Con el caudal desbordado

Cae una fina lluvia sobre San Sebastián y el frescor es un regalo de los dioses. Tenemos sesión a las ocho y media de la mañana y nos hemos levantado dos horas antes. Es la primera vez que vamos al festival y lo hacemos de la mano de unos amigos que han vuelto a su tierra después de décadas, las tres últimas yendo juntos al cine una semana sí y otra también. Si viviesen por ejemplo en Móstoles los querríamos lo mismo, pero no sería igual.

     Por el Kursaal reparten un periódico de 48 páginas con sus entrevistas, perfiles y primicias. En un mundo rebosante de apps, qué más se puede pedir antes de empezar. Con 1800 butacas, la sala se halla a rebosar de madrugadores acompañando con palmas la aparición del distintivo del certamen como síntoma de cuánto lo consideran suyo. Ya está Antonio de la Torre bajando a un porrón de pies y subiendo la tensión. Me temía que sería así porque el director vive al límite. Nada más terminar, la chavala de la izquierda me dice: «¡Cuánto ha sufrido usted!». «¡Más que el prota!». Pero lo impresionante había sido el silencio durante cerca de dos horas. Ni el vuelo de una mosca. Lo remarcaba Ricardo Darín a propósito de las giras teatrales: «Estábamos en Bilbao Andrea Pietra y yo preocupados. Nadie se reía y nos temíamos lo peor hasta que al final el público prorrumpió en una ovación que nos puso los vellos de punta». Eso mismo ocurrió tras la proyección de «Los domingos». No nos comimos a realizadora y actores porque guardaron la distancia. Nuestro amigo, que normalmente le encuentra peros a lo que echen, sentenció: «¡Qué película! No le sobra nada». El 24 llega a las salas. Si quieren que les sacuda la emoción no descuiden la cita.

     De lo que nadie se olvidó ni un día fue de Gaza y en uno de ellos se desbordó el caudal. La reacción va en cadena. Se trata de que para quienes pueden poner fin resulte insoportable la inacción. Imposible que los amantes del séptimo arte no sientan que aquello es atroz. Por muchas películas que veas siempre emerge en primer plano.

Fuego en el cuerpo

La compañía pública Renfe cambió el año pasado a lo bestia su política de indemnizaciones y este verano se despide con el dudoso honor de haberse convertido en uno de los más jodidos en lo que ha puntualidad y calidad del servicio se refiere. ¿Casualidad?

     La cuestión es que dos millones largos de sufridos viajeros se han quedado sin la compensación económica a la que hasta hace nada tenían derecho. La devolución del 50 por ciento del importe del billete si el ave se retrasaba más de quince minutos se cifra ahora en un mínimo de una hora y para el rescate del importe íntegro ha de producirse una demora de 90 minutos en lugar de 60, con lo cual las medidas impuestas han logrado que cerca de un 82% menos de clientes se hayan visto resarcidos como lo habrían sido bajo las normas anteriores. Ya ven. Los nuevos porcentajes en vigor, que no se los salta un galgo.

     ¿A cuento de qué se ha producido todo este vuelco? Por supuesto está la versión oficialista que habla de la adaptación al marco regulatorio europeo tendente a igualar las condiciones con las de  los operadores privados. Aunque ante la falta de mejora operativa, la escasez de inversión en mantenimiento, el rosario de averías, robos, apagones y catenarias al pil pil hay quienes ven en los 80 millones que se ha ahorrado la empresa solo en los meses de estío la rendija idónea para no perder la ocasión. Ocurre que el personal no quita ojo y ha captado que sí, que el Parlamento Europeo aprobó en su día el reglamento, pero también que Óscar Puente no se ha puesto a preguntar en las redes si liberalizar beneficia al usuario o solo fomenta recortes en derechos adquiridos. Nada, que no se preocupe. Sin decir ni mu se ha entendido todo.

     Y encima en agosto se supo que un tren bala japonés se retrasó 35 segundos, lo que abocó al conductor a disculparse y ofrecer el reembolso íntegro del billete en una muestra de cultura de la puntualidad y atención al cliente. Así que más vale no ir para allá, que luego hay que volver.

Una joya entre algodones

La primera vez que pisé Nueva York  fue en el verano del 89. Aunque solo haya ido dos veces suena cañón arrancar de ese modo. Era un sueño. No lo sabía, pero yo ya había estado allí e iba adivinando edificios emblemáticos que nos salían al paso. Uno de ellos es el Waldorf Astoria, un hotel con el que se abren las carnes. En la preparación del viaje le comenté a un íntimo que había estado mirando las tarifas por curiosidad acabando en un hospedaje lúgubre de una de las calles que dan a Times Square, todo un lujo por permitirme tocar el cielo con los dedos desde lo alto del Empire State Building tras succionar a fondo la gran pantalla.

     Con la silueta art déco en Park Avenue, el Waldorf ha estado cerrado ocho años y acaba de reabrir. Desde que naciera a finales del XIX en su emplazamiento entonces entre la Quinta y la 33 se ha vivido de todo entre sus paredes. Desde las primeras audiencias del Senado sobre el hundimiento del Titanic hasta el alojamiento de la nómina completa de presidentes, Obama el último. Especializado en exposiciones de arte no quita para que entre huéspedes del calibre de los duques de Windsor, Sinatra, Marilyn, Cole Porter y todo un elenco pletórico figuren gánsteres como Frank Costello y Lucky Luciano, cuyo sedimento debió inspirar a los encargados de buscar localizaciones para que unas cuantas escenas del Padrino III se rodaran en sus salones. Qué más se puede pedir.

     Siguiendo la senda una aseguradora china lo compró once años atrás por cerca de dos mil millones de dólares y lo ha reformado por una cantidad similar. Este mes se han inaugurado los espacios para eventos, que es el pan de cada día, dispuesto a animar el cotarro, aunque con Trump de competidor a unas cuantas manzanas deberá andarse con tiento. Cuando se realizó el traspaso, el hoy inquilino de la Casa Blanca proclamó que China espiaba en los pasillos a las élites mundiales. Si próximamente se detectan grietas peligrosas o una intoxicación salvaje ya saben por dónde vienen los tiros.

Todo un superviviente

Ali Akbar es el voceador de prensa diaria que queda suelto por el barrio Latino de París y al que un Macron estudiante invitaba de vez en cuando a café o a una copa de vino. Ahora el presidente de la República ha concedido la Légion d’Honneur, la más alta distinción de la República cuya entrega está prevista en otoño, a este pakistaní que puso distancia con su país sin un céntimo en el bolsillo. Se ha ganado a pulso salir en los impresos como noticia relevante. Confiemos en que el marido de Brigitte esta promesa la cumpla.

     Medio siglo atrás tiró de Libération y de Charlie Hebdo hasta que los interesados comenzaron a demandar Le Monde, que es con el que se ha quedado durante el periplo. Al ser vespertino puede que también le viniese mejor para recomponer su existencia después de dormir no poco tiempo bajo un puente, ya que hasta el mediodía no veía el ejemplar la luz, de modo que se batía entre plazas, restaurantes y locales nocturnos para poner en la mano a los lectores lo que daba de sí la actualidad, los análisis correspondientes, el sagrado editorial, el pronóstico del tiempo y el horóscopo entre otros atributos. Era la época en que en las avenidas de las grandes urbes resplandecían abiertos y escalonados a las tres de la madrugada quioscos  dispuestos a despachar las cabeceras más preciadas. La competencia hoy en día tanto de unos como del otro acude a todos lados desde otra dimensión de forma instantánea. El titular de su andadura podría ser, si me permiten, Ali, qué bien resistes.

     Los ingresos le dan para ir tirando, aunque los devotos de su presencia no lo descuidan. Se ha ganado el afecto imprimiendo sello propio y al llegar a la altura de un viandante soltar «¡Ya está. Putin ha terminado la guerra y ha pedido perdón!». Tirando de ironía es como llama la atención cuenta Daniel Verdú cuando en julio voceó «¡Ya está aquí! Bayrou ha solucionado los problemas de Francia. Estamos salvados». Y, claro, el primer ministro acaba de dimitir hace unos días. Normal. A estas alturas Ali es un todoterreno. Clava diagnósticos y hace el cierre en la concurrida terraza de La Palette.

Refugio para cortar por lo sano

Un currante del acero en Swansea le dio 1.500 libras a un conocido para que este buscara un sicario que liquidase a su ex. Hoy ambos están siendo juzgados tras descubrirse el pastel y eso que ella ni se había enterado porque el otro se dejó de historias y lo que hizo fue pulirse el dinero en Benidorm. La mujer le debe la vida al intermediario y al gancho de la ciudad.

     Sí, Benidorm is different. España, menos. ¿Que si se distingue por la polarización? Hombre en esa parcela no podemos quejarnos, ¿pero y Estados Unidos? ¿Y Francia? ¿Y Alemania? ¿Y el Reino Unido? ¿Y Argentina? Que se estrena una peli protagonizada por el lisonjero Francella en torno a estereotipos de los aborígenes y la que hay liada entre las hordas de Milei, defensoras de la producción, y los partidarios del kirchnerismo más un manojo de aliados es de órdago. Las perrerías que vienen diciéndose no tiene límites y eso que el prota es muy querido y Homo Argentum un pelotazo. Pero qué más da. Cuando nos ponemos allá vamos.

     Benidorm no es que no forme parte de ese mundo lo que pasa es que suele estar poblada continuamente por foráneos que la escogen para olvidarse de él. Y se produce el fenómeno de que por lo general en sus entrañas conviven los extremos que representan las pobladas caravanas provenientes del Imserso con los batallones de idiosincrasia dispar unidos por el único afán de que no decaiga la juerga. Cada semana un turista británico se pierde a consecuencia de lo que chupa, con el consiguiente susto de familias y amigos, ya que cuando se queda tirado el resto del grupo pasa de él. De modo que al día siguiente no están, aunque quisieran, en condiciones de pelearle la parcela preferente de litoral a quienes se fueron en condiciones a la cama tras tomarse la del colesterol, la de la arritmia y la de la tensión. Si en el día a día cada cual defendiera su posición sin poner permanentemente el énfasis en las salidas de madre ajenas igual Benidorm no tendría los niveles de ocupación que alcanza. 

El corredor en su laberinto

Domingo, 7 de septiembre. Arranco a modo de diario influido aún por el encontronazo con «Romería» y las ganas transformadas en un galimatías para el círculo habitual de amantes de la sala oscura. Al día siguiente Carlos Boyero con «un estilo narrativo que no me engancha» puso título a las sensaciones compartidas y aludo al crítico pese al grado de repulsa que genera según él mismo porque suelen gustarme sus diagnósticos y sobre todo, lo siento, cómo los hilvana.

     Son las diez de la mañana y retomo el hilo. Con cierto retraso sobre la hora acostumbrada me dirigí al quiosco en busca de los periódicos. Hice acopio y, mientras me acomodaba en el coche, vi al fondo acercarse a dos corredores. El que abría, de negro. El segundo enfundado en tono más vivo. Muy vivo. Demasiado, diría yo. Era Mazón. Me percaté al iniciar la operación salida del aparcamiento. El primer pensamiento que se me vino a la cabeza -o a lo mejor el segundo- fue que debía dormir como un lirón. Para pegar el rodeo que estaba dándose es necesario tener el cuerpo descansado. Si no de qué.

    Al día siguiente se marchó pitando a la Vega Baja ante la alerta naranja «para seguir de cerca la evolución del temporal que afecta especialmente a esta comarca» en una información facilitada a través de su cuenta de X. Lo hizo porque quiso, no porque ante las consignas de los especialistas de emergencias el máximo responsable del territorio deba situarse al frente en el sitio que le corresponde. No. Todo el mundo sabe, y así lo han subrayado desde las tripas del aparato presidencial tras la carta de Maribel Vilaplana, que el 29 de octubre «estuvo informado y pendiente» de las acometidas del desastre desde un reservado. Al contrario de Feijóo que ha filtrado la supuesta confidencia del rey exculpando su ausencia del otro día, al parecer Mazón no quiso hacer partícipe a su interlocutora de lo que ocurría, que es lo más natural. Tanto como que, con la pesada carga que lleva en los hombros, haga vida normal solo con exculparse él mismo.

El impacto en las conciencias

La Bienal de Venecia se ha visto envuelta entre el glamour y la barbarie que nos golpea. La presencia de las estrellas del firmamento Cate Blanche, Guillermo del Toro, Emma Stone, Sofia Coppola, Jude Law, Julia Roberts… y la demanda por otro lado de 1.500 nombres del cine italiano básicamente instando al festival a criticar el genocidio, quien enseguida respondió que hacer declaraciones políticas no es labor de la Mostra. El desfile almibarado sobre la alfombra roja y el exterminio y la pesadilla de seres a años luz de la ficción.

     Sobrevolando tanta angustia el silencio a babor y estribor, incluido el atronador de los países árabes. De ahí que en plena celebración alterasen la tranquilidad del Lido cinco mil personas enarbolando valores que cotizan a la baja. Tanto como para que una sinusitis grave impidiese al mismísimo George Clooney dar señales de vida en su rueda de prensa, cuyo diagnóstico para más de dos fue alergia a cuestiones incómodas. Tampoco es que el resto de figuras se haya mostrado como un libro abierto. Ya el primer día le pidieron a Alexander Payne, presidente del jurado, su opinión al respecto y dijo que no estaba «preparado» para esas preguntas. Es comprensible. No habrá tenido oportunidad el hombre de ver lo que pasa.

     Pero todo saltó por los aires con «La voz de Hind Rajab», que relata el asesinato por parte de las tropas israelíes de una cría gazatí de seis años, elección con la que para el director del certamen se demuestra la inexistencia de reserva alguna a mojarse. La historia gira en torno a los audios originales de las llamadas de socorro de la pequeña a la Media Luna Roja. Atrapada en el coche en medio de los cadáveres del resto de la familia cogió uno de los móviles: «Venid a salvarme». El auto recibió 335 impactos de bala. Aún resuena la conmoción en la sala. Brad Pitt, Cuarón y Joaquin Phoenix se han sumado como productores ejecutivos. Lo que ha hecho la tunecina Ben Hania es cine y mucho más. Denunciar que quienes han de actuar ahí y no lo hacen olvidan lo que está en juego.

La temporada promete

Si al controvertido presi se le nota desmejorado ciertas materias no le ayudan a reponerse. Lo delata la cara que se le quedó al venirsele encima un cuestionamiento del siguiente tenor en la entrevista de La 1: «Un Gobierno tiene que aprobar los presupuestos generales. De no conseguirlo lo que ha de hacer es someterse a una cuestión de confianza y, de perderla, el señor Rajoy no tendrá ya ninguna excusa para anticipar elecciones, decía en la oposición antes de promover una moción de censura. ¿Por qué lo que valía entonces no vale hoy para usted?». Da igual, Sánchez tiene salidas para todo. Albergo más dudas sobre qué habría sido de quien interpelara de ese modo en Telemadrid a la chulapa de la libertad, aunque no hace falta decir que de fruta iría bien servida.

     Por si todo esto fuera poco, y coincidiendo con el cierre del mercado de fichajes, ha vuelto a entrar en escena Puigdemont. La temporada promete. Arranca con los ingredientes ideales para que el clima de polarización instaurado se diluya. Felipe, Aznar, Zapatero, Tellado, Puente, Ana Rosa… deben estar calentando, temblorosos de placer. Pablo Motos no ha esperado a nadie y ha irrumpido de la mano de Bertín, que ha hablado de su pequeño y del disco de Sergio Ramos al que ha puesto por las nubes cuando el madridismo está que muerde. Otro frente abierto, dios mío. Esto es el cuento de nunca acabar. Broncano, en cambio, se lo ha tomado con tranquilidad y volverá un día de estos tras anticipar a sus seguidores que el programa será «la misma mierda».

     Tezanos ha sacado el 1 de septiembre los resultados de la encuesta del Cis en la que sobresale que tres de cada cuatro españoles están de acuerdo en que la tortilla de patatas debe hacerse con cebolla. Feijóo ha elaborado en el arranque de curso su propia receta según la cual «la criminalidad se incrementa con la inmigración» mientras acusa a Abascal de «exacerbar» al electorado. El 53,3% la prefieren poco cuajada, así que tranquilo, Alberto. La esperanza es lo último que se pierde.

La tentación vive en Asia

Una periodista joven de esta tierra que lleva dando vueltas por medio mundo desde que terminó la carrera, que ha cubierto una campaña presidencial norteamericana y unos Juegos Olímpicos, que ha tenido que estar pendiente de las tradicionales convulsiones que depara la enormidad representada por América Latina desde puestos de responsabilidad en medios icónicos de la profesión cambiaría el pack completo por volver a dedicar todos sus sentidos a seguir el día a día del cantar de China, destino en el que arrancó su itinerario exterior y donde comprobó retenida en una comisaría que, muy por la labor, el régimen no es que esté. Pero algo tendrá cuando alguien con posibilidad de elegir entre cualquiera de las latitudes en juego se queda con el gigante asiático. También es verdad que le tocó seguir de cerca a Trump. Y lo cierto es que en la actualidad es de las pocas demarcaciones potentes que ante él no practican la genuflexión.

      Por el afecto que le profeso estoy atento a lo más llamativo. De ese modo me entero que en la cafetería del Ikea de Shanghái se reúne un buen lote de personas mayores cargadas con bolsas de comida y termos de té que traen de casa para, alrededor de una mesa, hacer amigos y lo que surja. O sea, una especie de First Dates pero sin Carlos Sobera. La fórmula no está organizada por nadie. Surge de la necesidad de relacionarse. Los que superan los 60 años en China son cerca de 300 millones de personas de los que unos 160 -millones, claro- viven solos. Constatas la magnitud e infieres la fascinación.

     China y Taiwán han logrado más universidades que Estados Unidos en los 500 primeros puestos del ranking de Shanghái, la clasificación internacional de mayor prestigio. Y, en cuanto a inteligencia artificial, el país va como una moto. Por si le faltaba algo al cóctel, Ikea ha nombrado al primer no sueco para dirigir el futuro de la tienda y resulta que el nuevo Ceo del famoso emporio es de… ¡Cádiz! Pues nada, en cuanto circulen las papas aliñás y la tortillita de camarones, ¡uf! Se salen del mapa.

En el sueño de los justos

Ando revuelto en la cama. Las bujías de la atmósfera me llevan frito. El pelo rizado y un dolor en la sien hacen de las suyas. Acudo al salvador, el ibuprofeno, y durante un buen rato me pierdo en el país de los sueños. Nada más despertar me lanzo a ver qué ha hecho Alcaraz y me lo encuentro rapado al cero. Qué coraje da. Esta criatura, que se anticipa a cualquiera.

     Descubro que en solo una semana han fallecido por aquí cerca de ochenta personas por la ola de calor, los días en que precisamente se quebró la fuga al frescor del pueblo y lo pasé chungo, conocedor de que la arritmia es factor de riesgo mientras tomaba la dosis diaria de acetato de flecainida, Apocard para los de la cofradía. Por si fuera poco, Gobierno y oposición retoman el curso político. Feijóo lo ha hecho a la virulé. De sus propuestas se extrae que los causantes de la España devastada son los cinco desequilibrados a los que las llamas les ponen y, sin embargo, quienes pasan de gestionar lo que tienen entre manos, unas bellísimas personas. También han sido llamados miembros del gabinete a retratarse en el Senado y la primera en desfilar, lógicamente la titular de Defensa. El Consejo de Ministros sale de la madriguera repartiendo ayudas y Sánchez preside la reunión de cambio climático con intención de fijar la hoja de ruta para alcanzar el cacareado pacto de estado. Sí, sí, pero con jabón Rosil.

     Antes de despoblar la cabeza en la pelu me topo con la Ley de Montes donde se dice: que las comunidades autónomas deben elaborar y aprobar planes anuales para la prevención, vigilancia y extinción de incendios; que el ministerio de Transición Ecológica, de la mano de las comunidades, tiene que marcar directrices y criterios comunes para elaborar esos planes que han de publicarse el 31 de octubre del año previo y que deberán aplicarse de manera continua durante todo el año. En el supuesto de que se arbitraran prioritarios y se dotasen como tales, dónde y quiénes establecen los criterios comunes. Se lo pedimos a los Reyes Magos, ¿verdad?