Casado, Arenas y el tiqui taca

Ese gaditano de los pies a la cabeza que es Pepe Oneto dejó caer que el incombustible Arenas, en el mismo ave procedente del congreso, soltó: «Tendrán que contar con nosotros, que somos un 42%. Yo seré secretario del grupo en el Senado y además esto puede durar lo mismo que Hernández Mancha». Da la impresión de que, el partido, una unidad de destino en lo universal no va a ser. Algo es algo.

El día previo al cónclave en que Casado reunió a buena parte del gabinete Rajoy, el equipo de Soraya transmitió una foto descuartizando algunas pizzas con la idea fuerza de que no tenían tiempo para frivolidades y en ella se traslucía que Arenas ya sabía que dos días después no se comerían un colín: salía de espaldas sin que apenas se le distinguiera. Con ese margen de antelación da tiempo a maniobrar y Soraya se ha ausentado unas jornadas en las que el nuevo jefe ha tenido que entretenerse con los ex pero en las que ha comprobado cómo las inquietantes novedades sobre su máster en la sin par Rey Juan Carlos han ido sucediéndose. No ya es que la uni de los coj… declare que «no le constan» los trabajos del recién elegido mandamás de la formación huérfana de Cifuentes por chocar en la misma materia, es que la jueza ha imputado a tres compas del curso de Casado siendo una de ellas, que aprobó sin ir a clase y con las mosqueantes convalidaciones de marras, ex alto cargo con Camps. O sea, que posee antecedentes.

Igual se recompone, pero el pepé está en carne viva. Fue sintomático que Casado se citara con el predecesor en Santa Pola. Por la forma de quedar dio la impresión de que, en plan aznarín, tenía prisa por fundar su Oropesa con reminiscencias de Quintanilla de Onésimo y, sin embargo, hasta el día en que se empadronen Arenas and company en la villa marinera no respirará tranquilo. El tiqui taca tiene al neófito presi balompédico en el alero. Hay quienes apuestan porque ni él ni Casado ni Lopetegui se comerán el turrón. La España de las banderas puede conseguirlo.

Al aire libre

Dentro de las diversas facetas creativas desplegadas por Juan Luis Mira, si se atiende a una sola de ellas es mínimo tridimensional. Este mes llevó al festival de Almagro esa broma teatral que es Todo Lope (o casi); a continuación cruzó el charco para plantarse en el certamen internacional de Artes Escénicas sobre la Diversidad de Lima con su texto Beca y Eva dicen que se quieren y, en el reciente fin de semana, repuso en la Casa de Máquinas de la plaza de Séneca Dentro de una hora, estrenada en Las Cigarreras el pasado 25 de mayo al cumplirse 80 años del bombardeo del Mercado Central por los Savoia italianos que provocaron más de 300 muertos, en su mayoría mujeres y niños. Es decir, todo menos una broma.

Representada en esta ocasión a la intemperie, la obra arranca con los protagonistas advirtiendo al público «dentro de una hora estaré muerto» y, sin mayor dilación la manecilla del reloj se retrasa 60 minutos justo a las 10,20 de la mañana de aquella negruzca primavera del 38, en el momento en que una muchacha de renombrada estirpe musical pone su voz de ángel en el concurso de Radio Alicante y de la que el sagaz crítico del El luchador traza la fisonomía a ciegas sin dar ni una en la tecla. El autor ha traído hasta la cálida noche de este julio el periodístico esfuerzo de reconstruir las vivencias de unos alicantinos que, a esa hora, desconocían que a tantos sueños y a tantas inquietudes les restaban un suspiro. Un suspiro en el que da tiempo a escribir una carta de amor; a probar las virtudes del licor preparado artesanalmente por ese amigo que se resiste a correr hacia el refugio porque de su casa no lo saca ningún bombardero cargado de infamia y a erizarse el pelo porque un cielo así de claro cualquiera sabe qué presagia.

Presagia dolor, silencio, olvido. Presagia que, con menos vidas truncadas, Guernika sea quien se convierta en emblema de la mano del pintor. Presagia que Franco y Queipo descansen convertidos en atracción y que, aún al aire libre, el estruendo de las 11,20 deje un trago seco de amargor.

A toque de corneta

Cuando hace ná y menos el secretario general del pesoe parecía desahuciado para los restos y la formación a la que representa abocada a Segunda bé, a día de hoy expone pertrechado en el traje ese que le queda como un guante su plan para rescatar a España de la deriva moral en la que andaba sumida, tras haberse convertido en un tiempo récord en pareja de hecho de Merkel. Ni él mismo puede creerse lo que le está ocurriendo.

El merengue de Mariano en Moncloa empezó a cortarse con el anuncio del caloret que trajo consigo la menospreciada moción y, por ahora, el nuevo inquilino ha rebajado de grados incluso a los brebajes esparcidos por el peripatético Torra sin despojarse siquiera de las gafas de sol. En este frenético periodo, donde cuesta situarse en la acción, se ha producido el fin del bipartidismo más cansino sufrido por la mayoría silenciosa: el de Messi y Cristiano, claro. Es factible, pero ni mucho menos seguro, que a M. Rajoy lo sustituya al frente de la equis del aparato un aznarín. Aunque haya sido de soslayo, al registrador de registradores se le ha visto enfurruñado porque las criaturas no quieren hacerle caso en su deseo de que parezca que son una familia. A ningún hijo se le puede obligar a querer al padre y, cuando al fin éste le concede la palabra, lo que perseguirá aquél es ser él mismo.

Por si esto no fuera suficiente, el revoltoso que comanda el pelotón federativo por antonomasia ha colocado al frente de la selección a uno de los pocos echaos p’alante al que Florentino no se llevaría a una isla desierta. Y la final de la Supercopa de España quiere llevársela a Marruecos aprovechando que acaban de reactivarse las escuchas y el papelón de Sumaje en los que figura que Corina y olé actuó de tapadera en una propiedad que el monarca alauí tuvo el detalle de regalar al colega y de aceptar éste y no declararla. España fue potencia cuando en sus dominios no se ponía el sol. Ahora en cambio la única forma de tenerle consideración es que, los de mayor rango, se encaramen a la sombra.

En Nueva York y aquí mismo

La corresponsal en la Casa Blanca del New York Times fue siempre periodista de Local. Para los que nunca dejarán de velar por el oficio se trata de una garantía. Durante los 14 años que pasó entre los tabloides y el Post cubrió el día a día del ayuntamiento donde no le quedó más remedio que lidiar con Trump y, obtener declaraciones suyas, animaba mucho el cotarro. Con Enrique Ortiz es clavado. Al contratarla el Times en 2015, nadie tenía a Trump asignado. Como no disponía de campo concreto, se lo pidió al confiar en que a los pocos meses Hillary le proporcionaría una nueva vida cometiendo de esta forma un formidable error de cálculo.

Sucedió lo imprevisto y se ha convertido en una de las pocas voces del enemigo a la que el presidente descuelga para llamar. Según transmitió Maggie Haberman nada más acceder al rotativo, Trump vive obsesionado con el Times y, aunque nació rico, no se ve de ese modo. Él se considera alguien que se hizo a sí mismo y que llegó por méritos propios a la Quinta Avenida. Pero la elite nunca se lo tomó en serio. Y a pesar de haberse convertido en uno de los mayores magnates inmobiliarios del país, todavía se le trata de aquella manera. A decir de la especialista, siempre va a importarle sobremanera lo que diga el Times y eso juega un papel crucial en su mente.

Aquí, puesto que temor de Dios es lo que no atesoran, ni el Times ni la biblia han tenido ni tienen obcecados a la retahíla de prebostes que han quedado marcados para los restos y sí la cabecera local compuesta por elementos de la redacción que, al conocerlos como si los hubieran parido, ha sido capaces de diseccionarlos sin anestesia, ejercicio que éstos hicieron todo lo que estaba en sus manos para agradecer hasta límites insospechados. Volviendo a Trump -es un decir-, maneja el Gobierno al estilo que lo haría un potentado de segunda. Es como si tuviera 12 años. Para él, el Ejecutivo es un obstáculo. Las leyes y las reglas son escollos que hay que eliminar para sus verdaderos fines. Qué voy a contarles que no sepan ustedes.

Hacer tilín y hacer tolón

Se ve a Yudit Romero llegando de punta en blanco a una casa en construcción y moverse así, así sobre los tacones entre el albero de la parcela. Del interior de la estancia situada en lo que se diría que es el fin del mundo surge sudoroso un albañil y la maja estudiante paraguaya de impoluto conjunto se atusa la melena, coge una carpeta y, ante el indiscreto ojo de feisbuk, se la ofrece al hombre diciéndole: «Padre, te entrego mi trabajo de investigación y te doy las gracias porque este esfuerzo, este logro, es de usted también; de la familia, de mamá, de vos, porque, gracias al trabajo de usted, pudimos estudiar y terminar. Hoy te agradezco, papá, y te entrego este regalo». Estando comprobado científicamente que de padre nunca se dimite es fácil imaginar cómo echaría la peoná un currante nato, sin olvidar que, para muchos que no pudieron estudiar, la formación y la cultura contienen más valor que el dinero, convencidos en medio de sus limitaciones de que es la mejor inversión de ley que existe con diferencia.

En la galaxia por la que ahora nos movemos, este testimonio se ha entremezclado con el de Clara Souto, profe sin plaza fija en la Rey Juan Carlos, con un par de criaturas que anduvieron delicadas de salud y arrastrando el reciente fallecimiento del padre. Su supuesta firma consta en el acta del trabajo de fin de máster de Cifuentes, pero ella niega la autenticidad: «El 2 de julio de 2012 estaba en Galicia al cargo de tres sobrinos, por lo que no pude rubricar ese documento». Según declaró ante la juez, la situación a la que se enfrenta la ha desequilibrado: «Estoy tomando pastillas porque no soy capaz de superarlo. Sigo de baja. He venido porque necesito que se aclare esto. Sí, callé, me parecía que era ir contra el mundo y que todo se me venía encima. Veía que peligraban mi vida, mi carrera, mis hijos. No comprendo que te puedan hacer algo así». A diferencia del bracero, a la expresi y demás plebe que tantas satisfacciones ofrendan el afán los lleva a falsear incluso los dichos. Y claro, de ahí que para ellos el saber no ocupe lugar.

… Y solo queda lo sustancial

La mañana en la que inscritos del pepé se dispusieron a perder la virginidad, no se veía apenas un alma en la calle Soria, por lo que la placa con «Registro de la propiedad y oficina liquidadora» reinaba a sus anchas cuando los vecinos que eligen al alcalde coinciden en que, si por algo se ha notado la morada del expresidente allí, ha sido por las movidas de la seguridad. La única presencia fija es la que en el primer piso pone un zagal que limpia los cristales, ataviado con la camiseta del Barça. El caso es hacer daño. El camarero de la cervecería más próxima advierte que, de presentarse el galán, le serviría como a cualquier otro: «Si supiera que por atenderlo mejor iban a darme dos días…». Y eso que desconoce que Rajoy ha pillado vacaciones –¿¡pero pueden corresponderle!?– ya que, de barruntárselo, en lugar de aceitunas, tendría preparada la ensaladilla rusa con la cara de los que nos mandaron de vuelta.

Han sido tantos años despotricando de estas sacudidas internas que, destacar a lo que no se han atrevido en una contorsión así, parece menos relevante. Lo han hecho y ya está. Lo mollar es si llevará a la formación a explorarse por dentro, a distinguir desde dónde parte para lograr no perder comba. Solo digo que en esa jornada, el aún presidente del partido se hizo fotos y comió en Sansenxo con su mujer y con Martínez Castro, la misma que soltó hacia manifestantes contra la precariedad aquello tan fino de «¡qué ganas de hacerles un corte de mangas de cojones y decirles pues os jodéis!», yéndose poco después derecha al paro, confiemos. Y no lo deslizo yo, lo advierte el politólogo Quintanilla, que formó parte del gabinete de Rajoy: «Se ha perdido la perspectiva y la comunicación con los españoles. No se entiende la magnitud del alejamiento». Y «tampoco parece que se haya compartido con el pepé su indignación por la moción ni se entiende que personas directamente responsables de lo ocurrido tengan posibilidades de dar continuidad a la catástrofe desde la presidencia del partido». Conclusión: no vendría mal que más gente se pirara de vacaciones.

El dolor creativo

Luis Prado, uno de los músicos más sugestivos y completos de esta tierra, anda de gira con Miguel Ríos y Tequila, vivió el fervor por Carolina junto a los M Clan, ha versionado con Señor Mostaza el Sargent Pepper ́s de los Beatles dándole el airecito propio de su banda y, además de profe de conservatorio, pianista, compositor y vocalista, te lo pasas pipa oyéndolo sobre el escenario: «Estaba en casa sin nadie de la familia viendo la final de la Eurocopa contra Francia vestido con la equipación de Arconada, junto a un hombre que pintaba el salón, cuando el árbitro pitó falta y Platini lanzó a su manera. Mi ídolo la sujetó como casi siempre pero lo hizo con tal fuerza que, de la presión, la pelota salió despedida, se coló y el pintor se puso a blasfemar al cancerbero sin la menor consideración hacia ese niño hundido en la miseria. Ahí pensé que de mayor haría una canción al portero y me sacaría la espina». De aquéllo nació Minitragedia de Arconada (en tres segundos) por la que el exinternacional está agradecidísimo y de la que el pintor ni sabe ni contesta.

En la última peli, David Trueba ha cogido una de sus canciones, Todo me recuerda a tí, y ha hecho de ella el leitmotiv, una melodía que a la prota le cuesta retomar en su vuelta al circuito porque, del pasado que se nos viene encima a bote pronto, hay secuencias que se reviven sin la menor alteración y otras que duelen lo suyo revolverlas de nuevo. El cineasta quedó prendado el día que escuchó Momento Garci y el músico está encantado de que aquél le haya proporcionado a la canción otra vida tan chula como la que le ha dado. Ambos comparten sensibilidad de calibre similar por lo que estaban condenados a encontrarse, mucho más tras haberle dado nostálgico a Trueba en Casi 40 y ponerse a rebuscar en la memoria de sus acompañantes años atrás. Ya que Nicolás, el chaval de Luis, ronda la edad del padre cuando Forges compuso Arcomanta, no descartemos que en un tiempo suene algo tipo Pongamos que hablo de De Gea. Pero, vaya, en este caso sin contemplaciones.

Para mear y no echar gota

En 2016, un tríptico con las caras de Putin, Trump y Marine Le Pen se hizo viral exhibido por una joven llamada María, propagandista total, en una rueda de prensa del jefazo del Kremlin: «Este es el tríptico del Nuevo Orden Mundial», sentenció sin cortarse un pelo la chavala.

El año pasado, en la visita del mandatario ruso a París nada más producirse la derrota de la tercera pata del banco, Macron advirtió en Versalles durante la comparecencia conjunta que Sputnik y Russia Today, los canales de noticias estatales, no habían parado de difamarlo ante el rostro imperturbable de su acompañante, que no se dio por aludido. Pero la tunda en las redes comenzó mucho antes y se asentó con la creación de la agencia de Investigación de Internet, que es una fábrica secreta de troles instalada en San Petersburgo, ciudad natal del líder, con unas medidas de seguridad alrededor que dan escalofrío. Aunque sin constar en registro alguno, al frente del entramado dispuesto para esta nueva vertiente de la Guerra Fría se encuentra Konstantin Rykov. Durante la disputa Trump/Hillary, los investigadores descubrieron más de 400 páginas de feisbuk en inglés creadas en San Petersburgo, sí, denominadas Fonteras Seguras, que compartía sacudidas xenófobas en línea con la política del menda por el que no muchos daban un duro. Noticias falsas del tenor de «el 30% de los niños inmigrantes forman parte de una banda». Los directores de Google, Twitter y Facebook tuvieron que declarar en el Senado, pero a las historias y los memes se habían acercado sobre 50 millones de visitantes. Sin esconderse en este caso, el equipo de Rykov celebró con una fiesta por todo lo alto la toma de la Casa Blanca por su candidato.

El mandamás del país organizador del Mundial ha enfatizado que «los hackers son libres como los pintores. Si amanecen de buen humor, pintarán. Los hackers se despiertan, leen lo que ha pasado y, de ser patrióticos, no les quedará otra que preparar toda una ofensiva contra quienes ataquen a Rusia». ¡Ay, Iniesta de mi vida!

De los ídolos a los caídos

Las revistas del corazón son una perdición. En momentos determinados resulta muy difícil sustraerse a ellas. Atrapan que da gusto. Según cuentan hay algo más que amistad entre la reina emérita y el viudo de la Duquesa de Alba, que pudo empezar a fraguarse cuando doña Sofía llamaba para interesarse por la salud de la sin par Cayetana y el que cogía el teléfono, y no lo soltaba, era el hombre de la casa. Qué quieren que les diga. La patrona de los funcionarios será Santa Rita pero, el ídolo, Alfonso Díez. De fichar en la seguridad social a convertirse en duque viudo de alba de Tormes y Grande de España, el fenómeno acaba de ser visto en un concierto de Carla Bruni entre rostros conocidos, aunque el suyo está irreconocible tras haberse quitado las bolsas de los ojos e inyectado bótox y ácido hialurónico que, según la paginita que tengo delante, le proporciona una piel más radiante y un aspecto muy rejuvenecido. No te digo.

Con otros, sin embargo, no hay milagro que valga. Es el caso del exministro de Justicia que firmó en la prórroga la orden de sucesión del ducado de Franco a favor de Carmen Martínez Bordiú. Rafael Catalá aprovechó la moción de censura para dejar atado lo de la nieta en una de las últimas decisiones adoptadas por este genuino «novio de la muerte» por si quedaba alguna duda al respecto. Esperemos que los achaques del nobel Vargas Llosa sean cosa de nada porque, de lo contrario, el pimpollo play boy que ha declarado la guerra a las arrugas no va a dar abasto.

El couché muestra a Urdangarín enjuto a más no poder como buscando que se apiaden de él cuando, comprobar que los nobles también lloran, no es fácil que remueva a la plebe. La que está espitosa es Ágatha que aprovecha cualquier excusa para mandar un recadito al ex, al que tiene de los nervios. A cuento del chatarrero con el que sale ha dicho: «Me encanta cómo recicla este tío». Dado que Belén Esteban ha debutado haciendo entrevistas, está claro que nuestro sector recicla regulín. No sé si así van a cortejarnos demasiado.

Hay quien se lo sabe hacer

Ante el pasmo de ver entronizado a Luis Barcala, Rajoy no dejó pasar la ocasión convirtiéndose en el primer presidente del Gobierno de esta era en rendir visita al Ayuntamiento de Alicante. Repasando consistorios, tampoco es de extrañar. Durante el acto en el que la formación celebró el retorno de la vara de mando, el entonces inquilino de la Moncloa sufrió un desacople marca de la casa al no recordar el nombre de la primera autoridad local, motivo de su visita. Y lo que es la vida. Ahora va a aprendérselo de carrerilla.

Ha sido tan supersónico que está por ver el tiempo que Mariano dará garbeos en Santa Pola. Tampoco es que en el partido se haya guardado mucho tiempo el luto. Los intereses han coincidido dado que ninguno de los aspirantes a la sucesión ha observado ganas de recibir la bendición de quien ha sido baluarte de Bárcenas al frente del engranaje. El riesgo que asume al dejar el acta de diputado estriba en que pierde el aforamiento, lo cual dice algo de la trayectoria. Y qué señalar de las políticas llevadas a cabo por el caballero. La tan vitoreada salida del túnel a través de los canales oficiales ha sido de máster, ya me entienden. Es decir a base de emprobrecer a la clase media; poner en riesgo las coberturas que dan calorcito; mandar a parte del talento joven al quinto pino y dejar en los huesos la hucha de toda una vida. Con su requiebro, Rajoy se ha quitado de encima la sombra de Aznar y, por cómo ha hecho el quite del perdón, se ha ido tildado de ejemplo y rememorando al capitán Diego de Acuña cuando Marquina le hace decir en Flandes al final de acto «España y yo somos así, señora».

Insisten por ahí en que, de investigarse cómo logró la plaza a los 24 añitos, lo de Pablo Casado quedaría en una cosa de niños. Pobre aspirante. Sin embargo de registrador, Rajoy se embolsará el doble que al frente del Gobierno –¡país!– y, junto a la playa ya sin corbata, ha insuflado desde la atalaya ánimo a los suyos: «No tengo que transmitirle nada a los candidatos, salvo que la vida continúa». Y qué vidorra, amigo.