En el túnel del tiempo

Un buen amigo nacido a principios de los cuarenta se explaya sobre su primer Mundial. Fue la mejor España hasta que se puso la corona. Y revive aquel Brasil del 50 con el gol de Zarra y la gesta de haberse convertido en los únicos que pararon los pies al plantel del «maracanazo». Lo tiene tan fresco que recuerda cómo le decían al seleccionador que se dejara de historias y en vanguardia sacara a todo el Athletic. Confiesa que con el paso del tiempo ha llegado a pensar que vio los partidos en televisión. Sí, claro, por Movistar.
La primera cita de ese calibre en la que no hubo que esperar al No-do fue Inglaterra ́66 donde los españolitos se subieron a la chepa de Sanchís tras su cabalgada de raza en una escuadra a las órdenes de quien liquidó a la URSS en el Bernabéu, el tal Villalonga, militar por supuesto. Pero la alegría duró poco y Uwe Seeler nos mandó a casa. Por fin nos dispusimos a seguir las evoluciones de mitos cuyos vuelos cincelamos en la cabeza empezando por la perla negra que le había dado a los suyos los torneos precedentes y que hoy se relame con el hechizo que aún despliega Lionel desde su cama en el hospital Albert Einstein de São Paulo. Dos de los más grandes, conscientes de que se la juegan.
No le fue fácil a los virtuosos sobrevivir en aquella cita. Al «10» carioca y a Eusébio le dieron de todos los colores. Solo mi admirado Bobby Charlton sorteó el estropicio porque Nobby Stiles estaba en su once y porque no hubo más que ver la final para concitar todos los fantasmas. Sobre el césped se iba de frente dentro del estilo callejero. Las togas conservadoras del Constitucional debían profesar mucha afición ya entonces y ahí están, dale que te pego, sin disimular cuando las maniobras actuales son de una pasta más hipócrita en la que los hermanos franco/españoles del lateral izquierdo galo se revuelcan como si los hubiesen matado aunque la falta la hayan hecho ellos. Nada que ver con el plano frontal de cada partido a Infantino quien desde el trono observa complacido lo que se mueve a sus pies. Eso sí que da miedo.

La nueva encrucijada

Con diecisiete años Antonio, primo hermano de mi padre, cogió el petate dispuesto a chuparse mil kilómetros a pie hasta Barcelona donde el 19 de julio estaba previsto alzar el telón de la Olimpiada Popular en respuesta a los Juegos de Berlín en pleno ascenso del nazismo, pero esa misma mañana deportistas caídos de todas partes se despertaron sobresaltados por el tableteo de ametralladoras. Muchos de los desplazados cambiaron las pistas por la movilización para hacer frente a los insurrectos y él dijo hasta luego Lucas. Abrazó Francia y allí pasó toda su vida.
De lo que no se libró fue de ser reclutado para la Legión Extranjera ni de resultar herido un par de veces en Argel ni de desenterrar americanos por suelo galo. En la familia apenas se habló del primo por si las moscas supongo. Tampoco se acercó y eso que era transportista. El caso es que al apagarse la lucecita en El Pardo se subió con la mujer en Estrasburgo al Mercedes todo menos último modelo, camino de su tierra siglos después. Nada más alcanzarla los cristales recibieron en el primer semáforo un impacto enladrillado mangándole en la confusión el bolso a Suzanne con el dinero y la documentación. Tras la correspondiente denuncia dimos una vuelta por la judería y demás rincones reconocibles y los churros se los tomaron con vino blanco. Lógicamente no estaban bien.
Al poco de dejar este mundo se extendió hasta esa parte de la frontera con Alemania el brazo parlamentario en el que se ha abierto una formidable zanja con el brote de sobornos registrado en destacados miembros de un asentamiento erguido para consolidar y fortalecer la determinación de unas cuantas generaciones que, en condiciones deplorables, se deslomaron para que el edificio europeo diese cabida a un modo de vida repleto de cohesión social y de oportunidades en el buen sentido. Y es gente formada de sobra la que haciendo uso y abuso de una corriente ideológica decisiva para darle forma al sueño la que pone en jaque la credibilidad de décadas de avance. Valiente pedrada.

Devolver la pelota

Puesto que Bono es el portero de mi equipo y también de la selección marroquí, al acercarse la tanda avisé a allegados: «Me temo que estamos fuera». Y por si faltaba algo, el lanzamiento decisivo lo incrustó en la red un hijo de familia inmigrante. ¿A que duele cuando te echan?
Francia, país de acogida por excelencia donde no hay más que ver el perfil de los integrantes de la selección cuya potencia física la ha encumbrado a lo más alto del escalafón, está una vez más dándole vueltas a una ley que pretende incentivar las expulsiones de quienes se hallan en situación irregular, algunas de cuyas criaturas es posible que estuviesen destinadas a engrosar el plantel de los clubes europeos. Cuando esto se produce ya nadie los tira. El desenfoque de una cuestión nada fácil de resolver se salió de madre cuando quienes defendían la acogida empezaron a virar y a dejar caer que había que ponerle freno para que los oriundos no vieran peligrar su curro, cruzada en la que destacó el eurocomunista Marchais. Y sin ser capaces darle forma al humanitario tomate, entre unas cosas y otras no hay más que ver para lo que ha quedado la izquierda gala, «gauche divine» incluída, y cómo anda de lozana la familia Le Pen guiando los pasos de no pocas medidas guapas.
Es tan resalao el asunto que opto por abstraerme unas horas con las retransmisiones de estos días pero la verdad es que tampoco lo consigo. Verán, me refiero a lo que llega a la hora supuestamente de destripar tácticas: «Hay que ir a por segundas jugadas y colocar la defensa en bloque bajo buscando realizar movimientos, penetrar con rápidas transiciones y ejercer presión tras pérdida para atacar los espacios». A los que tienen la obligación de aplicarse y buscar soluciones con las que se progrese lo que les digo es que cómo voy a entender los desmarques de ruptura que nos marcamos con quienes lo único que buscan es dar amplitud al juego.

Torbellino de selección

La selección de Luis Enrique está dando juego. Dentro del campo ha tenido lo que ha tenido, pero fuera es un torbellino. Lo último es la posible relación entre la princesa Leonor y Gavi. Está contrastado que la heredera al trono ha resultado ser la más futbolera del entramado Borbón y que lleva su carpeta al cole forrada con el jugador. La cuestión subió de tono al ser sorprendentemente el elegido para entregar a Felipe VI una camiseta que no era de la talla del monarca sino probablemente de la de su hija. La que le ha caído estos días en el vestuario por parte del resto de la basca que le ha bautizado como «El principito» es fácil de imaginar y también los decibelios que ha debido alcanzar la coña marinera. No es extraño, pues, que el pequeño centrocampista entre a la disputa del balón con la fiereza que lo hace. Y no le ha rascado a los suyos de milagro.
El digital de Inda, cuál si no, ya se ha preguntado qué pasaría con la carrera del chaval si hubiese boda y por supuesto se ha respondido, estaría bueno. Tendría que colgar las botas. Alude a que en la normativa de la Casa de Su Majestad y dentro del apartado número 1 de las actividades de la Familia Real se explicita que sus miembros «solamente podrán desarrollar, con carácter de exclusividad, actividades de naturaleza institucional». Y el foco puesto en reformar la Constitución para adaptarla a los nuevos retos… Virgen santa.
Pero la resonancia del paso de La Roja por Qatar no se queda ahí. El pepé ha señalado al Mundial como factor decisivo de que sus iniciativas estén teniendo menor eco del que preveían y el propio Feijóo se ha quejado de que el Congreso debatiera la modificación del Código Penal el día en que España jugaba dando por hecho que, de no ser así, el personal habría estado sin pestañear pendiente de si «sedición, no; sedición, sí». Hay semanas en que no es fácil adivinar cuál es la estrategia del paisano de Rajoy. Con Mariano una cosa al menos sí teníamos clara: que, en una jornada de pérfida coincidencia como la señalada, él con quien está es con el partido.

Apunten, fuego, ¡ya!

He dedicado un tiempo a seguir los pasos de Pablo Iglesias. Anida en casi todos los frentes con una legión detrás, no perdona ninguna y se revuelve al instante contra quien le endiñe a su enfoque. Ignoro si me he sugestionado pero ahora mismo me parece tenerlo delante. Y, ¡coño!, es que lo tengo ahí en carne y hueso contraponiendo visiones al insumergible Margallo. La madre que lo parió. Podría haberme dado por indagar en otro gachó.
Una de sus bichas es este bendito oficio de los demonios. Para él, «el periodismo progresista no suele saber diferenciar la crítica y el insulto, la opinión y la vejación, el debate y el combate. Mal vamos». Y otra: «Que una directiva de eldiario.es elogie una basura contra Canal Red me parece una falta de respeto, no ya a los lectores, sino al propio periodismo que se dice independiente. Ya está bien». Además de contar con una tertulia en «Hora 25» y el podcast «La base» prepara el lanzamiento del nuevo chisme al que defiende por ser atacado según él. Para ello, además de la colecta de rigor, cuenta con el inestimable y habitual patrocinio de Jaume Roures, administrador único de Madiapro, pura «casta» vamos como se encargó de recordar uno de los mendas más socarrones de esta casa. Aunque algo avieso, eso sí.
Se supone que al dejar la cúpula de Unidas Podemos el año pasado se distanciaría del primer plano tras haber dicho antes adiós al Gobierno en lo que se estimó sería un descanso para Sánchez. Ja. Con la metralleta que es disparar a la derecha le sabe a poco: «El pesoe debería rectificar el ruido y la inseguridad jurídica que produce no respetar los acuerdos en el Consejo de Ministros». Y más leña al acusarlo de cruzarse de brazos con lo del Poder Judicial y de no querer la Ley Trans… Estamos ante un jarrón chino, pero de la Dinastía Ming. Por si faltaba algo, finalmente logró plaza en la Complutense con un tribunal que era difícil que no diese que hablar, a lo que puso rúbrica dejando caer en la red que su mayor ilusión es impartir clases. No me digas que se me caen las ligas.

Pasmado es poco

Aunque el régimen mantiene la pertinaz política de «cero covid», China está registrando en estos momentos el mayor número de casos diarios desde que se presentó la pandemia. La cifra total de fallecidos transmitida a la OMS es tan baja como ilusoria según expertos y un porrón de habitantes pertenecientes a comunidades que son encerradas por algún brote aislado no saben si dentro de este sinvivir es mejor morirse. De hecho han salido a la calle a desafiar a las autoridades y eso no es más que jugársela. Un joven manifestante relataba en las últimas horas su intención de proclamar estar harto sin meterse con el gobierno y que no pensaba que la policía fuese a cargar contra los descontentos, ignorante de lo ocurrido a miles de arrojados treinta y tantos años atrás en la plaza de Tiananmén cuya huella ha sido conveniente borrada.
Lo que lleva soportado aquellas gentes es para echarle de comer aparte. En medio de este periplo fantasmagórico en el que se debaten se ha visto a cientos, miles de personas salir despavoridas de un centro comercial al correrse la voz de haber sido detectado un caso con tal de alcanzar el aire libre antes de que las encierren. Más de un vecino ha dejado a su criatura en casa para bajar en un pis pas a comprar al súper y al volver se ha encontrado la vivienda confinada. En la mayoría de las retransmisiones de los partidos que llegan desde Qatar, las imágenes de la grada abarrotada aparecen difuminadas para que no se constate que por ahí el personal anda sin mascarilla. Y, claro, la chispa final ha saltado tras morir diez personas en el incendio de un edificio por las dificultades de acceso con las medidas de rigor y tener que hacerse además los bomberos la peceerre antes de conectar la sirena.
Parece normal quedarse pasmado ante lo que ocurre en esta gran potencia. Dadas las últimas decisiones en cierto campo, debe estar a punto de caerle un Mundial.

La verdadera riqueza

Estoy hipnotizado por Emilio Lledó. Tras la estela de obra y pronunciamientos he seguido sus pasos por Alemania, Estados Unidos y este país de nuestras cositas. Nacido en el 27 se encuentra pues en una década especialmente prodigiosa. Lo que más me ha atraído de él es la sencillez con la que desnuda los vericuetos más intrincados entre los que nos debatimos a diario. Para este profe vocacional que rebosa frescura por todos los poros del entendimiento «somos eso que los seres humanos han creado, que se llama literatura, filosofía, ciencia». Y, claro, no te queda otra a renglón seguido que reflexionar sobre el grado de memez de quienes siendo poseedores de tal privilegio lo desprecian.
A través del altavoz por donde resuena la vida pública oyes cada fantochada, cada perversión, cada ignominia que resulta difícil sorprenderse de que los estudios de opinión destapen que una parte considerable de nuevas generaciones siga anclada en modos de comportamientos irracionales y demoníacos y los asuma como lo más natural del mundo. Rechina y te pone de mala leche porque, por muy irracional que sea, está ahí y no deja de salir a la superficie en los trances más oscuros que es capaz de protagonizar el ser humano. Así que cómo no va a acudir uno a este maestro de la sensatez: «Sí, porque lo importantes es lo que pensamos, lo que leemos, lo que soñamos, lo que aspiramos y, sobre todo, esa perspectiva que parece utópica y que no lo es, de justicia, de verdad, de belleza que constituye algo que hemos creado y que debemos seguir sabiendo gozar, experimentar y sentir».
Hay temporadas en las que dudas que el Homo erectus evolucionara a Homo sapiens y no al revés y, atento a las diatribas , es ahí cuando este pensador pone el dedo en la llaga: «Los errores individuales no tienen mayor trascendencia, pero un error capital de falta de inteligencia, sensibilidad u horizontes en un político que rige la vida de una sociedad es catastrófico. Hay que evitar que gente así llegue al poder». Se hará lo que se pueda, don Emilio.

Eternamente Pablo

De repente la noche se transfiguró y la emprendió con los árboles y con cualquiera que saliera al paso. Los pulmones del viento se llenaron de aire con ráfagas que sobrecogieron al vecindario dejando en silencio los salones de las casas. Una fuerte descarga de agua se sumó a la coreografía, aunque el efecto más distintivo fuese cómo silbaba aquello. De madrugada dejaba de latir el corazón de Pablo Milanés. El clima revuelto no era sino la furia.
Los jóvenes de entonces que tuvieran problemas para lanzarse, casi todos, se refugiaban en el utilitario las tardes de tortolitos, dejaban que él les facilitase el paso más complicado y cuando sonaban los acordes que anunciaban la primera estrofa el trabajo estaba hecho: «Esto no puede ser más que una canción/Quisiera que fuera una declaración de amor/Romántica sin reparar en formas tales/Que ponga un freno a lo que siento ahora a raudales». La voz, el sentimiento procedente de La Habana se convertía en el termómetro infalible para distinguir si los instantes que vendrían a continuación estarían rebosantes de una sensibilidad compartida o era mejor dejarlo antes del prendimiento final: «Yolanda/Eternamente Yolanda». Intuyo que el ínclito Iglesias soltará en breve que se nos ve el plumero.
Han pasado siglos y el plumero no, pero sigue poniéndose la piel de gallina al evocar el «Yo pisaré las calles nuevamente/De lo que fue Santiago ensangrentada/Y en una hermosa plaza liberada/Me detendré a llorar los ausentes». Junto a la estirpe de trovadores de la época, el chaval del pelo ensortijado puso pies en polvorosa tras pasar cautiverio en un campo de trabajo y penurias por Camagüey de donde salió componiendo bellas historias de amor con poso de amargor como «Para vivir» en la que al verse a sí mismo refleja el «tremendo cansancio» de «este tiempo perdido que nos deja vencidos». De no ser por él aún habríamos llegado peor al actual.

El globo protector

La misión española llega orientada a la controvertida cita mundialista. El mandamás federativo se ha preocupado de que buena parte de la parroquia tomase lecciones en Arabia Saudí donde el compadreo con Piqué ha llevado a que la Fiscalía investigue si el cotarro del súper «ex» fue correspondido por el desembarco en el desierto. Shakira, en cambio, se ha desligado del fiestorro -con Gerard en casa habría resultado más complicado dejarlo en fuera de juego- descolgándose del bailecito para el entramado medieval de Oriente Próximo que en su día pudo proporcionarle al parecer una inyección nada despreciable a los gananciales. En fin, lo que ya saben ustedes: Waka waka.
Al contrario que Francia, Alemania, Bélgica o Inglaterra, el tinglado comandado por Rubiales ha hecho oídos sordos a la petición de adherirse al fondo de compensación para indemnizar a temporeros en condiciones infrahumanas de las obras de los estadios y demás que varias federaciones nacionales han planteado a la Fifa. No hay que olvidar que el presi de la nuestra lo fue antes del sindicato de jugadores y a quién se le escapa algún caso de currito que, tras hacer el mismo recorrido, no se convierte en el peor capataz posible.
Tampoco nos tiremos demasiado de los pelos por la cita en Doha. La Italia de Mussolini y la Argentina de Videla disfrutaron del espectáculo porque cualquiera era el guapo que pasaportaba a los anfitriones. Hasta para Franco se dejó un Europeo en el que celebrar el potencial nada menos que sobre la URSS a base de Marcelino, pan y vino. Las normas, regladas continúan. No es que los gobiernos del mundo civilizado traguen con Qatar es que son quienes lo impulsan. Parece claro que fue Sarkozy el que señaló a Platini dónde estaba el becerro de oro y este lo metió por la escuadra. Pues, nada, resulta que a quien está deseando sacarle los ojos toda una peña es a Luis Enrique. El fútbol es así.

… Y pensar que me daba pavor

A las puertas de entrar en el fin de semana cae una doble analítica para Cardiología y Urología y a la salida del mismo pongo los brazos a la hora de recibir una tras otra las vacunas de temporada. Ignoro si cuando mañana no me pinchen tendré mono. Ya veremos.
Ante los temores por las consecuencias registradas en algunos de los receptores de AstraZeneca, con aquella primera dosis tuve mis más y mis menos. Llamé a todo Cristo. A quien vela por la arritmia con el riesgo de trombos que sobrevoló y al médico de cabecera que me animó las consultas hasta que pasó a mejor vida o lo que es lo mismo se jubiló. Él era el mejor guía en el laberinto iniciático puesto que al haber ido de voluntario al continente negro en reiteradas ocasiones se había puesto más agujas que en caso de haberle dado por la acupuntura.
Alterado por la cantidad de señales en venas y alrededores sin pretensión alguna de viajar a África, me informé sobre la idoneidad de compartir vacunación a diestro y siniestro ya que la primera de la gripe me dejó el cuerpo de jota. Especialistas coinciden en que los efectos andan controlados, que no existe ningún tipo de síntoma adicional por ponerlas juntas, aunque resulte conveniente no concentrar líquidos en la misma zona y advierten que este año vuelve a haber una gripe fuerte, tras dos casi sin noticias: «En el Hemisferio Sur se ha pasado una época muy mala con la infección, lo que debe mantenernos alerta y, en cuanto a la del covid, la cuarta dosis ya viene adaptada a las nuevas variantes, de modo que es aún más recomendable». Si hubiese otra contra el neoliberalismo, tampoco sería una mala fecha.
El caso es que una allegada me ilustra sobre la conveniencia de recibir la neumocócica de cara a prevenir no pocas enfermedades provocadas por estas bacterias, entre ellas la neumonía y la meningitis. No les sorprenderá si les digo que me lo estoy pensando. A este ritmo voy a cargarme cualquier rastro de Bosé hasta el del querubín cuando era un bandido.