Las tías abuelas

Las tías abuelas primerizas están que no dan crédito. En mayo aterrizó la sobrina con los renacuajos idénticos y, cuando tenían todo previsto para meterse en carretera a fin de conocer a quienes se han convertido en la noticia familiar de la temporada, al regreso de recogerlos en el aeropuerto el hermano de ambas les dijo «¡Esperad, que ahora os llamo!». Efectivamente les trasladé que había pasado una noche de perros, sin que dijeran nada retumbó «típico del niño», y que, tras meterme el palo por la nariz, el chisme había cantado la Traviata. Así que las mujeres frenaron desconsoladas el ímpetu.
Como de cara a la próxima semana se afronta un nuevo reto para que al fin puedan conocer a las criaturas, el avance de la subvariante de Ómicron, Centaurus, que anda extendiéndose por Europa con tal de que el continente disponga de mayor variedad de distracciones aún, de la que los expertos señalan que puede ser la más contagiosa de las conocidas hasta ahora y que infecta a vacunados e infectados que lograron curarse tiene a las tías abuelas de los nervios y bombardeando con mensajes digamos que escasamente subliminales: «¡No se te ocurra ir por pan! ¡Ni al gym! ¡No salgas! ¡No abras a nadie!». Es posible que me haya tragado todos los partidos de Wimbledon y no reviso pelis sino ciclos completos de directores. Siguiendo un «passhing shot» he creído ver un trávelin.
Para que la emoción no cese, la embajada objeto de deseo tiene la llegada prevista en un día de los señalados con huelga en Ryanair, si bien es cierto que la compañía no precisa de tipo alguno de incidencia reivindicativa para que, a embarcar, alterado se llegue. Así que la moneda está en el aire. Las tías abuelas se han hecho a la idea de que, de no ser ahora, habrá que esperar a que cumplan el año. Y dado que es en medio del otoño que se avecina, igual ya al verlos preguntan escépticas: «Pero, ¿son gemelos o es la inflación?».

Con el sudor en la frente

Cerca de cuarenta provincias han entrado en alerta por la ola que nos invade. No es que esté pegando en las zonas tradicionales es que en Burgos, Zaragoza y Lleida se asan. Para dar moral, el portavoz de la Agencia Estatal de Meteorología se ha preguntado en voz alta «¿quién nos puede decir que en un pico cálido esta década o la siguiente no podamos llegar a los 50 grados?». Y tampoco va quedar el resquicio de poner pies hacia el Ártico porque las temperaturas aumentan cuatro veces más rápida que en el resto del planeta. El sur patrio se ha revuelto y tuiteros de todos los rincones se pelean por la autoría de un mensaje de los que marcan territorio: «Cuando los 40º eran solo en Andalucía, lo de no poder trabajar se traducía en vagancia. Ahora es estrés térmico. No me toques los cojones, Mariloli».
Rubén del Campo, el de la agencia antes citada, abunda en que el principal impulsor de estos ardores es la emisión de gases invernadero debido a las actividades humanas, «algo que ya no se pone en duda». Debe ser la calorina porque aquí no hay aserto en cualquier terreno que no se cuestione y el listado va desde Bosé a Miguel Ángel Rodríguez en su afán por fabricar compuestos que transmutan la realidad más notoria incluida hasta el sentido natural de las becas pasando por Abascal para llegar a Olona que a estas alturas ya no sabrá a qué vino al mundo o si es que se enclava donde el señorito diga.
Por si fuera poco, para enturbiar más aún los ciclos medioambientales contamos con Villarejo. Ana Pastor admite que no debieron dar lo que tiene sofocándose a Ferreras, algo que mucho ha tardado al ir de la mano con Inda. En semejante clima asistimos al primer debate del Estado de la Nación en siete años, con la quemazón de Sánchez de tonalidad Bonilla y el asedio feijoniano articulado en la previa por González Pons al exudar que el gobierno es incluso peor que el de Zapatero. Por si no han caído, en cuanto pasen vacaciones todo quisque entrará de nuevo en campaña. ¡Uff! Como para refrescarse.

El difícil arte de gobernar

Días atrás me asaltaron Los Juegos del Mediterráneo. Me quedé al constatar que se trataba de Orán y que quienes disputaban el pase eran España y Marruecos, el tridente del momento. No hace falta decir qué escuadra dejó a la vecina con el culo al aire. Sánchez, cuando se pone, se pone.
Cuatro colegas, y es posible que alguno más, han sido expulsados del país. Debe ser el cuatro-cuatro-dos del régimen alauita. A informadores acreditados se les impide que pregunten por lo ocurrido en la valla cuando bien saben que lo dicho por Rabat es palabra de Dios. Para qué va a explicar el inquilino de la Moncloa el giro si con ver cómo hasta su mujer agarraba a Biden de la cintura queda todo dicho. Sin embargo, la gestión de la pandemia y la red puesta a los más vulnerables han sido dignas de alabanaza, sin que tampoco se reconozca de forma categórica ni de lejos. Desde que llegó fue crucificado por «poderes ocultos» y diáfanos. Cómo será que ha tenido que esperar a que Tezanos lo reivindique en un libro y diga que está dándole la vuelta a la tortilla. Ya veremos si con la pechá de salir en los medios que se está dando le queda jugosa.
Boris Johnson accedió a Downing Street metiéndose a la basca en el bolsillo. Como remarca John Carlin, que lo califica de irresponsable sin principios ni capacidad de gestión, es un tipo talentoso, erudito y payaso divertido. Y que escribe muy bien el canalla. En 2015 le regalé su volumen «El factor Churchill» a alguien que se portó fenomenal y aún hoy me pregunto si lo leería antes de que entrara en la vorágine. También saltó un tuit de su madre calificándolo de «idiota sin sentido común», aunque sorprendentemente fue un «fake» sobre alguien que despreció a los eruditos en el arranque del covid e impuso su criterio sin base científica para acabar bailando en medio del vía crucis. Tras alabar a su nación, se irá recreándose en lo que ama sobre todas las cosas: al del espejo.

A toda pastilla

Carlos Mazón ha celebrado el año al frente del poder de su grey y, coincidiendo con la efemérides, se ha sometido a un interrogatorio en el que quien será rival directo de Ximo Puig ha dejado claro que no se arredra ante ningún frente que le abra el cuestionario y, nada más sonar el silbato, ha empezado a dar doctrina: «No tocaría la violencia machista o el aborto si gobierno». Me parece estar escuchando a Eduardo Zaplana, más liberal a la ida que el que lo inventó. Pido disculpas por la comparación, aunque el pretendiente en el ciclo actual presume de no molestarle el parecido al no ser «amigo de etiquetas». Bien, pero no vaya a ser que para alguien pudiera resultar un estigma avistar la sombra del primoroso delfín de Aznar. Que hay gente p´a tó.
En el transcurso del tramo de rally que lleva sorteando ha visto salir despedido al dúo de pilotos formado por Pablo&Teodoro que lo propulsaron para tomar aquí las riendas. Ni que decir tiene que no los echa en falta a pesar de que permanezcan desaparecidos. Porque tela marinera con la forma de conducir empleada y porque la nueva dirección se esmeró hace unos días en eliminar de la faz murciana los obstáculos que pudieran hacer pupa a López Miras para continuar dirigiendo la formación en la que ha sido ratificado por solo un 98,7% de la plebe. Feijóo no quiere jaleo, lo que le viene de perlas a Mazón, feijoniano de toda la vida.
El aspirante al cetro en el Palau es político hasta decir basta. «Moltíssim». Lo ha sido incluso cuando no ejercía de tal. No es ningún pipiolo y ahora ya ha cogido velocidad. Está lanzado y le avala una cierta capacidad de resistencia. Le va el «footing». A toda mecha se afana por advertir que hay techos de cristal que aún no se han cubierto, que es necesario incrementar los flujos migratorios por estos pagos y que el espacio de encuentro para conservadores, liberales y socialdemócratas es hoy, ojo, su partido. «Soy más liberal que la media del pepé». A ver si a este ritmo una parte de su parroquia no le va a votar.

Una historia de película

Vamos al grano. «La brigada de la cocina» es una cinta francesa estrenada recientemente. Posee carga social, pero no te da la tarde sino que el duro material progresa envuelto en tono amable. El director se caracteriza por trasladar a la pantalla los aspectos más comprometidos del mundo que nos rodea, dándoles el gachó un toque la mar de salado. Gran parte de los planos están inmersos en el interior de un centro de acogida de menores extranjeros no acompañados y proyecta cómo de contar la fórmula con medios, con profesionales que no pierdan de vista el rigor necesario para lograr la complicada adaptación y apostar por la especialización, entre otros condimentos, una vía de salida fructífera es posible. Al terminar se ofrece el teléfono de una asociación que sirve de enlace entre formadores y empresarios con necesidad de contratar. Más de cinco mil llamadas se han producido en el país vecino. Otra ventaja de acudir a la sala es que será difícil compartirla con alguien de Vox. No sea que vayan y les haga tilín.
Coincidiendo con la cinematográfica historia ha salido a la luz que, a diferencia de todos los que siguen colgados, uno de los chavales que con 17 años llegó a bordo del Aquarius ha encontrado su sitio a través de una oenegé en una panadería señera, un horno antiguo en el que ha aprendido el oficio desde menos cero porque cuando entró no hablaba ni papa el idioma hasta el punto de que le reclamaban un tomate y llevaba un pepino. Pero Ousman sabía que estaba ante la oportunidad de su vida tras salir por piernas de Gambia y todo lo que no entendía lo aprendió fijándose en la forma que la jefa, armada de paciencia y que hoy lo califica de gran trabajador que inspira mucha confianza, estiraba la masa una vez y otra. Y, ya situado, no ha perdido el tiempo. Se ha casado con la seño de español, espera una criatura y, como no podía ser menos, anda embarcado en un crédito hipotecario. El pobre.

Confucio y la confusión

Pepón Nieto alertó sobre que se había cancelado el «Cine de Barrio» celebración del Orgullo y, al denunciarlo en su cuenta, se emitió. Algo está pasando porque la tele pública ha venido ofreciendo al mismo tiempo hasta maratones en torno al activismo elegetebeí. Hablando Pilar Miró allá por el 79 en «La clave» acerca del erotismo en el cine y en la tele advertía que, aunque ya no funcionaba el mecanismo de la censura instaurado en los cuarenta, tampoco existían normas sino que el plácet quedaba al arbitrio y la subjetividad de un menda lerenda. Esto ya no es lo que era evidentemente, aunque a veces cuesta lo suyo saber dónde estamos según de qué tomate de temporada se trate.
Una ola chunga nos invade. El antiabortismo supremacista de los republicanos estadounidenses está encendiendo llamitas contenidas en las mesnadas feijonianas. Pese a las enseñanzas que dejó Confucio en el orden de la buena conducta en la vida y el buen gobierno del Estado, todo anda muy confuso. El timonel del Ejecutivo, que concedió refugio y asistencia médica a un descollante opositor plantando cara así al régimen alauita, ha declarado «bien resuelto» por la gendarmería marroquí el destrozo humano junto a la maldita valla en línea con lo expresado por el curita de Exteriores. Bien es sabido que la política es el arte de lo posible, que en la última temporada de «Borgen» es en Groenlandia donde los mandatarios daneses tienen el pollo y que en ambos casos Washington es Washington, pero el giro dado por el matador de los próceres históricos de su partido compite con el del referéndum de la otán. De plusmarca en plusmarca y tiro porque me toca.
Electoralmente hablando, la situación económica parte el bacalao. Okey. Y de no reconducirse, el gobierno perecería de muerte natural. Ahora bien, en caso contrario, hay unos que tienen claro el motivo para votar y es ir contra Sánchez. ¿Lo tienen los de enfrente a pesar de tanta y tanta medida anticrisis? Pues qué quieren que les diga. Como no sea en Groenlandia.

Pequeños placeres

La recojo después de haber estado alejados una eternidad, siete días nada menos. En la estación se nota el bullebulle del estío que se nos viene encima. La mayoría sale disparada con la velocidad en la que se han trasladado metida en vena. Ella, no. Ella aparece tranquila, luminosa con su paso jovial y eso que quien la espera es el marido. Atravesar la ciudad a esas horas y en estas fechas es un suplicio, pero qué más da. Sarna con gusto no pica y, una vez alcanzada la meta, saluda la mesa con un popurrí de restos que tiene su cosa. Tras la sudorosa siesta toca darle al botón de reinicio. Como en cada tramo de ausencia, la selección de periódicos aguarda alineada además de un par de documentos y una peli con toque británico de distinción. Busco con ansia lo que más puede atraerle, aunque cuesta lo suyo. Por fin doy con una versión íntegra del ceremonial destinado a lugar preferente. Es la entrega del nombramiento de hija predilecta de Madrid a título póstumo a Almudena Grandes con la consiguiente evocación en el Español, que desde el primer instante despide calidez. La escritora resplandece a través de quienes intervienen y de los seguidores que pueblan el teatro. Desde que nació, la Glorieta de Bilbao fue el eje en el que brotaron sus historias y desde el que anduvieron dando vueltas hasta que demasiado pronto la autora zarpó. Fuera está la placita de Santa Ana, uno de mis amores. Dentro Sabina rememora lo vivido en el cementerio con la despedida libro en alto a puñados y se quita el sombrero ante aquello. Ni el de Tierno proporcionó tanto pellizco. La gran lectora que tengo al lado permanece con los ojos clavados sin perder ripio. Definitivamente no mora aquí. Forma parte de las páginas que lleva dentro. García Montero pone punto final con versos que empujan a paladear a base de bien lo que tienes porque es lo que la muerte no podrá arrebatar. Dí que sí. En ello estamos.

El gran revolcón

La victoria de Moreno Bonilla es tan tremenda que resulta más que probable que el próximo consejero de Presidencia de la Junta sea de Valladolid, en cuyo departamento ostenta la secretaría general. Si no me equivoco, el hombre de moda del panorama rumbero nacional recogió a quien perdió frente a él las riendas de Nuevas Generaciones, que luego ha sido veinte años diputado en representación de la ciudad del Pisuerga. El arrullo no es baladí. Madrid será Madrid dentro de España, pero este es el verano en que se celebra el quinto centenario de la primera gramática castellana pergeñada por el andaluz Elio Antonio de Nebrija. Casi ná.
Quienes no perdieron un instante en deslizar que el rey de las urnas más flamencas se ha convertido en el barón de barones fueron los escasos nenes del espectro casadista que aún entonan voces de ultratumba, dándose así el único festín póstumo a su alcance. Cuando Pablo, Pablito, Pablete y su fiel Teodoro se echaron encima de quien pasara por allí convencidos de que eran gigantes cuando eran molinos, a quinientos, seiscientos, setecientos kilómetros del palacio de San Telmo donde reside Juanma se oían comentarios en terrazas y en el transporte público favorables al tono con que se empleaba -«a mi el que me gusta es el andalú»-, incluso sin venir a cuento. La suerte estaba echada.
No hubo más que oir al candidato de Sánchez enunciar su satisfacción porque en campaña se había retomado la conexión con la plebe para entender por qué han dilapidado un millón largo de votos en una década, donde el flujo orgánico e institucional tendió a confundirse junto al petardazo que pegó el club bancario verdiblanco y las poquitas industrias señeras. Los nuevos votantes no creen deberle nada al pesoe ni conocen a Escuredo y lo que les saca de quicio y les moviliza es su futuro. Y este anda ubicado en un moderno ámbito de expansión moldeado en tierras malagueñas, que es de donde procede el indiscutible mandamás y su núcleo duro. El que ahora tiene un color especial.

Cuéntame qué es lo que pasó

Aseguran que «Cuéntame» se ha ido para los restos. Ya veremos. En la promo del último capítulo Antonio acelera para quitarse de la ventanilla un moscardón que lo reconoce, Mercedes le pregunta «¿Se puede saber qué te pasa?», él contesta: «No te lo he contado antes porque creí que iba a superarlo» y sobre el acompañamiento de una sintonía blusera de fondo, la voz en off remata: «Cuando el pasado te atormenta es imposible escapar». Pues imagínense del futuro después del recuento indeleble que nos aguarda.
Al producirse el estreno de la serie más longeva de La 1 que retrotrajo a una época en que aquí nadie tenía arte ni parte en la forma de gobernar salvo un señor bajito con bigote y voz encima aflautada, el paisanaje había entrado ya en el siglo XXI y las temporadas de arranque gozaron de un impacto de consideración no sé si por la fidelidad con que retrataba aquel final de los sesenta o porque suele resultar más placentero refugiarse en la añoranza que salir cada mañana a la calle a darse de bruces con la realidad. El caso es que esta ha ido ganándole el pulso a la ficción, arrebatándole audiencia por lo intrincado del guion y puede también que por el lastre de imagen que la acusación de fraude fiscal que pesa sobre los protas y que, bajo amenaza de trena y multa guapa, tiene a Imanol Arias y a Ana Duato con la Agencia Tributaria y Anticorrupción como pareja de baile. Ya ven, ni distopía ni ná.
La cosa quizá empezó a torcerse al darle la patada a Echanove. Al poco Carlitos tomó las de Villadiego aunque, lejos del papel que marca una carrera, Ricardo Gómez ha crecido bien. Después de un ciclo tan intenso, a Imanol no se le ha ocurrido nada mejor que poner a parir a todo quisque de la tele en la que prácticamente ha estado empadronado para a continuación retractarse con algo así como «lo siento, no volverá a pasar». Otra cosa no pero, cuando de bordarlo se trata, lo bordamos.

Recetario antisofoco

Me acerco al centro de salud y comento que querría una cita con el de cabecera al que creo no conocer. Desde que nos enfundamos la mascarilla donde me mantienen a raya es en dos plantas del hospital, recetas de la media docena de pastillas diarias incluidas, un registro que me llena de esperanza en alcanzar las nueve con las que mi madre se fue hasta los 98 envuelta en una calidad de vida que confío en heredar. Me dan cita y sí, el doctor es otro. Le destripo el mal cuerpo y los sofocos. En el transcurso del interrogatorio sobre lo que me he metido por el cuerpo en los últimos días le confirmo que el par de debates íntegros más unos cuantos de los locales sobre la realidad de allá abajo. Me calma y añade: «Demasiado bien le veo».
El dictamen tiene una explicación. De cara a lo que se avecinaba me vacuné a base de bien. Nada menos que en tres ocasiones con cargas de dramaturgia exquisita por si las moscas. La primera proporcionada por Carlos Hipólito quien, zambulléndose en «Oceanía», abraza el testamento artístico y vital de Gerardo Vera con una sencillez y de una forma tan cálida que le confiere al legado credibilidad aumentada. La segunda propinada por Blanca Portillo. ¡Qué chute! Su interpretación en «Silencio» sobre el texto del discurso de Juan Mayorga de ingreso en la Academia es una barbaridad. Pero aún así sabía que necesitaba una de refuerzo.
Puesto que iba a arrancar la campaña debía contener… Y teniendo a Alberto San Juan con «Poeta en Nueva York» ríete de AstraZeneca. Escuchas esos textos y martiriza pensar en cómo esta tierra se lo quitó de en medio. De no ser por su estruendoso esplendor ignoro cómo hubiese podido digerir las apariciones de quien propuso al presidente andaluz ser su vice en un despliegue de insolencia, ignominia y cerril ignorancia de todo cuanto se cuece. De haberlo podido presenciar, esta vez Federico se habría quedado en Harlem.