El sueño

Vaya domingo que nos espera. Con tal de no caer en la impaciencia da margen de sobra para remontarse hasta el principio de los tiempos. Casi un siglo atrás, Sánchez Mejías reunió a Lorca, Alberti, Guillén, Dámaso, Gerardo Diego, Chabás, Bergamín y Bacarisse. El convocante, que junto a su cuñado Joselito el Gallo ya por entonces eran muy futboleros y regidores de clubes, dejó para el recuerdo la instantánea de la formación del 27 en diciembre de ese mismo año. Sería Eduardo Galeano quien considerase absurdo y sorprendente que el deporte rey fuera ignorado en la gran historia del XX. Federico tomó rumbo a Nueva York dándose de bruces con el crack del 29 y su torbellino de codicia: «Lo impresionante por frío y por cruel es Wall Street. En ningún sitio como allí se siente la ausencia de espíritu…Noto un ansia divina de bombardear todo aquel desfiladero de sombras por donde las ambulancias se llevaban a los suicidas con las manos llenas de anillos». Carmen Martín Gaite también se puso las botas en la Gran Manzana rebozándola de fantasía.

     Solo Trump, adiestrado desde bien joven para los negocios de toda índole, podía conseguir que la final del Mundial hablase español después de soltar en marzo a una docena de mandatarios latinoamericanos congregados en Miami que no estaba dispuesto «a aprender el maldito idioma de ustedes». Teniendo en cuenta que solo tiene 65 millones de hispanohablantes en el territorio que comanda nadie podía esperar otra cosa de Donald. El Giants Stadium se divisaba desde recovecos del Bronx y a su lado se fue levantando el MetLife del mismo modo que le pasó al de Nervión para dar paso al Pizjuán y más recientemente al viejo San Mamés con el actual. El moderno recinto cambiará los cuatro «downs» de cada equipo para avanzar al menos diez yardas por el despliegue coral del aspirante y la succión que rinde el campeón a los planes de Messi.

     Pero en la cita que nos aguarda se ha colado un vecino inesperado. Cuidadín. En Nueva Jersey la voz cantante la lleva desde hace la tira Bruce Springsteen, el enemigo íntimo del magnate porculero al que ha hecho frente desde el minuto uno de la representación. Solo hay un Boss al que se dé pleitesía allá por donde pisa. Y ha puesto todo el desgarro que atesora para cantarle a sus orígenes antes de meterse en otros berenjenales: «Si tu corazón está inquieto por esperar tanto tiempo/ Cuando estás cansado y cansado y no puedes seguir adelante/ Bueno, si un sueño lejano es una llamada/ Entonces solo hay una cosa que puedes hacer/ Tienes que seguir ese sueño». Y cuando hoy mire al palco y vea lo que allí se concentra toda su energía irá a parar a quienes hicieron llegar a esos dominios navegadores, descubridores, artistas, investigadores, científicos, redomados especialistas, creadores… a cuya estirpe pertenecen quienes saldrán enfundados en la elástica roja. Y así a ver quién puede con ellos.

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