¡A la hoguera!

     A Eduardo Mendoza se le ocurrió tiempo atrás deslizar que la novela había muerto y logró que lo persiguieran por la calle con un palo. Al escritor barcelonés, autor de «La ciudad de los prodigios», le pierde el sentido del humor y le va la marcha. Durante la presentación de su última obra al lado de casa el pasado día 13 no se le ocurrió otra cosa mejor que defender el cambio del nombre de la Diada tras sostener que el patrón de Cataluña no pinta nada en la celebración del 23 de abril: «Sant Jordi era un maltratador de animales y seguramente no sabía leer. No tiene nada que ver con el mundo literario, es un intruso. Esa fecha es el Día del Libro porque se conmemora la muerte de Shakespeare y de Cervantes. Pero, vamos, que me trae sin cuidado Sant Jordi».

      Medió días más tarde al son de «¡Era una broma!» para intentar calmar las aguas turbulentas, pero era tarde. Las juventudes de Junts han previsto reclamar la retirada de la Creu de Sant Jordi a uno de los narradores más reconocidos y galardonados que tenemos y esparcirán más de 7.000 octavillas en señal de disgusto. Y aunque el último ganador del Princesa de Asturias de Las Letras se fustigó públicamente señalándose con un «¿¡por qué no te has callado!?», la bola ha ido a más con la diputada Anna Navarro, de la cúpula de la formación, advirtiendo que «Sant Jordi no se toca», el senador Pujol arremetiendo contra los sectores que respaldan al octogenario de resplandeciente mostacho señalando que «son mala gente» y al mismísimo Puigdemont, que viste y calza, para el que se trata de una «revancha de resentidos». Por supuesto, Carles. Toda esta muestra de mesura en respuesta a la coña marinera del también Premio Cervantes ha sido espolvoreada en redes sociales, bajo perfiles anónimos y sosegados, con una llamada a la quema de libros del ilustre paisano en las próximas hogueras de San Juan. Pues, claro, faltaría más.

     Y sí, la base de la fiesta es Sant Jordi, instaurada a mediados del XV, que entonces se asoció al día de los enamorados y que durante algunos años se celebró en octubre. Fue el gremio de libreros, precisamente, el que en 1931 trasladó el Día del Libro al 23 de abril. El creador de «La verdad sobre el caso Savolta» opta por disgregar. En el fondo late la marabunta a la que están abocadas las tradiciones y que él padece en la caseta. En Alcoy este fin de semana el problema para acercarse a ver la entrada de los Moros y los Cristianos es dónde dejar el coche; en Sevilla, con la Feria, tres cuartos de lo mismo y así sucesivamente. Esperemos que Mendoza no figure agendado en ninguno de estos dos lugares durante las horas que se aproximan y diga una de sus ocurrencias porque cuando los localismos enardecen no se quedan atrás. Con lo que relaja reírse de uno mismo.

Deja un comentario