Refugio para cortar por lo sano

Un currante del acero en Swansea le dio 1.500 libras a un conocido para que este buscara un sicario que liquidase a su ex. Hoy ambos están siendo juzgados tras descubrirse el pastel y eso que ella ni se había enterado porque el otro se dejó de historias y lo que hizo fue pulirse el dinero en Benidorm. La mujer le debe la vida al intermediario y al gancho de la ciudad.

     Sí, Benidorm is different. España, menos. ¿Que si se distingue por la polarización? Hombre en esa parcela no podemos quejarnos, ¿pero y Estados Unidos? ¿Y Francia? ¿Y Alemania? ¿Y el Reino Unido? ¿Y Argentina? Que se estrena una peli protagonizada por el lisonjero Francella en torno a estereotipos de los aborígenes y la que hay liada entre las hordas de Milei, defensoras de la producción, y los partidarios del kirchnerismo más un manojo de aliados es de órdago. Las perrerías que vienen diciéndose no tiene límites y eso que el prota es muy querido y Homo Argentum un pelotazo. Pero qué más da. Cuando nos ponemos allá vamos.

     Benidorm no es que no forme parte de ese mundo lo que pasa es que suele estar poblada continuamente por foráneos que la escogen para olvidarse de él. Y se produce el fenómeno de que por lo general en sus entrañas conviven los extremos que representan las pobladas caravanas provenientes del Imserso con los batallones de idiosincrasia dispar unidos por el único afán de que no decaiga la juerga. Cada semana un turista británico se pierde a consecuencia de lo que chupa, con el consiguiente susto de familias y amigos, ya que cuando se queda tirado el resto del grupo pasa de él. De modo que al día siguiente no están, aunque quisieran, en condiciones de pelearle la parcela preferente de litoral a quienes se fueron en condiciones a la cama tras tomarse la del colesterol, la de la arritmia y la de la tensión. Si en el día a día cada cual defendiera su posición sin poner permanentemente el énfasis en las salidas de madre ajenas igual Benidorm no tendría los niveles de ocupación que alcanza. 

El corredor en su laberinto

Domingo, 7 de septiembre. Arranco a modo de diario influido aún por el encontronazo con «Romería» y las ganas transformadas en un galimatías para el círculo habitual de amantes de la sala oscura. Al día siguiente Carlos Boyero con «un estilo narrativo que no me engancha» puso título a las sensaciones compartidas y aludo al crítico pese al grado de repulsa que genera según él mismo porque suelen gustarme sus diagnósticos y sobre todo, lo siento, cómo los hilvana.

     Son las diez de la mañana y retomo el hilo. Con cierto retraso sobre la hora acostumbrada me dirigí al quiosco en busca de los periódicos. Hice acopio y, mientras me acomodaba en el coche, vi al fondo acercarse a dos corredores. El que abría, de negro. El segundo enfundado en tono más vivo. Muy vivo. Demasiado, diría yo. Era Mazón. Me percaté al iniciar la operación salida del aparcamiento. El primer pensamiento que se me vino a la cabeza -o a lo mejor el segundo- fue que debía dormir como un lirón. Para pegar el rodeo que estaba dándose es necesario tener el cuerpo descansado. Si no de qué.

    Al día siguiente se marchó pitando a la Vega Baja ante la alerta naranja «para seguir de cerca la evolución del temporal que afecta especialmente a esta comarca» en una información facilitada a través de su cuenta de X. Lo hizo porque quiso, no porque ante las consignas de los especialistas de emergencias el máximo responsable del territorio deba situarse al frente en el sitio que le corresponde. No. Todo el mundo sabe, y así lo han subrayado desde las tripas del aparato presidencial tras la carta de Maribel Vilaplana, que el 29 de octubre «estuvo informado y pendiente» de las acometidas del desastre desde un reservado. Al contrario de Feijóo que ha filtrado la supuesta confidencia del rey exculpando su ausencia del otro día, al parecer Mazón no quiso hacer partícipe a su interlocutora de lo que ocurría, que es lo más natural. Tanto como que, con la pesada carga que lleva en los hombros, haga vida normal solo con exculparse él mismo.

El impacto en las conciencias

La Bienal de Venecia se ha visto envuelta entre el glamour y la barbarie que nos golpea. La presencia de las estrellas del firmamento Cate Blanche, Guillermo del Toro, Emma Stone, Sofia Coppola, Jude Law, Julia Roberts… y la demanda por otro lado de 1.500 nombres del cine italiano básicamente instando al festival a criticar el genocidio, quien enseguida respondió que hacer declaraciones políticas no es labor de la Mostra. El desfile almibarado sobre la alfombra roja y el exterminio y la pesadilla de seres a años luz de la ficción.

     Sobrevolando tanta angustia el silencio a babor y estribor, incluido el atronador de los países árabes. De ahí que en plena celebración alterasen la tranquilidad del Lido cinco mil personas enarbolando valores que cotizan a la baja. Tanto como para que una sinusitis grave impidiese al mismísimo George Clooney dar señales de vida en su rueda de prensa, cuyo diagnóstico para más de dos fue alergia a cuestiones incómodas. Tampoco es que el resto de figuras se haya mostrado como un libro abierto. Ya el primer día le pidieron a Alexander Payne, presidente del jurado, su opinión al respecto y dijo que no estaba «preparado» para esas preguntas. Es comprensible. No habrá tenido oportunidad el hombre de ver lo que pasa.

     Pero todo saltó por los aires con «La voz de Hind Rajab», que relata el asesinato por parte de las tropas israelíes de una cría gazatí de seis años, elección con la que para el director del certamen se demuestra la inexistencia de reserva alguna a mojarse. La historia gira en torno a los audios originales de las llamadas de socorro de la pequeña a la Media Luna Roja. Atrapada en el coche en medio de los cadáveres del resto de la familia cogió uno de los móviles: «Venid a salvarme». El auto recibió 335 impactos de bala. Aún resuena la conmoción en la sala. Brad Pitt, Cuarón y Joaquin Phoenix se han sumado como productores ejecutivos. Lo que ha hecho la tunecina Ben Hania es cine y mucho más. Denunciar que quienes han de actuar ahí y no lo hacen olvidan lo que está en juego.

La temporada promete

Si al controvertido presi se le nota desmejorado ciertas materias no le ayudan a reponerse. Lo delata la cara que se le quedó al venirsele encima un cuestionamiento del siguiente tenor en la entrevista de La 1: «Un Gobierno tiene que aprobar los presupuestos generales. De no conseguirlo lo que ha de hacer es someterse a una cuestión de confianza y, de perderla, el señor Rajoy no tendrá ya ninguna excusa para anticipar elecciones, decía en la oposición antes de promover una moción de censura. ¿Por qué lo que valía entonces no vale hoy para usted?». Da igual, Sánchez tiene salidas para todo. Albergo más dudas sobre qué habría sido de quien interpelara de ese modo en Telemadrid a la chulapa de la libertad, aunque no hace falta decir que de fruta iría bien servida.

     Por si todo esto fuera poco, y coincidiendo con el cierre del mercado de fichajes, ha vuelto a entrar en escena Puigdemont. La temporada promete. Arranca con los ingredientes ideales para que el clima de polarización instaurado se diluya. Felipe, Aznar, Zapatero, Tellado, Puente, Ana Rosa… deben estar calentando, temblorosos de placer. Pablo Motos no ha esperado a nadie y ha irrumpido de la mano de Bertín, que ha hablado de su pequeño y del disco de Sergio Ramos al que ha puesto por las nubes cuando el madridismo está que muerde. Otro frente abierto, dios mío. Esto es el cuento de nunca acabar. Broncano, en cambio, se lo ha tomado con tranquilidad y volverá un día de estos tras anticipar a sus seguidores que el programa será «la misma mierda».

     Tezanos ha sacado el 1 de septiembre los resultados de la encuesta del Cis en la que sobresale que tres de cada cuatro españoles están de acuerdo en que la tortilla de patatas debe hacerse con cebolla. Feijóo ha elaborado en el arranque de curso su propia receta según la cual «la criminalidad se incrementa con la inmigración» mientras acusa a Abascal de «exacerbar» al electorado. El 53,3% la prefieren poco cuajada, así que tranquilo, Alberto. La esperanza es lo último que se pierde.

La tentación vive en Asia

Una periodista joven de esta tierra que lleva dando vueltas por medio mundo desde que terminó la carrera, que ha cubierto una campaña presidencial norteamericana y unos Juegos Olímpicos, que ha tenido que estar pendiente de las tradicionales convulsiones que depara la enormidad representada por América Latina desde puestos de responsabilidad en medios icónicos de la profesión cambiaría el pack completo por volver a dedicar todos sus sentidos a seguir el día a día del cantar de China, destino en el que arrancó su itinerario exterior y donde comprobó retenida en una comisaría que, muy por la labor, el régimen no es que esté. Pero algo tendrá cuando alguien con posibilidad de elegir entre cualquiera de las latitudes en juego se queda con el gigante asiático. También es verdad que le tocó seguir de cerca a Trump. Y lo cierto es que en la actualidad es de las pocas demarcaciones potentes que ante él no practican la genuflexión.

      Por el afecto que le profeso estoy atento a lo más llamativo. De ese modo me entero que en la cafetería del Ikea de Shanghái se reúne un buen lote de personas mayores cargadas con bolsas de comida y termos de té que traen de casa para, alrededor de una mesa, hacer amigos y lo que surja. O sea, una especie de First Dates pero sin Carlos Sobera. La fórmula no está organizada por nadie. Surge de la necesidad de relacionarse. Los que superan los 60 años en China son cerca de 300 millones de personas de los que unos 160 -millones, claro- viven solos. Constatas la magnitud e infieres la fascinación.

     China y Taiwán han logrado más universidades que Estados Unidos en los 500 primeros puestos del ranking de Shanghái, la clasificación internacional de mayor prestigio. Y, en cuanto a inteligencia artificial, el país va como una moto. Por si le faltaba algo al cóctel, Ikea ha nombrado al primer no sueco para dirigir el futuro de la tienda y resulta que el nuevo Ceo del famoso emporio es de… ¡Cádiz! Pues nada, en cuanto circulen las papas aliñás y la tortillita de camarones, ¡uf! Se salen del mapa.

En el sueño de los justos

Ando revuelto en la cama. Las bujías de la atmósfera me llevan frito. El pelo rizado y un dolor en la sien hacen de las suyas. Acudo al salvador, el ibuprofeno, y durante un buen rato me pierdo en el país de los sueños. Nada más despertar me lanzo a ver qué ha hecho Alcaraz y me lo encuentro rapado al cero. Qué coraje da. Esta criatura, que se anticipa a cualquiera.

     Descubro que en solo una semana han fallecido por aquí cerca de ochenta personas por la ola de calor, los días en que precisamente se quebró la fuga al frescor del pueblo y lo pasé chungo, conocedor de que la arritmia es factor de riesgo mientras tomaba la dosis diaria de acetato de flecainida, Apocard para los de la cofradía. Por si fuera poco, Gobierno y oposición retoman el curso político. Feijóo lo ha hecho a la virulé. De sus propuestas se extrae que los causantes de la España devastada son los cinco desequilibrados a los que las llamas les ponen y, sin embargo, quienes pasan de gestionar lo que tienen entre manos, unas bellísimas personas. También han sido llamados miembros del gabinete a retratarse en el Senado y la primera en desfilar, lógicamente la titular de Defensa. El Consejo de Ministros sale de la madriguera repartiendo ayudas y Sánchez preside la reunión de cambio climático con intención de fijar la hoja de ruta para alcanzar el cacareado pacto de estado. Sí, sí, pero con jabón Rosil.

     Antes de despoblar la cabeza en la pelu me topo con la Ley de Montes donde se dice: que las comunidades autónomas deben elaborar y aprobar planes anuales para la prevención, vigilancia y extinción de incendios; que el ministerio de Transición Ecológica, de la mano de las comunidades, tiene que marcar directrices y criterios comunes para elaborar esos planes que han de publicarse el 31 de octubre del año previo y que deberán aplicarse de manera continua durante todo el año. En el supuesto de que se arbitraran prioritarios y se dotasen como tales, dónde y quiénes establecen los criterios comunes. Se lo pedimos a los Reyes Magos, ¿verdad?

Uno de esos momentos Nescafé

Tiene veinticinco años y no la había visto. Se me escapó en su momento, ve a saber por qué y le perdí la pista hasta que la otra noche me puse a dar vueltas, dí con ella y no pude dejarla ni en los títulos de créditos, no quise. «You’re the One» te sumerge en el paisaje de heridas abiertas de finales de los cuarenta. Julia, ilustrada, hija única de una familia acaudalada, activista teatral, referente escorado hacia montajes de vanguardia que hoy no se libraría de ser tildada de woke, ha caído en un abismo a causa del encarcelamiento de un sobresaliente pintor antifranquista que es con quien saboreó la chispa de la vida. Opta por desmarcarse de la pesadumbre que le invade y toma el timón hacia el rincón rural en el que le aguarda el baúl de los recuerdos y el reencuentro con los de carne y hueso. Es una travesía en blanco y negro. Enseguida los gestos de la guardesa, de la nuera de ésta, del nieto, del maestro y del cura del pueblo servirán de contrapeso e irán tejiendo una red de afectos que correrán en auxilio. Esto Garci lo borda. No hay más que recordar «El crack» que abrió la saga. Aquellos primeros planos de Germán Areta, el antiguo poli metido a detective, conforme le buscan las cosquillas mandándole advertencias jodidas. Hasta el bigote tiene alma. En cuanto husmea los rascacielos es Dashiell Hammett saliendo de cualquier tugurio del Lower East Side. Pero no hace falta llegar tan lejos para crear la atmósfera que te sacude por dentro. Basta con la que se produce cuando quien fue compañero de celda se acerca a Cerralbos del Sella a entregarle a Julia unos pocos enseres y la carta dirigida a ella en el último suspiro. El humo del cigarrillo difuminan las lágrimas de unos ojos que se resisten a aceptar lo que están poniéndole delante. Tras leerla más tarde junto al ventanal, el director se saca un encuadre de la manga en el que, entre las columnas del hórreo, un buen tajo del dolor se diluye bajo una intensa lluvia. La banda sonora original hace el resto para dejarte el cuerpo en buena sintonía. Es lo que más me gusta del cine de Garci: cómo lo quiere.

Una perplejidad sin desbrozar

Aunque se ha levantado algo de aire apenas duermo. Sudo y si le doy vida al ventilador escacharra las lumbares. Me incorporo creyendo que es hora y son las cuatro de la madrugada. Cuando sí toca oigo que hoy acabará la ola de calor y es cuando me da el pasmo. ¡ En fin, hoy, no! Mañana…

     De regreso a los clásicos, Ayuso volvió de saborear Miami tan rumbosa como se fue o más. Allá habrá alimentado a la contra y viceversa. Lo digo porque estando ahí Tres Cantos ha entrado a saco al acusar a su Sánchez de «dejar que todo se queme o se hunda para buscar culpables, con falta de rigor y humanidad». Más o menos lo que se decía de Fidel desde la Pequeña Habana al sur de Florida. Una responsable pública, que cuando la Aemet ya había avanzado el pavor que aguardaba, lo que aportó a la cumbre de presidentes reunida a principios de junio fue la guerra del pinganillo preocupada porque a algunos se les ocurriese intervenir en catalán o en otras lenguas maléficas. Fácil de entender desde luego no es.

    Será por presidentes… y, sin embargo, ni a ella ni al resto se les ocurrió mirar hacia lo que se avecinaba aunque fuera tardísimo para paliar el destrozo. Se calientan tanto entre ellos que no reparan en lo que se fragua más allá. Durante el encuentro no se llegó a ningún acuerdo, faltaría más. Estaba en la vitrina de exposiciones lo de la vivienda, pero en lo concerniente al maremágnum urbano que hay liado con la escasez, los alquileres y el remolino turístico. De las casas, los animales, las cosechas, la desaparición hacia latitudes menos sacrificadas de quienes curraban la tierra, de redoblar por ello la prevención, de los minoritarios habitantes agrarios ni señal. Ahora todos se dan golpes en el pecho de los contrincantes, claro está.

     De esta guisa y con el ministro tuitero a bordo, su colega de Transición Ecológica ha avanzado que el presi ofrecerá los detalles del pacto de Estado contra el cambio climático y que sería «irresponsable» que el pepé no lo respaldase. Sin duda. Y de paso pedirá que llueva café en el campo.

De Vox, expulsado de España

Convengamos que el baloncesto da buen rollo por el modo en que entiende una competición la mayoría de quienes lo representan, desde Buscató a Lolo Sainz pasando por Epi, Corbalán, Romay y los continuadores. Pau, quizá el más grande en todos los sentidos, tiene en marcha una iniciativa acogedora inspirada en la superación, el progreso, la solidaridad para todo aquel que se acerque. No olvidemos que entre sus conquistas se encuentra el Premio Mejor Ciudadano J. Walter Kennedy otorgado al jugador o entrenador que muestra un servicio destacado y dedicación a la comunidad y el Kobe & Gigi Bryant por su trabajo en apoyo del baloncesto femenino y las oportunidades de las mujeres y las niñas en el deporte. Podría seguir, pero con esto queda todo dicho.

     Poco después del mayor de los Gasol llegó destacando como ala pívot a la sub 20 José Angel Antelo, vicepresidente de la Región de Murcia a día de hoy, diputado y capitán de las fuerzas de Vox desde donde practica otro tipo de juego. En la nueva demarcación se estrenó como edil en el ayuntamiento de la capital propugnando la colocación de una bandera nacional de 300 metros cuadrados en la plaza Circular, que todos los colegios tuviesen la suya y que sonara el himno a primera hora. De ahí ha pasado a no dejar de disparar. En plena cacería del inmigrante se presentó en un Torre Pacheco en combustión a dar un mitin con este cariz: «No queremos gente así en las calles. A España se viene a trabajar y a generar riqueza, no a delinquir ni a sembrar el terror. Vamos a deportar a todos, no va a quedar ni uno». El hombre anda tan envalentonado que tiene encima a la Fiscalía y eso que mide 2,05.

     Su carrera internacional, por cierto, se truncó en el Europeo sub20 de 2006 en Turquía al ser expulsado, miren por donde del combinado nacional por falta muy grave. Se habló de una especie de bullying contra sus propios compañeros a base de insultos, agresiones y humillaciones, que siempre negó. Pues, claro. ¿Quién puede pensar que eso sea verdad?

La presencia del infierno

Irrumpió Silvia Intxaurrondo en medio del fuego: «Está al teléfono Fernando Jáuregui, periodista. Vecino de Tres Cantos, ha pasado la noche en vela viendo cómo se sucedían los acontecimientos. ¿Dónde te pilló el incendio?». «En Santander». Ya se sabe, las cosas del directo.

     El colega, con quien me adentré en la Amazonia venezolana viendo cómo Pepe Oneto ataviado a lo Tom Wolfe se estampaba contra la maleza, advirtió que al igual que siempre no había forma de contactar con los números puestos a disposición de los afectados por lo que desconocía qué es de su casa y recordó que unos años atrás cenando en esta un experto de Naciones Unidas en cuestiones de catástrofes naturales y demás «fuimos luego a dar un paseo y, al ver la de yesca seca que había, dijo que eso no podía estar dejado así de la mano de Dios». Fernando pasó un informe al concejal del ramo con el éxito que los acontecimientos señalan.

     Fue sin embargo el día antes cuando algo chasqueó por dentro al escuchar a un nativo de Las Médulas enhebrar frases a duras penas para describir que aquello abrasado era toda su vida. Me tocó porque un verano penetramos por aquel imponente paraje tomado por castaños y robles y abrumaba. Si a uno le ha impactado no puede extrañar que Luis del Olmo, presidente de su patronato de honor, berciano donde los haya, haya transmitido que se le ha roto el alma. No es para menos.

     Otra cosa es el consejero de Medio Ambiente. La alarma le pilló en una feria en Gijón y, al ser interpelado sobre qué hacía allí el máximo responsable operativo antiincendios, respondió que «tenemos la mala costumbre de comer a mediodía». ¿Qué le pasa a cierta plebe con la comida que ni en situaciones de emergencias se priva? Cuenta con antecedentes que completan el currículum. Tres años atrás echó la culpa de los incendios a los ecologistas y, el cuidado de los montes durante el año de cara a la prevención, tuvo a bien calificarlo de «absurdo despilfarro». Y lo más impresionante es que no se quema.