No es fácil quebrar a Óscar Puente. Muchos lo han intentado en distintos foros y pocos lo han conseguido. Cristina Pardo lo cogió por banda y se las hizo pasar canutas en Antena 3. Al ministro más sandunguero se le torció el gesto y balbuceó a su modo cuando hubo de dar respuesta sobre si veía apropiadas las prolongadas vacaciones del jefe con el país en crisis galopante por la invasión de una parte de su territorio. Debieron entrarle ganas dado el estilo molón -y faltón para los ensartados- que practica en redes, pero tampoco iba a soltar el hombre: «¿No tiene una pregunta más fácil?».
De modo que el turista a pique de empadronarse en Lanzarote dejó atrás las fuertes corrientes marinas de algunas playas, se mudó a la meseta donde resulta que tampoco son mancas y, una vez que la naturaleza volcánica de la situación le trajo recuerdos del Parque Nacional de Timanfaya, se ha puesto manos a la obra deparando una entrevista tras otra alejado, eso sí, de territorio comanche. Cintora lo tuvo enfrente a buen recaudo y luego desplegó un «Post Mañaneros» destinado no a ensalzar al invitado, tranquilos, sino a la entrevista. Mientras tanto Ana Rosa clamaba con que en Telecinco están castigados, lo que en su caso no es sino un brindis al sol puesto que ella realizó en su día el desembarco y ahí continúa con Ceuta por bandera aunque Pedro le niegue trescientas veces. A diferencia la pública en la que Broncano espetó en la presentación de la temporada que «según lo que suceda en las elecciones el año que viene me podría reemplazar Morante de la Puebla», Mediaset ha ampliado el universo Iker Jiménez con mayor presencia, en el que uno de los cinco días irá de nueve de la noche a una de la madrugada para que haya tiempo de poner al Supremo por las nubes, supongo. Como para no ver fenómenos paranormales.
En el otro extremo de la parrilla, Silvia Intxaurrondo ha iniciado el ciclo poniendo toda la carne en el asador. Se pierden en la nebulosa, si es que alguna vez existieron, aquellos programas en los que los conductores del espacio se dedicaban a exponer hechos, datos contrastados sobre la mesa para que los espectadores sacasen sus propias conclusiones mientras que diversos entendidos deslizaban puntos de vista. Hoy, salir indemne, requiere contorsionismo mental del bueno y ni aún así. Si estará encanallado el clima que ha echado a correr el balón y Mourinho apenas levanta la voz, No sé cómo va a terminar esto. Según la última encuesta del Cis, la toritilla de patatas supera a la paella como el plato más representativo, con un 62,7% de preferencia para el primero y un 61,1% para el segundo. Y de postre, otra de polarización.