No seré yo quien me queje de que al director de «El orfanato», «Lo imposible» y «Un monstruo viene a verme» le hayan dado hasta en el carné de identidad y lo enaltezcan a partes iguales. Que si la del monstruo es tramposa por los cuatro costados, la llorada del año, vamos, y que si el viaje emocional es notable, con un Bayona que demuestra su capacidad para sugerir terror y efecto balsámico a la vez convirtiéndose en la prueba fehaciente de que el cine –la cultura, el arte, vaya– cura. Cada uno es muy libre de vivirlo a su manera, estaría bueno. Para más espectáculo, la recién estrenada está batiendo récords de taquilla. Malo. Ni el fútbol, ya saben. El deporte nacional es el que es. Almodóvar ha acabado siendo infinitamente más reconocido fuera que dentro y hablo de Estados Unidos, Reino Unido, Francia… no de Suiza ni Andorra, donde los que tienen la ficha hecha pertenecen a otras familias. Tanto meterse con la de los Bardem mientras el patriarca de los Pujol continúa asistiendo a recepciones como si tal cosa y los demás departiendo con él como si tal otra. Pero vuelvo a la historia, que me pierdo. En el caso de que las tres películas mencionadas se hubieran producido en jólivu, los de siempre dirían que nuestro cine es incapaz de rodar algo así ya que solo gira sobre la guerra. Hay gente que se ha quedado anquilosada, que acude muy poco a las salas y que desprecia el catálogo hispano aunque se le llene la boca con Es-pa-ña sin que, oiga, nadie se atreva a tocársela. Pues que sepan que, a pesar de los pesares y de que también participan de esa línea quienes no deberían permitirse el lujo, el paisaje anda repleto de creadores como Trueba, Amenábar, Cesc Gay, Alberto Rodríguez, más los mencionados y otros que son comparados a Spielberg, Scorsese, Wilder por estrellas… de otros países, claro. Para Sigourney Weaver, lo que encumbra al realizador de la cinta que tanto hace llorar «es esa gran visión para combinar lo fantástico y la realidad». Sí, lo siento, pero lo que tenemos es un sueño. Y manque joda, real.
Autor: fesquivel74
Lo del bosón es pan comido
Hay esperanzas para el pesoe. Si de aportaciones de baronías, virreinatos, corrientes, agentes clientelares y grupúsculos es difícil esperar que se ilumine el cónclave para que una organización perdidilla sea capaz de saber hacia dónde se encamina, la física abre, en cambio, un portón. Michael Benedikt es el jefe del Estudio del Futuro Colisionador Circular, algo así como encontrarse al frente de la gestora. Aquél es el responsable de proponer el diseño de una máquina capaz de chocar partículas con diez veces más energía de lo que lo hace la actual que permitió el hallazgo del bosón de Higgs. Ya sé que, al lado de la fórmula para que el partido centenario salga de ésta dar con el bosón es pan comido, pero los planteamientos científicos están enfocados de modo que pueden servir para un roto y un descosido en sendos campos magnéticos. Y si no, fíjense. Según Benedikt, el problema del modelo que viene aplicándose es que sólo explica el 5% del universo –en la órbita socialista, el tanto por ciento sería inferior– y, al tener que avanzar, «la gran cuestión que aún tenemos es, por encima de ninguna otra, la materia oscura». Y el universo Ferraz ahí es ilimitado. Yo aprovecharía la estancia del investigador del laboratorio europeo de física de partículas, radicado en Ginebra, para pedirle que acuda al próximo comité federal porque, si él y el equipo que lo construyen están pensando en un artefacto que proporcione diez veces más de energía en las colisiones de las que suministra el aparato en funcionamiento, puede que en cuanto a colisiones se refiere tenga la oportunidad de encontrarse con todo un granero. Tengamos en cuenta que los físicos necesitan instrumentos capaces de imitar lo más posible las condiciones que se dieron instantes después del Big Bang, o sea la noche en que Sánchez saltó por los aires. El mayor inconveniente para esta asimilación radica en que las decisiones que determinarán el diseño del futuro acelerador se tomarán en 2019 y 2020. Y, claro, eso es muy pronto para que el pesoe se pronuncie.
No perderse en la travesía
Tras verse forzado a dejar el cetro, el hombre que rigió los destinos de esta tierra durante un tramo nada despreciable leyó su tesis doctoral, la blindó y exigió que fuera custodiada para que nadie tuviese acceso a ella. Lo hizo dos semanas después de ser absuelto del delito de soborno y un día antes de que entrara en vigor una disposición que obligaba a los doctores a colgar sus investigaciones en pedeefe para la consulta pública de cajón. El autor del mamotreto en torno a Propuestas para la reforma del sistema electoral ha sido acusado de plagio por un profesor de Navarra, en su día diputado autonómico socialista. Va de retro, Satanás. Si se añade que el antecesor al frente de la nave tampoco fue manco a su manera, los sucesores de este mandatario iluminado, que al salir de la sesión en la que el tribunal le otorgó un sobresaliente cum laude llegó a asegurar que le encantaría «enseñar todo lo que he aprendido durante años», no solo no quieren que la tesitura en la que se encuentra el mundo al que representan permanezca bajo llave sino que se muestran dispuestos a llegar a los confines para exponer que así no vamos a ningún lado. Y aunque cuesta explicar cómo, la rueda gira… sin llantas, radios ni apenas aire. A los ojos de cualquiera se trata de un misterio y no digamos si quien observa el fenómeno que tiene lugar por estos confines es tirando a cartesiano. A García Márquez le ocurrió que hasta que no se distanció de Aracataca una eternidad no se percató de que allí habitaba su Macondo. Pese a las posibilidades que él albergaba, eso no le impidió dar palos de ciego. Pero durante una escapada vio lo que pronto se convertiría en Cien años de soledad, se lo transmitió a la compañera de viaje, ésta negoció la deuda que iba a impedirles mantener la casa al regreso y, como Gabo renunció a lo banal, olvidó a quienes le ignoraban, fue derecho a por lo más vital y dio con la tecla, en nada se acabaron las penalidades. No sé si aquí es más fácil acabar con ellas o que, dentro de este realismo mágico, nos salga un Nobel.
Ardua tarea de introspección
La ciudad sin horizonte
Una de las creencias extendidas es que Alicante ha tenido mala suerte con los alcaldes. Bien, pues, para ratificar la teoría, nada mejor que la opinión expresada esta misma semana por alguien que ocupó el sillón acerca del manejo municipal con el que la urbe se deleita hoy: «En ese aspecto ya sé que, cuando abra el periódico, lo que voy a encontrarme es una nueva trifulca entre quienes la responsabilidad que tienen es la de gestionar». Si a esa inercia se añade que se ha corroborado que, dentro de lo que sería la oposición, Cifuentes no es más que un oscuro ente, el panorama no puede ser más radiante.
Quien así se manifiesta sobre los sucesores,descolgaba con frecuencia el teléfono durante su mandato para poner el grito en el cielo porque el redactor municipal del diario se enterase antes que él de lo que ocurría en las entrañas del Consistorio. Hace nada, con motivo de las escenas de tensión vividas en el Puerto a cuento de los graneles, uno de los periodistas con mayor visión de la jugada y más pedigrí de la casa, F. J. Benito, desnudaba al grupo municipal socialista al exponer que si el alcalde hubiera puesto tanto interés en intentar solucionar el conflicto de marras como el que puso en que la Autoridad Portuaria accediera a ceder suelo para celebrar una movida musical organizada por el compa Lalo Díez, hoy casualmente su jefe de gabinete, otro gallo cantaría.Sí,tras un periplo de algo más un año, de lo único que nadie puede quejarse es de que el corral no ande sobrado de gallos. Cualquier paseante con dos dedos de frente, sin intereses particulares y partidario de los veladores, lo que ve es que por Castaños ni se puede pasar. Carentes de proyectos, si un asunto que con sentido común se endereza sigue estando en carne viva, ¿qué van a ser capaces de desmadejar? Ikea, por ejemplo, prevé una inversión de 1.400 millones para abrir 25 grandes superficies en la India y el crecimiento más llamativo lo registra en China, junto a la expansión en Polonia, Canadá y Australia. Y todo lo que quieran, pero con Alicante no pueden.
En medio del laberinto
Voy a ver Suburra. Es una historia de poder y mafia, valga la redundancia. Un proyecto inmobiliario gigantesco, que inundará de cemento la periferia, sirve de trasfondo para entrelazar la historia de un senador dominado por sus perdiciones íntimas y por sus mentiras y el submundo del hampa cercando al constructor que no es más que un matón sin escrúpulos ni cerebro. Aunque intuyo en qué estarán pensando, la ciudad en la que se sitúa es Roma. El clima que traslada es descomunal, tanto que el thriller no se ha basado en un hecho real sino que está compuesto por un mezclote de casos que han venido produciéndose ahí al lado. Miedo da.
Arranca el 5 de noviembre de 2011 por los pasillos del Vaticano durante la fase en que Benedicto XVI muestra su intención de renunciar al papado. Se extiende a lo largo de siete días hasta abocar en el inevitable apocalipsis. A la escabechina en los portales y la pesca de cadáveres en el Tíber le sigue la dimisión en la presidencia de la República. La consiguiente disolución de la cámara hace saltar por los aires, tras una maquiavélica compraventa de votos en el parlamento, la aprobación de la ansiada recalificación con el consiguiente decoloque de los escaños corruptos. A un baile como éste no es ajeno el ariete de la curia que, al tiempo que participa de los apaños del mediador de las bandas rivales,está pendiente de las cavilaciones del Sumo Pontífice. Así que en cuanto a tutela espiritual, ya me contarán.
En Italia, escritores y cineastas han vencido el miedo a retratar la atmósfera irrespirable de la democracia black. Dada la reacción contenida siendo finos profesada por aquí, aún se halla por destripar si nos encontramos en el final de una marea de desahogados o al inicio de otra Sodoma y Gomorra. Bajando por las escaleras mecánicas sube un político que va a la siguiente sesión. Dispone de mucha información, es de esos por el que una gran mayoría pondría la mano en el fuego y estoy por gritarle cuidado. No vaya a ser que, en medio del laberinto, se lo lleven por delante.
Bonig, todo un torrente
La sindica popular ha exclamado «¡Vergonya!» en las Corts y ha acusado al presidente del Consell de buscar la catalanización de la Comunitat Valenciana lo que, a su parecer, queda patente en el decreto de plurilingüismo y en la visita de Puigdemont. Veinticuatro horas antes oigo a la misma que viste y calza advertir que la izquierda hace chantaje a las familias al vincular la consecución del título B1 en inglés a escoger el nivel avanzado que tiene más horas en valenciano en detrimento del castellano. La acusadora se muestra indignada, habla de imposición e insiste en que se persigue darle a esto la impronta catalana: «Toda la política informativa del Consell es un rodillo con ese fin. Ya dijo el señor Marzà que la iniciativa no es el demonio con patas, sino el modelo educativo. Modelo de Cataluña que él, Puig y Oltra quieren imponer en nuestra Comunitat».
Resulta imposible no oír a Bonig. Qué timbre. Cada vez que interviene desde su bancada, imagino lo que debe suponer para el miembro más próximo del Consell verse venir ese torrente. El afortunado no es otro que Manuel Alcaraz, sujeto que, a pesar de que ahora pare por Compromis, es conocedor respecto a la controversia de que la Vega Baja y paralelos análogos existen por estas latitudes y sí, aunque siempre ha sido de izquierdas, no está sordo.
Por si se diera el caso de que Isabel también escucha, quería comentarle que mi hija nació en Valencia, hizo Traducción e Interpretación de alemán en la uni de Alicante, Educación Infantil en una madrileña, dio cerca de tres años clases a críos en Edimburgo y acaban de escogerla en un colegio concertado de Barcelona regentado por monjas, con un sistema pedagógico innovador que lo flipas, para dar inglés a chavalines gracias al curriculum con el mitjà que obtuvo aquí incluído. Como valenciana, ¿es una traidora? ¿Debería darle vergüenza y renunciar a la ilusión de su vida porque le hayan homologado en Cataluña el título de la vernácula que se sacó en su tierra? ¿Ven como lo natural es que Bonig chille? No va a perseguir convencer.
Qué gusto verse marciano
He pasado los tres últimos días fuera de contexto. Viaje de placer; zumbillida en mercado de antigüedades; un par de conciertos a cual más emotivo junto a gente querida y entrañable; incursión gastronómica paladeando sabores que los árabes nos inocularon en el siglo X… y, de regreso por la carretera, me doy cuenta de sopetón que, sin proponérmelo en absoluto, no sé nada desde hace 72 horas, pero nada, de lo que se traen entre manos los barandas habituales con sus juegos de palabras, los interminables dimes y diretes a los que someten al respetable y que me encuentro infinitamente más relajado y en forma
que cuando zarpé. Ya sé que un tipo desinformado es manipulable por naturaleza, nadie me tiene que convencer porque llevo cerca de cincuenta años levantándome lector a mucha honra y unos poquitos menos aportando un granito al oficio de contar lo que ocurre, dado que he sido incapaz de dedicarme a uno como Dios manda. El caso, ya digo, es que miré por el retrovisor y me provocó una enorme dicha sentirme fuera de órbita, en un planeta desconocido, marciano perdido por una vez y sin que sirva de precedente.
¿Qué estamos haciendo para que a un devorador, un vicioso de la actualidad le dé gustirrinín notarse marciano? Pues, una vez atrás la hoja de ruta placentera fijada en el calendario, lo que ya he alcanzado a degustar. Caer del guindo y volver a toparse con que quienes tienen en sus manos administrar el destino común no saben ni adónde van. Uno, un desahogado que se cree por encima del bien y el mal; otro, investido para dar la réplica a aquél, más plano que Castellón y tieso como la mojama…y, de colofón, los que vinieron a remover el estigma que, al ritmo que se han marcado, capaces son de consagrar a los prendas.
Como la mayoría de ustedes sabe, sobre estas alturas del año a punto de abrazar el otoño, el día viene a ser igual que la noche. Y, sin embargo, quién lo diría.
En busca del guión perdido
Desde la cama, dormido, le doy a la radio y la primera frase que oigo es que a las nueve abren los colegios para votar. El corazón da un vuelco, cuesta situarse y lo que me pregunto sobre el colchón es que si ahora vamos a hacerlo diariamente. Votar, claro. Enseguida me percato de que se trata de la consulta sobre la jornada continua y suspiro aliviado gracias a que hace siglos que nos independizamos de los nanos. Pero, a pesar de respirar hondo, no puedo evitar la mezcla y, mientras me hago el remolón, se me viene a la cabeza una reflexión de la ingeniera agrónoma y directora de obra de Acuamed, en vísperas de inaugurarse la campaña electoral de cuya resolución aún no tienen la menor idea ni los que la protagonizaron, con la que relataba su peripecia en una empresa pública encartada –qué raro– por adjudicaciones harto flamencas: «Me echaron por no ser corrupta», sentenciaba la pobre dado que su trabajo consistía en controlar la obra económicamente. Debe haber encomendamientos más sencillos dentro del panorama laboral patrio. El caso es que, mientras me incorporo, concluyo de esa guisa que no por votar amanece más temprano. El virus de esta enfermedad que subvierte el sentido mismo de la papeleta, al haber quedado patente tantas veces que los resultados castigan de aquella manera a los vivales, se ha inoculado de tal modo que, como es biensabido, la Audiencia Nacional tiene embargadas las cuentas bancarias hasta de la productora de Cuéntame por andar implicada en una presunta trama de evasión fiscal. Qué más queremos: defraudadores, mangantes, aprovechaos, tunantes, tránsfugas, consentidores… Ya que nos hemos acostumbrado a transitar en el impasse, tendríamos que calentarnos el coco, patrocinar un Gobierno en funciones, uno sin estigma, impedir que se convoquen elecciones hasta que hagamos de nuevo la mili, componer un jurado popular que no deje pasar una y empezar una serie que haya por dónde cogerla. Y mira que hay, pero de éstas no tenemos quién la produzca.
Que parezca un accidente
Acababa de convertirse en la avanzadilla del partido en censurar el asalto de Soria al Banco Mundial diciendo que le producía «vergüenza ajena» y, cuando se puso freno a la intentona, advirtió que «el daño estaba hecho» y que «rectificar es de sabios». Rosa Valdeón, por entonces vicepresidenta de la Junta de Castilla León y sucesora in pectore del namber guán, partió a las cinco de la mañana para dejar a las criaturas en Barajas. Se sabía que llevaba una temporada con problemas personales, por lo que tomaba ansiolíticos. La noche anterior durmió ná y menos. No regresó de inmediato por la autovía del Noroeste sino que aguardó a la tarde, se detuvo a ingerir un mini bocadillo con un par de cervecitas y, atravesando la provincia de Ávila, sucedió lo sabido: rozó lateralemente con un camión; éste realizó una maniobra y paró en el arcén; dio las luces; ella pensó que era porque llevaba las largas pero, como sorprendentemente no sintió golpe alguno, continuó hasta que cerca de casa fue detenida por la denuncia del camionero que le tomó la matrícula y, al dar positivo, Valdeón ya no es vice tras truncarse de manera brusca el carrerón que llevaba. Teniendo en cuenta que el 99,99 por ciento de los cargos del partido no critica ni a dios por mucha grima que le dé lo que sucede a su alrededor, ¿se sabe quién es el transportista? ¿Alguien conoce si es la primera vez que cogía esa ruta? Y dado que Martínez Maillo, vicesecretario de organización, número tres del organigrama, es paisano y enemigo íntimo de la accidentada con lo que de vacío no se irá, ¿se ha comprobado la carga que portaba en la parte cubierta del vehículo quien puso alerta a la Guardia Civil? ¿No habría algún detective conectado a ordenadores de última generación sustitutos de aquellos destrozados en Génova? A los mandones orgánicos zamoranos, que ni chistaron con Soria, les ha faltado tiempo para señalar que no se entiende que Valdeón mantenga otros cargos. Y aunque nada se sabe de la identidad del denunciante, apuesto lo que quieran a que tiene el carné.