El toque de distinción

Nos hallábamos en una cafetería enzarzados con amigos en la habitual conversación encendida cuando, tras unos compases de repiqueteo, es Rosa la que nos baja del guindo: «Chicos, que hay Papa». El eco de campanas fue aumentando y constatamos que enterarse por tan tradicional procedimiento tiene su punto. La iglesia que nos acercó la buena nueva antes que la factoría equis de Elon Musk es Santa María de Gracia, nada menos que el título más antiguo en el culto mariano de la orden agustiniana a la que, como ya sabe todo quisque, pertenece León XIV. Como mínimo nos ha tocado la pedrea.

    No sé si sería cosa del destino o la mano de Dios quien pocos minutos después nos puso en presencia de Albert Boadella. Si durante el torrente de trazos sobre la presumible identidad del pontífice ha sobresalido la calificación de poliédrico debido a su vasta formación y la multiplicidad de actividades, qué voy a contarles sobre el enjambre que arrastra el creador de Els Joglars y ex emperador de Tabarnia. Alguien que ha fustigado con sátiras de lo más guapas a Pujol, a la maquinaria que puso en marcha y a otros seres del universo próximo, no por ello deja de apreciar en el reciente montaje «El rey que fue» en torno al emérito la vida repleta de contrastes y lo extremadamente complicado que para él resulta ser heredero al trono. Nunca ha hecho Shakespeare convencido por razones de sobra contrastadas que lo suyo son las «boadellas», aunque en parte se metaboliza en el dramaturgo inglés convencido de que hoy a este le habría seducido más el Borbón del Golfo Pérsico que los monarcas que retrató.

      Albert ha contado con el toque de distinción de transferir a los actores el alma del personaje y clavarlo incluso sin que físicamente tuviesen nada que ver hasta lograr combinar lo disruptivo con la salvaguarda de la tradición. Para la puesta en escena que aguarda al Papa a la hora de tender puentes como pretende a ver cómo se las maravilla. Es posible que el Espíritu Santo recurra de entrada a un coaching.

Mirar y ver es la cuestión

Me he sumergido en la muestra fotoperiodística de un año revolcado en un otoño siniestro por la fuerza de la dana y por el desasosiego que se perpetró. Pero los diseñadores de la exposición han tenido el acierto de rodear de vida por todos lados el destrozo de aquellas primeras jornadas con lo cual el impacto de la gran herida es incluso superior. Porque, por mucho que cueste afrontarlo, el día a día se impone.

     A veces los cazadores de las secuencias que nos rodean remarcan ángulos extraviados que anticipan lo que está por venir. No es chamba, son las horas dedicadas a patearse la calle y la contrastada percepción de que, por difícil que parezca, en este territorio nuestros clásicos son capaces de superarse. Si no no se explica la instantánea captada en febrero del 24 y el ojo de detenerse para disparar al paso de la comitiva quedándose con ese encuadre y no con cualquier otro. En él caminan por el bulevar el tal Mazón con la consellera Salomé Pradas atendiendo es de suponer a las explicaciones del alcalde de turno y aparecen semi reflejados en el cristal de un comercio en el que, sobre la silueta de un astronauta, clama un llamativo artificio de venta: «Houston, i have so many problems…». Transcurridos unos cuantos meses no hace falta que les diga quiénes no pueden salir del escaparate.

    El recorrido completo acoge el desbordamiento solidario con estampas que sobrecogen junto al arraigo de tradiciones desparramadas por múltiples rincones y otras pasiones como vivencias en torno al esférico, destacando lo acontecido alrededor de la final de la última Eurocopa con España e Inglaterra en el frente. El gesto pescado por el «clic» en la zona guiri de Benidorm es de campeonato. Presenta a un hooligan sobre la muchedumbre con el culo a la intemperie pegado a la cara de asco de una señora. No se me ocurre una metáfora mejor para la más sucia por dentro de las prácticas deportivescas que vuelve loco a medio mundo y parte del otro. Y de ese modo, con semejante tino, quedamos retratados los que faltábamos.

El desparpajo del matador

Morante salió el jueves festivo con ganas a la Maestranza y la gente se daba codazos por comprobar si esta vez sería posible. Los veteranos de la plaza tienen ya buena parte de las extremidades en carne viva porque son los mismos que se acercaban a embelesarse con el paseíllo del Faraón de Camas que, en el noventa por ciento de las tardes, era lo único que les ofrecía Curro. Solo eso, pero ¡qué manera de envolverse en el capote! El de la Puebla se ajusta una montera dieciochesca que, según los académicos, es el único que puede llevarla. En esta ocasión la cara tampoco desentonaba. Anduvo aseado con el primero y aguardó bien pertrechado al segundo. La afición que, a estas alturas de la controvertida tradición tampoco está para muchas exigencias, sembró los tendidos de petición de trofeos. Mientras la presidencia se hacía de rogar, acérrimos del diestro desplegaron una pancarta que iba más allá: «Habemus Papam».

      Para este sector de creyentes el cónclave quedaba resuelto antes de arrancar y a un carro similar se subió en la misma jornada Santiago Abascal quien, tras la multa de cerca de un millón de euros a su formación por financiación ilegal, acusó de prevaricación a los consejeros del Tribunal de Cuentas, se empleó a gusto con el Gobierno y con ese desparpajo que lo contempla despachó la faena de los tejemanejes que se trae dándoselas de matador sin reparar en las costuras que asoman. Presume de hablar poco porque no puede piar demasiado pero, cuando se luce, aprecias lo bien que sienta su mudez.

      Lo de Morante es hacia dentro, pero en una campaña electoral invitó a Abascal a su finca: «Cuando empecé no recuerdo movimiento animalista alguno y yo era un orgullo para mi pueblo. Al cabo de 25 años se ha vuelto muy difícil y por eso la ilusión de Vox y de Santiago. Es una esperanza no solo para el mundo taurino, sino para los que viven de las costumbres de su país». Con eso de las costumbres lo clavó, maestro. Solo que a quien se llevó a una tienta, las que le tientan son las que le tientan

Mazón entra en acción

Ya sé que no se conocen las causas que provocaron el gran apagón, pero lo cierto es que podían contabilizarse no pocos componentes del Partido Popular Europeo deseosos de que la dichosa cita en Valencia diera al traste. Y una solución así no tenía rival: no había que trasladarla como se empeñó Feijóo en la antesala de que sus correligionarios le tumbasen la idea y existían un porrón de posibilidades de que el desplazamiento de asistentes se viera frustrado en algún enlace. Más rodado imposible. Yo no digo que la organización que comanda la Eurocámara haya sido el agente ejecutor de la súbita pérdida de 15 gigawatios de generación eléctrica del sistema en España, pero indicios…

     Y mucho más cuando fuentes dignas de todo crédito han dejado caer que, al poco de irse la luz, Mazón se puso manos a la obra. Los trenes se pararon, los frigoríficos se trastornaron, los cajeros se congelaron a las 12,33 y a las 12,34 él ya estaba en marcha. Sin que en su agenda se registrara, lo primero que hizo fue presentarse en la prueba de llaves para la apertura de la hornacina del camarín perteneciente al monasterio de la Santa Faz. Nada más cumplir con el rito fue a saco. No quiso perder tiempo y aprovechando que en esta ocasión tenía al equipo de asesores a su alcance les transmitió con anterioridad que le preparasen los accesorios necesarios para hacer frente a entornos peligrosos. En el mismo coche oficial, como si de 007 se tratara, fue cubriéndose el cuerpo con casco, gafas, guantes, botas de acero y tapones para los ruidos que igual se perpetúan y se subió a un poste de alta tensión, en lo que es especialista. De momento no hay imágenes porque no suele gustarle airear el rastro de sus proezas.

    Sin respiro apenas pone rumbo a Nueva York y Miami para chequear el impacto de la política arancelaria de Trump en las empresas de aquí, que es el tipo de análisis que estas hacen por videoconferencia con tal de ahorrar gasto y ganar tiempo. De su trayectoria es lo que resplandece: que siempre acude adonde tiene que acudir.

La condición humana

El papado de Juan XXIII no completó ni un lustro. Con ojos actuales resulta inverosímil comprender cómo alcanzó aquel grado de popularidad. Por estos lares las teles apenas si existían. Pero sí un factor diferencial: familias al completo en misa de 12 los festivos. Y, además, el cierre del «Papa bueno» fue el Vaticano II acercando la celebración de la liturgia a los fieles con centenares de jóvenes que cerraron la década cantando junto al altar «Oh happy day». Tras morir, a espaldas de casa no es que le dedicaran una calle, sino que empezaron a construir un barrio con su nombre. En Avellino, la tierra de Tony Soprano a 50 kilómetros de Nápoles, el equipo ascendió igual que en varias ocasiones al fallecer un pontífice y no podía ser menos con Bergoglio tratándose del más futbolero de la constelación. Su único salto a la Serie A se produjo con el doble deceso de Pablo VI y de Juan Pablo I en el 78. Los designios del Señor son inescrutables.

     Y la prueba reside en el miembro del Gobierno de Sánchez, quejoso de que la oposición ni le preguntara, y que cuando le han dado cuerda es otro. Carlos Cuerpo tiene pinta de estar en contacto permanente con el Espíritu Santo. Si no no se explica que, nada más acabar la reunión con el ariete de Comercio de Donald, diga repleto de fe que ha visto una voluntad de llegar a un acuerdo respecto a los aranceles de EEUU sobre la Unión Europea dándose 90 días para negociar. En cambio el presi ha vaciado medio cargador en otro de los suyos y ha dejado a Marlaska sin alas. Netanyahu ha saltado como un resorte para decirle de todo menos bonito al Ejecutivo por cancelar el contrato armamentístico cuando ha tardado una eternidad en presentar sus condolencias a los católicos. Es la condición humana. 

     Quien desenfundó en campaña para tildarlo de «imbécil» y «representante del maligno en la tierra», ha calificado a Francisco como «el argentino más importante de la historia», se ha presentado en Roma con medio gabinete y de milagro sin «barras bravas». Ese es Milei, un campeón.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

A lomos de la resurrección

Mañana de Jueves Santo en la que la tradición de no pocos puntos cardinales empuja a visitar iglesias. En las del Gran Poder, trianera y Macarena se forman tales colas que puede darte el día del Corpus. Rebasada la hora del ángelus llega la consagración y templos hay para dar y tomar. En esta ocasión, frente al imponente barroco del Salvador, nos decantamos por La Antigua Bodeguita en la que pasamos un rato impagable con las ocurrencias de la feligresía y degustando un amontillado de Jerez junto a un queso curado puro de oveja que paqué. Enfilamos el barrio de Santa Cruz hacia los Jardines de Murillo y, en la intersección, ¿a que no saben ustedes quién estaba plantado como una efigie mirando de un lado para otro como si le dieran cuerda? ¡Paco Camps! Juro que solo fue un amontillado.

     El caso es que por la judería iba pensando en lo que había leído sobre rituales de la pasión a Manolo Alcaraz, capillita redomado y erudito que ha realizado su carrera oficial en la izquierda rodeado de capirotes clavados. Al expresidente se le adivinaba al fondo, pertrechado en las cercanías de la muralla del Alcázar por si acaso quiero suponer. Es tanto lo que ha pateado en los últimos tiempos por localidades de la geografía que lo vio reinar y agrupaciones del pepé en busca de una ensoñación que enseguida pensé no se ha dado cuenta, ha extraviado el freno y ha invadido alguna que otra frontera. O sí es consciente. Tanto que, al escuchar de boca del secretario general Pérez Llorca no inquietarle sus movimientos y sentirse él macareno perdido, según confesión, igual tiene intención de contactar con los «armaos» que escoltan al Cristo de la Sentencia para que le echen una mano si la cosa se presenta cruda, la dirección nacional ningunea la aspiración de celebrar un cónclave autonómico y lo que se impone es la toma de Madrid a golpe de cornetas y tambores. Camps sigue sin sacarse de encima lo que para él ha sido una vil persecución, pero se muestra risueño y pletórico. Es lo que tiene Mazón. Que te hace sentirte grande.

Soledades antagónicas

Lo que me he reído leyendo los avatares de Eduardo Mendicutti quien, tras toda una vida en Chueca a lomos de la jarana y la ficción preferentemente, volvió seis años atrás a sus raíces en Sanlúcar de Barrameda porque le operaron de una pierna «y se suponía que tendría el arrope de la familia, pero no tengo a nadie. Estoy solo». Esta última consideración coincide con la frase de despecho que ha quedado para los anales pronunciada con gran desgarro por Ábalos cuando el mundo empezó a venirsele encima tras unos buenos capítulos en la mochila cargados de ajetreo. Los bajos fondos de los que se empapó el escritor antes de traspasarlos al folio, una minucia al lado de lo que la Uco cree haber encontrado en el patio trasero del que fuera uno de los mandamases del pesoe y gran apoyo de Sánchez en su reconquista del partido. Qué colección de horteradas barriobajeras las que están saliendo a flote en la embarcación del diputado extraviado. Él seguramente no lo nota, pero se le está quedando una cara de Roldán que no se puede aguantar.

     De la mano de García Pozo, volvamos a Mendicutti. «Sanlúcar es estupendo para una semana -asevera-. Después te aburres. Está muy bien para comer en la playa, pero yo estoy hasta aquí de los langostinos, las tortillitas de camarones… Hecho de menos Madrid, incluso el cocido y sobre todo a los amigos. Hombre, aquí en el pueblo me saluda todo el mundo y, sin embargo, no tengo a nadie con quien hablar. Hay una señora italiana que me tiene hasta las narices. Se acercó diciéndome que le había parecido muy interesante. Cuando pasó lo de Rubiales y Jenny Hermoso empezó a pedirme permiso para besarme como si yo fuera una momia». Habría que ver a este hombre de 77 años, solitario, que pese al ajetreado ritmo nocturno nunca ha bebido ni drogado, al que su amigo Molina Foix denomina gay emérito, siendo acosado, alguien que solo pide que lo cojan de la mano cuando esté muriéndose. Qué gusto da hacerse añejo diciendo sin rodeos lo que uno piensa. Si te acuerdas, claro.

La fiel compañera

Me doy de bruces con la única tienda que arregla máquinas de escribir en Madrid, situada en pleno centro. La pasión que heredó Antonio lo convierten en uno de los escasos resistentes que salpican el país. «Compensa mancharse de grasa porque parece que la hayas creado tú», asevera a día de hoy quien dio la espalda a su especialización informática al resultarle muy monótono todo aquello. A pesar de su formación no se recata en señalar lo irónico que encuentra que «directivos de Google me traigan sus teclas a arreglar». Se refiere a las del artilugio, lógicamente. Las de los mendas lerenda se apilan en la nube o qué sé yo dónde.

     El caso es que cuando murió mi tía María me dejó una Corona, que es una joya. Aún refunfuñando sin parar como se pasó toda la vida podía sospechar que me quería, pero no tanto. Me emociona mirarla conservada tras una cristalera como en un museo. La máquina, claro. La primera de la especie nació en Alicante a principios del XX. No sería hasta 1912 cuando se registrase en España a manos del alicantino Abelardo Toledo después de que Christopher Latham se sacara de la manga en 1868 el primer equipo de mecanografía patentado a continuación bajo la marca E. Remington and Sons. Solo les digo con sentida veneración que el cielo bien que se lo ganaron.

     Sin cambiar de canción puedo certificar que Serrat no tiene remedio. Ha dado el paso de guardar bajo llave en el Instituto Cervantes, donde se conserva el patrimonio cultural, piezas de las que mejor le representan y el Nano ha escogido la partitura original de «Mediterráneo» sin dejar de confesar lo mucho que sentía el traspaso; su primer álbum; el libro de Miguel Hernández editado por la bien nacida Losada que en años oscuros le sirvió para poner música a esos poemas que chorrean amor y heridas y, por último, la portátil que llevó a todos los viajes, en la que «he escrito cartas y canciones siendo una gran compañera. Pesa mucho, pero llenó mi vida». Qué difícil es no querer al puñetero.

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Conciencia de clase

Veo la escena inimaginable de Zaplana poniendo la mano sobre el hombro de Camps con la sonrisa instalada en los semblantes y no puedo por menos que pensar en la izquierda que ni cuando deslizan caminar juntos dejan de escupirse. Es que acabo de escuchar a Ione Belarra, requerida acerca de si dialoga con otras formaciones, asegurar haber constituido candidaturas amplias porque Podemos va a hacerlo siempre y, tras ungir a Irene Montero porque para eso es secretaria general y no hay por qué darle más vueltas en círculos claro, concluir con que «estamos en actitud de respeto con IU y las cuestiones en el paraguas de Sumar son que tiene dificultades internas y contradicciones ideológicas». Efectivamente, agrupémonos todos en la lucha final.

     No voy a remontarme a los tiempos de la Primera ni de la Segunda República ni de la Tercera si la Casa Real precipita su llegada dado que en aquellas décadas iniciales del XX la relación entre los grupos progresistas, revolucionarios y anarcos era una fiesta continua. No, prefiero relatar lo que constaté en vivo y en directo durante el tardofranquismo cuando el movimiento obrero y la agitación estudiantil alcanzaron su efervescencia ante la certidumbre de que lo que se había perseguido tantas veces en silencio o desde el exterior empezaba a tocarse con la yema de los dedos. Los más jóvenes que hoy anden ajeno a lo ocurrido pensarán: ¡Ah! Entonces primó la unidad de las izquierdas. Sí, bueno, una piña.

     Entre el pecé, el peté y el emecé había odio africano. Tú pensabas: pero si los del régimen son otros. No he abierto con el afecto entre el pesoe y la prole de Carrillo porque este fue mucho más allá de que se apagara la lucecita del Pardo. Santiago se entendió mejor con Suárez que con los de la cuerda progre y viceversa y Felipe, con cerrarlo todo con Pujolnegosi hecho. Teniendo en cuenta que la marcha que se traen apenas ha variado no es extraño que los exmandatarios de la Generalitat sonrían. Para una cosa que les queda…

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Bailando con lobos

Cuánto echo de menos en este trance el diagnóstico de Juan Antonio Gisbert, siempre tan mesurado y juicioso cuando la soga más se tensa. Probablemente diría que «hay que evitar dejarse llevar por el aquelarre trumpista» y que «no deberíamos dificultar la importación de productos estadounidenses que son relevantes para nuestro ámbito». Lo sé porque es lo que señalan sus continuadores como respuesta al señalamiento global del bicharraco desbocado. Con decir que a Botsuana le ha cascado uno del 37% está todo dicho. A ver si por otro lado eso impulsa la tranquilidad de los elefantes.

     Mientras tanto uno de sus amantes más solícitos se entretiene en emprender acciones legales contra el emisario de las anchoas por atentar contra su honor, más difícil de encontrar que el carro de Manolo Escobar. Para ello el Borbón empadronado en Abu Dabi se ha puesto en manos de Guadalupe Sánchez, estudiante que fuera de la uni alicantina, perteneciente al Colegio de Abogados de Orihuela, mediática perdida con apariciones en Herrera en la Cope, El cascabel de 13TV o en El Toro TV y cuyos libros fueron presentados por la gran defensora del emérito como es Ayuso, a cuyo noviete le lleva lo de su escarmiento aunque todo el mundo sepa que a la que quieren destruir es a ella. Y quien no se entere es porque no quiere.

     Por si la puesta en escena lo necesitase ha vuelto a dar entrevistas Toni Cantó para resaltar que los políticos se dopan más que la basca de la farándula y que él vio la luz para regresar al teatro cuando Miguel Ángel Rodríguez le alertó sobre que siendo difícil entrar en política «es mucho más difícil salir» No hace falta que lo jure. A estas horas, el cineasta Nanni Moretti se encuentra en cuidados intensivos en Roma. Da igual donde estés, cualquier sitio es bueno. En cambio Bruce anuncia que sacará siete álbumes inéditos por lo que se confirma que la fábrica de energía es del canalla. Ha dejado un poco al resto y Buenafuente viene de nuevo a casa. Algo al menos a lo que agarrarse.