De lo más barroco

Con dos meses de antelación, el 22 de enero en concreto, compramos entradas para dar un garbeo por el Sur y recalar en el festival de música antigua. La primera cita, concierto en torno a Bach a cargo de una formación de perlas y, la segunda, cantatas por un tubo pero en San Luis de los Franceses, una iglesia del XVIII en la que con solo poner los pies te transporta y zambulle con su halo virtuoso en la quintaesencia del barroco. En fin, todo preparado como habrán notado para, en plena entrada primaveral, degustar un genuino «boccato di cardinale».

     A continuación febrero se comportó y, tras decir adiós, se desplegó no una ni dos, sino tres borrascas denominadas Jana, Konrad y Lawrence a las que se ha unido una cuarta de nombre Martinho. Bonitos sí que son los apelativos, eso tampoco lo vamos a negar. Al parecer la razón de todo lo que ha caído estriba, según la meteoróloga Victoria Torres a la que sigo con fruición porque es muy didáctica y distraída, en un potente anticiclón de bloqueo situado en el norte de Europa, cerca de las islas británicas. Esto determina que las borrascas circulen por una latitud más baja, que es la nuestra, lo que deriva en que le estemos robando el agua a Irlanda y a otras cuantas demarcaciones. Lo único, Dios mío, que nos hace falta, que estalle otro conflicto.

     Y aquí me tienen informándome a través de todos los chismes habidos y por haber sobre la idoneidad para adentrarse en terreno desconocido. Acabo de presenciar la esforzada tarea de unos guardias por rescatar el cadáver de un motorista arrastrado por las aguas de un río y el testimonio de un hostelero cuyo chiringuito ha volado, ambos en el trayecto previsto para empaparse de las obras del compositor del arte del contrapunto como la alborotada previa del encuentro indica. Lo mejor es lo de los pantanos, aunque algunos están también de los nervios. Y tiene pinta de que los frentes abiertos seguirán las dos próximas semanas. Pero, bueno, tranquilos. Enseguida viene la Semana Santa.

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El hombre que nunca se fue

Mi padre asomó la cabecita y a su tiempo otros cuatro hermanos. Y lo hizo dentro del hervidero de una animada urbe cuyo centro andaba tomado por borricos y los designios por otros tantos, en este caso con menos patas y cabeza no digamos. La familia vivió décadas, y dando gracias, en casas que no pasaban de tener cocina, dormitorio y un eufemístico salón incluso en fechas en que las criaturas se transformaron en bigardos. Así se comprende que cuando a los catorce años, nada más dejar paso la guerra a una amplia temporada de armas tomar, el crío se colocó de ordenanza en el Hispano Americano se celebrara por todo lo alto de haber podido. Pero se disfrutó igual.

     El chaval fue escalando posiciones hasta convertirse en el eje del área de Cartera, inmerso en el estrés de cuadrar cuentas. Ahí, en el enclave de la cárcel en la que siempre se dijo que Cervantes empezó El Quijote pero donde no debió escribir una sola línea en medio de la jauría de plebe amontonada, pasó mi padre cuarenta y tantos años de su vida. Con una planta el mozo que para qué puso dirección al extrarradio a fin de conquistar metros cuadrados a los que habría que añadir los del 3º D porque entonces la vecindad era un grado. Hoy lo cuentas y te toman por loco.

     Ni él ni ella tenían carné de conducir ni salieron al extranjero. A la playa y la pinada, a bordo de amigos y con que los tres se empaparan en clase de todo lo que a ellos se les escurrió, objetivo cumplido. En el timbre el Ocaso ponía la nota fúnebre y el Círculo de Lectores abría compuertas, junto a la colección de Salvat, tras  el periódico que llegaba primero. Con los de la nevera y el tocata, ya estaban los alimentos servidos. Para que no faltasen mi padre se dio al pluriempleo empuñando dos paquetes diarios de Cheste sin boquilla. Eso condujo a que su semblante adusto con fondo guasón se consumiera antes de tiempo perdiéndose el resopón listo para ser saboreado. Me he tomado la licencia de rendirle tributo ante ustedes en el centenario de su nacimiento. Qué menos.

El arreón insano

Cuando por las cuatro esquinas se rememora la entrada en vigor del confinamiento aquel, la imagen con la que tropiezo es la de un poli sujetando del cuello a una enfermera en el afán de ofrecer unas instrucciones básicas para defenderse ante el incremento fino filipino de agresiones que viene sufriendo el personal sanitario. Vale que no salgamos al balcón a aplaudirles, pero hombre…

     A mi padre le hacía tilín que hubiese estudiado Medicina, pero el día que la puerta de un bus le espachurró los dedos a mi primo Jesús y el que se desmayó al ver lo sucedido fui yo comprendió que su deseo tenía poco recorrido. Creo que lo que pretendía en el fondo es que me convirtiese en su especialista particular porque no sabría decir si alguna vez fue al médico. Yo sí y a mucha honra. Tengo ya una edad y ni una sola queja. En Atención Primaria disfruté durante muchas temporadas de todo un profesional comprometido hasta la médula como es Blas Cloquel. Cuando vino la pandemia llevaba tres años jubilado y no conocí a su sustituto porque gracias a la arritmia debuté en el hospital y, por mor de alcanzar los sesenta, fui de planta en planta hasta doctorarme con un par de intervenciones o tres nada despreciables. El caso es que, al venirse encima lo que se nos vino, recurrí al de cabecera que ya no era ante el tembleque causado por tocarme en el sorteo la de Astrazeneca o para corroborar cuánto debía aguardar para visitar a mi madre tras ponerme la segunda dosis. Llegué por los pelos, pero lo hice antes de que dijera adiós. El de familia que me ha tocado en suerte hoy en día se llama Serrat. Con eso lo digo todo.

     Por eso cuando, por mucho que falle el sistema y aunque la mayoría se muestre comprensiva con ciertos déficits de atención, te echas a la cara la cantidad de amenazas, coacciones y ataques con las consiguientes secuelas que padece personal destinado a velar por tu salud en unas condiciones de presión de la que cada vez es más difícil evitar contagiarse, uno concluye que, joder, ya hay que estar enfermo.

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Lo que está por venir

El auto de la jueza de Catarroja empujó a Mazón a contravenir una vez más las sugerencias del jefe y no solo es que se dejara ver, sino que se lanzó al ruedo entre cámaras y micros: «Nos hemos enterado a través de los medios de comunicación y por tanto habrá que analizarlo y de cualquier modo no es firme. Total respeto por supuesto, faltaría más, y total colaboración como evitar cualquier valoración, que la puedo tener y me la voy a reservar».

    Detonó sin concesiones el quid de la cuestión, certificó que nadie de su asistencia jurídica se ha planteado la personación deslizando, pues, que no tiene la menor intención como era fácil imaginar de aceptar la invitación de la magistrada para acercarse a dar su versión de lo acontecido. Lejos del estrado, sí: «Yo estoy muy seguro de que la Generalitat actuó con la mayor diligencia. En cualquier caso lo que habrá que hacer cuando llegue esa notificación es, con total respeto y con la máxima colaboración, responder a lo que la jueza pueda requerir aunque mi opinión personal me la voy a reservar». Segundo toque de atención en escasos lances a la titular del Juzgado de Primera Instancia e Instrucción 3, Nuria Ruiz Tobarra, siempre con total respeto y la máxima colaboración faltaría más. La exconsellera de Justicia e Interior sí que habrá de acudir a la citación como investigada al igual que Argüeso, su número dos, si es que en esta ocasión alguien da con él. Salomé Pradas ya ha adelantado que estuvo atendiendo a las funciones que le correspondían por lo que solo quedaría por desembrollar qué entiende ella por eso o si en realidad lo que sugiere es que otros no pueden decir lo mismo por mucho que estén aforados.

     Conociendo el modo atávico de proceder del personal en el ojo del huracán lo inquietante es que solo se oigan alabanzas de la instrucción y no se haya filtrado ni un pie del que cojee la autora de la misma o se deslice la verdadera prueba de cargo y es que en el pueblo todo el mundo sabe que ¡Nuria es sanchista! Debe estar al caer. Dense prisa que se echa el tiempo encima.

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Las flatulencias

Llegaba de Cehegín y se encontraba en Lorca donde las imágenes de ramblas desbordadas volvían a poner de manifiesto que estos fenómenos han venido para quedarse. López Miras ensalzaba la actuación de Aemet, de la unidad de Emergencias y de los Cuerpos de Seguridad del Estado. A la mañana siguiente era el alcalde de esta última localidad quien ofrecía el parte. Y como ellos, guardianes a porrillo de la cosa pública desde esos lindes hasta la Vall de Uxó y más. Para ninguno ha existido otra historia en el pórtico del fin de semana y en este propiamente dicho que estar pendiente de las crecidas y de actuar. Por lo que a comer se refiere ni acordarse.

     Estoy convencido de que la gran mayoría habría actuado con la misma diligencia en cualquier circunstancia, pero resulta complicado evitar pensar que el efecto Mazón no haya jugado un papel de activación. Esto nadie se lo puede negar. Él mismo suspendió la agenda de una tarde ante el temporal menos bravío que el de octubre, se desplazó al Centro de Coordinación de Castellón sobre las cuatro aunque no pertenece a él para hacer seguimiento tardándose ná y menos en enviar la alerta roja de Aemet y se mantuvo presencialmente al frente del operativo hasta pasadas las once de la noche. Un día antes se habían cerrado no solo las universidades, que suelen ir a su bola ¿verdad, presidente?, sino más de 1.500 centros educativos en ciento setenta y tantos municipios, además de suspenderse las citas médicas, la entrada en museos e incluso la actividad parlamentaria, aunque de esto francamente ni nos dimos cuenta.

     Aseguran que el mandatario del Consell ha recibido consignas para que se deje ver menos. Que no se exponga tanto. Y pueden llevarse de Valencia el congreso de los correligionarios europeos para que no les salpique la marea. Pero aunque esto no sea plato -con perdón- de buen gusto, Mazón hará lo que ha perpetuado desde el primer día. Levantarse de la mesa, lavarse las manos y encarar una memorable digestión. Eso sí, entre eructo va, eructo viene.

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Cuerpos sin entrañas

El presentador salió del cuerpo de Demi Moore y hubo de volver a meter el brazo en busca de un zapato. La actriz se quedó destrozada, pero por ver pasar de largo la estatuilla. Los académicos igual entendieron que así le ahorraban más tute después del que la mujer llevaba ya encima.

     Nada más coger su sitio, Conan O’Brien encadenó el rosario de bromas. Tiene todo el derecho. Tras un porrón de años en la cumbre al frente de un late-night, hoy tiene un podcast. Con el estado en el que se hallan los medios tradicionales, cualquiera se ríe. Así que Conan no paró. Certificó que Karla Sofía Gascón se encontraba en la sala: «Si vas a tuitear sobre los Oscar, recuerda, mi nombre es Jimmy Kimmel». La controvertida Emilia Pérez se delató al dejar patente su interés por saber quién era ese, que no es sino otro Buenafuente anglosajón en el que refugiarse cuando Andreu está ausente.

     Uno de los que más disfrutaría con lo sucedido en el Dolby fue Abascal. Disculpen la brusquedad, pero es que la tropa jolibudense apenas si le tocó un pelo a Trump. El que no se llevase distinción alguna el actor que lo representa ni el que coge el testigo del abogado influyente y extorsionador a cuyos pechos se crió  puede entenderse igualmente como una concesión porque el coaching de Zelenski tampoco debe estar muy contento con el ambiente cargado que recrea el biopic. Lo contrario a la intervención de la pareja ganadora al mejor documental, un chaval palestino y otro israelí quien aseveró que «la política exterior de este país ayuda a bloquear el camino que acabe con la injusticia y la limpieza étnica».

     En medio de la que está cayendo, se recurrió a Cuando Harry encontró a Sally para cerrar con la peli coronada. Junto a Meg Ryan, el otrora anfitrión Billy Crystal hizo una ligera inclinación, subió una especie de turba, le arrebataron la figurilla y  forcejeó para hacerse invisible. Es la vida, desengañémonos. Y, por tremendo que sea el documental, pensar que traerá la paz es mera sustancia del cine: soñar despiertos.

Recuerdos removiéndose

Corría agosto del 89 cuando íbamos a cruzar el charco para dejarnos caer sobre Nueva York. En lugar de preparar el salto empapándome las sugerencias más apetecibles a nuestro alcance me dio por meterme La hoguera de las vanidades entre pecho y espalda, de modo que me iba a la cama como una moto desde el momento en que ese «dueño del universo» llamado Sherman McCoy erró en la salida, se introdujo de noche por el Bronx atropellando a dos chavales negros entre él y su mujer y dándose el piro. Para completar el ambientazo, a la compañía aérea no se le ocurre nada mejor que poner Arde Mississippi donde el cinismo con el que se empleaba el agente Anderson daba casi tanto pavor como la plebe a la que había ido a desentrañar. Más tarde supe que el director descubrió que Gene Hackman creció en un rincón supremacista conectado con el Ku Klux Klan, lo que le marcó tela y quería que con un perfil nada liberal sacara todo lo que llevaba dentro. Muy profesional, pero qué vuelo me dio.

     La aparición de su cadáver, del de la pareja y del de uno de los tres pastores alemanes en oscuras circunstancias ha removido recuerdos de un actor cuya buena parte de papeles nunca dejó de inquietarme. Nada más alcanzar en aquel viaje Times Square, el informativo abría con cinco asesinatos en el metro, uno en la estación que teníamos al lado y, justo el día que íbamos cargados de compras, lo cogimos en dirección contraria, fuimos a parar a un descampado amenazador, se me vino el agente de cuidado a la cabeza y el caso es que una patrulla nos sacó del apuro. Desde entonces siempre ha estado ahí. Y aunque llevaba tiempo apartado del mundanal ruido, la sobrecogedora aparición postrera apunta a que se tirará y mucho de su hilo entre los asistentes a los Óscar. Como historia de misterio es Poder absoluto, un thriller que pone los pelos de punta en el que, a las órdenes del gran Clint, Hackman se mete en la piel de un turbio presidente de Estados Unidos. Pero, bueno. Al lado del que deja al irse, un bendito.

El corrimiento

El garbeo por los Madriles no ha caído en saco roto. En una sociedad de la información con tantas tertulias que tendría al propio McLuhan cazando moscas, un interviniente poco sospechoso, escorado al área económica y divulgador de la investigación biotecnológica, sentenció: «No solo el Gobierno sabe muchas cosas y por eso Mazón no ha querido contestarlas, me consta que en el pepé están absolutamente desconcertados con la estrategia que lleva a cabo. Se conocen cosas a las que no quieren darles luz lo suficientemente graves como para que Génova evite respaldarlo». Salvo que sepan que el día de marras ni siquiera fue a comer, no sé qué puede ser peor que lo que viene televisando.

     Sin ir más lejos recitar en defensa propia las dieciséis supuestas llamadas encaradas en las conflictivas horas de la presunta sobremesa. Y de ser ciertas, que ya hay que ser creyente, ¿no vio la necesidad tras unas cuantas en el arranque con la titular de Emergencias de dejar el telefonito y desplazarse para tomar el mando en vivo y en directo puesto que deja traslucir que lo tenían al tanto de la situación? En qué cree que se basa la responsabilidad del presidente de una Comunidad, ¿en coger el timón ante adversidades amenazadoras que se presentan para la población o en coleccionar por las redes fotos de postureo cuando el tiempo acompaña? No hace falta que conteste; todo el mundo lo sabe.

     Él también percibe que el recorrido que tiene por delante es el que es. De modo que va fabricándose un camino propio. El caso es asirse. En torno a las mismas horas en que, a través de Faes, Aznar le decía de todo a Vox por su fe al trumpismo convirtiéndose en la «quinta columna del Putin Club» -muy sutil-, el mandamás del Consell ponía por las nubes a Santiago Abascal en la previa a presentar los presupuestos y resaltaba la extraordinaria relación. Este embelesamiento coincide también con la guerra a muerte entre quienes eran uña y carne: Abascal y Losantos. Mucho mejor para Mazón. Ya barrunta que no habrá quien le haga sombra en el Putin Club.

Los sonidos del asombro

Coincido con el editor y con el consejero delegado en los aseos. A ninguno nos sorprende, los momentos son los que son. Aguardo a que salgan y el primero me muestra lo que acaba de entrar en el reloj de pulsera: «Abascal reafirma en Washington su adhesión a Trump y culpa a Europa de financiar la guerra a Putin». Le ruego que no me enseñe lo siguiente, pero no se va a amilanar por lo que vomite la actualidad. Se las ha visto de todos los colores y sabe que cuanto más crudo esté el patio mayor necesidad hay de estar informado como Dios manda. O debiera haber.

     Lejos de la cumbre trumpista, en la que nos movemos acude gente de toda clase y condición entre la que sobresale parte del cogollito de ese Instituto de Neurociencias que no se lo salta un galgo. Me intereso por ver si andan detrás de descubrir cómo algunos cerebros pueden pervertirse hasta estos extremos, pero ignoro si llegarán a tiempo. Para Willy Brandt, «una situación se convierte en desesperada al comenzar a pensar que es desesperada». ¡La que nos ha caído encima! J. D. Vance, el vice, que ha tomado el relevo de Taylor Swift y lo tenemos gira que te gira dándole al pico hasta que expíe las culpas por lo que vomitó en su día del jefe, ha dejado caer que «el retroceso en valores es una amenaza para la UE más peligrosa que Rusia». No sabes si es peor que se armen o que desarmen. Pero las señales buenas no son. Antonio Mira-Perceval, de la Sindicatura de Cuentas y persona de consenso, propugna porque en los actos que incluyan un himno demos paso al de Europa, que es donde nos la jugamos. Pep, ya menos, claro.

     Tras verle las orejas al lobo, la primera ministra danesa ha destinado más fondos a su ejército. Junto a lo meritorio, no puedes evitar pensar que solo sirva para completar una temporada imprevista y dolorosa de «Borgen». Me pregunto qué pensará Tom Cruise con la cantidad de rusos a los que ha liquidado en nombre de la democracia. La previsión es rodar en mayo la última de «Misión imposible». Luego ya no habrá mal que por bien no venga.

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¡Anda jaleo, jaleo!

Una de las capacidades bien contrastadas del conseller de Educación a lo largo de su dilatada trayectoria política es la predisposición casi enfermiza a resolver problemas. Para ello donde no los hay los crea. Es algo que le puede. Con la consulta de la lengua base en los coles ya tiene a la comunidad de maestros, directores y madres más padres de criaturas al borde del ataque. Y por supuesto no le viene nada mal al jefe que en realidad es el que siempre guía sus pasos, dado que cuanto mayor sea el número de guirigáis coincidentes mejor se dispersan. Así que el camino a seguir está claro: ¡Anda jaleo, jaleo!

     Es tipo Miguel Ángel Rodríguez, pero made in artero. Sin exhibicionismo. Perteneciente a la escuela del maestro Diego Such. Es decir, cuanto más ladino mejor, pero al final uno y otro lo que buscan es tejer la red más fiable de seguridad para que el superior mantenga el rango. Van a cumplirse cinco años desde el inicio de los dramas en residencias y los regidores de la Comunidad de Madrid, lejos de abrir investigación certera para dar cuenta del horror, lo que ha dicho al respecto es que las familias ya han superado las muertes y que las plataformas demandantes de información al respecto están compuestas por resentidos. Y como más vale prevenir que curar, evidentemente MAR ha advertido que «si estos testimonios nos dan su nombre, haremos las comprobaciones oportunas y veremos cuántas veces al año visitaban a sus familiares». El cantante de Placebo, la banda británica de glam rock, ha sido procesado en Italia por llamar en un concierto a Meloni «pedazo de mierda, fascista, racista y nazi». Podía haberse guardado algo por si lo contratan aquí.

      Como Feijóo duda, los guardianes de Mazón utilizan el libro de estilo del ayusismo y, al ser solicitados datos sobre el misterio de los movimientos de aquel el 29O, se contesta con las dietas del chófer. Eso sí, se ahorrarán lo de que las familias han superado el duelo. Ya no hace falta. Con la colección de respuestas acumuladas, los damnificados se han quedado muertos.