El reloj no se detiene

El presidente Sánchez va atropellado. El animal político que ha demostrado ser para conseguir auparse en el sillín con todos los obstáculos posibles a su alrededor barrunta lo peor y se revuelve contra el destino. El mantra del sanchismo prescrito por la derecha mediática ha causado furor, se ha metido en vena de buena parte del cuerpo social y el hombre que aprendió a vivir al filo de la navaja no sabe cómo quitárselo de encima. Es difícil de creer, pero el reloj de arena es inexorable.
La última pirueta fue la convocatoria por sorpresa de elecciones nada más disolverse como un azucarillo la cuota más granada de poder periférico que aún resistía. A partir de ahí trazó un plan para salvarse de la quema proponiéndose estar presente por tierra, mar y aire en las salitas de estar. No calculó bien la dosis. Lo exuberante cansa. Copó la franja de entretenimiento a fin de que los reacios entendieran de una puta vez que no es tan malo como lo pintan. Sacó sonrisas a destiempo mostrándose algo más que amigable con las figuritas de los platós donde lo han breado, que era el objetivo de la gira. Plan desenfocado. La inmensa mayoría de moderados desgajados en su día de la órbita pepera por mor del olor que aquello despedía y que le dio vuelo al tal Rivera ha renunciado incluso a los argumentos necesarios para cambiar de color y reproduce como si fuera suyo el traje que le han hecho al malvado sin entrar a considerar siquiera las políticas que han salvado como mínimo el culo a tela de paisanos.
Pero en lugar de aferrarse a eso y de repetirlo hasta la saciedad, volvió a poner el acento en todo un cara a cara en que él no es perfecto, pero sí limpio. El penitente está de psicólogo. Al final del choque bronco, Feijóo se fue como un torero y el insumergible González Pons se fundió en un interminable abrazo con el mandamás de la empresa anfitriona en tanto que el rival salió escopetado hacia la sede a contar su película a las huestes poco antes de partir a la reunión de la Otan. Mientras, ya saben. Aquí dentro, la guerra continuará.

La chispa de la vida

Además de hacer planes con amigos supongamos que quieres tener suscripciones a un par o tres de cabeceras que te sitúen en la acción, Liga, Champions, Wimbledon en estas fechas más una sugerente ración de pelis y de series. En algunas de las guaridas que ofertan las competiciones en liza el baile de tarifas al que someten al interesado pone de los nervios. No pocos se rebotan, contactan, ordenan que les den de baja y entonces surge la fórmula que haga falta con tal de retenerlos. También está la opción de dejarse atropellar por la boda de la niña de Isabel, que son horas y horas de repetición de la jugada después de que a «Sálvame» le pusieran la proa. Mi hermana señala que la causante ha sido Rociíto. Aunque me tranquiliza el tono, estoy preocupado.
Ella lo está por mí porque dice que al paso que vamos necesitaremos un préstamo. En lo de Rociíto no sé, pero en esto otro lleva razón. La alerta vuelve a saltar cuando se anuncia que han salido las dos últimas temporadas y definitivas de «La maravillosa señora Maisel». El problema es que no las tenemos y las primeras las vimos gracias a que no recuerdo quién nos dio entrada hará cinco, seis años. Salvo excepciones no somos de seguir un regimiento de capítulos, pero a este de familias judías afrontando un carrusel de imprevistos que choca frontalmente con las enseñanzas del patriarca Abraham resulta imposible resistirse. Son muchos los elementos. Diálogos chispeantes entre protas, da igual que sean principales o secundarios. Aquí la transversalidad sí que prima. Un canto sin declaración de principios a la fuerza de la mujer para agarrar lo que persigue aunque su sueño surja de un imprevisto. Y todo bajo una atmósfera de clubs neoyorquinos de los cincuenta/sesenta en los que suena Ella Fitzgerald, Nina Simone y Billie Holiday. Nos la hemos bebido tras buscar, al igual que la señora Maisel a la hora clave de salir a flote, la artimaña consistente en agarrarse al mes de prueba gratis y haber dicho ya «bye, bye». Para qué hace falta ser rico.

El gran esfuerzo

Pensando en el destinatario no creo que exista un género más completo que el de la entrevista. Lo digo como lector, como espectador, bueno y como currito del sufrido papel prensa. La mayoría de grandes reporteros de los diferentes medios que han poblado el universo buscan con ahínco ponerse enfrente de los personajes más buscados que resultan claves para situarse en la acción de cada época. He disfrutado estos encuentros de firmas de referencia como un poseso y lo que se extrae de no pocos de ellos me sirvió mucho más que la mayor parte de las asignaturas de la carrera por no decir de todas. ¿Por qué? Porque del resultado se desprende que esta es una profesión seria siempre que el entrevistador se haya empapado de los aspectos a tocar hasta el extremo de dominar la materia tanto o más que líderes y especialistas pasados por el radar. Es la única forma de que quien va en no pocas ocasiones a venderte la moto se quede en fuera de juego y se le mude la cara.
Dado el revuelo previo he visto las apariciones del dúo aspirante a gobernarnos en breve tanto en El hormiguero como con Ana Rosa y de ambas citas los invitados han estado muy lejos de quedar bien retratados cuando los dos tienen cuitas pendientes. Con apenas modificaciones han soltado el mismo guión que vienen repitiendo en la interminable ronda que despliegan gracias a que la hoja de ruta pergeñada por sus interrogadores no ha sido sino un manual de lugares comunes que los «afectados» se sacuden sin inmutarse. Sánchez, más cauto en estos casos concretos al encontrarse en territorio comanche. El gran esfuerzo al que hubo de enfrentarse el empecinado combatiente del sanchismo no fue la ley del «solo sí es sí» ni Bildu de los coj… ni la cosa tomatosa con independentistas ni dónde estará el Falcon. Con lo que tuvo un cuidado escrupuloso fue con no llamarla María Rosa. Porque Oriana no se le iba a escapar.

En torno a la alternativa

En los instantes previos a la sesión constitutiva de las Corts la reportera se acerca en la calle a Vicente Barrera, este se vuelve, la recibe a un tris de colocarse los brazos en jarra y, ante las acometidas, trastea con los pies clavados en el suelo esgrimiendo serio que se vestirá de luces cuando reciba la alternativa. Y que, hasta entonces, no verbalizará lo más granado de su repertorio el futuro vicepresidente del Consell, hoy prometedor novillero.
El rematarse el ascenso a la cúspide de la especialista en audioprótesis y miembro por tanto de Hazte Oír Llanos Massó, la intrépida informadora aceleró el paso, se colocó a la altura de Carlos Mazón, puso el micro en posición y delineó ante su mentón un «¿Teme usted que su vicepresidente acabe dándole la estocada como torero que es?», a lo que el máximo responsable del cartel que todavía anda en plena cocción respondió: «Hombre, cuando las hacía, las hacía estupendamente bien. Es un artista.. ¿Que Vicente no quiere contestar a nada? Porque es un hombre prudente como buen torero. Las prisas, para los malos toreros y él es buen torero». Diga que sí. Sin duda la afición se queda mucho más tranquila.
Pese a que el próximo inquilino del Palau cuenta con acreditado bagaje a la hora de relacionarse y no solo con los medios, en sus apariciones tras sellarse el acuerdo para las próximas temporadas se muestra sobreactuado. Bueno, nunca normal porque también se cuadra. Es lo que sucedió cuando Feijóo salió del paso anunciando que en la Comunidad Valenciana «la política de Igualdad estará en manos de consejeros del pepé» y horas más tarde el presumible presidente del territorio y mejor delegado consideró que se trata de una «extraordinaria idea». Y no es que quiera acelerar los plazos pensando en el 23J sino que investirse es una perdición para cualquiera ya que los muditos deben estar deseando entrar en acción y es un desafío. Dados los fuegos que habrá de apagar no hay que descartar que pase a los anales con el sobrenombre del «bombero-torero».

Picotazos vienen y van

La proliferación de una plaga de esta dimensión ha conducido a los encargados del control de la misma a plantear un plan de choque para combatir la población de ejemplares adultos. Evidentemente estoy refiriéndome a los mosquitos.
El caso es que las compañías dedicadas a esta actividad advierten que no hacemos nada si el despliegue de medios a base de brigadas terrestres, cañones, drones y helicópteros se deja para verano. Que es necesario aplicar tratamientos preventivos prolongados a lo largo de todo el año a fin de alcanzar soluciones efectivas y no dejarlo como siempre para última hora cuando los picotazos los tenemos encima. No hay más que apreciar las innumerables ronchas de color rojo acumuladas en ciertas zonas de la bancada. A toro -con perdón- pasado, los factores sobrevenidos son fáciles de detectar: sudor, presión guapa, sesión continua rascándose, estrés y un buen surtido de emociones varias.
Para mayor disfrute del tiempo que se nos ha venido encima, los afectados afrontan además noches tropicales en las que se complica conciliar el sueño como si fueran necesarias para sucumbir en la cama con ojos tamaño plato. En cambio a los ejemplares adultos motivo del trastorno medioambiental las olas de calor, que en junio se han triplicado en los últimos lustros, no les afecta ni poco ni mucho dado que, según los estudiosos, son producto del cambio climático. Bien curtidos, para ellos no hay bochorno que valga.
Dada mi composición los especímenes estos me brean. No por nada, sino porque especialistas aseguran que es en los 0+ en quienes más se fijan. Así que me entrego a la lectura que apenas les atrae. A lo largo de 270 páginas me empapo de las candidaturas para la cita que viene y, firmas estelares aparte, aún confía en sacar tajada en ciertas demarcaciones Falange Española y de las Jons entre otros vestigios. ¡Qué grandes! Estamos que lo tiramos.

Atestado el hormiguero

Había quien pensaba que al venir las campañas tan seguidas los mítines y demás presencias habituales de candidatos se sustituirían en gran medida por las redes y aquí paz y después gloria. Pero sin despreciar el influjo de estas, a día de hoy los barandas se han lanzado a por los medios tradicionales. Entrevistas en prensa, radio y tele generalista. Y en esta acaparando programas de entretenimiento. Porque no hay Liga que, si no, sacaban y remataban el córner.
A Pablo Motos, por ejemplo, se le amontona la faena. Ha tenido que descartar a alguno de los comprometidos ya que, de no hacerlo, habría despedido la temporada con cara de pasquín. Y claro Abascal, al ser cancelada su invitación, se ha revuelto. Curiosamente el desajuste ha coincidido con las declaraciones de Mónica López, prota de la serie «Rapa», quien ha esgrimido para no presentarse en «El hormiguero» que el conductor del mismo «blanquea el fascismo y a gente impresentable». ¡Cómo está el patio! El percance se ha producido después de que el partido que de momento ha chocado contra las huestes extremeñas de Hernán Cortés denunciara ante la Junta Electoral el especial constitución de los ayuntamientos por «quebrantar los principios de pluralismo político, neutralidad e ingualdad» en teuveé. Antes de que el órgano resolutivo dictaminase que nanay, Xabi Fortes se tomó la reacción como un elogio. Habrá que ver si Trancas y Barrancas salen indemnes.
Para más inri quien ha alterado la secuencia prevista haciéndose con el hueco ha sido el que duerme mejor sin Iglesias que ha debido estar pensandóselo porque Motos muy sanchista no debe ser. Pero, dado que los cara a cara se desinflan por obra y gracia de Feijóo, al presi le ha entrado tal gusanillo que se ha puesto a entrevistar a miembros del Gobierno. Es lo nunca visto, cualquiera sabe cómo puede acabar esto. Es posible que un lema vaya a ser «atentos a la pantalla». A este paso solo les queda dar el tiempo para las próximas semanas. Preferiblemente Tezanos.

¡Toxinas, fuera!

Estoy por la playa al volante esperando en una rotonda a que el semáforo se ponga en verde cuando se echa prácticamente encima un corredor y advierto que es Mazón con otro el día siguiente de sentarse con Vicente Barrera y demás a fin de sacar adelante en un pis pas la faena. En cuanto pasan escruto el horizonte por si se tratara de un encierro, pero advierto que la pareja trota sola ante el peligro de cruzar por donde no debe. Lo comento en la sobremesa de un cariz electoral que espanta y uno de los presentes aporta que lo ha visto por el centro en el mismo plan. Se ve que necesita perder toxinas. Para una sustancia venenosa que puede eliminar…
Aunque, claro, ha esprintado en su territorio a tal ritmo que lleva al propio jefe de la colla con la lengua fuera y el hombre se descompasa. Es lo que le ocurrió en una de las estaciones del exigente circuito que resta hasta el 23J en el que tuvo que volver a responder por las credenciales del interlocutor sentado frente al velocista alicantino y no se le ocurrió otra idea mejor que acabar el recorrido sobre el perfil pedestre del condenado con un «es que tuvo un divorcio duro y conllevó un abuso verbal hacia su exmujer». ¿Uno? Según la resolución judicial se trató de veintiuna faltas de coacciones, injurias y vejaciones contra su expareja y madre de sus hijos profiriendo epítetos del tenor de «secuestradora de niños, ladrona, puta». En nada, ya saben: estaremos ante «su señoría».
El lindo portavoz del mandamás hubo de salir al quite para intentar matizar el extravío señalando que lo que él recoge «son algunas de las cosas que nos decían para minimizar la importancia del hecho». No sé si es mejor para el aval del defendido ni cuánto le queda esta vez a Borja Semper que, a su edad, ya debería saber cuál es su sitio. Igual que las izquierdas, empecinadas en volcarse en los vaivenes ultramontanos en lugar de dejarle a Feijóo la ración completa. Que para eso es suya, jomíos.

La percepción

La artista está sobre el escenario. Ha costado lo suyo traerla, tanto que se montó al carro de la programación a última hora. Silvia Pérez Cruz va a su aire, tiene su tempo, envuelta como se encuentra en la inmensidad de «Toda la vida, un día». Es un último trabajo el suyo de una laboriosidad suprema, complejo y arriesgado para alguien con un ramillete de melodías populares y de versiones a la espalda con las que tendría el reconocimiento asegurado. Pero no sería ella. Y ha elaborado un cargamento sensorial fuera de todo registro. El público asiste perplejo, sobrecogido en medio de un silencio sepulcral. No ha hecho un disco. Ha dejado un tratado de percepciones para los restos.
Lo que nadie podía esperar por el cariz del concierto es que de postre formara un corro y que, con sus músicos o sin ellos, se cogiera entre otros de la mano de Federico y de Cohen para adentrarnos en los remotos años veinte cuando el andaluz universal cinceló Nueva York como si fuera la Gran Vía poniéndose del lado de los negros, de los desarrapados, de quienes hiciera falta saliendo también del armario bañado en metáforas dentro de ese «Pequeño vals vienés» que baila en cada estrofa: «Te quiero, te quiero, te quiero/con la butaca y el libro muerto/por el melancólico pasillo/en el oscuro desván del lirio/en nuestra cama de luna y en la danza que sueña la tortuga. ¡Ay, ay, ay! Toma este vals de quebrada cintura».
La sala asiste prendada a la fragilidad de esa voz que cuando la saca no hay quien se resista. Una pareja se eleva en el proscenio propulsada por un estallido de colores difícil de describir. Los espectadores son caballos alados en una misteriosa noria que contiene luz, tinieblas, dolor y pasión. No es manco el poso con el que se pone rumbo a la calle para advertir que las estrellas brillaban menos antes de la cita. Hay muchos factores que juegan a bordo. De dónde venimos y a dónde vamos. El cielo anda rasgado con un aire a como lo divisó el poeta un siglo atrás. Y el tiempo, por más soleado que se muestre, es desapacible.

Ir a curarse de mal rollo

Ya hace unos años que se jubiló, pero con el de cabecera que más tiempo estuve ocurría una cosa: que nada más sobrepasar la puerta de la consulta estaba riéndose. Y era una risa contagiosa. Tu ibas apurado y, en cuanto se pegaba la segunda carcajada llamémosle, el agobio desde luego se había ido. Le salía de modo natural, era su carácter. Aunque después llegaría el tratamiento, a los dos minutos la neura fenecía en tal clima. Un método del entrañable borde de eficacia probada.
Hoy por lo general la atmósfera en los centros de salud es la opuesta. El personal anda desbordado y, el paciente, atacado. Como sabemos, la enseñanza también se ha visto envuelta en crisis de identidad. Antes, los maestros resultaban intocables y, para los padres, una referencia a la que el vástago debía seguir y obedecer. En cuanto el planteamiento quebró -se decía- y la sartén por el mango pasaron a tenerla los críos el ambiente en no pocas aulas se transformó en irrespirable. Pero en Atención Primaria quienes la arman son los mayores fundamentalmente. Las agresiones, los insultos y amenazas que se registran ante el mostrador o la mesa del facultativo vienen protagonizadas por plebe talludita que hace tela dejó atrás al tutor del insti que guiaba su comportamiento. O que, para ser precisos, lo intentaba.
La distorsión arrastra tras de sí una sobrecarga asistencial, falta de recursos y planificación chunga. Las plantillas nunca están al 100% y los currantes advierten que, en verano, cuidadín. Un médico tiene asignados un mínimo de 50 acongojados al día con bastantes de ellos exponiendo hasta cinco dolencias para aprovechar la visita. La pandemia nos ha dejado tocados del ala y ha sobrecargado el sistema, aunque tampoco nos engañemos porque con anterioridad las administraciones de distinto color rivalizaban por ver cuál supera a la anterior en récord de listas de espera. Los afiliados tienen todo el derecho a reclamar. Pero si atacan a quienes les auscultan que luego no se quejen. Además de la atrocidad habrá más para ser atendidos.

En línea caliente

Me meto en la cama con Iglesias, Calvo y GarcíaMargallo dispuesto a pasar un rato provechoso en todos los sentidos. El primero acusa a Errejón, comunes y Compromís de vetar la entrada de Podemos en Sumar y la exvicepresidenta le para los pies al parlamentario europeo después de que este largara fiesta del pesoe y de sus socios. Vaya con el poliamor.
Tras haber disuelto, el presi puso en marcha una línea caliente colocando seis debates en la casilla de salida. Se le nota mucho que necesita desfogarse y a saber lo que tiene aún en cartera. Es que el varapalo es de los que dejan marca. Siguiendo con atención lo que iba sucediendo en cascada, en el pasado recuento me pareció ver doble a GarcíaPage y me dije que si yo había tenido esa percepción cómo no sería la de su jefe de filas. Y resulta que acabo de corroborar que el mandamás manchego es gemelo. No son demasiadas las buenas noticias que llevarse a la boca en Moncloa. Por supuesto también han recibido la respuesta a tanta invitación para quedar los lunes ante las cámaras y Feijóo no ha caído en la trampa de responder que bueno, que dos encuentros por disimular y que no parezca que tiene prevención después de los repetidos enganchones en el Senado. No, lo ha hecho porque está seguro de que su pérfido contrincante aceptaría encantado proponiendo que, dado que la serie pilla en tiempo de ejercer la presidencia del Consejo de la Unión Europea, el segundo cara a cara fuese en inglés cuando con el español el gallego tiene de sobra. Y de poner de fondo a Springsteen ni de broma.
Por si sirve de termómetro, una mesa de al lado se quejó de lo que habían tardado en traer los menús. La dueña pidió disculpas, dijo que no habían reforzado porque las reservas se produjeron a última hora y que la noche anterior solo acudieron extrañamente cuatro clientes: «Como no sea que todo el mundo estuviera ante la tele viendo la boda de Kiko Matamoros…». Pues eso mismo, sin más, es lo que a todas horas ansía Sánchez: «Sálvame».