El gran revolcón

La victoria de Moreno Bonilla es tan tremenda que resulta más que probable que el próximo consejero de Presidencia de la Junta sea de Valladolid, en cuyo departamento ostenta la secretaría general. Si no me equivoco, el hombre de moda del panorama rumbero nacional recogió a quien perdió frente a él las riendas de Nuevas Generaciones, que luego ha sido veinte años diputado en representación de la ciudad del Pisuerga. El arrullo no es baladí. Madrid será Madrid dentro de España, pero este es el verano en que se celebra el quinto centenario de la primera gramática castellana pergeñada por el andaluz Elio Antonio de Nebrija. Casi ná.
Quienes no perdieron un instante en deslizar que el rey de las urnas más flamencas se ha convertido en el barón de barones fueron los escasos nenes del espectro casadista que aún entonan voces de ultratumba, dándose así el único festín póstumo a su alcance. Cuando Pablo, Pablito, Pablete y su fiel Teodoro se echaron encima de quien pasara por allí convencidos de que eran gigantes cuando eran molinos, a quinientos, seiscientos, setecientos kilómetros del palacio de San Telmo donde reside Juanma se oían comentarios en terrazas y en el transporte público favorables al tono con que se empleaba -«a mi el que me gusta es el andalú»-, incluso sin venir a cuento. La suerte estaba echada.
No hubo más que oir al candidato de Sánchez enunciar su satisfacción porque en campaña se había retomado la conexión con la plebe para entender por qué han dilapidado un millón largo de votos en una década, donde el flujo orgánico e institucional tendió a confundirse junto al petardazo que pegó el club bancario verdiblanco y las poquitas industrias señeras. Los nuevos votantes no creen deberle nada al pesoe ni conocen a Escuredo y lo que les saca de quicio y les moviliza es su futuro. Y este anda ubicado en un moderno ámbito de expansión moldeado en tierras malagueñas, que es de donde procede el indiscutible mandamás y su núcleo duro. El que ahora tiene un color especial.

Cuéntame qué es lo que pasó

Aseguran que «Cuéntame» se ha ido para los restos. Ya veremos. En la promo del último capítulo Antonio acelera para quitarse de la ventanilla un moscardón que lo reconoce, Mercedes le pregunta «¿Se puede saber qué te pasa?», él contesta: «No te lo he contado antes porque creí que iba a superarlo» y sobre el acompañamiento de una sintonía blusera de fondo, la voz en off remata: «Cuando el pasado te atormenta es imposible escapar». Pues imagínense del futuro después del recuento indeleble que nos aguarda.
Al producirse el estreno de la serie más longeva de La 1 que retrotrajo a una época en que aquí nadie tenía arte ni parte en la forma de gobernar salvo un señor bajito con bigote y voz encima aflautada, el paisanaje había entrado ya en el siglo XXI y las temporadas de arranque gozaron de un impacto de consideración no sé si por la fidelidad con que retrataba aquel final de los sesenta o porque suele resultar más placentero refugiarse en la añoranza que salir cada mañana a la calle a darse de bruces con la realidad. El caso es que esta ha ido ganándole el pulso a la ficción, arrebatándole audiencia por lo intrincado del guion y puede también que por el lastre de imagen que la acusación de fraude fiscal que pesa sobre los protas y que, bajo amenaza de trena y multa guapa, tiene a Imanol Arias y a Ana Duato con la Agencia Tributaria y Anticorrupción como pareja de baile. Ya ven, ni distopía ni ná.
La cosa quizá empezó a torcerse al darle la patada a Echanove. Al poco Carlitos tomó las de Villadiego aunque, lejos del papel que marca una carrera, Ricardo Gómez ha crecido bien. Después de un ciclo tan intenso, a Imanol no se le ha ocurrido nada mejor que poner a parir a todo quisque de la tele en la que prácticamente ha estado empadronado para a continuación retractarse con algo así como «lo siento, no volverá a pasar». Otra cosa no pero, cuando de bordarlo se trata, lo bordamos.

Recetario antisofoco

Me acerco al centro de salud y comento que querría una cita con el de cabecera al que creo no conocer. Desde que nos enfundamos la mascarilla donde me mantienen a raya es en dos plantas del hospital, recetas de la media docena de pastillas diarias incluidas, un registro que me llena de esperanza en alcanzar las nueve con las que mi madre se fue hasta los 98 envuelta en una calidad de vida que confío en heredar. Me dan cita y sí, el doctor es otro. Le destripo el mal cuerpo y los sofocos. En el transcurso del interrogatorio sobre lo que me he metido por el cuerpo en los últimos días le confirmo que el par de debates íntegros más unos cuantos de los locales sobre la realidad de allá abajo. Me calma y añade: «Demasiado bien le veo».
El dictamen tiene una explicación. De cara a lo que se avecinaba me vacuné a base de bien. Nada menos que en tres ocasiones con cargas de dramaturgia exquisita por si las moscas. La primera proporcionada por Carlos Hipólito quien, zambulléndose en «Oceanía», abraza el testamento artístico y vital de Gerardo Vera con una sencillez y de una forma tan cálida que le confiere al legado credibilidad aumentada. La segunda propinada por Blanca Portillo. ¡Qué chute! Su interpretación en «Silencio» sobre el texto del discurso de Juan Mayorga de ingreso en la Academia es una barbaridad. Pero aún así sabía que necesitaba una de refuerzo.
Puesto que iba a arrancar la campaña debía contener… Y teniendo a Alberto San Juan con «Poeta en Nueva York» ríete de AstraZeneca. Escuchas esos textos y martiriza pensar en cómo esta tierra se lo quitó de en medio. De no ser por su estruendoso esplendor ignoro cómo hubiese podido digerir las apariciones de quien propuso al presidente andaluz ser su vice en un despliegue de insolencia, ignominia y cerril ignorancia de todo cuanto se cuece. De haberlo podido presenciar, esta vez Federico se habría quedado en Harlem.

Un bote, dos y tres botes

Doy un bote con un titular sobre una noticia de impacto ocurrida décadas atrás: «La vida anónima de Lorena Bobbitt tras cortarle el pene a su marido y el intento de él de ser actor porno». Hizo un par de incursiones después de que en una operación de diez horas le recompusieran el miembro cuya mitad arrojó su mujer al jardín de una casa cercana. Antes de probar suerte lo agrandó. No, el jardín, no.
A renglón seguido tropiezo con Toni Cantó, otro que se toca lo que haga falta que ahora es su libro: «No hay un gobierno mejor donde estar que en el de Ayuso, que es el fenómeno político más importante en años y entre un equipo con gente como Miguel Ángel Rodríguez con el que aprendo muchísimo». Confirma hallarse contento con el estipendio de 75.000 euros para una agenda que este mes muestra dos días con reuniones: «La parte fundamental de mi trabajo es atraer estudiantes de español porque se dejan bastante dinero. Andamos en preparar la segunda fase del sueño de Madrid, que es un reconocimiento a los hispanos mientras ayudamos al resto de inmigrantes que han de aprobar el español y trabajamos en las residencias con ancianos para recuperar palabras que casi no se usan porque quiero hacer algo con ellos». La verdad es que sí, que se queda uno sin palabras.
Me capta la presencia de la comisionada de la Nueva Economía de la Lengua, Cristina Gallach: «El objetivo es coordinar los esfuerzos de la inversión pública y privada para lograr que la Inteligencia Artificial, que es el combustible de la próxima revolución industrial, piense en español. Si no hacemos esta transformación, los asistentes de voz nos van a hablar en la lengua española mejicana. De no entrar las cooficiales en el circuito desaparecerán como lenguas digitales». Con su máster en Relaciones Internacionales por Columbia es la única mujer española en pasar por puestos de relevancia en la UE, la onu y la otán, pero al contrario que Toni no ha paladeado el apreciado néctar de Miguel Ángel Rodríguez. Cuánto le queda por aprender.

La polvareda que acecha

Andalucía está que vota y Juanma, Espadas y Marín se pasaron por el Rocío antes de calentar las cuerdas camino del plató. Tras la presencia del trío devoto de rezar tela, la virgen concluyó la procesión sin completar recorrido debido a la rotura en las nuevas andas. En concreto, en la parte delantera izquierda. Madre de Dios, qué precisión. La Blanca Paloma ya ha dictado sentencia cuando las carretas demoscópicas empiezan a recoger muestras.
Al adalid del aspirante Feijóo le gusta el moreno que luce. Mientras el resto de competidores coincide en lanzarle dardos de todos los colores, él se recrea con el resplandor de su corbata y en el momento procesal oportuno levanta la vista pavoneándose: «Se ve que soy el hombre de moda». El candidato póstumo de Ciudadanos le hace la faena de aliño correspondiente por si hay milagro aunque, para alguien de la formación zarandeada por Riverita y arrimada a continuación al precipicio, ostentar una vicepresidencia de algo tiene su mérito. Alcanzar objetivos va a costarle un mundo al sucesor de Susana. Ha tardado lo suyo el partido en ponerlo en danza para ser tan poco conocido en demarcaciones alejadas de la Giralda. Alguno ha debido quedarse en aquellos años radiografiados por Arfonzo a su manera: «En el pesoe presentamos de candidato a una cabra y gana la cabra». Pues sí, de la que se ha librado el animalito.
Que sea Olona quien salga a relucir ahora es pura coincidencia. Después de haber tapado la cuna entró así en campaña ante los andaluces: «Soy de Alicante, orgullosa de mis raíces». Y como no ha renunciado por si las moscas a su acta en la carrera de San Jerónimo, también se le fue la mano con el mapa: «Sus políticas son hirientes. Así que muestren algo de decoro por el sufrimiento en los hogares españoles». Le da a tantos por tantas historias que pierde el sentido sobre a quién endiña, pero enardece a los hastiados. Ojo con la que se avecina. Como la arme, lo mismo se pide Luceros para festejarlo y el alcalde contesta que claro, que ¿qué daño hace?

Vía crucis a la lonja

Da miedo la bolsa. La de Nueva York ni pajolera idea, pero la de aquí tiene un «tocao». Salgo a hacerla. La lista es menguante producto de un cónclave en el que los participantes se comen cualquier atisbo de caprichito porque aún quedándose en lo sustancial tiene tomate. Ya estoy ante el desafío y, para empezar, falta aceite. Me sitúo frente a los envases. Miro, vuelvo a mirar, comparo mentalmente con los precios del arranque de año y me quedo ensimismado. Ignoro si dará para regar la tostada o habrá que conformarse con acompañarla oliéndolo. Porque esnifarlo, tampoco.
No hace falta recalcar que lo básico se encuentra por las nubes. Ya digo: de entrada, antojitos ni pensarlo bajo amenaza de conflicto serio. Ocurre como con la cumbre de la otán, que es muy complicado satanizarla en medio del horror ucraniano y con dos de los países nórdicos más suyos llamando a la puerta para que les dejen entrar. Cierro la del coche y, nada más encender el contacto, el circuito avisa de que el depósito quiere la golosina. Dudo entre arrancar o entregarme. Enchufo la manguera de 95 y constato que el que ha ensanchado es el buga. No sabía que su estómago pudiese engullir tanta pasta.
Vuelvo tras la excursión y preparo una ensalada. Nunca me ha gustado el verde pero desde hace un tiempo me he aficionado a un compuesto a base de rúcula con parmesano sobre el que esparcir pasas, pipas de girasol, tomate cherry o manzana, bien regado con aceite y vinagre de Módena. Prefiero no decirles en qué ha quedado el invento, es muy triste. Al primer bocado lo acompaña el diagnóstico de un entendido sobre el avance de la viruela del mono: «Vamos a un escenario en el que van a registrarse casos en muchos sitios durante tiempo. Ya existen múltiples cadenas de contagio activas. El colectivo con un enorme riesgo es el de las personas que tienen una vida sexual trepidante». Menos mal. Al fin algo tranquilizador.

Estrellas sueltas

El actor elegido en Cannes para una masterclass, tal como la llamó de coña el invitado, fue Javier Bardem. Repasó vida y obra ante un público entregado: «Mojarme es como tener ojos y el pelo castaño, aunque me haga sumar enemigos. Pero te hace crecer». Jo, así ha crecido. Hasta el punto de compartir con el auditorio la secuencia del primer escarceo con Penélope: «Nos empezamos a besar porque lo pedía el guión y nadie nos decía que paráramos. Cuando nos dimos cuenta estábamos solos, el equipo se había ido… Luego, al casarnos, Woody nos envió la grabación como regalo de bodas». Fijo que pensando en Farrow, como si lo viera.
Solo una peli optaba a la Palma de Oro, sesenta años después de que Buñuel la ganase con «Viridiana», la única que lo ha conseguido. España es un país de nadales, gasoles, ramones y cajal…pero infinitamente menos de proteger a una industria en la que brotan estrellas sueltas, de apostar por la ciencia y la investigación como Dios manda e incluso de evitar hacerse la picha un lío con la trascendencia de la filosofía. Se ha avanzado en la mayoría de terrenos -estaría bueno- pero, además de lo reseñado, cuesta un mundo consolidar una red protectora de los perfiles de población que la precisan para respirar tal como ocurre en horizontes cercanos. Quizá algo tenga que ver el que las leyes educativas no deriven en un Far West.
Resulta instructivo seguir a Emilio Lledó ante la diatriba de que si quien manipula la educación puede manipular la sociedad: «Hay grupos intelectuales y religiosos que intentan dominar la educación, porque es dominar su futuro, sobre todo si es un futuro de insensatos, de indecentes, de gente a la que solo le interesa el dominio económico, aunque se arruine la mente. La influencia de esos intereses es muy grave porque no están sustentados en la libertad». Salvo en la Comunidad de Madrid, profesor, que es donde la fabrican.

El árbol sin sueños

En la previa del choque, Steve Kerr, que fuera base de los Bulls de Michael Jordan y hoy entrenador de los Warriors, compareció demudado: «No voy a hablar de baloncesto. Desde que salimos del entreno unos niños y sus profesoras han sido asesinados. ¿¡Cuándo vamos a hacer algo!? ¡Basta! Hay 50 senadores que se niegan a votar una ley estancada dos años en el Capitolio. Les pregunto: ¿Vais a poner vuestro deseo de poder por delante de las vidas de nuestra gente? ¿Os dais cuenta de que el 90% de los estadounidenses quiere un control de antecedentes para comprar armas?». Aunque clasificados para la final, los suyos perdieron ese partido.
Tengo ante mi el cuadro escolar repleto de sonrisas de las criaturas que ya no están. Apenas salgo de ahí. Tan solo para acercarme a la imagen de Irma García, la «seño» madre de cuatro chavales, que murió como cielo protector y la de Joe, su marido con una cara de felicidad igualita a la de mi Pascual, que dos días después se desplomó al entrar en casa y así se quedó para los restos. La que no ha circulado ha sido la de la abuela del autor de la masacre quien, tras ser la primera diana del rifle, pidió auxilio. El nieto no daba un palo al agua. Dejó las clases y, encerrado en la habitación donde se alimentaba con fuego entre videojuegos y redes, aprovechó cumplir 18 para disparar de verdad y salió a estrenar la compra. En fin, lo habitual.
El 50 por ciento de las armas que en el mundo pertenecen a civiles se encuentran en manos yanquis. Cargado de impotencia, su presidente se ha preguntado: «Por qué esta clase de matanzas casi no sucede en otra parte del mundo. ¿Por qué?». La respuesta republicana apunta a dotar de más agentes a los colegios y a entregar revólver con munición al maestro. Me tiro de cabeza a García Teijeiro, referente de la literatura infantil y poeta: «Mi árbol tenía sus ramas de oro/Un viento envidioso robó mi tesoro/Hoy no tiene ramas/Hoy no tiene sueños mi árbol callado, mi árbol pequeño». Para los descendientes directos del wéstern resulta más crudo refugiarse.

El jugador número 12

Dado que a finales de los sesenta el Telediario abría con Londonderry y con las vicisitudes de Bernadette Devlin puesto que dentro no pasaba nada digno de mención y con mayor motivo si pasaba, me aficioné a las retransmisiones deportivas. Cuando no era Santana, me estremecía viendo parar a Perramón o a Julio Jiménez imponerse en cualquier escalada, que era lo nuestro. Escalar y escalar a ver si así llegábamos a algún sitio.
Ello me llevó a cruzar la adolescencia de la man0 de firmas seductoras que poblaban las páginas especializadas en todo ese ramillete de competiciones como las de Fragoso del Toro, Antonio Valencia, Fernando Vadillo, Julio César Iglesias que, junto a otras del diario local, te abrían un arsenal de sensaciones. Cerca de cincuenta años atrás publiqué el primer texto que me proporcionó un pellizco similar al que se produce a día de hoy. Nada más dar con los huesos en una redacción vino El butanito al Aula Magna de Derecho, que estaba a reventar. Al igual que ocurriría con el paso de las ediciones al plantarme ante Alberti, Raimon o el temido carácter de Di Stéfano, me dispensó un trato que ni que se hubiera presentado a entrevistarlo Larra redivivo. Eran años en los que el presidente de un club dedicaba su tiempo libre a intentar cortar la cabeza de quien osaba criticarle. Juro que no lo he soñado.
Justo hace una semana, y entre un torrente de soberbias tesis, me topé con esta información en una de esas cabeceras: «El Madrid planifica el futuro con Mbappé y guardará silencio hasta después de la final. El club cuenta con el sí del jugador. Ofertas sin confirmar, mensajes borrados, bofetones de la madre al Barcelona… todo eso y más no han logrado alterar el pulso». Y he aquí al mismo payo, pero el domingo: «La traición que perseguirá a Mbappé toda su vida». Lo que no entiendo es que el oficio ande en crisis. También hay que tener valor para llamar periodismo a esto.

Viento en popa a toda vela

Cuando en medio de escándalos e investigaciones judiciales el rey emérito se dio el piro, su hijo le agradeció el gesto. Tras el «reality» de la temporada que ha protagonizado con el retorno, Felipe VI debe estar contento con su visión de la jugada. Pese a las caídas y a los problemas de cadera, se le olvidó que su padre, regatear, regatea desde hace más tiempo que él.
Mientras el actual inquilino de La Zarzuela se curte para ver cómo maneja su barca, el pepé por boca de Cuca Gamarra se ha dado prisa para liderar el club de fans del soberano de Sanxenxo: «No hay institución que deje viva este Gobierno. Al final, todo lo que hace debilita estructuras. Solo faltaba que un español no pueda venir cuando lo considere oportuno. Es algo muy básico que debiera respetar el Gobierno. Esperemos que don Juan Carlos disfrute de una buena estancia en la que es su casa». Es lo que tiene Vox: que no necesita hacerse el machito para que el tendido aprecie que con el sucesor de Casado come en su mano. Y Abascal, que para eso es Santiago, sabe que, en cuanto a darle consistencia guapa al pulpo, hay que pillarle el punto y dejarlo un poco duro nada más para no tener dificultades a la hora de hincarle el diente. Y entonces: ¡Ñam, ñam!
Son horas frenéticas. El intercambio cultural ­-bueno, llámenle equis- con los paises árabes más cucos se completa a través de la visita del emir de Catar y del juego que se trae Rubiales. El fondo bajo el que se mueve el primero maneja un presupuesto cercano al 40% del pib español por lo que, como nos descuidemos, compra la Piel de Toro, ofrece la dirección del territorio a Piqué y este traería a Pep de gurú plenipotenciario. El presi federativo también ha estado encantado de conocerse al vender que colábamos por la Supercopa avances occidentales y ahora tiene encima el ojo de Anticorrupción porque al final la que ha partido la pana ha debido ser Arabia Saudí. De no actuar, ya sabemos a quién no le importaría darse un garbeo a hacer el saque de honor. A su edad ni Mbappé regateará con tanto cuajo.