¡Qué mundo tan feliz!

Me asaltaron imágenes del despliegue de un típico especial informativo. ¿¡Otra vez, virgen santa!? Pues, anda que no hay motivos para el sobresalto. es bien sabido que amenazan tanto las catástrofes naturales como las antinaturales. Compruebo en un primer vistazo que, se trate de lo que se trate, han desplazado intrépidos reporteros a las puertas de donde, al parecer, se encuentran los protagonistas. Voy enterándome a retazos de lo ocurrido. Si no he entendido mal el espectador se halla ante la cuarta jornada de seguimiento intensivo tras el pelotazo de share alcanzado por lo sucedido en la tarde del sábado que, con cerca de dos millones de fieles, dejó al siguiente de la competencia a unos diez puntos de distancia. Mi cabeza se fue veloz a esa jornada pero, por muy artero que sea por parte de Puigdemont desplazar la responsabilidad de lo que ocurra el día de autos a los alcaldes, no me figuro a semejante cantidad de seres siguiendo al instante las ocurrencias de cuantos manejan el procés a pesar de permanecer convencidos de que es lo único que existe a día de hoy. Yo tampoco es que estuviese al quite de las historias patrias porque mi preocupación en esas horas consistía en no perderle la pista al Irma, ya que parte de mi gente podía llegar a tenerlo a tiro de piedra. La cabeza retornó a lo que emanaba la pantalla y entonces recibí la pedrada: la enorme cobertura venía a cuento porque Belén Esteban destapó que María José Campanario la había llamado para decirle que quería presentarse en su casa. Éste es el último eslabón de la realidad a la que multitud de hogares llevan enganchados una eternidad los siete días de la semana en los que Tele 5 no ceja de ordeñar la asimetría y, en esas salas de estar, no interesa nada más. Lo mismito que en el otro territorio. Parece que, en medio de la revolica, ya no hubiese ni fatigas ni desahucios ni necesidad de exigir la restitución del rescate a los bancos. Con el share así, para qué contarles. La única política es la que no se le escapa a nadie. Obviamente, la de campanario.

El desparrame

De las cadenas generalistas, Cuatro y no hace falta decir que La Sexta estaban retransmitiendo la diabólica puesta en escena del parlament salpicada como supondrán de comentarios para todos los gustos dicho en plan suave, mientras que el Canal 24 horas se abstuvo de hacerlos aunque ni por un instante se permitiese el lujo de pensar siquiera en la desconexión. El procedimiento elegido por los prebostes de la cámara para dar el golpe de gracia derrama zozobra por las esquinas. Cuando decretaron un alto con tal de reponer fuerzas o cualquiera sabe para qué, la pucelana vice tomó la pantalla y, con los ojos saliéndosele de las órbitas, completó el estupendo panorama. Siguió rato con su formal y desgarradora alocución y, entretanto, dio inicio «Corazón» que abrió en la 1 con la reclamación de paternidad por parte de presunto noveno hijo de Julio Iglesias. Admitámoslo: una réplica más internacionalmente carpetovetónica que ésta a tanta acaparación de la mano de Forcadell no es fácil de encontrar. A pesar de que resulte duro escucharlo, ver a ese esperma ya talludito persiguiendo su Gwendolyne supuso a esas horas todo un alivio. Una vez en el telediario nocturno, las violentas escaramuzas entre independentistas y lesionados de la otra zona se alternaron con el dictamen en el que se hacía constar que el adeene de la susodicha no se corresponde ni de broma con el de Dalí. Por muchas excentricidades que acumule su biografía, el maestro de Figueres andará de los nervios. debe pensar: «si a don Antonio Machado, que de bueno que era hizo harapos su salud defendiendo los valores propagados por la república, han querido despojarlo de una calle en el corazón del Vallés occidental, ¿qué me pueden hacer a mí que ni yo he sabido nunca si estoy de acuerdo con lo que pienso? ¿me subirán en consecuencia a los altares o, al ser vidente ella, le darán cometido en el procés?». Ya lo dijo Josep Pla: «la patria es dicha, dolor y cielo de todos y no feudo ni capellanía de nadie». Otro que tampoco puede descansar en paz.

De aquí a la eternidad

En petit comité, el president de la Generalitat dejó caer que acariciaba la idea de que la nostra tele volviese a revivir con la retransmisión del Hércules-Barça de Copa. Ni reparó en el asunto de los derechos, o sí, pero le parecería menor comparado con lo que tiene entre manos. Como Luis Enrique sacó a los de acompañamiento –Aleix Vidal, André Gomes y Alcácer titulares, con eso lo digo todo–, la cita acabó en equis. Y aunque en la vuelta a los del Rico Pérez les cayó la del pulpo, Ximo Puig permanece en la prórroga.

Ahora se ha calmado el patio pero, con la que tenían formada entre primaria va/pri- maria viene, hasta hace una ronda había quien apostaba porque la prórroga duraría más que el partido. Para que el procés –cada uno se busca su anhelo– se aleje de la celeridad del torneo del ko, la Unió de Periodistes y la Asociación de la Prensa de Alicante se muestran decididas a presentar un recurso a raíz de publicarse las bases para cubrir los curros en danza. Están los que van a denunciar la reapertura en las condiciones anunciadas pero que por razones obvias son partidarios de cuantos más medios mejor y los que, aún dando el efecto de que no paran de impulsarlo, les supondría un alivio que la jugada quedara en nada. Cualquiera entiende algo. Y eso que barato no es porque supongo que los 55 millones consignados en su día irán quedándose de modé. Esto trae a colación lo que se dijo en un debate de enjundia sobre la cosa a una semana del señalado desafío copero. Andrés Boix, profesor de Derecho Administrativo, expuso su «escepticismo» respecto a la necesidad imperiosa de abrir un ente público audiovisual: «tuvimos oportunidad para explorar otras vías. Sin nuestro modelo, en EEUU es donde más producción se hace y envían al resto del mundo. Cuando hay que mirar al futuro estamos volviendo al plan de los 80». Hombre, los 80 tuvieron su punto y luego vino Punt 2. Ya puestos, al president no le importaría hacer coincidir la llegada de Àpunt con la final de Copa. Ni que decir tiene que cuando la juegue el Hércules.

La maldad, en acción

No sólo Elda, todo dios está conmocionado con lo descubierto en el número 26 de la calle don Quijote teniendo en cuenta que, cuando un niño se convierte en víctima del terror más horrendo, una daga se incrusta hasta el fondo y muestra la enorme vulnerabilidad ante un espanto de esta naturaleza. Nadie, creo, compren- de que la maldad sea capaz de alcanzar estos límites. Y, sin embargo, los rebasa.

Aparte de no llevarse nada, no parece lógico que para un simple robo sea precisa tanta crueldad. No seré yo quien especule. El chavalín formaba parte del equipo de Paratriatlón y, si no tengo mal entendido, había días que entrenaba con su padre de acogida, preparador el hombre y vinculado a distintas causas sociales. La pareja, que fue golpeada en el asalto a la vivienda y que apareció maniatada y con una bolsa en la cabeza, se encuentra embarazada de cuatro meses. El cuadro no parece el más proclive para desatar semejante furia, pero lo sucedido no deja lugar a dudas. Las relaciones humanas esconden unos entresijos que solo el que la lleva está en condiciones de sopesar hasta dónde puede alcanzar la tormenta. Recuerdo una tarde en la que empezó a correrse de pronto que habían secuestrado en la puerta del trabajo a Pepe. Y así fue. Unas cuantas horas después apareció con signos evidentes de que le habían cruzado la cara. Al parecer, allegados a su ex le dieron un paseo a modo de advertencia por determinadas cuitas pendientes. Pepe no hizo ni mención, se reincorporó de inmediato a la tarea y acabó la jornada como si tal cosa.

A raíz del éxito de la serie «Narcos», en Medellín se crearon rutas turísticas tras las huellas del capo de la droga Pablo Escobar. Los narcotoures se han impuesto de tal modo que 7 de cada 10 visitantes no se priva. Familiares de las víctimas andan sobrepasados y quieren crear itinerarios para contar los hechos. ¿Quién no habría querido meterse en «Los Soprano»? Una ficción tan bien hecha endiosa monstruos. Pero las sacudidas de la vida real son las que de veras cortan la respiración.

Los nuevos resortes

Aunque lo haya tocado Millás, cuesta resistirse. De las arcas públicas, Macron ha gastado en sus cien primeros días al frente de la jefatura del estado 26.000 euros en maquillaje y eso que la France ya se había sometido, con la pronunciadísima ascensión hacia el elíseo del advenedizo exbanquero, a una operación cosmética de indudable alcance. De los pilares a través del hito de aquella revolución a estos resortes capilares. Recordemos que la maquilladora de Sarkozy se embolsaba 8.000 euros mensuales por el cometido y que hace un año se armó la marimorena tras conocerse que la factura del peluquero de Hollande rondaba los 10.000 teniendo en cuenta que el hombre dispone de unas relucientes entradas. Si llega a contar con pelambrera al estilo Trump y dimensión de la de Pablo Iglesias, la V República habría entrado en quiebra.

Estos derrotes en la dirección de una de las naciones mejor cimentadas de pensamiento, obra y omisión corroboran que, en lo que al sustento ideológico se refiere, las raíces están pudriéndose de todas, todas. Da la impresión de que no resisten sanas ni las puntas, salvo que plebe comprometida de siempre intentara agarrarse a un clavo ardiendo al son de «¡peluqueros y maquilladores del mundo, uníos!», pero tampoco éstos iban a volverse locos sabiendo que quienes esperan a la vuelta de la esquina por aquí son los bien parecidos porque a los que se les atribuye cierto sustrato, más que velos de ingredientes hidratantes, lo que necesitan cada dos por tres es ir a urgencias de la leña que se dan. Podemos a pesoe; pesoe contra pesoe; Iglesias a Errejón, Llamazares a Garzón, éste devolviéndosela y tiro porque me toca.

La verdad es que, en nuestro caso, viendo cómo se manejan quienes patronean la barca es para desquiciarse. Rajoy vuelve al Congreso con lo mismo que se despidió desde la Audiencia Nacional: esos asuntos más que turbios sobre los que ha sido capaz de interiorizar un discurso productivo sin necesidad de maquillaje alguno. Al no ponerse colorao, es lo que nos ahorramos.

Enfundados en perplejidad

En enero de 2016 un poli de Vilvoorde le mandó un correo a un mosso d ́esquadra, con el que coincidió en unas jornadas, demandándole colaboración acerca de un tal Abdelbaki Es Satty que pretendía establecerse en esa ciudad flamenca: «Quería pedirte si hay posibilidad de indagar sobre una persona que quiere trabajar aquí como imán. Sé que tiene previsto ir a Barcelona en febrero y que está casado. Cuanta más información puedas compartir sobre este individuo, mejor». Por lo que se conoce, el único dedo que se movió fue certificar que en la base datos de la gendarmería catalana no consta nada.

Después de lo que ha pasado, del reguero de muerte y desesperación provocado por el adoctrinamiento del mismo que no consta en esos archivos a una célula del movimiento más radical y violento del fundamentalismo como es la de los takfir, lo que cree el consejero de presidencia de la Generalitat, Jordi Turull, es que todo forma parte de «una ola para desmerecer a los mossos». Los integrantes de esta corriente yihadista se mimetizan con el entorno de su objetivo y el único fallo cometido por el instructor fue levantar sospechas en Bélgica al rehusar mostrar su certificado de penales por haber pasado un tiempo en la cárcel de Castelló I, dato que no pudo suministrar el mosso.

Expertos en terrorismo internacional advierten que las autoridades autonómicas catalanas no son muy partidarias de la participación de los Mossos en Europol –Oficina Europea de Policía– a través de los canales de interior. ¡Al loro, tócate las narices! Pero los acérrimos españolistas que no señalen porque, tradicionalmente, la colaboración entre los uniformados por la patria ha sido cañí. ¿Cómo puede ser que se suscite un debate sobre la plantación de bolardos cuando la forma más efectiva de prevenir esta barbarie reside en reforzar los servicios de inteligencia dotándolos de la mejor información posible y resulta que entre ellos no se ajuntan? Es para volverse loco y, si lo contemplas tras atravesarte la tragedia en canal, ¡Dios!

Que nos lleve la corriente

Un periodista de este contorno nuestro va a meterse entre pecho y espalda 81 kilómetros a nado por el Ganges, uno de los ríos más contaminados del mundo. La situación es desesperada y grave.

Metí la cabeza en una redacción y empecé la carrera en la facu el mismo año en el que se vio forzado a dimitir Nixon tras añadas resistiéndose como un cosaco, de modo que lo que sí hubiese tenido mérito habría sido aspirar con todo el alma a ser portavoz gubernamental. Pero España tenía tantos deberes pendientes que la mera idea de estropear la fiesta a cualquier teniente alcalde arrogante ponía al más pintado. La prensa, no obstante, fue más allá. Coadyuvó a la instauración de un tiempo nuevo y, una vez asentado, se soltó de la mano y puso a los aprovechados a caldo. Sabido era que nadie iba a agradecérselo y, de hecho, ya no lo hacen ni los bien alimentados lectores. Hoy éstos no tienen en su inmensa mayoría reparo en dejarse los cuartos en plataformas que le sacan un ojo de la cara por el furbo o atiborrarse a series en Netflix o hachebeó y, sin embargo, les cuesta Dios y ayuda apoquinar una miseria por seguir contando con la información que algo ha influido en el estado del que ahora disfrutan. Encontrar, por tanto, un medio que le dé a sus Woodward y Bernstein una buena temporada dedicados en exclusiva a sacarle las vergüenzas a los poderosos tontolabas que cortan la respiración es una tarea tan ilusoria que uno prefiere mil veces buscar la condenada aguja en el pajar.

A pesar del deterioro, el periodismo puro y duro era sagrado para este estilo de vida. El colega que está a punto de tirarse al río en la India lo notará calentito, no le quedará otra que apartar con sus brazadas restos de animales y humanos puesto que asomarse al espejo hasta el último día es un privilegio y, pese a esos inconvenientes, los hindúes llevan a los críos a clases de natación en las aguas del Ganges para que, con el espíritu inoculado, una vez se hagan mayores no los arrastre la corriente putrefacta que les aguarda fuera. Igualito.

El modelo tururú

Es verdad que habían tenido que esperar un buen rato con sus chavalas adolescentes para dar con un taxi porque, en el aeropuerto, al parecer no hay buses a esas horas. Pero fue comprobar por la Calle Mayor que la aglomeración en torno a los veladores dificultaba a los residentes acceder a sus portales y sentir más tarde el ruidito desde Castaños hasta San Cristóbal y alrededores para comprender que la cacareada turismofobia no ha encontrado acomodo por aquí. Más bien al contrario. Ser vecino es lo que debe tener un tocao.

De modo que, tras olvidarse del incidente aeroportuario, pasaron a la acción y, al desconocer el terreno, se metieron en la web del ayuntamiento dispuestos a abrazar lo que la plaza les ofreciese. Se encontraron con conciertos programados en el castillo. Qué sugerente. Vieron que los de Viva Suecia y Javier Robles no les cuadraba por fechas y decidieron acercarse al de esa misma noche animados por la madre que escuchó a Morgan, una emergente banda madrileña, en Radio 3. Las jóvenes estuvieron de acuerdo, que no es poco.

Se acercaron con tiempo a Ruperto Chapí donde la web indicaba que, en el lateral del teatro, aparecería cada media hora desde las siete un autobús que les subiría gratis a Santa Bárbara. Pasadas las siete y media el padre preguntó a un conductor de la línea 6, que ignora de qué servicio está hablándole. En el el bar de enfrente los miraron con cara de «¿¡pero adónde se creerán éstos que han venido a veranear!?». Nada más iniciar la escalada a pie se toparon con un cartel en el que se indica que el ascensor sube hasta las siete y veinte, aunque en la página se especificaba que los días de actuación estaba hasta las tantas. Cualquiera es el guapo que se acerca a comprobarlo. Durante la caminata otearon el horizonte cuestionándose la mayor: «Tal como tenemos hoy el sistema defensivo, ¿se mantendrá la fortaleza en pie?». Junto a la garita, el guardia estuvo a punto de detenerlos pensando que estaban cachondeándose al preguntarle por el bus gratuito. En fin, es lo que hay, Morgan.

El combate a la oscuridad

Detuve el documental de las memorias del «boss» a fin de asistir a la despedida de Usain Bolt. El atleta aprovechó la previa del 4×100 para, en lugar de enardecer a la grada con aquellos ademanes de Zeus de la velocidad, despedirse como ido, pausadamente. Sonó el disparo, el jamaicano esperó el relevo de modo desconocido, impaciente y, a las pocas zancadas de su última posta, sintió la pierna hacerse añicos y cayó. Haber estirado hasta el más allá esa condición sobrenatural tiene un coste. Nada más dejarla atrás, Usain solo pensaba con todas sus ansias en salir, pasar una buena noche y tomar algo. A los treinta tacos se acabó lo que se daba y, al igual que a otros de la galaxia, no será difícil ver convertirse al «relámpago» en una bola aunque ya no sea de fuego.

A sus 67 primaveras, el rockero de New Jersey solo necesita abrirse agujeros en el cinto de los vaqueros para seguir acabando los maratones que se pega por medio mundo como un campeón. Y eso que él también se rompió a los treinta y tantos. Una noche oscura, uno de los tipos más grandes, más duramente tiernos y con mayor energía que haya registrado el censo musical a lo largo de la historia sintió que se rompía por dentro. Y, desde entonces, ese fantasma real como la vida misma no ha dejado de acosarle.

Se ahí que, durante una etapa considerable, se metiera kilómetros y kilómetros entre pecho y espalda para alcanzar antes de que amaneciera Freehold, su borough, su pueblo o lo que quiera que sea y rebuscar posiblemente en pasajes recónditos de la infancia las raíces de ese sufrimiento. En realidad, siempre ha estado en Freehold, nunca se lo ha quitado de la cabeza. Con tanto como le ha ido añadiendo al cóctel, el credo de Elvis, gotas de Seeger, el compromiso para responder a los traumas generados en su inmenso país, las estrellas, aquel árbol… Buena parte de la autenticidad proviene de tener los pies en la tierra. A diferencia de quienes se creen triunfadores, él aspira a dar de una vez con algo que no admite fraudes: ser Bruce.

El cuadro completo

Estaba contándole hace un tiempo Miguel Poveda a Risto Mejide cómo María del Mar Bonet y él habían trabajado juntos textos en los dos idiomas para compartir escenario durante la Diada de 2007 en la que ocurrió lo que ocurrió: «Me dieron una pitada tremenda. Nunca había sufrido algo así y, al bajar, estaba encendido. Todos los políticos, incluidos Carod Rovira y otros de Esquerra Republicana se acercaron, me dijeron que habían sido cuatro y que no me preocupara, salvo Mas que se quedó en un rincón con una media sonrisa como diciendo ¡jódete! Fue mi impresión, qué cabrón. He cantado en catalán en las Ventas, en Francia. Amo a Cataluña y he hecho un disco en catalán. A mí nadie va a darme lecciones de saber estar». Para qué vamos a engañarnos, hasta Risto da miedo.

La movida viene de lejos, de ahí que haya quienes adviertan cierto inmovilismo en la parte contratante de la parte contratada. Pero eso se ha acabado. En el caso de que el Parlamento catalán moviera ficha y admitiese a trámite la proposición de ley para la celebración del referéndum, Rajoy sopesa mientras veranea… ¡convocar a los ministros a mediados de agosto! Qué barbaridad. Y hay más. El plan de acción conforme se acerca la fecha señalada del 1 de octubre es para hacérselo mirar. Está previsto que el mandatario español llegue a Nueva York al final de la semana del debate de la Asamblea General de la ONU el 22 de septiembre, que intervenga en un foro en Virginia y que tres/cuatro días más tarde se presente en Washington con idea de reunirse… ¡a solas con Trump! Para tener el cuadro completo solo falta que, tras darse una vuelta por Dinamarca para vender la historia, Puigdemont se dirija a Corea del Norte. De hecho el gabinete marianesco propondrá en las próximas semanas un panel de expertos para hincar el diente a lo de las nucleares por si las moscas y el mismísimo 29 de septiembre parece que el baranda mayor del reino acudirá a la cumbre de la UE en Tallín. Oye, a ver si al final han dado con la solución que, efectivamente, es irse todos.