Veo un reclamo de este porte danzando por ahí y me cuesta lo suyo
pasar de largo. La historia la comanda Tom Hanks, que ha hecho de
astronauta, de Crusoe, de Forrest… y que, pese a no tener demasiada
pinta de John Wayne, se calza un western. Y sí, a la primera de turno
queda patente que los periódicos forman parte del hilo conductor. Con
la trama en ebullición a consecuencia de la guerra de Secesión, la
tinta corre entre un porrón de revueltas cruentas. O sea como hoy en
el territorio editorial me refiero.
El prota se gana la vida leyendo las noticias más destacadas de una
pila de cabeceras por pueblos de mala muerte en los que, ávidos de
información, los esforzados pobladores contribuyen con diez centavos,
algo que en la actualidad a multitud de coetáneos les parece
inconcebible apoquinar por ello. Ya ven que, no en todas las facetas,
el Lejano Oeste reaccionaba de modo más incivilizado. La cuestión es
que lo primero que lee el excombatiente son los diarios locales y el
numeroso grupo de asistentes recibe alborozado el anuncio de que la
Junta de Ferrocarriles del Pacífico ha dado el okey a que las líneas de Misuri, Fort Scott y el Golfo se fusiones en un tramo que irá de la
frontera de Kansas hasta Galveston, Texas, siendo el primero en cruzar
la reserva india. En pleno siglo XXI, este medio sigue sacando a la luz conexiones de cercanías que no tienen nada que envidiar a las de la época aquella.
A continuación el capitán anuncia que va a ofrecer las noticias
federales y una ola de murmullos inunda el recinto. «A ver, el
presidente Grant…». «¡Que se vaya al infierno!» La gran mayoría de
asistentes pone fino a los mandatarios salidos de la confrontación, los ánimos se van caldeando volviéndose ya todo el auditorio hacia los
guardias que vigilan la concentración y los paganos de la visión de
conjunto que les ha acercado el lector se muestran contrarios a las
enmiendas anunciadas al grito de que «no hacen más que zurrar a los
sureños». Como para decirles que toca posicionarse sobre lo de
Catalunya.
Autor: fesquivel74
Teoría de la comprensión
Los hosteleros están tomando de nuevo las calles y, al respecto, ha
deslizado Calviño: «Llevamos casi doce meses de crisis y es
comprensible, ¿no?, que las personas estén preocupadas, que estén
cansadas y creo que eso nos tiene que llevar a ser doblemente
sensibles y doblemente empáticos». Para lo estricta que es con la
subida del salario mínimo, lo espléndida que se muestra a la hora de
empatizar.
Alguien que no escuchase el marco expresado por la vice, es posible
que pensara: «esta es la mía». Y es lo que hizo el fin de semana uno de 40 tacos al que, tras pararlo la poli para pedirle el justificante por el que cambiaba de provincia, el hombre blandió un recorte de periódico con referencia a que las necesidades básicas están permitidas y esgrimió que había quedado con su novia para hacerlo tras un mes sin catar esa bendición. No solo hubo de volverse sino que le cayó una buena multa. Se trata de un paisano de García Egea quien vino a decir no hace tanto que la victoria del señorito en el último congreso fue lo que posibilitó el cambio de rumbo para que algo dejara de oler a podrido en el partido sin que ni los marianistas ni los sorayistas ni nadie haya abierto la boca. De modo que, en el caso de que el hombre cazado por la autoridad a la hora de frenar sus impulsos hubiese mostrado el carné de la agrupación esgrimiendo que lleva dos décadas pagando la cuota y ni dios le ha explicado un gramo acerca del berenjenal este por lo que para él era ya una necesidad básica poner distancia, tampoco habría colado. Dado que tiene casi su misma edad debería aprender de Teodoro.
El que no necesita aprender nada porque anda convencido de
sabérselo todo es Iglesias. El sacrificio que afronta al formar parte del Ejecutivo de una nación en la que según él «no hay situación de plena normalidad política ni democrática» es desgarrador. Y a los que se paró los pies, sin embargo, fue a un par de octogenarios que reservaron de estranjis una habitación de hotel en lugar de rendirles pleitesía. Ellos sí que suponen una referencia.
Los del club de la trola
El ecónomo de la díocesis Orihuela-Alicante, Francisco Martínez, se
halla a sus 64 tacos –o sea, que ya no es un chiquillo– confinado en
la Casa Sacerdotal tras contagiarse de covid, después de haberse
negado a llevar mascarilla desde que la usa buena parte del género
humano porque él si cree en el misterio de la Santísima Trinidad pero
está convencido de que la pandemia y sus consecuencias con el personal sanitario al borde de un ataque de nervios son una trola. El cura Paco tiene a su feligresía contenta.
En ese mismo recinto, del que cinco residentes –entre los que figuró el emérito Rafael Palmero– tuvieron que ser hospitalizados de entre 17 positivos, fue donde se trasladó para inmunizarse el actual obispo Murgui lo que provocó que Sanidad abriese una investigación para determinar si se trata de uno de los casos de vacunaciones irregulares. De momento tiene complicado llegar a una conclusión puesto que, hasta la hora en que son redactadas estas líneas, no ha sido incluído en la lista de supuestos avispados. Yo lo entiendo. Es comprensible que para el Consell, tal como anda el Botànic, no sea plato de gusto chocar también con la Santa Madre Iglesia, cuya capacidad de resistencia por los siglos de los siglos es la biblia en pasta. De tener las competencias, lo mismo le ocurriría al Ejecutivo central, que si habrá chocado entre sí y con los apoyos correspondientres, que ha tenido que recurrir a poner de ejemplo a Abascal y su cohorte. Por las fatigas en garantizarse el derecho a vivir como se siente una parte de la coalición y el denuedo de la otra a vivir sin sentir, ya le llaman el transgabinete.
Y el prelado superior y el administrador de los bienes terrenales, ¿se van a ir de rositas? Ustedes qué creen. Tienen mucho Antiguo y Nuevo Testamento recorrido, conocedores de que en nada viene el Miércoles de Ceniza y con él la Cuaresma para arrepentirse de los pecados, en la que no resultaría muy católico dejar a monseñor con el ayuno de la segunda dosis. Por Dios, que hay que salvar la Semana Santa.
Una familia como otra
Estamos ante una sucesión de escenas del día a día entremezcladas con
otras del ayer que obtuvo una cámara casera empuñada por el padre, en las que se observa que es este quien le mete a la pequeña Emma el
virus de cuero siendo hoy la 9 de referencia en el conjunto de la
escuela. A ella y a su hermana mayor se les cae la baba delante del
perro que están a punto de adoptar cuando algo se quiebra con los
padres discutiendo fuera del alcance en un percance de lo más habitual
dentro de cualquier currículum familiar. La vuelta se produce bajo un
silencio espeso. Una vez a la mesa, él reparte pizzas, la madre alerta
de que se van a divorciar, las crías se miran sin mover un músculo y
a Thomas, que así se llama, se le nota a contrapié cuando, ante su
parálisis, resuena la causa: «Papá quiere cambiarse de género porque
se siente mujer». Como supondrán las caras de las chavalas son para
verlas.
Sus expresiones y actitudes van a marcar el desarrollo del trance
porque el hombre tiene cerrado el viaje para la operación. El
largometraje danés sitúa la historia durante el cambio de siglo cuando
los países, con la OMS a la cabeza, consideraban a los transgénero
enfermos mentales, postura que el ente pensado para velar por la salud
de todo quisque ha mantenido hasta hace dos días. Otros dogmas también sienten que se tambalean pese a que Simone de Beauvoir, que no es sospechosa, ya alertara de que «la mujer no nace, se hace» dado que, desde esta perspectiva, el sexo es una representación y no una identidad inamovible, tanto que a estas mujeres hay que
proporcionarles cobertura para la revisión de la próstata.
La mayor le susurra al padre que llamarse Agnethe es muy bonito
agradeciéndole por su parte a la primogénita su decidido apoyo en la
fiesta de la confirmación a los 14 ante el grupo de familiares y amigos. A la peque lo sucedido la tiene subida a una montaña rusa que la conduce a pedirle que se quede en el instante que se marcha a Londres para darle a la criatura el margen que necesita. Al reencontrarse por vacaciones, las tres salen en la cámara casera abrazadas sobre el Támesis haciendo frente al indómito destino.
El muestrario
Fue hace nada cuando los no convivientes aún podían acercarse a papear el fin de semana. Como estaba solo renuncié a la siesta en una prueba de devoción extrema y me senté con los chavales a ver algo. Tras el habitual desasosiego por dar con una elección acorde, uno sentenció:«Deportes». Rebuscamos, acabamos en una serie que tiene sus hallazgos y elegimos un capítulo, aún por revisar, titulado «Cuando fuimos los peores». Es un recorrido por la reciente antigüedad en el que
intervienen pioneros esforzados que en los ochenta pertenecían a un
país al que le costaba un mundo salir del atraso y así desfila una
internacional con 25 años en la absoluta de balonmano que siempre
quedó lejos de cualquier logro, aquella nadadora que tenía que oir al
final de las pruebas el extendido «al menos los nuestros no se han
ahogado», un velocista negro «con marcas de blanco» según símil propio y otro corredor que, en su especialidad, recuerda que solo terminó dos carreras. Pocos días después, la primera noticia que bosó la radio nada más despertar fue que ese deportista nada frustrado por lo que después aportó llamado Adrián Campos había muerto. Lo cojas por donde lo cojas este tiempo te deja helado.
Ahora que las limitaciones vuelven a recrudecerse para el común de
los mortales, una de las primeras iniciativas del Govern tras subirse
el telón electoral fue la de cargarse el confinamiento perimetral si
se iba a un mitin lo que provocó que, a continuación, las formaciones
en liza tuvieran que rogar que no se saltara. Es bien conocido que los
conductores indepe del prucés muy centrados no es que se hayan
mostrado nunca, pero una ocurrencia de este calibre deja a las claras
dado los registros exhibidos que, el mencionado ramillete de
vocacionales que dieron todo de sí en su época, los han adelantado por
la derecha y por la izquierda ya que, con la ternura de sus testimonios, sí que ayudan a hacer una digestión de lujo. Con los «señoritos supremacistas», tal como los cataloga Muñoz Molina, es que no hay manera.
Historias para no dormir
Lo último de lo que me empapo antes de despedir el día viene de boca
de la autoridad sanitaria que reconoce una transmisión comunitaria del virus «generalizada y sin control». A ello se suma la visión de uno de nuestros intensivistas que se descuelga con que «no le vemos salida al túnel, estamos fatal y en las próximas semanas vamos a empeorar».
Atiborrado de cifras espeluznantes enfilo la cama. A ver quién es el
guapo que duerme.
No soy el guapo. Dentro del marasmo, la eco programada para el
lunes quedó suspendida y la cita con el especialista reconvertida en
telefónica. Lo que en otra vida habría supuesto un respiro, hoy se
transforma en mayor inquietud. La ración anticoagulante se ha
extinguido y la experiencia que arrastro con las llamadas de control
no es la mejor. Cualquiera no lo comprende estando las instalaciones
como están, pero eso no quita para que uno piense en cuánta gente de
pronóstico reservado habrá sin poder ser atendida como dios manda…
Yo, que no debo ser uno de los casos flagrantes, siento en plena
madrugada una presión en el pecho de esas que, a los hipocondríacos,
nos sumerge en una realidad paralela. Tanto es así que, tras dar el
Times que los juegos previstos para este verano en Japón quedaban
aplazados hasta 2032, creo escuchar la voz de Juan Antonio Samaranch por lo que un frío recorre el cuerpo entre las sábanas. Y sí, resulta que el que sale al paso es el hijo de su padre en la radio medio
encendida, por lo que estoy deseando levantarme para poder respirar.
Ya de pie intento reponerme de la mano del filósofo Javier Gomá
quien apunta que la pandemia nos ha mostrado el significado profundo
de las señales de tráfico que advierten de que «usted no tiene
prioridad». Y concluye con que «el quid de la moralidad no descansa en
ser libres, como antes, sino en ser-libre-juntos». A otro espíritu es al que se aferra el dirigente del Coi al enfatizar que «vamos a intentar celebrar los juegos a toda costa». No sé. Para medallas tampoco es que estemos.
Vaya semanita
Frente al edificio siniestrado a dos palmos de la Puerta de Toledo hay
un hotel que sufrió desperfectos tres horas antes de certificarse el
relevo en la Casa Blanca. En una de sus habitaciones fue donde seguí
con fruición el discurso de Obama nada más proclamarse vencedor en
noviembre de 2008. Está claro que Trump lo tiene todo apuntado, no hay más que visionar la cara que lució al descender en Florida del Air
Force One para echar el cierre a su mandato. Produce escalofríos. La
sesión en la ceneene, que se prolongó hasta las tantas con el colosal
remate de fuegos artificiales, se solapó un buen trecho con el
zafarrancho del Collao. Nada más dilucidarse centelleó el móvil con el
envío de un galáctico del ingenio que, además de llevar enganchado a
los informativos yanquis desde el sofocante recuento, es un colchonero
de tomo y lomo por lo que ligó el múltiple espectáculo despachándose a
sus anchas: «Le han robado el partido». Al día siguiente Donald se fue
tan ricamente –nunca mejor dicho– al golf y debió alardear del
resultado en el recorrido ante los adversarios puesto que no se ha
practicado parte de baja alguno.
Los republicanos catalanes y los catalanistas que ahora
republicanean tampoco pueden quejarse. Menudo flechazo les ha remitido el tesejota con motivo del 14 de febrero. El Govern ha devuelto el presente a ver si se lo cambian mentras el pesecé anda colado perdido, más después de que Tezanos haya entonado el «Illa, maravilla» por lo que, sobre confinamientos, ya si eso. Hasta Bertín ha proyectado una señal divorciándose al dar por sentado que, tal como está esto, ni en tu casa ni en la mía.
Un panorama en el que hay quienes solo señalan a aquellos que no
han seguido las indicaciones, pero la curranta de la panadería comenta
que da pavor cómo va el bus por las mañanas. Con la llegada de la
vacuna salvadora lo que se ha puesto en evidencia con mayor claridad
son las dosis de improvisación y escasa garantía en la gestión que nos
gastamos. Y así es difícil sobreponerse. Vamos, casi ni el Alcoyano.
Los sonidos del silencio
El preparador criado en La Masía, que embarcó a los suyos en un viaje
repleto de pasajes inolvidables, se ha encaramado a los cincuenta y
Santiago Segurola ha dedicado en una cabecera catalana un poema a una obra que él considera imperecedera partiendo del feudo negacionista que a lo que eleva a aquel nen medio centro que Cruyff se sacó de la manga es a la categoría de falso mito. En algo de su formulación no puede esconderse que dio en la diana puesto que a la misma hora un rotativo madrileño dedicó una información a la efemérides bajo el siguiente titular: «Pep Guardiola cumple medio siglo sin ganar la Champions para el jeque del rey Juan Carlos». Ni un solo detalle en el olvido antes de que, inevitablemente, se apagasen la velas.
«El cant dels ocells» es la antigua canción catalana escogida para
acompañar por esas latitudes multitud de ceremonias fúnebres.
Hablando de ellas, un batallón de exiliados abrió a finales de los
cincuenta –de otros cincuenta,claro– una suscripción para que los restos de Antonio Machado y de su madre dejasen de morar en un panteón prestado y encontraran, veinte años después del desfile incesante de hombres, mujeres y criaturas intentando alcanzar la frontera, refugio en un rinconcito propio. A uno de los que se contactó para que arrimase el hombro fue a Pau Casals, quien se ofreció a sufragar los gastos. Le hicieron ver las virtudes de que el gesto fuese compartido y el músico aportó su donación junto a Camus, Malraux y cientos de admiradores del poeta, aunque declinó acudir al acto multitudinario celebrado para llevar a cabo el traslado. El afamado violonchelista prefirió acercarse un día normal en el que, tras desenfundar el instrumento, se sentó junto al sepulcro del alter ego de Juan de Mairena –que a los treinta ya presentaba rictus taciturno, dolorido– y le dedicó a solas la popular pieza antes mencionada.
Solo otro apunte: tras el afán exhibicionista del vicepresidente,
¿cuántos compatriotas se habrán removido en sus tumbas?
Un alto en el camino
Se trata de decenas de fotografías de tamaño considerable expuestas
una cerca de la otra. Carolyn Marks Blackwood, artista de los pies a la cabeza, ha ido completando una colección sin apenas alejarse de los
efluvios que expande el Hudson por los alrededores de casa y que hoy
tenemos a tiro tras haber recorrido otros lugares en pleno zigzag del
enclaustramiento. Yo de ustedes haría un alto en el camino con tal de
sumergirse en un mundo interior que les posibilitará escapar del que
les atenaza. No dejen pasar la ocasión.
Son estampas sin título. En su lugar van acompañadas de breves
descripciones envueltas en cápsulas que, al volver a visionar
aquellas, se depositan en lo más hondo. Componen, como la propia
autora reconoce, pequeños guiones que la entrelazan con el universo
cinematográfico al que pertenece. Enfoques cotidianos que, alineados,
representan los obstáculos, peripecias, tormentas y el ansia junto con
el misterio que cualquier hijo de vecino encuentra para seguir
adelante convirtiendo de ese modo al propio espectador en el reflejo
de la naturaleza desnuda que la cámara ha moldeado al dispararse.
Igual es que, en la situación por la que atravesamos, la sensibilidad se halla a flor de piel y necesitamos explorar vías a la que aferranos para que el rumbo no se distorsione en mayor medida aún. Seguramente. Sea por lo que fuere, la contemplación de una secuencia así se convierte en recodos que conducen a uno mismo. Y una vez despejada la bruma, qué visión hay que haber adquirido sobre lo que se ha dejado atrás para reflejar con el objetivo lo que de verdad interesa de cada instante. Y eso es lo que se plasma.
Termina el recorrido y quieres reiniciarlo al hilo del testimonio
revelador que esta mujer deja en uno de sus apuntes junto a ese
paisaje en el que es posible sentir que suena un adagio: «Era todo
demasiado bello para tener miedo». Dentro del recinto se rezuma
inspiración; fuera, bajo el estallido de un luminoso día, permanece
tejida la espesa penumbra.
Control de la situación
Molina de Aragón registra 25 bajo cero y, al ser entrevistado para una
audiencia millonaria, su regidor, como alcalde que se precie, esgrime
que se trata de un frío seco por lo que abrigándose se combate bien,
algo que no ocurre en otros sitios en los que ha estado según se
apresura a remarcar. Eso es defensa del statu quo y, lo demás, es
cuento. Dentro del mapa flamenco con el que vamos tirando, Molina de
Aragón pertenece lógicamente a Castilla La Mancha. Lo bueno de este
viejo país es que a nadie le extraña.
Pero vengámonos para acá donde también abundan historias. En una de nuestras escuelas de idiomas seis mil alumnos llevan el invierno sin
calefacción y con los ventanales de par en par –al igual que en la
mayoría de centros de toda índole– por lo que, de hacer acto de
presencia el bicho, sería vicio. En este tramo los profes se han centrado básicamente en enseñar mantas bajo las que se esmeran en evitar que los estudiantes se transformen en cualquiera de ellas. Las autoridades correspondientes encargaron una caldera de gas fabricada exprofeso para la escuela, aunque a día de hoy se desconoce el paradero. Como eso no es que les vaya a extrañar, la cuestión de fondo reside en que los verdaderos mantas se hallan en otras instancias. Por el camino se ha sabido que el artilugio requerido se encuentra dispuesto para su instalación y que, al tratarse de un contrato de obra menor de 40.000 euros, precisa licencia de tal y, claro, están en ello. Eso sí, la progresión registrada en las aulas a consecuencia de las condiciones en las que se imparte la enseñanza llaman la atención. Ni que decir tiene que los matriculados juran ya en arameo.
En medio del trastorno se produce la llegada a Interior del presidente del Gobierno en un 4×4 para presidir el operativo de expertos que nos traiga el deshielo a lo que el conductor de la oposición responde con una pala sobre la nieve, mientras que las vacunas siguen transportándose por carretera a pesar de los pesares. Por tanto, tranquilidad. Qué puede salir mal.