Desde tiempo inmemorial cuando un trasatlántico quedaba encallado en las Maldivas, un grupo expedicionario a una de las montañas más visitadas en Asia se veía sorprendido por riesgo de alud o un avión que debía llegar a España esta mañana permanecía retenido en las pistas del John F. Kennedy que el mal tiempo había dejado impracticables, el redactor jefe indicaba que alguien se hiciera con la lista de viajeros porque fijo que habría alguien de Elche. Si una empresa radicada en la ciudad fue la encargada de entrar en la carrera espacial, en el Día de las Fuerzas Armadas la ilicitana María del Carmen Gómez Hurtadose doctoró como la primera paracaidista en desplegar la enorme enseña y posarse con tal precisión que fue muy difícil no quedarse con la boca abierta. Otros celebraron más decirle de todo menos bonito al presi y el paso del chivo, aunque por afinidad igual les decepcionó un pelín que no fuese una cabra.
Hay quien ha querido subirse al carro de la omnipresencia de los nativos de Iulia Ilici Augusta y coronarse por corto y por derecho. Es el caso del jefe de Nuevas Generaciones y asesor del área de Fiestas del gobierno municipal, que encima se llama Diego Maciá, quien ha sugerido a sus contratadores la colocación de una estatua a Isabel I de Castilla por «su gran importancia en la historia, no solo de España, sino del mundo tal y como lo conocemos». Esto viene después de que Vox propusiera en el ayuntamiento de Móstoles crear un punto de homenaje permanente a la bandera, iniciativa que se encontró con la respuesta del portavoz de Más Madrid: «Es un tema de una importancia crucial. Todos somos conscientes de la honda preocupación que hay entre el vecindario. Menos mal que han venido ustedes a hacer política útil, de lo que de verdad importa y mejora la vida del municipio. Y, sin embargo, tengo que decir que vamos a votar en contra porque la iniciativa se nos queda corta». Así es, Diego. No olvides nunca, excelso patriota, que tanto monta, monta tanto Isabel como Fernando.
Autor: fesquivel74
La destilación
Anduvo ocurrente Alberto Núñez: «No vamos a parar hasta que haya investidura». Como si una vez que esta se produjera fuese a venir una tregua. O dos.
Ese fue el número de viejos zorros que coincidieron en el título de su colaboración en una de las cabeceras que marca la hoja de ruta antes de que Sémper recurra a «Cuéntame» para aventurar que la tragedia que se barrunta en su final será un cuento de hadas en comparación con el que le aguarda al colega de Óscar Puente. De ahí que, tras lo vivido en Barcelona, los columnistas endosaran a Sánchez el aviso de la «España leal» a los acordes de una conocidísima canción: «Resistiré». Los mismos que enseguida dejaron de entonar y que promovieron el cese del aplauso a los sanitarios la rescatan para enaltecer la división. Pues sí tienen fans y, en el desfile del 12 de octubre, una legión.
Ana Rosa animó la celebración invitando a uno de los ahora adeptos a la composición del «Dúo dinámico» con tal de que soltase la ristra de motes compuestos esencialmente para los miembros del Ejecutivo en funciones que, en lo tocante a la promotora de Sumar, concuerda con la estela deslizada por Guerra. No son pocos quienes vaticinan que, de consumarse, la legislatura será ingobernable. Un objetivo, pues, estará centrado en torpedear la estabilidad de los bloques aunque no es descartable que entre los componentes del mismo se basten y se sobren.
El llamado progresista cuenta para ello con un amplio historial. Y en el conservador, que el ex de la Xunta no quería ni a tiros pero no tuvo más remedio el hombre, saltan calambrazos un día y otro también. La mismísima Monasterioenfundó el atril para denunciar que Telemadrid está al servicio de Ayuso y que en la reciente mani contra la amnistía dedicó más del 70% del tiempo al pepé: «Es increíble, ¿no? Esto me recuerda a la televisión cubana». Mujer, igual Isabel se ha despistado. Con el perfil de bloques conformado más todo lo que es preciso destilar no es fácil reconocer quiénes son los nuestros.
En el cruce de caminos
La mañana luce fresca en la coqueta Russell Square, donde la arboleda recibe con los brazos abiertos y las hojas amarillean el suelo. Los bancos jalonan el cruce de caminos en los que llaman la atención unas placas. «A dream has come true to be next to you (Stephanie escribe que un sueño se ha hecho realidad: estar a tu lado) o el dedicado a Catherine De Sousa (1926-2018) «a quien le encantaba sentarse en estos jardines» y, extraído de un poema de W.B. Yeats, «No hay extraños, solo amigos que aún no has conocido». No estaría mal contar con un recuerdo así el día que pase la última página. Para eso la urbe en la que habito tendría que resultar melódica en sus rincones y no es el caso.
A dos manzanas fue por donde Virginia Woolf y la cuadrilla de Bloomsbury desparramaron inhibiciones para escándalo del vecindario victoriano. Es hora de escalar al segundo piso del bus en ruta hacia el Big Ben y, al tomar tierra, se establece un debate sobre si fue por este puente donde el joven compatriota encontró el final con la valerosa acción de socorrer a una mujer o si fue por aquel otro. Nada más dejar atrás la desventura sale de unos soportales en dirección a Westminster los acordes del «Aleluya» de Cohen entonado por el saxo de un negro con el alma blanca.
La travesía de St. James´ Park viene que ni pintada para terminar con el compendio de salchichas, huevos, pan y judías en salsa de tomate al que es difícil resistirse. Como lo es para toda una romería adentrarse en las entrañas de Buckingham que deja bien a las claras por qué apenas hay quien tosa a la monarquía. Sunak trata de explicarse en la bibicí sobre asuntos que le asolan, pero es peor. Ese sábado una multitud toma la calle demandando el retorno a la Unión Europea y que se les devuelva su estrella. De noche los asientos metropolitanos son ocupados en su mayoría por migrantes en dirección al quinto pino en el que por una habitación les piden de mil a mil quinientas libras dejándose vencer por el tute que arrastran antes de reparar en lo que llaman la dura vida del turista.
El tren de mercancías
Durante la madrugada los ave con origen o destino en Cataluña y Andalucía permanecieron en el dique seco tras cascar en Atocha un pantógrafo, mecanismo que transmite corriente eléctrica. Quienes nutren Chamartín salieron esta vez ganando. Pasadas las ocho de la mañana la situación empezó a normalizarse y los que se pusieron en marcha fueron los que enlazan con Barcelona por delante de los del sur. Qué raro. Ya lo dejó escrito Carlos Cano a mediados de los ochenta con Felipe al volante: «Si en vez de ser pajaritos fuéramos tigres bengala, a ver quién sería el guapito de meternos en una jaula».
Cómo no van dar preferencia a los trenes que conectan en concreto con ese norte si ahí vuelve a estar una vez más la madre del cordero. En medio del sudoku cualquiera es el menda, sin embargo, que se queda ennortado. Las facciones indepes representadas en la Carrera de San Jerónimo no se tragan, bailan la yenka, se retan al póquer y no es fácil determinar la jugada postrera que descubrirá Waterloo desde la mesa de juego. El pepé ha puesto la locomotora en marcha con intención de que a su máximo oponente no le quede otra que mojarse en el Senado sobre la perversa amnistía antes de que llegue la investidura aprovechando que por allí no para Óscar Puente al que portavoces feijonistas no les importaría que se convirtiera en el gancho de los vagones pensando por supuesto en el bienestar de Renfe.
De ganadora a ganador, Yolanda ha optado por tirarse un farol esgrimiendo estar lejos de un acuerdo con el pesoe al tiempo que sus socios le reclaman silla gubernamental incluida, joder, la de Irene Montero. Falta nada para que Arfonzosuelte que le sobra hasta la peluquera. No hace falta que les diga que, en medio de este berenjenal, Sánchez anda convencido de formar Gobierno «muy pronto», mientras alguien tan cauto y cabal como Ancelotti, cuando le preguntan por Modric, responde que «hay siete jugadores para cuatro puestos y tengo que tomar decisiones muy complicadas». Venga, hombre, Carletto.
El espejo retrovisor
Una vez contemplado el efecto Feijóo me he tirado de cabeza a la «Memoria viva de la Transición», de Calvo Sotelo, dado que fue un gallego vocacional, protagonista del primer debate de investidura puesto que dos años antes Suárezlo eliminó pasando del discurso a la votación con un considerable desgaste para el rey del mambo, mal asesorado como andaba ya. Al único que no contestó don Leopoldo fue a Fraga después de recibir hasta en el cielo de la boca. Para refrendar el clima, al reanudarse la sesión entró Tejero.
A principios de los noventa leí la obra encamado con fiebre. Dada la apabullante seriedad del autor no parecía el mejor remedio. Tras hacer la presentación, Cela dijo que era «uno de los libros de memorias políticas más inteligentes, agudos y llenos de humor del siglo XX». Con él, desde luego, me repuse. Contiene pasajes deliciosos como el de la noche de la legalización del pecé cuando en la estación de Lugo se encontró con Fraga a quien, pese a todo, siempre estimó. Éste lo saludó al son de «la historia os pedirá cuentas». El ministro de ucedé lo invitó a tomar algo en el vagón familiar. Pese a la resistencia inicial acudió y prosiguió con la filípica: «Habéis arruinado la pacificación de España y abierto a la incertidumbre el futuro de nuestros hijos» señalando a los ocho del matrimonio que asistían perplejos antes de que el exembajador se bajase. «Siempre he llegado a Monforte con alegría -recalca el padre de las criaturas-, aunque jamás como aquel Sábado Santo».
El ciclón de Villalba reclamó hasta el último día la mayoría natural para taponar el ascenso del pesoe y jamás la obtuvo. Feijóo ha refrendado la naturalización del compañero de viaje y, con el resto de puertas cerradas, no le da. A Sánchez le toca definir hasta dónde naturaliza a los controvertidos del bloque opuesto ante la amenaza del «nuevo estallido». La suerte de nuestros hijos es contar con el colchón que sus padres alcanzaron a raíz de la Transición, incluídos los intransigentes de un extremo y otro. Qué le vamos a hacer.
La sombra del presente
Cuando Nanni Moretti removió en su interior el guión dormido en torno a la invasión soviética de Hungría en el 56 lo que menos podía pensar es que, al acabar y en medio de la elaboración de El sol del futuro, iba a darse de bruces con una guerra en Europa dentro del siglo XXI. El hombre diría: qué manera de remover.
Este inquieto cineasta italiano siempre ha sido de menear, sacudir y zarandear el statu quo de quienes manejan la cosa tomatosa desde la carga de profundidad a la Santa Sede en Habemus Papam donde el cónclave elige a un pastor que sufre un ataque de pánico hasta el punto que el colegio cardenalicio requiere la presencia de un psicoanalista que no evita la renuncia hasta el desnudo integral que hace hoy en día sobre Netflix y el concepto que fluye en no pocas plataformas en torno a lo que el cine representa que no procede de escuela alguna sino de un algoritmo de esos con el carácter que él tiene.
El mismo que lo ha llevado a ser implacable con los movimientos de derecha extrema como la irrupción en su día de Berlusconi u otros por el estilo y a cuestionar de forma ácida a la izquierda que le cuesta ser de izquierdas recordando que «tendrá que ocuparse de los últimos de la fila, acordarse del motivo por el que nació». La coalición que gobierna por estos lares ha demostrado hacerlo a base de bien, sobretodo durante el quebranto de la pandemia, y sin embargo de entrada ahora está con los mimos a los señoritos del procès porque todo sirve para seguir en el machito que por si faltaba algo suena incluso a «rubialesco».
No sé si esta vez por fin se romperá España. Feijóo se presenta en el Congreso investido por el acto callejero en el que se gritó fuerte contra La 1 y como la pública da La promesa hay quien por eso no la ve, mientras que en este clima guapo Sánchez hace un hueco para recibir en La Moncloa a Terelu y Carmen Borrego no se sabe para qué. Diríase que, en la estela de Moretti, ambos aspirantes son un pelín ácratas. Bueno, vale. Solo un poco, no.
Estudios que andan sueltos
Camino del verano me comí el tarro y me propuse dejar de acompañar la comida de cervecita, vino y pan con idea de entregarme al agua bendita. No era la primera vez. Basta con que pases una noche chunga tras cenar fuera más de lo habitual para que digas esto también se acabó. Pero lo que son las cosas. El propósito coincidió con la publicación de un estudio de la uni californiana de San Diego, recogido por la revista «Science», según el cual el hongo utilizado en la elaboración de los tres elementos con los que me había propuesto cortar es una fuente de beneficios para la salud. Vaya tino el mío. Al parecer la levadura de cerveza es un rico portador de proteínas, minerales y vitaminas del complejo B, o sea selenio, cromo y zinc que provoca una mejora de la función inmunológica, la salud digestiva y la de la piel. Empecé a pensar: a ver si lo que va a hacerme daño es el agua. Y sobre todo después de leer que, además de las propiedades nutricionales, la bienaventurada levadura podía ayudar a reducir los niveles de colesterol y mejorar el tono cardiovascular, objetivos de dos de las cinco pastillas que me zampo con el desayuno y la cena. Hay quien pensará qué barbaridad. Esto depende del afectado. De los moradores en episodios de arritmia existen los que prefieren someterse a la ablación. Solo con escuchar el término ya me contraigo. Si encima me da por mirar internet y constato que se trata de introducir tubos largos, catéteres vamos, en los vasos sanguíneos hasta el corazón entonces el vahído llama a la puerta. Cuando años atrás vi que la doctora se inclinaba por esta práctica fui yo el que le planteé si no había un medicamento específico para el asunto y aquí estoy con mi ración dale que te pego. A lo que me pegué como un poseso fue a la investigación de marras que en el tramo final concluía que la levadura podía ser resultona en el envejecimiento celular y la longevidad. Así que como comprenderán no he abandonado en estos últimos meses ni la cerveza ni el vino ni el pan, pero lo que no entiendo es que esté más viejo.
Con espíritu de perdición
No descubro nada si digo que hay plebe comprando vuelos con seguro de cancelación para el 14 de enero con tal de librarse de formar parte de una mesa electoral. Pero, ojo, pese al ambiente de dana que tenemos encima, Sánchez ha sentenciado que habrá gobierno progresista otros cuatros años. ¿Y dónde lo ha dicho? Naturalmente en Galicia, lugar en el que no se ha conformado con eso sino que ha advertido que «vamos a estar con el socialismo gallego para darnos el gusto de acabar con el mando del pepé». O sea que ha ungido a Feijóo al frente de la oposición y ha aventurado que, cuando posiblemente este ponga pies en polvorosa y se vuelva a su tierra con autonómicas hacia junio, pretende brindarle vidilla con otra fuerte dosis de sanchismo. Conociéndose debe pensar que es mejor que se desenganche poco a poco.
Hay que ser muy torero para con la de guapos episodios nacionales que estamos reviviendo dar por hecha la investidura. Las intervenciones de Alfonso Guerra, con publicidad a la salida de su libro incluida, han conseguido el fruto apetecido. Tras aseverar que la concesión de la amnistía sería destruir el régimen del 78, los adalides de la medida de gracia han querido que sea uno de los que estuvo por allí en aquellas calendas, Xavier Trias, quien responda en consonancia y lo ha hecho con una patada en la boca: «Creo que el pesoe estaba detrás del golpe de Estado del 23-F». Tela. Hasta ahora a lo máximo que habíamos llegado es a la incertidumbre sobre el papel del monarca en la jugada, pero semejante maledicencia abre una vía revisionista inexplorada que cualquiera sabe dónde puede acabar. Incluso en Pujol si no fuera porque cuenta con el beneplácito para salir indemne por los cuatro costados de todos los fregados.
Se nos viene, pues, un otoño caliente. Hay pollos, aunque de otra índole a los protagonizados tiempo atrás por los sindicatos. El escenario no puede ser más tremendista, endiablado y complicado de gestionar. En fin, el que le va al ínclito.
Los viajes a ninguna parte
Otra vez el dislate con los periplos del Imserso. Y mira que existe un buen contingente de mayores a los que les da la vida, pero nada que no hay manera. Los conflictos por la adjudicación del programa vacacional, a los que no queda otra que unir la reclamación hotelera porque con la asignación del Gobierno no les llega, llevan camino de convertirse en una tradición que a la vuelta de la esquina se cargue el invento. Los máquinas deben pensar que, como a los que les quedan veinte años o más para entrar en edad de merecer cuando la alcancen igual no hay cobertura que valga, de esta manera van eliminando rastros.
La historia de un aliciente así para la gente que se lo ha currado se remonta al 85, etapa durilla en la que la pensión media se situaba en 33.000 pelas, unos 200 euros, de ahí que el gabinete cambiase el paso actualizándolas al ipecé, una reforma que no le hizo tilín a Nicolás Redondo quien rompió la disciplina de voto oponiéndose al diseño. Está claro que la historia se repite. Aquí tenemos hoy al omnipresente Felipe enorgulleciéndose de habérselo tragado tras montarle con posterioridad un buen pollo al contrario de Sánchez que ha echado por la borda al hijo con tal de no darle el disgusto de amnistiarlo. Lo único que quieren los beneficiarios es que, mientras los gestores se entretienen con mandangas, no los saquen a ellos de sus aguas termales.
El alcalde de Calviá fue por entonces de los que se sentó en el despacho del ministro de Trabajo y dejó caer a Almunia que la idea vendría bien para combatir la temporalidad turística. El plan piloto arrancó con 19.000 plazas, 11.000 en Mallorca y el resto en Benidorm, lo que se convirtió en un pelotazo no solo económico sino como el servicio social que es. Su funcionamiento actual descansa al igual que ella en el departamento de Belarra y la titular de Trabajo tampoco va a interferir estando de uñas. Bastante tiene con esa estancia junto a «mesié waterlote». No se va a preocupar de sonreír también a los abuelos.
El ejemplar del piquito
Dentro del cúmulo de despropósitos exhibidos por el tal Rubiales a la hora de responder a lo que se le vino encima, la urticaria me la produjo contemplar que se había llevado a sus crías menores de edad al salón de plenos tras dar instrucciones a la realización de enfocarlas en el instante en que derramaran una lágrima y, por supuesto, en aquel en el que enfatizase que ellas sí que eran feministas y no esas otras falsas de toda falsedad. ¿Hasta qué punto se puede perder el oremus sometiéndolas a presenciar «la ejecución, el asesinato social» que estaba ejerciéndose sobre papaíto? ¿Cómo se puede llegar a ese grado de mezquindad? Porque atisbas que está escapándose de entre los dedos la bicoca, la monumental bicoca que ostentas rebañada después de múltiples manejos y, claro está, es duro de cojones.
Tras consentir también que la madre se encerrara en una iglesia porque hay que ver lo que le han hecho al niño, todo apunta a que ha sido el esposo de ésta el que consiguió hacerle comprender que, de no reaccionar con prontitud y cabeza, encontrar curro de aquí a Oceanía se convertiría en una tarea de titanes. Todos los que secundaron el soniquete de «no voy a dimitir» hace tiempo que no saben dónde meterse. Para el seleccionador de la absoluta masculina, cada comparecencia ante los medios es un suplicio. Él, que suele pasarse diariamente por la iglesia, ahora lo que le pediría el cuerpo sería cambiar de hábitos. Pero la carne es débil y, la cuenta corriente, no digamos.
Dadas las condiciones a las que se ve sometida la mujer en territorio árabe, Pilar Rubio debió ser determinante en la elección de su marido teniendo además en cuenta que cuando este comunicó el destino final la prole dio botes al grito de «¡Con los primos, con los primos!». Aparte de Vox, el horizonte saudí debe ser lógicamente uno de los que contemple el del piquito ya que es el que más le pega una vez que mandó allí unos cuantos partidos de los nuestros. Que sea lo que Alá quiera. Pero, por Dios, que deje a las niñas en paz.