Cuidado con el giro

Coque Malla ha querido compartir en su perfil de Instagram las sensaciones experimentadas tras el ingreso por las complicaciones de salud de su hijo pequeño, una vez que recibió el alta: «Quiero una sanidad que me cure a mí y a los míos, pero a partir de ahora quiero, sobre todo, una sanidad pública sana, fuerte y justa para que esos ángeles (en referencia a los sanitarios) descansen como tienen que descansar, cobren lo que tienen que cobrar y vean recompensado de manera justa y generosa todo el esfuerzo sobrehumano. Una sanidad pública para devolverles lo que hacen por nosotros». Entiendo lo que ha sentido el cantante. Con apenas nueve meses a nuestra hija le picó probablemente un alacrán en el jardín de la casa familiar en la que nos alojábamos cerca de Torremolinos, la pierna se le oscureció hasta límites propios del eclipse, aunque con una tonalidad que daba miedo al igual que la cara de los facultativos del entonces Carlos Haya cuando vieron el panorama. Fueron horas, días, siglos repletos de angustia en los que solo podíamos pasar a verla un par de instantes. Buscando respirar nos acercamos al centro a tomar churros y, en el único charco existente en pleno agosto en la calle Larios, la madre de la criatura patinó y terminó en silla de ruedas por el hospital. No sabíamos cómo agradecerle a los especialistas que le hubieran salvado la vida a la pequeña, mientras la mayor se despedía con la pierna enyesada. Pese a que no paramos de reirnos tardamos veinte años en volver a Málaga por si acaso.

     Un usuario le puntualizó al músico y cantante que la Fundación Jiménez Díaz no es un centro público, sino privado concertado. Hay quienes estiman que esta fórmula es una privatización encubierta frente a aquellos que ven en ella una salida lógica. Sería mucho pedir que, ante una cuestión nuclear como es esta, los españolitos coincidiéramos. Tendríamos que volver a nacer y entonces el colapso sería aún mayor. La cuestión es que en el pasado ejercicio de este territorio más de veinte mil intervenciones quirúrgicas se derivaron al plan de choque. La sintomatología tiene pinta de estar bastante clara, en el instante en que acabo de leer que, en uno de nuestros establecimientos, una auxiliar de enfermería es la encargada de dar cobertura a 34 pacientes en el turno de noche. Lo natural es que, a no tardar, la que necesite atención sea ella.

      Cuidado con el giro que está tomando esto, que empieza a imponerse la voz de alarma. En otra red social me salta el testimonio de una joven compatriota que, residiendo en Nueva York, cuenta cómo pilló una cistitis fuerte, la ingresaron porque afectó al riñón, pasó dos días en el hospital y, al salir, le dieron una factura de veinte mil euros, a lo que la gente que asiste a su exposición apunta: «¡Ah! Pues no fue mucho»; «has tenido suerte». ¡Una cistitis, ojo! Para mear y no echar gota. 

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