Discúlpenme, pero me siento pletórico. Después de lo que nos ha arrebatado esta ola de tinieblas sobre la que remamos, he hilado un reguero de encuentros rebosantes de afecto de esos que te surten de gasolina para unos buenos kilómetros. Ya saben: ese lujo que es hoy repostar.
Y todo a base de paseos, risas, muchas risas, comidas bajo techo, concierto chachi de clásica y un par de pelis de las que te dejan buen sabor de boca dando igual que diluviase o que saliera el sol por Antequera. Vamos, como en los viejos tiempos. Me alegré no solo por mí sino por un apasionado al arte dramático que días atrás apuntó que me encontraba pesimista. Así que, con él de fondo en la mollera, me zambullo en la actualidad convencido de cambiarle la percepción y con lo primero que doy es con el diagnóstico del investigador en enfermedades infecciosas, el epidemiólogo Oriol Mitjà, que no es el único en predecir que en los próximos meses puede llegar una nueva variante del covid19 mostrándose muy crítico con el adiós a cuarentenas y mascarillas: «No debemos empezar a normalizar. El virus anda replicando más que nunca e invadiendo Asia. Se expandirá, nos cogerá con la inmunidad muy baja porque hace tiempo que recibimos la última dosis y causará una ola grande, ya veremos de qué gravedad». No he terminado de digerirlo cuando llama mi hermana, le pregunto por el plan para la semana, ella que heredó con el veneno paterno el afán por no dejarse una sola cofradía en el tintero, lo que ha llevado fritos a los de su enterno más próximo, y me dice que no va a verlas, que no tiene la menor intención de adentrarse en medio de la marabunta. Estupendo.
¿Qué tramar para el ansia acumulada? Pues, lo que mandan quizá los cánones. Deshacer la maleta, replegar velas y sacarte rápido de la cabeza a la criatura extrañada por presentirme tristón antes, claro, de que me asalte el espíritu de Will Smith.
Autor: fesquivel74
La gota malaya
Pues, nada, que resulta que el de Instrucción nº 47 de Madrid ha admitido a trámite la querella de Anticorrupción contra Luis Medina & Alberto Luceño por el presunto «pelotazo» de unos seis millones en contratos para material sanitario del ayuntamiento al inicio de la pandemia, o sea cuando esta era criminal. En su sepelio, el expresi del pepé se despidió de los enterradores haciendo gala de la determinación empleada a la hora de luchar contra las corruptelas. Y en esa línea designó a Martínez–Almeida como portavoz del nuevo orden establecido. Así que, por Dios, esperemos que no, ¡otra vez, no!
La pareja aludida será llamada a declarar después de Semana Santa puesto que pende sobre sus cabezas delitos de estafa, falsedad documental y blanqueo de capitales con tarifas infladitas y productos defectuosos de por medio. Tanto que el juez baraja embargar los bienes de lujo adquiridos con las ganancias. El menos conocido de los encartados, que ha sido dirigente de escuelas de negocios o así, se presentó al consistorio como «experto en importación de productos del mercado asíatico con fábricas en China a su disposición, más agente exclusivo de la malaya EEE» que, a pesar de que la sola enunciación habría encumbrado a Pepe Gotera y Otilio como virgueros estilistas en lo suyo, pasó todos los controles habidos y por haber. Por su parte, el hijo de Nati Abascal y del anterior duque de Feria no presentó currículum alguno por razones obvias al tratarse de un empresario sin actividad empresarial que abomina de la fama aunque se deja querer, por lo que habría tirado de agenda dado el perfil de emprendedor nato que es. Y, claro, se ha liado parda.
Al igual que Ayuso no conocía la operación del hermano con la Comunidad, el alcalde afirma no saber que fue a su primo al que presuntamente utilizó Medina. En fin, para exaltar tanto a la familia como la exaltan, mucha cuenta no es que le echen.
El peregrino enigmático
En uno de los sondeos tras ser elegido Feijóo timonel de la embarcación pero antes del concilio y de que eche a andar su destacamento, el pepé ha recuperado gran parte del caudal perdido por la entrañable porfía que dejó a sus seguidores sumidos en el pasmo, sin saber hacia dónde mirar salvo más a la derecha, porque Ciudadanos ni está ni se le espera como a Rivera en el bufete. Todo esto lo ha conseguido el sesentón aspirante a lo máximo antes de decir ni mu. Así, cualquiera.
En el tiempo que va desde el «teodorazo» contra el MAR hasta este lunes un grupo de investigadores ha analizado 1,3 millones de tuits para dar con el sentimiento provocado por el Ayuso & Casado post revolica. Hay que tener ganas. Cierta fauna es capaz de convertir a sesudos pavos en genuinos frikis. Bien, pues la conclusión es que el 90 por ciento de los mensajes fueron adversos hasta un día en que los relacionados con ella se tornaron positivos sin poder los especialistas explicar el por qué. Claro, como curran en la uni de Cardiff igual no saben de Miguel Ángel Rodríguez y tampoco hay demomio informático alguno tope sofisticado capaz de detectarlo. Un comentario de fan dice: «Eres muy grande y te invito Isabel a que fiches por Vox». Como se le ocurra, veo de refugiado a Abascal en Génova, 13.
Ahora bien, en el estatus actual, hasta dónde pretende el peregrino tenerlo de cerca. «Chi lo sa». Lo más relevante sobre los designios de esta nueva edición mariana es el enigma que representa. Bien es verdad que en primera fila le hizo la cobra a la chulapa madrileña, sabedor del terreno que pisa puesto que, millennials, no es que sea. Lo que ha propagado es su adicción al sistema de dos escuadras hegemónicas: «No creo en las modas, solo en lo que permanece después». Dado que su pareja -no Moreno Bonilla– fue impulsora y gran estandarte de Zara Home, ofú, no sé. A ver si por ahí vamos a tener ya guasa.
Adiós a las casualidades
Un entendido deslizó que no me quedaba mucho para tener que cambiar de iPad puesto que acaba de cumplir seis años. Pero el que se me ha muerto es el ordenador. Y teniendo en cuenta que es de 2007, no descartaría que haya sido un francotirador de Apple. Buena es la basca.
Verte venir lo que te aguarda dentro de ese mundo solo está si acaso al alcance de nativos. Haciendo «zapping» semanas atrás me detuve un instante en un partido de Copa entre Chelsea y Chesterfield al desconocer que esta localidad tuviera un equipo en danza y provocarme el topónimo un cañonazo de recuerdos puesto que mi padre se metía entre dos y tres cajetillas diarias. De cualquier forma la fábrica en Virginia ya que la marca famosa que brotó en el pueblo inglés durante el XVIII fue la del sofá Chester. Al hombre de la casa cuando éramos pequeños le daba igual el butacón que la cocina proporcionando de ese modo un rastro de pitillos sin filtros al hábitat que daba gusto. No se me ocurre por qué ninguno de los que dejó en este mundo fumó jamás.
El caso, como digo, es que me quedé nada, una mínima secuencia por la curiosidad en torno al equipo enfrentado al de Abramóvich. Bien, pues al día siguiente recibí una llamada desde Chesterfield. Piensas: cómo puede ser. El móvil acumula a sus espaldas un reguero de telefonazos sin descolgar desde ciudades británicas, escandinavas y centroeuropeas de aquí te espero. Al verlos entrar es como si dieran calambre. Aseguran que al contestar pueden entrar en tu cuenta bancaria y darle un tajo guapo en el supuesto de contar con fondos. También intentan abordarte por mensajería según me advirtieron en la dirección a la que presuntamente había solicitado un paquete. Aunque, dentro de este sinvivir, lo más grande fue el tono categórico del Santander advirtiendo que «su cuenta ha sido bloqueada temporalmente por motivos de seguridad» cuando nunca he trabajado con él. Ignoro qué será lo próximo, pero para fumarse encima es.
Con la que está cayendo
Llueve, no para. Me refugio en el coche e instalo la sala de espera en
las faldas del castillo sobre un recodo en el que no interrumpo nada.
Frente por frente sobresale una clínica con lo que el trasiego de
sirenas comparte algo más que atmósfera. Sobrepasado, desconecto de
las noticias y retomo el volumen que acaba de regalarme el trío de
vástagos, que no es otro que «Yoga». Presagiaba que no era eso lo que
pretenderían, sabedores de que cuando el fisio me cogió por banda lo
primero que soltó fue «qué bloque eres». Emmanuel Carrère, que sí es
practicante de la especialidad, no la utiliza de eje en su última obra
sino como el papel de envolver de la vomitona que se pega el mesié.
«L´enfant terrible» de las letras francesas, o uno de ellos, relata la
peripercia de sus no pocos naufragios pero el muy canalla lo hace con
arte para dar y tomar por lo que no sume a uno en la angustia, que es
lo único que nos hace falta. Son recursos del ser humano. Cuando
acercarse a repostar o ir al dentista se han convertido en actos de
estremecimiento similar surgen ocurrencias que actúan en defensa
propia. En una de ellas se ve aproximarse al conductor a la garita y,
tras decir que le llenen el depósito, escucha: «Tiene que traer las
tres últimas nóminas y su vida laboral». Y en otra, que se seguramente
le habrá llegado por cualquier vía, es el operario el que pregunta si
quiere 95, 98 o diésel a lo que, desde fuera del coche, halla
contestación: «No, solo estoy mirando». Por mucho que te atrape la
lectura resulta inevitable con la que está cayendo que la cabeza se
vaya de allá para acá. La forma en que baja a los infiernos el
escritor de mi quinta termina proporcionando un halo de luz a la
oscuridad igual que el ánimo del que son capaces de investirse los
refugiados, que también cruzan las páginas elaboradas por el menda
parisino, y la sonrisa arrancada a un reportero de guerra proyectan
una dosis de esperanza en que la reconstrucción no tarde en llegar. No
queda más remedio que intentar concentrar la mente en ello. Desde
luego muy hinduita habrá que ser.
Todo un horizonte
Por si faltaba algo, Sánchez ha dejado patidifusos a los más cercanos.
A una parte nada despreciable de las bases que lo auparon, a la
totalidad de la sopa de grupos que lo mantiene al frente del guiso, a
Yolanda, eternamente Yolanda y a los Bardem, de su puño y letra, los
tiene contentos: «Nosotros, como tú, madre, seguiremos pidiendo
siempre un ¡Sáhara libre, ya!». La cesión al chantaje marroquí, cosas
de la real politik. Qué asco». Sería para que la oposición anduviera
dando vueltas de campana si no fuese porque dar vueltas de campana es su jobi.
Sin contrapeso alguno, el peregrino de la Xunta, consorte de Zara
Home, ha dejado el «bon camiño» y ha alcanzado el 99,63 por ciento de
refrendo para el inicio de esta andadura mientras que el primer
espécimen elegido en primarias permanece desaparecido en combate
dejando patente que, desprenderse de esos flecos de democracia
orgánica que aún cuelgan, nunca es fácil. Resta por dilucidar quiénes
quedarán en la cuneta. Pese a existir voces que hablan de que expulsar
a los desfenestrados es ir demasiado lejos, la inductora del golpe y
majestad del libre reino de Madrid no los quiere ni en pintura. García
Egea tiene trazas de que se incorporará a su plaza de asociado en la uni católica de Murcia y, en el caso de su jefe durante este tiempo, lo recomendable sería que aproveche para que le den clases. Respecto
al primero, los acólitos señalan que la hiperactividad le impedirá
quedarse quieto. Ofú. Nada más trasladarse a Madrid no hace ni cuatro
años dejó claro el deseo de tener familia numerosa sin ponerle límites
al número de hijos. Su mujer debe estar deseando que le den como
mínimo una comisión. En el Congreso, me refiero.
Y del resto de formaciones, que les voy a decir. De Ciudadanos, poco; de los independentistas, que se les ve perdidos para la causa y de los mozos de Vox que, de lo único que huyen, es de que los llamen hijos de Putin. De modo que, en medio de tal paisaje, lo que de verdad se impone es que haya elecciones. Estamos deseando.
Sin perder el anhelo
Aún cuando debían ayudarlo para subir al coche, aún cuando las cuerdas vocales no pensaban volver por sus registros, aún cuando las fuerzas iban abandonándolo quiso desplazarse digamos que hasta el penúltimo día a su puesto de comandante en jefe para verse al frente del barco agarrándose con fuerza al ansiado anhelo de sortear el temporal desatado en sus adentros.
Acostumbrado a organizar necesitaba tener a mano los puntos en
los que iba a apoyarse, por lo que en cuanto supo del diganóstico lo
puso en conocimiento de su círculo más cercano. No quería que nadie se despistara, precisaba del calorcito. En los inicios del tratamiento,
los mensajes se estabilizaron en torno a «poco a poco; días mejores,
días …». Así, con más o menos ganas, no dejaba de atender ninguna de
las misivas. En una de ellas, en la que confesó que «podría estar mejor, pero también mucho peor», aproveché la circunstancia de que estuviese leyendo a Eduardo Mendoza para sugerirle que viera la última de Cesc Gay, consciente de que entre unas cosas y otras se habría interrumpido la costumbre de ir con los suyos una tarde al cine. Al cabo de pocas horas ya la había visto sin dejar de poner que «ha sido
la mejor hora y media en mucho tiempo», convirtiéndose de ese modo en unas de las mayores satisfacciones que uno ha podido llevarse a la
boca en este par de años de estrépito.
Juan Antonio Gisbert se va tras haberse cimentado una leyenda
como gestor de primera porque ni sus contrarios la ponen en duda.
Ahora bien, no habría que descartar que todo ese desempeño hubiese
sido en el fondo una excusa para poder entregarse con toda su alma sin
que nadie pudiera decirle ni mu a los Moros y Cristianos de Alcoy
desde su Filà Judios. Pese a ocupar cargos de primer rango siempre
buscó pasar lo más desapercibido posible, pero si sintonizan YouTube
ahí lo encontrarán en formación con la escuadra y la Santa Bárbara a
los acordes de «Éxodo». Como el suyo, de los que dejan poso.
En torno a la agitación
Quedamos para ver «La peor persona del mundo». Con este reclamo hay que tener ganas. Pero no. Se trata de un viaje al interior del alma
treintañera y su correspondiente tute de dudas ideado por la cabecita
inquieta de todo un cuarentón danés que se ha echado a la espalda
cinco largometrajes con un imán que te impide despegarte. En «El amor
es más fuerte que las bombas», Joachim Trier encoge el aliento con el
vuelo que realiza sobre el personaje de Isabelle Huppert, experta en
darte la tarde, y la agitación que provoca alrededor. En esta ocasión
recrea a una afamada fotógrafa de guerra, tocada del ala, a la que el
gran Gabriel Byrne, su marido, le ensalza antes de embarcar el trabajo
que esa mañana lleva el diario mientras que ella observa con el rictus
amargo cómo el de la mesa cercana pasa la página sin detenerse a punto como está de volver al frente a jugarse el pellejo.
En la cocina de casa se da cita un trío de treintañeros a tomarse
una cervecita e intentar poner en orden las piezas del desbarajuste
que nos tiene a todos en un ¡ay! Uno de ellos, chileno, es un fabulador nato con cierto reconocimiento literario y está que se fuma encima porque a cada minuto es más difícil contrastar. Le fastidia no poder ver ni «Russia Today» cuando Occidente otorga sus bendiciones a la Fox. Aunque no hubiesen nacido como es el caso, los sudamericanos saben que a la hora de nombrar a Kissinger no estamos hablando de un prota de ficción y lo llevan grabado a fuego. Quien anda cometiendo la
aberración a día de hoy se sabe quién es y hasta en el título de Trier
se señala, pero lo que cuesta más es descifrar porqué se ha llegado a
esto. El profe de Geografía Humana, Joan Romero, alerta al respecto en
uno de esos análisis que son de agradecer cuando señala que «nunca
sabremos si la situación en Europa podría ser distinta en caso de
haberse respetado los compromisos asumidos tras la implosión de la
URRS». Que la generación que acaricia los puestos claves indague en las razones anima. Para qué voy a engañarles yo también.
El marido de la alcaldesa
A los catorce meses de descubrirse que se había vacunado contra el
covid antes de tocarle y en espera de si la decisión judicial sentencia a él y su mujer la regidora de Els Poblets por ir de listos, el alcalde de El Verger, Ximo Coll, se ha dado por vencido. Otra cosa es cómo lo ha exteriorizado. Por situarnos, recuerda a esas escenas que registran cualquier partidito de Liga. ¿Ustedes han visto a algún jugador al que le señalen una falta sea la que sea y que asienta? Les rogaría que me lo envíen contra reembolso. ¿O lo que les suena es que, nada más hacerla, levante los brazos encongiéndose de hombros aunque el que esté tirado se haya quedado para el arrastre? Pues eso: a Ximo lo han enviado al vestuario hacia donde se ha ido exigiendo explicaciones porque, por Dios, él no ha hecho nada. Como Casemiro, vamos.
Y, bueno, presenta su dimisión pero caliente es poco. En la antesala del desenlace, dos de sus concejales renunciaron a las delegaciones de mayor entidad y, después de que el marido de la todavía edil en el pueblo de al lado hubiese sido suspendido de militancia tiempo atrás por el embrollo de marras, dejaron caer que en las próximas encabezaría una lista independiente. Así que no solo se ha despedido sino que se va pavoneándose de que no se presentará ni aunque se lo supliquen. «Ahora que el pesepevé busque a ver si encuentra a alguien que tenga mi vocación de servicio público… Eso sí, olvidan que me quedé a 70 votos de la mayoría absoluta», ha asegurado en un gran acto de contrición. Y no digamos de humildad.
Cuando acaban de cumplirse dos años desde que el confinamiento
vino a visitarnos por lo que casi se convierte en algo irremediable
consignar las páginas de cuanto hemos pasado quienes podemos contarlo, en versión del exburgomaestre de una localidad de la Marina Alta en la que pesa lo suyo el tanto por ciento de población alemana, rumana… con lo que él se queda es con la de vecinos que se han puesto a llorar nada más encontrárselo. Y tanto. Es que no debe ser fácil contenerse.
Alaridos que retumban
A Paul Mason, periodista y ensayista británico que pasó por la bicicí
y ahora se asoma desde «The Guardian», el Foreign Office le instó un
día antes de la invasión a que saliera pitando de Ucrania y a su
regreso ha advertido que «Putin utiliza los corredores humanitarios
para trolear Occidente». Nos tienes contentos, Vladimir. Y, a los
agredidos, qué les voy a contar. Tanto que han formado una legión de
hackers voluntarios enchándole un pulso a la órbita del Kremlin con
una tormenta de ciberataques. Lo cierto es que estaban ya hasta el
moño porque en los últimos años han sufrido más de cinco mil desde
Rusia y, dado que hoy con los sacos terreros no da, a distintos canales y servidores de sus agresores los piratas informáticos los llevan fritos.
Con vista a los desplazados, el departamento correspondiente
designó Barcelona, Pozuelo de Alarcón y la Ciudad de la Luz como
centros de recepción tras ceder las instalaciones la Generalitat. Esta
última habrá de esperar; hay que adecuarla. Tampoco va a extrañarnos
cuando quienes la impulsaron se mostraron incapaces de propulsar unos estudios de cine y televisón que, de pilotarse con maña y cabeza,
podrían haberse convertido en referencia hasta irradiar y atraer otras
disciplinas convirtiéndose en polo de atracción en vez del juguete roto al que no ha quedado otra que buscarle las salidas que se ha podido.
Sin comparación posible, lo dramático es esto que se nos ha venido encima y que ha llevado a que Europa inicie en Versalles un rearme por cómo está el patio. Indigna la inhumanidad y el cinismo de los que han preparado un plató de semejante género al tiempo que zarandea un inmenso dolor por las muertes, el destrozo, la diáspora y sobrecoge, por qué no decirlo, la impresionante muestra de solidaridad levantada a nuestro alrededor. Es dar un paso y ha surgido otra. Y otra con gente de toda clase y condición que, activada, allá que va al toparse en el horizonte con ese reclamo que es un destello de lo más desgarrador entre tantos como se amontonan dentro de la programación. En este caso, el de Mariúpol «mon amour».