la sede de la Conferencia Episcopal. Como para que hubiese venido Francisco. Su sucesor despidió el trabajado discurso invitando a sus señorías de todos los colores a alzar la mirada porque «España puede ofrecer mucho en este camino. Cuenta con una lengua que une continentes; una tradición cultural, jurídica y espiritual que ha sabido poner en diálogo fe y razón, derecho y conciencia, unidad y pluralidad. Que España continúe siendo tierra de encuentro, cultura, solidaridad y esperanza». Horas después, dirección al Mundial, la selección cerró el mini ciclo amistoso contra Perú en el estadio de Puebla, un recinto que lleva el nombre de Cuauhtémoc, águila que desciende, primo de Moctezuma, undécimo y último Huey Tlatoani independiente de Imperio Mexica desde 1520, un año antes de la toma de la ciudad estado por Hernán Cortés, que acabó destruida, su mandamás asesinado y con la cabeza, según Salvador de Madariaga, en el escudo del conquistador al que el Papa no hizo mención. Tampoco puede estar en todo por Dios.



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