El desvarío del «guan point»

Se ve a Franco apuntar a la presa, aunque la comitiva ya tiene las piezas preparadas en un matorral. Después comenta: «Ahí fuera nunca nos han querido, ministro» y, al señalar Fraga que eran 15 millones de turistas los que habían venido, el caudillo replica: «Sol y playa sí les gusta, pero luego magnifican algaradas de tres universitarios trasnochados. Mire, lo hablaba con Carmen. Ella es aficionada al festival ese… sí, el de Eurovisión. ¿Cuántos años llevamos yendo? Y no ganamos ni con Raphael», ante lo que el titular de Información y Turismo se atreve a exponer: «Es que son muchos países con muchos gustos». «Pues eso es lo que yo digo. Si nos quisieran ganaríamos alguna vez, ¿verdad, Sáez», a lo que el mariscal de campo agrega: «Seguro que el ministro lo arregla». Así arranca «La canción», serie cortita y pegadiza -también actúan los grises- sobre las vicisitudes que atraviesan los encargados de plasmar la orden con el «La, la, la» para complacer a doña Carmen. Eso sí, Massiel se negó a que el marido de esta le impusiera la Cruz de Isabel la Católica, más Serrat que los había dejado tirados por el catalán. Al menos un mes después aquello del Mayo del 68 fue en París.

      España solo ha alcanzado el entorchado en el certamen bajo el régimen del 39 y el portavoz nacional de Vox calificó el mismo lunes de «muy mala idea» politizarlo. Dí que sí, pero frena que igual no llegas al próximo. Diseccionando Europa, Muñoz Molina escribe que «igual que nos toca defender lo ganado tenemos que denunciar lo injusto, lo indecente, lo que desmiente los propios ideales europeos»… y, ya de paso, que por esa cita transfigurada de la canción en el planteamiento y resolución no campe a sus anchas alguien como Netanyahu. En su exposición, el escritor de Úbeda parte del complejo colectivo de inferioridad cuando más allá de los Pirineos nos miraban por encima del hombro. Pero no podemos quejarnos. Hoy nos codeamos con cualquier país gracias a que hacia el final lo único que ató bien atado el baranda fue Eurovisión.

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Conjuntos modélicos

Cuando vi a don Felipe y doña Letizia avanzar por el campo de concentración de Mauthausen en el 80º Aniversario del fin de la II Guerra Mundial entre algún que otro grito de «¡Viva la República!» en medio del sentimiento encendido de que el Estado debería pedir disculpas porque la responsabilidad de éste ante la complicidad perpetrada entonces no desaparece, la cabeza se me fue al viaje que emprendía Trump con el cometido de hacer negocio en países del Golfo -Pérsico me refiero- y en la posibilidad por esas cosas que tiene la vida que es tómbola, tom, tom, tómbola de que se topara en compañía del jeque más siniestro del contorno al emérito arruinando de ese modo el esfuerzo del hijo de darle a la Corona otra capa de barniz. En esta ocasión los monarcas en ejercicio debieron congratularse de que el abuelete solo estuviera pensando en Sanxenxo, sus regatas y el marisco. Lo único es que al final soltó eso otro de que «hace mucho que no voy a Santander» por lo que es posible que en las próximas recepciones de La Zarzuela solo haya anchoas.

     Es lo que tienen las familias de la tele: que cuando se besan es que no se pueden aguantar. González Pons debe estar a punto de hacerle una caricia al presidente de la Generalitat tras ser el elegido para dejarlo en evidencia desde Bruselas con tal de adornar los remaches que sujetan el cajón del cadáver hasta que hallen el modo de sacarlo de escena. Los de Sánchez, en cambio, le han cogido el tranquillo a las cámaras y ahí cualquiera es el guapo que se salta el guión, salvo que seas Page. Lo que le preocupa a la prolífica prole es que le reenvíen un guasa del jefe.

     Pero la que parte el bacalao aquí es Belén Esteban. Se vio venir la tostada y, antes de que en la pública sacaran la motosierra, dejó a su modélico grupo a cuadros: «No quiero estar en este programa. No soy la que quiero ser. No me aguanto ni yo». Comparada con miembros del resto de familias que componen la selección española es la única que mantiene la iniciativa. Como para que rescaten «La clave».     

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Un mayo de lo más florido

En el caso de que se convocara una recepción inesperada en el Vaticano de León XIV a Sánchez la clave estaría en averiguar si, tras tocar diversas cuestiones, le ha puesto diez Padrenuestros y cinco Ave Marías por referirse de ese modo despectivo a sus colaboradores menos estrechos o si en realidad lo que ansiaba su serenísima santidad era que le detallase el arte de supervivencia que practica de la «a» a la zeta. Con una semana de pontificado a las espaldas no sería de extrañar que más bien se haya interesado en lo segundo.

     Por si acaso se producía una eventualidad de estas características, Feijóo salió de inmediato a la palestra para advertir que «vamos a pasar del cónclave del Papa al cónclave del pepé». Pero en cuanto al morbo que puede deparar una colección de guasas del mismo que viste y calza con Ábalos o del que calza lo que calza con Bendodo es que confesémoslo: no hay color.  ¿Qué interés puede despertar una ristra de mensajes del aspirante galaico si el hombre está tragándose entero a Mazón cuando no hay Dios que lo trague? Los exabruptos inferidos por el inquilino de la Moncloa al ramillete de díscolos es algo que la mayoría del personal avezado barruntaba solo que al verlo blanco sobre negro corrobora que el modo de conducirse del ínclito en el interior está algo alejado del yoga. Susana Díaz ha tardado dos segundos en lucir cara de mártir y refrendar que se lo hicieron pasar canutas, aunque habría que escuchar a sus opositores del pesoe andaluz para ver la cancha que ella concedía. Es lo que identifica a buena parte de quienes alcanzan poder de tomo y lomo: ejercerlo con puño de hierro. Para lo que, evidentemente, hay que servir.

     La prueba es que por disentir de ciertos gestos el galán dijo años atrás de su ministra de Defensa que «es una pájara» y ella salió del consejo de ministros en este mayo florido con la consigna de sonreír ante las cámaras cuando le diesen el alcachofazo que iban a darle y es lo que hizo. El obispo de Roma lo tiene decidido y sobre Pedro edificará su iglesia.

El toque de distinción

Nos hallábamos en una cafetería enzarzados con amigos en la habitual conversación encendida cuando, tras unos compases de repiqueteo, es Rosa la que nos baja del guindo: «Chicos, que hay Papa». El eco de campanas fue aumentando y constatamos que enterarse por tan tradicional procedimiento tiene su punto. La iglesia que nos acercó la buena nueva antes que la factoría equis de Elon Musk es Santa María de Gracia, nada menos que el título más antiguo en el culto mariano de la orden agustiniana a la que, como ya sabe todo quisque, pertenece León XIV. Como mínimo nos ha tocado la pedrea.

    No sé si sería cosa del destino o la mano de Dios quien pocos minutos después nos puso en presencia de Albert Boadella. Si durante el torrente de trazos sobre la presumible identidad del pontífice ha sobresalido la calificación de poliédrico debido a su vasta formación y la multiplicidad de actividades, qué voy a contarles sobre el enjambre que arrastra el creador de Els Joglars y ex emperador de Tabarnia. Alguien que ha fustigado con sátiras de lo más guapas a Pujol, a la maquinaria que puso en marcha y a otros seres del universo próximo, no por ello deja de apreciar en el reciente montaje «El rey que fue» en torno al emérito la vida repleta de contrastes y lo extremadamente complicado que para él resulta ser heredero al trono. Nunca ha hecho Shakespeare convencido por razones de sobra contrastadas que lo suyo son las «boadellas», aunque en parte se metaboliza en el dramaturgo inglés convencido de que hoy a este le habría seducido más el Borbón del Golfo Pérsico que los monarcas que retrató.

      Albert ha contado con el toque de distinción de transferir a los actores el alma del personaje y clavarlo incluso sin que físicamente tuviesen nada que ver hasta lograr combinar lo disruptivo con la salvaguarda de la tradición. Para la puesta en escena que aguarda al Papa a la hora de tender puentes como pretende a ver cómo se las maravilla. Es posible que el Espíritu Santo recurra de entrada a un coaching.

Mirar y ver es la cuestión

Me he sumergido en la muestra fotoperiodística de un año revolcado en un otoño siniestro por la fuerza de la dana y por el desasosiego que se perpetró. Pero los diseñadores de la exposición han tenido el acierto de rodear de vida por todos lados el destrozo de aquellas primeras jornadas con lo cual el impacto de la gran herida es incluso superior. Porque, por mucho que cueste afrontarlo, el día a día se impone.

     A veces los cazadores de las secuencias que nos rodean remarcan ángulos extraviados que anticipan lo que está por venir. No es chamba, son las horas dedicadas a patearse la calle y la contrastada percepción de que, por difícil que parezca, en este territorio nuestros clásicos son capaces de superarse. Si no no se explica la instantánea captada en febrero del 24 y el ojo de detenerse para disparar al paso de la comitiva quedándose con ese encuadre y no con cualquier otro. En él caminan por el bulevar el tal Mazón con la consellera Salomé Pradas atendiendo es de suponer a las explicaciones del alcalde de turno y aparecen semi reflejados en el cristal de un comercio en el que, sobre la silueta de un astronauta, clama un llamativo artificio de venta: «Houston, i have so many problems…». Transcurridos unos cuantos meses no hace falta que les diga quiénes no pueden salir del escaparate.

    El recorrido completo acoge el desbordamiento solidario con estampas que sobrecogen junto al arraigo de tradiciones desparramadas por múltiples rincones y otras pasiones como vivencias en torno al esférico, destacando lo acontecido alrededor de la final de la última Eurocopa con España e Inglaterra en el frente. El gesto pescado por el «clic» en la zona guiri de Benidorm es de campeonato. Presenta a un hooligan sobre la muchedumbre con el culo a la intemperie pegado a la cara de asco de una señora. No se me ocurre una metáfora mejor para la más sucia por dentro de las prácticas deportivescas que vuelve loco a medio mundo y parte del otro. Y de ese modo, con semejante tino, quedamos retratados los que faltábamos.

El desparpajo del matador

Morante salió el jueves festivo con ganas a la Maestranza y la gente se daba codazos por comprobar si esta vez sería posible. Los veteranos de la plaza tienen ya buena parte de las extremidades en carne viva porque son los mismos que se acercaban a embelesarse con el paseíllo del Faraón de Camas que, en el noventa por ciento de las tardes, era lo único que les ofrecía Curro. Solo eso, pero ¡qué manera de envolverse en el capote! El de la Puebla se ajusta una montera dieciochesca que, según los académicos, es el único que puede llevarla. En esta ocasión la cara tampoco desentonaba. Anduvo aseado con el primero y aguardó bien pertrechado al segundo. La afición que, a estas alturas de la controvertida tradición tampoco está para muchas exigencias, sembró los tendidos de petición de trofeos. Mientras la presidencia se hacía de rogar, acérrimos del diestro desplegaron una pancarta que iba más allá: «Habemus Papam».

      Para este sector de creyentes el cónclave quedaba resuelto antes de arrancar y a un carro similar se subió en la misma jornada Santiago Abascal quien, tras la multa de cerca de un millón de euros a su formación por financiación ilegal, acusó de prevaricación a los consejeros del Tribunal de Cuentas, se empleó a gusto con el Gobierno y con ese desparpajo que lo contempla despachó la faena de los tejemanejes que se trae dándoselas de matador sin reparar en las costuras que asoman. Presume de hablar poco porque no puede piar demasiado pero, cuando se luce, aprecias lo bien que sienta su mudez.

      Lo de Morante es hacia dentro, pero en una campaña electoral invitó a Abascal a su finca: «Cuando empecé no recuerdo movimiento animalista alguno y yo era un orgullo para mi pueblo. Al cabo de 25 años se ha vuelto muy difícil y por eso la ilusión de Vox y de Santiago. Es una esperanza no solo para el mundo taurino, sino para los que viven de las costumbres de su país». Con eso de las costumbres lo clavó, maestro. Solo que a quien se llevó a una tienta, las que le tientan son las que le tientan

Mazón entra en acción

Ya sé que no se conocen las causas que provocaron el gran apagón, pero lo cierto es que podían contabilizarse no pocos componentes del Partido Popular Europeo deseosos de que la dichosa cita en Valencia diera al traste. Y una solución así no tenía rival: no había que trasladarla como se empeñó Feijóo en la antesala de que sus correligionarios le tumbasen la idea y existían un porrón de posibilidades de que el desplazamiento de asistentes se viera frustrado en algún enlace. Más rodado imposible. Yo no digo que la organización que comanda la Eurocámara haya sido el agente ejecutor de la súbita pérdida de 15 gigawatios de generación eléctrica del sistema en España, pero indicios…

     Y mucho más cuando fuentes dignas de todo crédito han dejado caer que, al poco de irse la luz, Mazón se puso manos a la obra. Los trenes se pararon, los frigoríficos se trastornaron, los cajeros se congelaron a las 12,33 y a las 12,34 él ya estaba en marcha. Sin que en su agenda se registrara, lo primero que hizo fue presentarse en la prueba de llaves para la apertura de la hornacina del camarín perteneciente al monasterio de la Santa Faz. Nada más cumplir con el rito fue a saco. No quiso perder tiempo y aprovechando que en esta ocasión tenía al equipo de asesores a su alcance les transmitió con anterioridad que le preparasen los accesorios necesarios para hacer frente a entornos peligrosos. En el mismo coche oficial, como si de 007 se tratara, fue cubriéndose el cuerpo con casco, gafas, guantes, botas de acero y tapones para los ruidos que igual se perpetúan y se subió a un poste de alta tensión, en lo que es especialista. De momento no hay imágenes porque no suele gustarle airear el rastro de sus proezas.

    Sin respiro apenas pone rumbo a Nueva York y Miami para chequear el impacto de la política arancelaria de Trump en las empresas de aquí, que es el tipo de análisis que estas hacen por videoconferencia con tal de ahorrar gasto y ganar tiempo. De su trayectoria es lo que resplandece: que siempre acude adonde tiene que acudir.

La condición humana

El papado de Juan XXIII no completó ni un lustro. Con ojos actuales resulta inverosímil comprender cómo alcanzó aquel grado de popularidad. Por estos lares las teles apenas si existían. Pero sí un factor diferencial: familias al completo en misa de 12 los festivos. Y, además, el cierre del «Papa bueno» fue el Vaticano II acercando la celebración de la liturgia a los fieles con centenares de jóvenes que cerraron la década cantando junto al altar «Oh happy day». Tras morir, a espaldas de casa no es que le dedicaran una calle, sino que empezaron a construir un barrio con su nombre. En Avellino, la tierra de Tony Soprano a 50 kilómetros de Nápoles, el equipo ascendió igual que en varias ocasiones al fallecer un pontífice y no podía ser menos con Bergoglio tratándose del más futbolero de la constelación. Su único salto a la Serie A se produjo con el doble deceso de Pablo VI y de Juan Pablo I en el 78. Los designios del Señor son inescrutables.

     Y la prueba reside en el miembro del Gobierno de Sánchez, quejoso de que la oposición ni le preguntara, y que cuando le han dado cuerda es otro. Carlos Cuerpo tiene pinta de estar en contacto permanente con el Espíritu Santo. Si no no se explica que, nada más acabar la reunión con el ariete de Comercio de Donald, diga repleto de fe que ha visto una voluntad de llegar a un acuerdo respecto a los aranceles de EEUU sobre la Unión Europea dándose 90 días para negociar. En cambio el presi ha vaciado medio cargador en otro de los suyos y ha dejado a Marlaska sin alas. Netanyahu ha saltado como un resorte para decirle de todo menos bonito al Ejecutivo por cancelar el contrato armamentístico cuando ha tardado una eternidad en presentar sus condolencias a los católicos. Es la condición humana. 

     Quien desenfundó en campaña para tildarlo de «imbécil» y «representante del maligno en la tierra», ha calificado a Francisco como «el argentino más importante de la historia», se ha presentado en Roma con medio gabinete y de milagro sin «barras bravas». Ese es Milei, un campeón.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                               

A lomos de la resurrección

Mañana de Jueves Santo en la que la tradición de no pocos puntos cardinales empuja a visitar iglesias. En las del Gran Poder, trianera y Macarena se forman tales colas que puede darte el día del Corpus. Rebasada la hora del ángelus llega la consagración y templos hay para dar y tomar. En esta ocasión, frente al imponente barroco del Salvador, nos decantamos por La Antigua Bodeguita en la que pasamos un rato impagable con las ocurrencias de la feligresía y degustando un amontillado de Jerez junto a un queso curado puro de oveja que paqué. Enfilamos el barrio de Santa Cruz hacia los Jardines de Murillo y, en la intersección, ¿a que no saben ustedes quién estaba plantado como una efigie mirando de un lado para otro como si le dieran cuerda? ¡Paco Camps! Juro que solo fue un amontillado.

     El caso es que por la judería iba pensando en lo que había leído sobre rituales de la pasión a Manolo Alcaraz, capillita redomado y erudito que ha realizado su carrera oficial en la izquierda rodeado de capirotes clavados. Al expresidente se le adivinaba al fondo, pertrechado en las cercanías de la muralla del Alcázar por si acaso quiero suponer. Es tanto lo que ha pateado en los últimos tiempos por localidades de la geografía que lo vio reinar y agrupaciones del pepé en busca de una ensoñación que enseguida pensé no se ha dado cuenta, ha extraviado el freno y ha invadido alguna que otra frontera. O sí es consciente. Tanto que, al escuchar de boca del secretario general Pérez Llorca no inquietarle sus movimientos y sentirse él macareno perdido, según confesión, igual tiene intención de contactar con los «armaos» que escoltan al Cristo de la Sentencia para que le echen una mano si la cosa se presenta cruda, la dirección nacional ningunea la aspiración de celebrar un cónclave autonómico y lo que se impone es la toma de Madrid a golpe de cornetas y tambores. Camps sigue sin sacarse de encima lo que para él ha sido una vil persecución, pero se muestra risueño y pletórico. Es lo que tiene Mazón. Que te hace sentirte grande.

Soledades antagónicas

Lo que me he reído leyendo los avatares de Eduardo Mendicutti quien, tras toda una vida en Chueca a lomos de la jarana y la ficción preferentemente, volvió seis años atrás a sus raíces en Sanlúcar de Barrameda porque le operaron de una pierna «y se suponía que tendría el arrope de la familia, pero no tengo a nadie. Estoy solo». Esta última consideración coincide con la frase de despecho que ha quedado para los anales pronunciada con gran desgarro por Ábalos cuando el mundo empezó a venirsele encima tras unos buenos capítulos en la mochila cargados de ajetreo. Los bajos fondos de los que se empapó el escritor antes de traspasarlos al folio, una minucia al lado de lo que la Uco cree haber encontrado en el patio trasero del que fuera uno de los mandamases del pesoe y gran apoyo de Sánchez en su reconquista del partido. Qué colección de horteradas barriobajeras las que están saliendo a flote en la embarcación del diputado extraviado. Él seguramente no lo nota, pero se le está quedando una cara de Roldán que no se puede aguantar.

     De la mano de García Pozo, volvamos a Mendicutti. «Sanlúcar es estupendo para una semana -asevera-. Después te aburres. Está muy bien para comer en la playa, pero yo estoy hasta aquí de los langostinos, las tortillitas de camarones… Hecho de menos Madrid, incluso el cocido y sobre todo a los amigos. Hombre, aquí en el pueblo me saluda todo el mundo y, sin embargo, no tengo a nadie con quien hablar. Hay una señora italiana que me tiene hasta las narices. Se acercó diciéndome que le había parecido muy interesante. Cuando pasó lo de Rubiales y Jenny Hermoso empezó a pedirme permiso para besarme como si yo fuera una momia». Habría que ver a este hombre de 77 años, solitario, que pese al ajetreado ritmo nocturno nunca ha bebido ni drogado, al que su amigo Molina Foix denomina gay emérito, siendo acosado, alguien que solo pide que lo cojan de la mano cuando esté muriéndose. Qué gusto da hacerse añejo diciendo sin rodeos lo que uno piensa. Si te acuerdas, claro.