De Vox, expulsado de España

Convengamos que el baloncesto da buen rollo por el modo en que entiende una competición la mayoría de quienes lo representan, desde Buscató a Lolo Sainz pasando por Epi, Corbalán, Romay y los continuadores. Pau, quizá el más grande en todos los sentidos, tiene en marcha una iniciativa acogedora inspirada en la superación, el progreso, la solidaridad para todo aquel que se acerque. No olvidemos que entre sus conquistas se encuentra el Premio Mejor Ciudadano J. Walter Kennedy otorgado al jugador o entrenador que muestra un servicio destacado y dedicación a la comunidad y el Kobe & Gigi Bryant por su trabajo en apoyo del baloncesto femenino y las oportunidades de las mujeres y las niñas en el deporte. Podría seguir, pero con esto queda todo dicho.

     Poco después del mayor de los Gasol llegó destacando como ala pívot a la sub 20 José Angel Antelo, vicepresidente de la Región de Murcia a día de hoy, diputado y capitán de las fuerzas de Vox desde donde practica otro tipo de juego. En la nueva demarcación se estrenó como edil en el ayuntamiento de la capital propugnando la colocación de una bandera nacional de 300 metros cuadrados en la plaza Circular, que todos los colegios tuviesen la suya y que sonara el himno a primera hora. De ahí ha pasado a no dejar de disparar. En plena cacería del inmigrante se presentó en un Torre Pacheco en combustión a dar un mitin con este cariz: «No queremos gente así en las calles. A España se viene a trabajar y a generar riqueza, no a delinquir ni a sembrar el terror. Vamos a deportar a todos, no va a quedar ni uno». El hombre anda tan envalentonado que tiene encima a la Fiscalía y eso que mide 2,05.

     Su carrera internacional, por cierto, se truncó en el Europeo sub20 de 2006 en Turquía al ser expulsado, miren por donde del combinado nacional por falta muy grave. Se habló de una especie de bullying contra sus propios compañeros a base de insultos, agresiones y humillaciones, que siempre negó. Pues, claro. ¿Quién puede pensar que eso sea verdad?

La presencia del infierno

Irrumpió Silvia Intxaurrondo en medio del fuego: «Está al teléfono Fernando Jáuregui, periodista. Vecino de Tres Cantos, ha pasado la noche en vela viendo cómo se sucedían los acontecimientos. ¿Dónde te pilló el incendio?». «En Santander». Ya se sabe, las cosas del directo.

     El colega, con quien me adentré en la Amazonia venezolana viendo cómo Pepe Oneto ataviado a lo Tom Wolfe se estampaba contra la maleza, advirtió que al igual que siempre no había forma de contactar con los números puestos a disposición de los afectados por lo que desconocía qué es de su casa y recordó que unos años atrás cenando en esta un experto de Naciones Unidas en cuestiones de catástrofes naturales y demás «fuimos luego a dar un paseo y, al ver la de yesca seca que había, dijo que eso no podía estar dejado así de la mano de Dios». Fernando pasó un informe al concejal del ramo con el éxito que los acontecimientos señalan.

     Fue sin embargo el día antes cuando algo chasqueó por dentro al escuchar a un nativo de Las Médulas enhebrar frases a duras penas para describir que aquello abrasado era toda su vida. Me tocó porque un verano penetramos por aquel imponente paraje tomado por castaños y robles y abrumaba. Si a uno le ha impactado no puede extrañar que Luis del Olmo, presidente de su patronato de honor, berciano donde los haya, haya transmitido que se le ha roto el alma. No es para menos.

     Otra cosa es el consejero de Medio Ambiente. La alarma le pilló en una feria en Gijón y, al ser interpelado sobre qué hacía allí el máximo responsable operativo antiincendios, respondió que «tenemos la mala costumbre de comer a mediodía». ¿Qué le pasa a cierta plebe con la comida que ni en situaciones de emergencias se priva? Cuenta con antecedentes que completan el currículum. Tres años atrás echó la culpa de los incendios a los ecologistas y, el cuidado de los montes durante el año de cara a la prevención, tuvo a bien calificarlo de «absurdo despilfarro». Y lo más impresionante es que no se quema.

Pues sí, esto es Hollywood

En Jumilla conviven 72 nacionalidades distintas. Para Juan Agustín Carrillo, único edil de Vox e impulsor de la medida que ha dado la vuelta al ruedo, la iniciativa es una forma de «defender nuestra identidad cultural, la cristiandad». Como los obispos la han repudiado no hace falta decir que el grupo en cuestión se siente más próximo a los curas obreros. El argumento de fondo se fundamenta en que «si quiero rezar voy a la iglesia, si deseo jugar al tenis reservo en las pistas». Hace un mes despedimos a Sabina en una plaza de toros de titularidad municipal por lo que ya no sé a quién dijimos adiós. A ver si fue a Morante ahora que el hombre va lanzado.

     Cambiando de escenario pero no de hilo conductor, fue Meryl Streep quien se desplegó ante los colegas: «¿Qué es Hollywood en realidad? No es más que un grupo de personas de otros lugares. Yo crecí en las escuelas públicas de New Jersey; Viola Davis nació en una cabaña agrícola de Carolina del Sur; Amy Adams procede de Italia; Natalie Portman vio la luz en Jerusalén; la hermosa Ruth Negga vino al mundo en Adís Abeba, creció en Irlanda y hoy está nominada para interpretar a una chica de un pueblo de Virginia; Ryan Gosling, como todas las personas más amables, es canadiense y Dev Tatel afloró en Kenia y hoy se encuentra en el papel de un indio que creció en Tasmania. Así que esto anda repleto de forasteros. Y si los echamos nos quedaremos con el soccer y las artes marciales mixtas que artes, lo que se dice artes, no son».

     Por aquí Pedro Piqueras ha dado un vuelo fugaz a la tele propulsado por amaneceres y atardeceres de su Altea de acogida para alertar de que estamos no solo en España «ante el virus del odio, que tiene un valedor: Trump». Mi Jamie Lee Curtis ha dicho que «vamos a tener que volver a salir para luchar como lo hicimos con los derechos civiles». El mes pasado un chequeo detectó que el presidente estadounidense padece insuficiencia venosa crónica. El diagnóstico no admite dudas: salvo él, todos los demás corremos peligro.

El cóctel de dificultades

Todo apunta a que está dándose un cambio de tendencia en el turisteo de los españolitos. Según registros aportados por la agencia de viajes Destinia, el verano tomó tierra con un descenso del 17% respecto al anterior en lo que a reservas dentro de nuestras fronteras se refiere mientras que la arribada foránea ha crecido en la misma proporción. No, no es que la polarización cree rechazo hasta ese extremo. Todo gira alrededor del poder adquisitivo de los unos y de los otros. En estos momentos se puede pasar una semana en un complejo hotelero del Caribe con todo incluido por unos mil euros por persona, menos de la mitad que te clavan en Mallorca. Y encima para ambos destinos gran parte de los expedicionarios ha de meterse en un aeropuerto, por lo que es fácil deducir que la opción mayoritaria de los paisanos que optan por su tierra es la de no moverse de casa. No tengo datos concretos, pero sí una edad.

     Pese a que es una cantidad enorme de plebe la que se nos viene encima décadas después de popularizarse el invento, el guión de los que llegan también está cambiando en línea con los precios que se encuentran. Los turistas ya no gastan a manos llenas ni donde solían y los receptores se sienten defraudados, según remarca el Bild. La locomotora económica alemana se ha enfriado y la británica va lentita. Masificación, turismofobia y escasa accesibilidad a la vivienda retraen a visitantes con mayor poder adquisitivo por lo que la decepción es mutua. Con la riada humana a la que hay que atender, las exquisiteces son complicadas y nada baratas.

     La prueba es que no es difícil toparse con mesas en las que un zumo de naranja lo toman entre cinco. Recuerdo que Paco Nadal hizo la cuenta en el blog y la materia prima de lo que entra en un vaso le salía a 0,32 euros por lo que poniéndolo a 1,20 ya daba un 275% de beneficio, que es una miseria para los precios que se estilan. Y eso, confesaba el viajero, que andaba en un sitio donde tiras una piedra y le das a un naranjo. O sea, que no era Palencia.     T

Desafío de armas tomar

Son cifras calentitas. El Instituto Nacional de Estadística arroja que las pernoctaciones en apartamentos turísticos entre el 1 de abril y el 30 de junio aumentaron un 20% con más de 3 millones de noches contratadas. El mes por el que entra el verano fue el más activo convirtiendo a esta zona en la primera entre las peninsulares, muy cerca de Baleares y sacándole sus largos a Canarias. De Champions, vamos.

     Cuando el reto es poder conjugar las demandas de los visitantes con lograr que las ciudades sean vivibles por sus propios habitantes, teuveé dio la bienvenida a agosto a través del entrañable Cine de barrio con esa peli en la que Paco Martínez Soria quiere poner playa en Valdemorillo del Moncayo: «El turismo es un gran invento». Más claro no puede ser el mensajito. El ente, que está flamenco. Cuando no es la preocupación del Consejo de Informativos por la toma de productoras externas con Mañaneros y Malas lenguas que le han comido la tostada a la plantilla haciendo de su capa un sayo con el libro de estilo es el rumor de que la cúpula quiere mayor presencia para Anabel Pantoja, que le parece poca. La familia de la tele y olé.

     Afortunadamente nuestra Inés Ballester maneja la barca sin que a uno se le revuelva el estómago. Y para diseccionar el fenómeno turístico volvió a tirar de Lidia García quien ha roto moldes con el podcast ¡Ay! Campaneras tras graduarse en Filología Hispánica por la uni de Valencia y en Alicante de Humanidades siendo también investigadora en el departamento de Historia del Arte de la uni murciana. Sé lo que están pensando, pero yo la creo. La chavala diseccionó con solvencia el temita cuyo paraíso perdido es quién le pone el cascabel al gato. Salieron imágenes del Nodo en las que se recibía a la pasajera 2 millones dándole regalos y declarándola huésped oficial. Hoy ante cerca de cien millones a ver quién se detiene. Pero habría que hacerlo antes de que el gran invento devore a sus hijos. Salvo en Valdemorillo del Moncayo, al que nada le ha perturbado. Puede que el ser un pueblo ficticio haya influido.

El cuerpo del revés

Amanece nublado. El tono aplasta. En Edimburgo estaríamos ante la pinta de más de trescientos días al año. Pero aquí ese medio bochorno vuelve el cuerpo del revés. Previsión de lluvia con probabilidad de aparato eléctrico. Es 29, claro.

     Por las ondas llaman a la alcaldesa de Catarroja. Las comparecencias se reproducen. Las huellas están ahí. Borrarlas es todo menos sencillo. Tiempo después de la catástrofe a Lorena Sirvent no se le ha ido el pesar por la garganta. Sufre al describir el panorama. Conoce de sobra la situación, pero le cuesta decirlo de corrido. Lo que se ve a simple vista y lo intangible. Resalta el acuerdo al que se llegó con el Colegio de psicólogos. Hay tratamiento para todas las edades. En la Ebau, los chavales de la zona afectada han sacado en general las peores notas de los alrededores. Es lo que más preocupa, la reconstrucción interior de las criaturas así como de sus progenitores y demás parentela. La otra, la externa de la que tanto se habla, la que se pone como paradigma para darle la vuelta a la tortilla de una carrera política que de manera inaudita ahí sigue, se mantiene manga por hombro según el relato. Lorena detalla que tienen más interlocutores que medios; que han de hablar con cada conselleria cuando lo que se precisa es establecer una prioridad en las obras a acometer y que se les suministren técnicos expertos en este tipo de mejoras o arreglos de los que el municipio carece. Produce reparo profundizar en el operativo desplegado por la administraciones potentes y en la coordinación llevada a cabo porque puede darnos un siroco. Con lo que se divisa si miramos hacia el exterior de nuestras fronteras, nos sobrepasa el caudal de espanto.

     Aún bordándolo, superar lo ocurrido tiene un tocao. Da la impresión que nos encontramos lejos de poner los corazones en pie como Dios manda. No es que nos sorprenda, es que hiere. Y de ser así, ya va siendo hora de cumplir a todos los efectos. Son nueve meses y duele no tocar con los dedos el renacimiento.

La vida tiene su aquel

Tuve la potra de meter la cabeza en un periódico poco antes de iniciar la carrera. No estoy con ello menospreciando los estudios. En absoluto. Es más, recuerdo con veneración las diatribas en Historia del pensamiento político impartida por alguien que se convertiría en alcalde de una urbe de setecientos mil habitantes. Bajo su tutela surgían cruces dialécticos de lo que no era sino el germen de una polarización de la que hoy disfrutamos. Empaparse de ideas contrapuestas es el lujo.

     Al dire lo metieron en la trena por publicar unos movimientos estadounidenses en la base de Rota que puso a Exteriores de los nervios. Meses antes, en octubre del 74, detuvieron a otro por entrevistar a Felipe. Turnos de guardia anticiparon la muerte por excelencia con la incertidumbre de lo que supondría. Un colega fue secuestrado en la puerta del diario por hermanos de su ex para darle una paliza. Nos saciábamos de teoría en el aula y, en la redacción, de realidad. En el examen final de Sociología de 3º me dormí. Pedí ir al aseo, tomé un gintonic y el tema que era El cambio social se rindió a las burbujas y a las lecturas y discusiones hechas por mi cuenta. También caímos rendidos ante Tierno en un mitin con cargas de profundidad bienintencionadas. ¡Ay, profesor!

     Noelia Núñez ha visto cercenada su carrera política por aparentar. Es de los pocos casos que en esta especialidad han caído a las primeras de cambio. Difícilmente vas a saber quién eres si no eres quien dices ser, lo que suele llevar aparejado falta de consistencia para lidiar con el nido de víboras en el que desenvolverse cuando te han aupado de forma vertiginosa. El patrón acababa de incluirla en la cúspide de la organización por la pegada en TikTok para lo que la vida te demuestra que tampoco era sustancial inventarse un currículum jondo. Génova ha ensalzado la ejemplaridad de Noelia. Aprovechando la circunstancia pensó en recalcar que resulta absurdo pedir la dimisión de Mazón porque su licenciatura en Derecho es fetén. La gente, que no aprecia lo importante.

Valiente atmósfera

No recuerdo una noche peor que esa. La mezcla del poniente con el aire sahariano hizo de las suyas. Me desperté mareado. También es verdad que no me quitaba a Montoro de la cabeza pregonando como pregonaba que todo quisque debía declarar a Hacienda lo que le corresponde. Hace nada soltó la asombrosa risita en el Congreso al señalar que cómo no va a escapársele tras las preguntas que le hacían y apostillando que no iban a encontrarle nunca nada. Desde que salió a la luz el sumario instruido es posible que se regodee menos. Y, a la espera de que salga el cuadro hecho por los investigadores, aguarda Catalá. Todo apunta a que pueda ser otra obra de arte, dado que al parecer el ministro de Justicia con quien despachaba era con el equipo económico del gabinete. Un despliegue transversal digamos. Hacienda y Justicia de la mano bajo la capa de Montoro & Asociados. ¿Quién da más? Divisas suelto a Koldo y dices ¡fu, que viene, que viene! Pero, ¿desde cuándo situarías al frente de la trama a alguien con ese hilillo de voz montoril? Pues, a compañeros y sobre todo compañeras de viaje les daba en su momento el tufillo. El sexto sentido ese del que disponen. Lo que pasa es que el Flautista de Hamelin era uña y carne con Soraya. E igual que resulta increíble que Sánchez no hubiese detectado nada de las piruetas de Santos Cerdán, ¿tampoco la todopoderosa vice estaba al tanto de las andanzas? Unos entre las constructoras y el alterne y otros dándole al juego y a las gasistas. Y, mientras, M. Rajoy firmando colaboraciones en el Marca. La pucelana, en cambio, se desgastaba en medio de varios frentes a los que atender, Cospedal y quien no era Cospedal. Entre otros, Feijóo. Soraya no quería a nadie interponiéndose en el camino para hacerse con el mando post Mariano. Y hay quienes apuntan a que la postal gallega de Alberto con el narcotraficante Marcial Dorado en el barco salió del fuego amigo. Ya lo ven. El soplo constante del poniente junto a un sol implacable dejan una atmósfera seca. Y así andamos a estas alturas. Secos perdidos.

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La simbología de los céntimos

Don Juan de Borbón entregó el hijo al caudillo mientras él deambulaba por el exterior renegando de todo lo que emanaba el régimen. En el momento crítico de la muerte de quien lo adoptó el mozo entró en escena siendo un desconocido para el gran público, pero ya había labrado un caminito apoyado en Manuel Prado y Colón de Carvajal cuya misión era fraguar su fortuna. A modo de explicación de tales prácticas suele adjuntarse como especie de atenuante lo mal que lo pasó en la infancia esa familia. El mismo Juan Carlos relataba en una entrevista que su madre en Italia tenía que pedir prestado para pagar el alquiler. Esto conllevaría el propósito inequívoco de ponerse a cubierto ante cualquier eventualidad. Y se aplicó. No todo iban a ser borboncitos.

     En octubre del 73 estalló la guerra de Yom Kippur. Una coalición de países la emprendió contra Israel, quien tardó poco en reprimir las ansias con el general Sharon haciendo la envolvente tras cruzar Suez. Los árabes convencieron a la Opep de embargar el petróleo y, conocedor de que el príncipe había cultivado relaciones a base de bien en el Golfo y Emiratos, Franco le transmitió que a ver si se podía sortear la contingencia. Y aunque vinieron periodos de pasarlas canutas, nunca faltó suministro. Colón de Carvajal lo arregló gracias a las buenas relaciones del mentor con la monarquía de Arabia Saudita. Tan buenas que por allí anda.

     En agradecimiento, Franco autorizó al heredero a cobrar unos céntimos de comisión por cada barril -cientos de miles- que viniese desde donde hoy reside. Como diría un clásico, ni pedir ni rehusar. Con posterioridad ha ido descubriéndose que posiblemente aquel fuera el último contacto con los céntimos. Pero no le resta trascendencia al paso dado. Viendo los casos de aprovechamiento que se reproducen en las principales formaciones antes de traspasarse el timón, lo que hizo su majestad fue preparar la Transición en todos los terrenos posibles. Y subyace cierta ingratitud en no reconocerle el mérito.

El invento aquel de los ingleses

El trofeo original del Mundial de Clubes se lo ha llevado Trump y ya se exhibe donde reposará en adelante: el despacho Oval de la Casa Blanca. No creo que le sorprenda nadie. Cole Palmer, el mejor del torneo al que Pep le abrió la puerta tan ricamente, comentó ante las cámaras que no sabía qué hacía allí cuando el equipo iba a celebrar la conquista. Muy sencillo. Recibir igualmente la medalla de campeón que le colocó el presi de la Fifa. Qué se habían creído los ingleses.

     Pocos minutos antes de arrancar la final frente a las huestes del siempre contenido Luis Enrique, Alcaraz inclinó la testuz ante quien es es y será su adversario habitual. Con el modo de afinar que despliega, Corretja expresó lleno de sensatez que Carlitos necesita descansar. Para los mejores, el circuito es un matadero. También el calendario que nutre las quinielas, solo que en este caso afecta a los seguidores a quienes les han birlado la necesaria desconexión de las calamidades que le infligen sus colores porque, en cuanto a fatiga se refiere, cualquier tenista con un Grand Slam en su vitrina ya ha bregado más que el 75 por ciento de los componentes de una plantilla de Primera durante la temporada completa. En el caso de Vinicius, de dos.

     La apuesta de los dirigentes del espectáculo alrededor del balón, que mira que son finos, no admite disimulo. El último Mundial fue en Catar; el que viene se disputará a la sombra de Donald y Arabia Saudí espera en el 34. Nítida declaración de intenciones. Todo por la pasta, no van a ponerse a reparar ahora en los derechos humanos. Meciéndose en brazos de los fondos de inversión y demás especies se corre el riesgo con la ebullición de la chequera de sepultar para los restos el espíritu de borceguíes y canilleras con el que nació, afectar a todos los estratos y perturbar las mentes de los jóvenes talentos que se incorporan. Que a Lamine Yamal pueda ponérsele cara de Neymar es una maldición. Y Trump no es que se haya quedado la copa y la medalla es que le gusta el invento. Lo único que le faltaba al fútbol.