Pues sí, de armas tomar

Asistimos a dos mociones de censura, la del presi y la de Pep. ¡La que le ha caído a éste! Hay quien ha escrito ya su epitafio al frente de La Roja. Iríbar también fue despellejado. ¡El Chopo! son tan pocos los futbolistas que piensan que, todo lo que no sea meter pases, dar patadas y ofrecer declaraciones post-partido que provocan vergüenza ajena, lógicamente irrita. el que anda por Manchester ha proclamado algo tan grave que se le expulsa por anticipado del combinado que defendió, pero al que le dijo a un subordinado «Luis, sé fuerte», con todo lo que encierra, se le renueva y aquí paz y después gloria.

Pese a ello, Irene Montero entró a saco y, los componentes del cuadro enjuiciado, no le quedó más que tragar y tragar quina. es lo mínimo con lo que desprende esa maquinaria pesada que no acaba de aplastar a sus emprendedores y, tener que escuchar la retahíla de desviaciones, una de las manifestaciones la democracia, pep, hijo mío. Y sí, cada una es un mundo. en estados unidos, el himno por ejemplo es sagrado. La previa de los acontecimientos la marca su interpretación, que se sigue en primer tiempo de saludo y a mí me lleva a pensar en la de miles de criaturas sin formar que van ciegas a defender esa bandera y que, con veintitantos, vuelven tarumbas. aquí, entre que ni el himno tiene letra, que objetar marcó tendencia y que la munición que nos va es la de armas tomar, se relativiza el entusiasmo pero aún así no lo aprovechamos. agitar el caldo de cultivo es una de nuestras señas. Y para esto, españolistas y catalanistas son unos hachas. Dice el clásico que el nacionalismo se cura viajando y, sin embargo, a Pep parece producirle el efecto contrario por mucho que impedir votar es verdad que tiene mala venta a pesar de los pesares. El problema de este árbol es que oculta el bosque y de ahí que lo agitase Mas. Pero no seamos hipócritas porque se sabe quién ha traído la precariedad laboral, el exilio teenage, el ¡ay! de las pensiones y la escasa cohesión social y territorial. No hay más que oír a la afición. Ha sido Piqué.

Denominación de origen

Este 15-J se cumplen 40años de la primera pasada por las urnas en una época aquella en que, de los «40 años», se hablaba hasta la extenuación. Y sin embargo, la diferencia de bloques son considerables porque vienen de raíz. Los primeros tardaron en digerirse por efecto de la posguerra y sus derivados y éstos da la impresión en ocasiones de habérnoslo bebido. También es verdad que ha habido que empinar lo suyo para pasar ciertos tragos.

Mientras que los críos viven hoy en comunidad a través de las múltiples aplicaciones de sus chismes, los de los sesenta lo hacían deleitándose en blanco y negro con las aventuras del Llanero solitario y El Santo, aislados en la salita. Fomentar el individualismo es una buena táctica para que la gente no se arremoline. Pero, como no es fácil poner puertas al campo, los dueños de las fábricas se encontraron con que sus nietos formaban parte de una célula de la Joven Guardia Roja. Obreros y estudiantes de la mano resquebrajaron el andamiaje y, tras alcanzar el sufragio universal empujando desde muchos frentes y superando sangrientas convulsiones, empezaron a compartirse plazas de todos los colores en la que se entremezclaban camisas azules bajo añorantes bigotitos afilados y senadores veinteañeros que por entonces hasta se veían marxistas.

Pero los efectos ópticos verdaderamente dañinos no se larvan de un día para otro. Meses antes de aquel 15-J, un periodista y escritor pecero oyó en una celda contigua de la dirección general de Seguridad una voz conocida. Era la de un miembro del frap que una década después formaría parte en su tierra del gobierno socialista, con posterioridad de uno del pepé y que ha vuelto a la trena, pero por hacer de su capa un sayo con los fondos públicos. A pesar del cambio histórico, qué mal rollo. De la amnistía por todo un compromiso hemos pasado a la fiscal de los potentados tunantes y eso que andamos como andamos, o sea dando tumbos medio rescatados. Parece claro, pues, qué dirán dentro de 40 años. Que sí joder, que fuimos santos.

Una conducta estrafalaria

Ignacio Echeverría, 39 años, currante en un banco de la City, volvía en bici de pasar la tarde con colegas de aficiones cuando divisó a un menda apuñalando a una mujer y, sin encomendarse ni a Dios ni al diablo ni a Alá, desenfundó la juguetona tabla de madera, se precipitó hacia la zona en conflicto y, por los testimonios, la última escena que pudo retenerse de él es la de un cuchillo atravesando su espalda. Para la bibicí, estamos ante el «héroe del monopatín» y las autoridades de la isla se lo ha agradecido a la familia con horas, días, siglos de silencio, incertidumbre y angustia. Aún contando con la presencia de la hermana de Ignacio allí, no se le ha permitido a la residente londinense acceder a la zona de heridos ni a la morgue, enrocándose los hijos de la Gran… en la petición de adeenes y de huellas dactilares para consumar hasta límites paranoicos los protocolos de identificación. entre la chapuza llevada a cabo con los restos del Yak-42, que contó con la bendición de mister «Michirones» Figueroa, y el estrafalario proceder brexitánico, seguro que existe un término mediosensato.

Es por ello que da fatiga escuchar a los gobiernos enfatizar que la mejor respuesta al golpeo terrorista es proseguir con la normalidad. Se refiere a la plebe. Esa multitud que se congregó en Manchester en un concierto conmemorativo para dejar claro que no anda cautiva o la que en marzo de 2004 se movilizó en España para gritar que ya bastaba de zarandajas a la hora de situar la atrocidad cometida por tanto canalla suelto. Quizá no estaría de más concluir que éstos se tienen estudiado los calendarios electorales porque, en un escenario y en el otro, han escogido el turno en el que en las altas instancias se pierde más el oremus, con lo que el reguero de confusión que se provoca resulta despiadado en todos los órdenes.

A ver si desaparece de una vez la tortura en cualquiera de sus acepciones. También para inocentes como los padres de Ignacio que, por sus huellas radicadas en Londres, no son merecedores del atroz castigo.

El factor optimista

Es de esas mañanas que, al igual que un porrón de plebe, quedas huérfano por la muerte a los 51 de alguien a quien, a pesar de no conocer personalmente, lo has presentado a gente cercana para que disfrutase con su presencia vía youtube de la misma manera que tú. en una vida anterior, Carles Capdevila fue periodista de machaque diario y de ahí que tuviera una exigencia suprema para una profesión que, desgraciadamente decía, se ha acercado más a las elites y a los poderes que a las personas y que se mueve mejor por los cenáculos que por las salas de espera de hospitales y por aquellos barrios a los que no se acerca ni Dios. Al recibir meses atrás el Premio Nacional de Comunicación, dentro del agradecimiento, soltó: «Me han felicitado algunos de los que, siendo director, me hacían la vida imposible y conspiraban para que no fuéramos independientes». Lo a gusto que se quedaría.

Tras detectársele un cáncer de colon y sin dejar de poner el foco en los anhelos de la vida cotidiana, se cogió del brazo del toro educativo de nuestras criaturitas con una gira de charlas repletas de sentido común e ingenio y pasajes memorables. Uno de tantos que sonará a no pocos es ese en el que revela que, tras 19 años casado y cuatro hijos en la butxaca, reinventaron en casa la teoría de la relatividad: «Con el primero esterilizábamos el chupete cada vez que nos parecía que a lo mejor podía haber rozado el suelo y había un bote de agua hirviendo sin parar. con el segundo, si el chupete había caído en un sitio claramente sucio, lo pasábamos por debajo del grifo. con el tercero decidimos que si caía en un lugar muy, muy sucio y había al menos tres testigos, lo pasábamos un poco así por la camisa. Y a nuestro cuarto hijo nunca se le cayó el chupete».

Se ha ido transmitiendo buen rollo a los que andan hirviendo agua todo el día y a los que dándose quimio agradecen infinito la mano en el hombro de la enfermera. La fórmula no es otra que disfruta con fruición lo que tienes que esto, queridos, no es para siempre. Parece sencilla. Ya, ya.

En el polo adecuado

En pleno Roland Garros de nuevo, cómo pasan los años. A propósito del comportamiento que prima en los que tutelan a quienes se inician en un deporte en contraste con el cabal, cuenta el exatleta olímpico Albentosa que un día lo llamó Miguel Ángel Nadal, aquel portento físico del Barça que sudó la elástica nacional, y le dijo si podía mandarle dos polos para su sobrino que dudaba entre fútbol y tenis: «Sólo dos –recalcó–, que no queremos que se lo crea demasiado». Ese año ganó el campeonato de España alevín con sus dos únicas prendas. Concluye Albentosa que nada en el deporte es casual.

Esta edición han acudido hasta cinco mil aficionados a… ¡los entrenamientos! De ese ciclón que en los últimos lustros tiene aburridos a los franceses de ver cómo se lleva su torneo, debido según otro tío de la criatura, su guía Toni, a la de horas que han trabajado con el gran propósito en mente: «¡Cuántos discursos y sermones, cuántas diatribas! ¡Cuántos elementos a mejorar en la siguiente preparación! ¡Cuántas veces se fue Rafael de la sesión diaria con el punto de insatisfacción que yo le transmitía desde el convencimiento y la exigencia constante de forma muy poco condescendiente!». Y ahí es donde ese amigo cartesiano, que siempre es aconsejable tener cerca, al referirse a los Indurain, Nadal… sentencia que «son marcianos». Y, efectivamente, de la misma galaxia es extraño que sean.

Los de ésta nos fundimos innumerables fines de semanas en llevar a los críos a las competiciones. En una provincial de tenis alevín, precisamente, tocó enfrentarse a uno de punta en blanco, con todos los aditamentos que puedan imaginar, frente al mío con el polo de batalla y sus dos alambres por piernas. Nos cayeron sendos seis–cero y el chaval de enfrente no se libró de la bronca las pocas ocasiones que el punto no cayó de su parte. Veinticinco años después, alguna vez que veo al mozo dejar dialécticamente a contrincantes de envergadura contra las cuerdas, me pregunto qué habrá sido de aquél otro nene.

No se sabe qué da más miedo

Según datos de la ocedeé, en 2050 –que está ahí– el 30 por ciento de la población será mayor de 65 tacos, de modo que no es extraño que se sucedan jornadas en torno al envejecimiento. A éste, en boca de un componente de la Asociación Gerontológica del Mediterráneo, ingresamos con las «setenta velas» y «la tercera edad empieza a parecerse a una nueva adolescencia». Esperemos que, al menos, no vuelvan a salirnos los granos.

Especialistas reunidos en ese cónclave universitario coinciden en señalar que «gracias a la transmisión de conocimientos y a los avances sociales se alarga el periodo de juventud, el de adulto y el envejecimiento empieza más tarde». Bueno, en el retraso de los dos primeros habría que considerar que también influye lo suyo la tardía emancipación de los mozos dada la precariedad laboral conquistada, lo que acarrea que nuestros mayores alcancen la jubilación inmersos en el túnel del tiempo, que era una serie en blanco y negro, época a la que unos cuantos andan empeñados que regresemos. Pero bien, salvados estos obstáculos ocasionales aunque jodidos, los expertos coinciden en que es recomendable encarar la jubilación «manteniendo la mente activa, contando con aficiones y cuidando el aspecto físico» y, de facto, hay plebe talludita ella que no para de hacer cursos, pilates, yoga, viajes o revitalizándose a través del voluntariado.

Lo que pasa es que, simultáneamente, acaba de celebrarse en Madrid la Cumbre internacional de Longevidad y Criopreservación, en la que el profe de la californiana Singularity University, el venezolano Cordeiro ha asegurado que antes de 2045 se detendrá el envejecimiento con una sola inyección y que, gracias a ese logro, se alcanzará «la muerte de la muerte». El plan b, que tampoco es manco, sería el de la criopreservación, consistente en «conservar el cuerpo de una persona que se va a morir de forma que pueda ser reanimada en el futuro y curada de la enfermedad que falleció». Lo único es que, al despertarse, igual permanece la hipoteca.

Dinastías al descubierto

Un treintañero que había venido votando al pesoe hasta que se puso imposible, y que como tantos se escoró a Podemos, ha hecho circular la imagen de una primera fila compuesta por Rubalcaba, Felipe, Susana, Zapatero y Arfonzo, aderezada por un sucinto «ya si eso». Coincidiendo con el hallazgo, se supo que una misión española de arqueólogos ha descubierto una cámara con un depósito de materiales para la momificación de un alto oficial de Egipto faraónico perteneciente al Imperio Medio en Luxor. El depósito se encuentra cerca de la tumba del Visir y alcalde de la antigua Tebas y contiene productos utilizados en el proceso de embalsamamiento de las figuras de la época.

Susana por su parte, hija, ha sido la encargada de oficiar el funeral de Suresnes, que para ello se lo ha ganado a pulso. a mediados de los setenta del siglo pasado, unos cuantos jóvenes intrépidos llegados hasta París desde del sur de Despeñaperros consumaron el «pacto del Betis» con la delegación vasca liderada por Ramón Rubial, Eduardo López Albizu –padre de Patxi– y Nicolás Redondo con tal de meterle marcha al partido descabalgando para ello al histórico Rodolfo Llopis y a su venerable cohorte exiliada en Toulouse. La primaveral voladura de mayo de 2017 ha venido desde dentro puesto que lo único heredado por la presidenta andaluza de la frescura por entonces de aquella plebe se limita a que es del manque pierda y, como resulta de cajón, su única fijación a partir de ahora estriba en no descender.

Lo que más ha sorprendido al jefe de la expedición al Cairo, el sevillano Antonio J. Morales, y a todo el equipo es el descubrimiento en una de las jarras del corazón del miembro de la elite durante el reinado del primer monarca de la Dinastía XII. Los especialistas aseguran que la práctica de extraer este órgano de los difuntos es poco común por lo que, según Morales, es muy probable que se equivocaran los embalsamadores. Pues ojo, Pedro, no vayan a ser los de los faraones los mismos que se confiaron a la hora de dejarte listo a tí.

Sin licencia para matar

Viví prácticamente en directo desde el aipad las cabriolas de un coche estampándose contra los viandantes en Times Square y, hasta que se supo de qué iba la historia, rememoré la visita en el verano del 89 a Manhattan, ese espacio que le es familiar a millones de personas antes de estrenar su asfalto.

Tratándose de un viaje al lugar en blanco y negro almacenado en la cabeza desde tiempo inmemorial, fue preparado con mimo. en la previa me zampé a Tom Wolf con La hoguera de las vanidades –nada que ver con el horror posterior de peli–, por lo que llegaba a la cama como una moto y costaba Dios y ayuda conciliar el sueño. Para colmo, en el avión pasaron Arde Mississippi donde el Ku Klux Klan se daba el lote en un pequeño pueblo sureño. La suerte estaba echada. Y, efectivamente, una vez en la lúgubre habitación del hotel cercano adonde el conductor sembró el pánico hace nada, no quise perderme el célebre informativo vespertino de la cebeese, que abrió con cinco asesina- tos en el metro, uno de ellos en la mismísima estación de Times Square. A este paso cabían dudas de si zambullirse por Central Park se convertiría en el último de los paseos. pero no. el único trance agobiante fue que, tras salir disparado de las torres Gemelas por una de esas necesidades que se presentan en el momento menos indicado, el metro en dirección contraria alcanzó una especie de poblado chicano donde, al divisar tanta palidez, salieron en auxilio unos cuantos polis gracias al despliegue por la ristra de asesinatos.

Trastorna que al conductor desequilibrado se le describa a sus 26 años como un veterano de la marina que, según él, esperaba morir llevándose a cuantos pudiera por delante. Entre lo inoculado por estos veteranos y lo que la tecnología permite preparar a distancia, vamos listos. Ya no se necesita licencia para matar. Con Trump soltándole los secretos al enemigo, no es extraño que Netflix apueste por el documental y que uno se empotre en el salón de casa por lo que pueda ocurrir.

Los ideales perdidos

Viendo el espacio dispuesto en los Imprescindibles de La 2 sobre ese volcán con encanto a raudales llamado Martirio me topé con el testimonio sobre imágenes de cuarenta años atrás de Inés Romero, componente del grupo Jarcha, periodista y compañera de facu con la que, en medio de exámenes, me acerqué el 11 de junio del 77 a Carabanchel para asistir a la clase magistral, disfrazada de mitin, de Tierno Galván en la campaña electoral que, tras la cosa tomatosa, abrió el ciclo más estable de nuestra historia teniendo en cuenta el adeene. Entre el aluvión de reflexiones y razonamientos con los que mantuvo la boca abierta a los sesenta mil hambrientos de nuevos tiempos, se coló una sentencia: «Sólo se gobierna bien si existe un Gobierno de ideales». Aquel hombre, que había hecho frente desde las aulas al régimen con sus exposiciones, podía permitirse el lujo de seguir siendo el teórico que siempre fue porque, de entrada, jamás pensó que fuese a gobernar ni una ciudad. Ya por entonces las relaciones del pesoe con el resto de formaciones izquierdosas andaba lejos de contemplar la generosidad, mucho menos después de relanzarse con la fuerza que despegó. Tanto es así que pese a que la buena dialéctica para el viejo profesor es «aquella que deja que el pensamiento del otro no se interrumpa y que le permite, sin notarlo, ir tomando la buena dirección», Tierno acabó claudicando a los designios de poderío imperante. Eso sí, le quedó espacio para sincretizar la idea en que «hay que respetar a los de derechas y convencerlos de que están equivocados». Y ahí quería llegar. A que a día de hoy, de entre los que nos representan, ¿quiénes no están equivocados? Los emergentes desenfocan demasiado para tantos humos y los cariacontecidos socialistas han dejado ver de sobra las costuras, aunque el proceso en el que se debaten lo han abocado a tal ejercicio de sinceridad que se agradece. Pero, ¿y los que llevan el timón gobernante? Enfangados hasta el cuello, siguen igual que si no ensuciaran. En fin, como para pedir clases magistrales.

El corazón partido

Me meto en una web y, cuando voy a empaparme del titular, un banner cubre al completo la pantalla y, por mucho que le doy a los chismes, no hay manera de quitárselo de encima. En vista de cómo anda la actualidad…y la tecnología, me tiro a indagar el contenido del anuncio y me topo con algo de lo que no tenía ni pajolera, lanzado al mercado hace ahora un año. Se trata del primer colchón que detecta infidelidades y te lo chiva al móvil. Madre del amor Hermoso por qué vericuetos se cuelan los instrumentos de hoy en día.

Al parecer detecta lo que detecta a través de algoritmos. el colchón cuenta con sensores de vibración colocados entre los muelles y dispuestos en seis columnas de cuatro filas, conocido como lover detection system, lo que parece de cajón hasta para los que no olemos el inglish. Junto con un módulo de comunicación oculto en la cabecera, se conecta al güifi de la casa y se alimenta con una batería extraíble, recargable por uesebé, con autonomía para una semana. Pero, ojo, no sólo transmite las alertas de la actividad física que se realiza sobre el oscuro objeto, sino que ilustra de la duración del encuentro, la intensidad con gráficos en movimiento, impactos por minuto, los puntos de presión a fin de testimoniar si ha ocurrido o se ha cometido en tu lado de la cama y, con todo ello, elabora un minucioso historial. Como el compact de lo espiado salga a luz por cualquiera de los múltiples canales en danza, los papeles de güiquilís no les interesará ya ni a la cía y Assange, criaturita, podrá salir a darse un garbeo.

A fin de saber cómo respondía, el sistema se probó incluso con tríos y, para su lanzamiento, la empresa promotora lo hizo coincidir con un estudio según el cual los españoles somos los europeos más infieles y aprovechó el estado de la cuestión para sacarlo bajo el siguiente mensaje: «Si tu pareja no es fiel, al menos que lo sea tu colchón». Al reencontrarme con la actualidad, la que salta a la vista es la del pesoe. Y por el montón de infidelidades registradas, éstos se cargan el invento.