Un descarado

En cuartos hubo de vérselas con ese canadiense de más de 1,90, fibroso, tutelado por el tío de Rafa, ganador en citas precedentes que salió desplegando un tenis de exquisita factura a base de tal poderío que me dije: se lo va a merendar. De padre togolés profe raqueta en mano y de madre norteamericana y maestra, Félix Auger-Aliassime acabó cazando moscas.
Lo siguiente, claro, fueron semis frente a otro de la nueva hornada buena parte de los cuales como el danés Rune son de una corrección suma. A mi McEnroe le deben salir ronchas viendo los modales. Sinner es el italiano con menos pinta de italiano que me he echado a la cara. Lo cierto es que nació a nada de Austria, en el Tirol donde los padres regentaban un pequeño refugio y en cuyas pistas el crío se convirtió en campeón de slalom. Pero las bajadas duran minuto y medio y él quería cinco sets. En esta ocasión hubo dos y, en la recta final, un punto inverosímil, de marcianitos que acabó con un globo desde el quinto pino de su oponente sobre la misma línea hacia donde se dirigió Jannik echando en falta los esquíes desesperadamente. Al terminar se acordó así del rival: «Si he mejorado, en parte es gracias a él». John no pudo resistirlo.
Y de remate, el que faltaba: Medvedev. Es el otro ruso que está peleado con el mundo y esta vez debía dirimir hegemonía ante alguien nacido en El Palmar. Cómo sería la cosa que a Daniil no le dio ni para enfrentarse con la grada. Alcaraz, que en el previo estuvo como la chata en no pocas fases, no concedió alto el fuego alguno. La exhibición de este murciano de dinamita resultó de tal magnitud que la primera dejada casi en los estertores que el moscovita respondió con otra levantó al público con una ovación casi tan difícil de conseguir como el trofeo mismo. Queens le va a Carlos donde Charlize Theronle acompañó el fin de semana hasta quedar prendada. No sé qué va a ser lo siguiente.

En nombre del apego

Estoy afeitándome y doy un respingo. He visto en el espejo a mi padre hacer los gestos con los que me embobaba cuando esparcía con la brocha el jabón sobre la cara. Cada vez me sacan más cosas del viejo, ahora que voy de boca hacia ello.
El origen se remonta al tranvía, allá por el año 43, una vez que se le fueron los ojos se decidió a preguntarle cómo se llamaba y ella respondió con el primer nombre que se le vino a la cabeza. Bien podría habérsele ocurrido BarbaraStanwyck porque por entonces recibió tres nominaciones y porque eran clavaditas. Uno vivía en el margen derecho de la antigua calzada romana, otro en el izquierdo y tuvo que indagar tramo arriba, tramo abajo de una vía guapa hasta lograr identificarla. Y ya no se separaron si contamos los doce años de noviazgo propios de la época.
Con su porte de galán estudió lo básico y metió el cuello en cuanto pudo. En la familia eran siete y bajo techo cabrían a cinco metros cuadrados por cabeza, aunque dentro del recinto donde el progenitor era chófer de un afamado galeno disfrutaban de un jardín que era gloria bendita. Aquello lo cambió por un tercero izquierda y su correspondiente hipoteca en un paraje por explorar lindando con los barrios que hoy en día encabezan el índice de los más pobres del país. No sé cómo se las aviaron, pero nunca sentimos con una dentro y otro fuera que andábamos al filo de lo imposible pese a que el despeñadero asomase por las esquinas.
Salía de casa a las ocho y volvía trece horas después. Me propuse ingenuamente que no me ocurriría lo mismo. A lomos del «pluri» fue dándonos lo más grande: seguridad en nosotros mismos. No le hacía falta ponerse bravo para ser estricto. Al apreciar su semblante el mensaje se captaba a la primera. Era una gozada verlo con amigos en plena faena. Se fue demasiado pronto y aún siento en el alma las novedades sin compartir. Creo que sabía que lo adoraba, aunque ignoro si llegué a decirle cuánto. Nunca he hablado tanto con mi padre como después de su muerte.

Galaxias de lo más frikis

Me he chupado la premiadísima «Todo a la vez en todas partes» y aquí sigo, que no es poco.
He dicho tienes que verla y me he dejado llevar. Tampoco era fácil lograr meterse uno en las de «Arte y ensayo» pero de allí al menos salías con el diploma de progre cultivado. De esto a saber con qué sale la generación Z y por eso la inmensa mayoría del círculo cercano no quiere ni loca volver a ser joven. Es su turno. Que se las apañen ellos.
Como casi siempre, el pasmo viene dado por las interpretaciones de los entendidos. Alguien que las hace en páginas ilustradas pone uno de los acentos para encumbrarla en que «explica de manera clara el conflicto emocional de los emigrantes». Hombre, clara, clara… cuando lo que conlleva vivir alejado de tu tierra es algo trillado en la gran pantalla desde el principio de los tiempos. Y no. Quien lo escribe no es Boyero porque no es que se abstenga como tantos de acceder al metaverso, al multiverso o al alfaverso es que desde hace la intemerata le dejan tapers en el congelador y hasta ayer mismo ha sido incapaz de poner en marcha el microondas. Me gusta su estilo, aunque lo que habrá comido facilita la mala leche.
La cinta ganadora tuvo un presupuesto raquítico para aquellos lares, se rodó en menos de seis semanas y el equipo de efectos especiales -que es el quid- estuvo compuesto por solo siete novatos que a saber si alcanzó el salario mínimo. Yo le preguntaría a Tamames sobre la consideración con los currantes de los genios de nuevas tecnologías, no tanto por el economista que encarna sino por la cantidad de mundos a través de los que ha discurrido. La «bibicí» ha sido referente en este para saber dónde estábamos y sin embargo deja a las claras qué tal anda de impracticable el terreno de juego al infligirse un autogol nada menos que frente a uno de los mejores rematadores de la historia. ¡Y antes de Negreira! Como para no creérselo.

Menudo invento

Camino de los 25 años de existencia, la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes ha abierto dos ventanas para que de ellas se extraiga el manantial creativo deAntonio Machado y Miguel Hernández. Con la perspectiva que viene ofreciendo una aportación cultural de este calado y en el papel de entrañable maestro de ceremonias, García Montero ha sido rotundo al señalar que «se ha convertido en un medio esencial de la tecnología para acercarnos a las humanidades». Después de que los especialistas radiografiaran a conciencia a semejantes poetas, el ministro Iceta anduvo salado al agradecer la invitación y preguntarse «qué hago yo aquí». Lo que pasa es que, al estar calentito el 8M, aquello sonó a otra cosa, mariposa. A que nadie más indicado que él para sugerir que, efectivamente, el gobierno baila.
¡Ay, los gobiernos! Los de aquí, los de allí y los de acullá. Uno de los que tuvimos encima resultó determinante para que este portal infinito que hoy todo quisque festeja fuese una realidad. Fue el comandado por aquel exalcalde de Benidorm que cercenó el proyecto de campus científico, cuya necesidad para ser vanguardia se hartó de predicar el entonces rector Pedreño. En cuanto pudo, el hombre salió pitando y, como el rojo peligroso que era, se lo «apropió» Botín y lo patrocinó con cuantos proyectos dieran vueltas en esa cabecita loca. Tiempo más tarde, el cercenador, que ya andaba por Madrid en cargo de postín ponderó ante el banquero las virtudes de quien este había puesto al frente de sus portales. Ante tan escaso temor de Dios, hasta el Niño Jesús debió incorporarse en el suyo por si las moscas.
Ya durante el X aniversario, Vargas Llosa se mostró conmovido tras testar que el invento no solo penetraba en las grandes urbes sino en pueblos perdidos de los Andes y la Amazonia. También cuentan que se detectaron conexiones nocturnas desde El Vaticano a «La lozana andaluza» donde el clérigo autor de la obra relata sus andanzas por prostíbulos de Roma. El servicio, pues, no puede ser más completo.

En el Olimpo de los cabales

En esta ocasión ni Garci ni Trueba ni Pedro ni Amenábar ni Bardem ni Penélope ni ninguna nueva aparición opta a hacerse con un Óscar en el Dolby Theatre. El premio lo ha recibido en Los Ángeles Pau Gasol al conseguir que su «16» ondee en la cúpula del pabellón donde permanecerá sin que nadie vuelva a ponerse el dorsal junto a los de Wilt Chamberlain, Abdul-Jabbar, Magic Johnson y Kobe Bryant formando parte así del Olimpo de estrellas de uno de los equipos más importantes del mundo. Quien mejor apreciaría una gesta de este calibre sería Fernando Martín, el primero en intentarlo cuando que uno de los nuestros tuviera opción de alcanzar siquiera la titularidad en cualquiera de aquellos conjuntos se antojaba poco menos que sobrenatural. De ahí que, visto desde aquí, el reconocimiento al mayor de los hermanos sea algo muy sencillo de situar: es la hostia.
Para conmemorarlo me zampo el broche frente a los Celtics en 2010 que dos años antes se lo habían arrebatado. A día de hoy ambos equipos figuran destacados con 17 anillos cada uno en sus vitrinas. Los cinco últimos minutos del partido cumbre en la franquicia para el españolito homenajeado son para verlos. Todo un festival de triples, acciones de fantasía, amagos de miocardio y fallos, uno de los cuales enmendó el pívot de Sant Boi haciéndose con un rebote decisivo que sumar a los 17 anteriores y a los 19 puntos que metió. Fue la primera vez en la historia que los de Boston sucumbieron en un séptimo partido.
Unas horas a su lado te hacen ver ante quién estás. Alguien que remarca el valor de equipo, para el que jugar a las órdenes de Phil Jackson fue un honor ya que además de insuflarle fe en él le alentó a leer y a meditar y cuyo ego es marcadamente inexistente volcado como anda en ideas de lo más solidarias. Con todo eso en la mochila es lógico que no quepa por la puerta.

Menú a base de ingenio

He vuelto a pasarlo bomba con Nora Ephron, fallecida en 2012 tras despedirse a través de «No me acuerdo de nada» que hasta hace poco no estaba al alcance de quienes el inglés no es lo suyo. La todoterreno tuvo dos hijos y un tormentoso divorcio del que le costó desligarse con Bernstein, el guapete del dúo capaz de rascar en lo que se coció en el complejo Watergate. Los de mi quinta llegamos al c ampo de batalla con esa historia calentita en una mano Tom Wolfe en la otra dispuestos a comernos el mundo después de cubrir por supuesto las fiestas patronales.
A los tres años de dejar Nixon la Casa Blanca, Carl se cayó del «Post» y la gran editora que fue Katharine Graham ni siquiera lo invitó al 70 aniversario de la cabecera. Nora se sacudió el plato de mal gusto con «Se acabó al pastel» donde en su papel se mete Meryl Streep y, en el del maromo a despellejar, Jack Nicholson. El nudo gordiano queda plasmado en un encuentro con amigos en el que ella acredita que sí, que se puede convivir con alguien y no conocerlo en absoluto estrellándole la tarta en la cara antes de pedirle las llaves del coche que este entrega sin rechistar con gesto de cordero degollado. Para hacerlo realista del todo, la peli no funcionó.
No obstante la novela fue un pelotazo que le posibilitó comprar una casa. El siguiente debía llegar en el capítulo «Mi vida como heredera». Su tío expiró y la fortuna llamaba a la puerta. Sin saber si figuraba en el testamento abandonó el guión que tanta tabarra venía dándole y a las cuatro hermanas les dio tiempo a mosquearse entre ellas. Como el reparto fue de dos perras gordas, no le quedó más remedio que retomar lo que estaba escribiendo y de ahí salió «Cuando Harry encontró a Sally» que le cambió el percal. Porque estaba muerto que si no el tío le pide su parte.
Si con Garganta Profunda estalla la voz de alarma ante los abusos y se enraiza una forma de destripar cuanto ocurre, hacerse acompañar de Nora sirve para deleitarse con los vaivenes de la vida hasta el punto de que alguien como Nicholson dé cosita.

Como uno más

Siempre me pareció Aznar una persona muy cercana. Esa manera de poner los pies sobre la mesa, similar a la que cualquiera de nosotros emplea cuando está en casa. Pero él no. Él los colocó en una cumbre del G8 representando a su país en un receso junto a Bush, Schröeder y Chirac entre otros mientras fumaba un puro. Mayor naturalidad no cabe. «Que nadie piense que estoy aquí para mostrar una cara distinta a la que tengo», pensaría el mandatario entre calada y calada. Y quién no se ha soltado la lengua en una reunión y más si es con bodegueros para acabar largando algo como «a mí no me gusta que me digan las copas de vino que tengo o no tengo que beber». Ese es el mensaje que le envió en 2007 a la degeté todo un expresidente del Gobierno. He ahí el gran mérito. Tiempo después Miguel Ángel Rodríguez fue detenido por cuadruplicar la tasa de alcoholemia al volante tras provocar un choque con coches estacionados en el distrito de Retiro. La fidelidad a unas palabras que, en fin, no tiene límites.
Pero además de esa afinidad con tantos compatriotas está el tesón que demuestra. Tras el pollo que trajo consigo la boda de la niña en El Escorial tampoco encuentras a muchos que se atrevan a montar un sarao de alto copete a la vista de todos. No es el caso y el padre de la novia aprovechó sus 70 primaveras para regalarse un desfile de modelos en la recepción de los más de doscientos asistentes al Teatro Real. Acudió parte de los invitados al acontecimiento anterior y parte no. Es ley de vida y de la penal. Los convidados presentaron sus mejores galas. Al llegar la «reina» Isabel acompañada de su asesor de cámara se corrió la especie de que ella saldría de la tarta a cantar el «happy birthay» puesto que si bien no había armas de destrucción masiva MAR siempre anda preparado para entrar en acción. Tras despedirse no consta en parte policial alguno. Otro motivo de celebración para los automovilistas.

Un santo varón

Un mes antes del 20 de noviembre del 75 fueron decretadas las guardias en la redacción. A las cuatro de la madrugada se producía el cambio de turno. Durante la interminable espera todo era muy edificante: timbas y jotabé a raudales dentro de una atmósfera saludable a más no poder compuesta a base de winstons y ducados. Para los meritorios supuso un máster impagable y de hecho apenas si veían un duro lo que les proporcionaba una cierta pista sobre el plan que aguardaba. Llegada la noche de autos el periódico fue de los primeros en salir a la calle de Norte a Sur y de Este a Oeste y a mi me pilló sudando la gota gorda, pero con cuarenta de fiebre entre las sábanas, y fue mi madre la que me dio la noticia unas cuatro horas después de anunciado el óbito junto a un vaso de leche caliente. «No se te vaya a enfriar, hijo» fueron las primeras palabras que oí tras producirse el episodio que habría de cambiar el rumbo de la historia.
El imbécil este no hizo caso de las señales y, bañado en ríos de tinta y mares de galeradas, se encontró unos cuantos quinquenios más tarde al frente de una de las naves llamadas a vigilar la singladura de Zaplana. Pronto me percaté de que quien entraba por la puerta no era mi madre por lo que de algo calentito para entonar el cuerpo ni hablamos. Y hubo que ponerse las pilas puesto que para mantenerse a flote frente el contingente de descargas no quedaba otra. Y sin embargo no hace falta incidir en que estamos ante un santo varón porque ya se encarga él de repetirlo.
Así lo pone de manifiesto en entrevistas supuestamente cargadas de espinas. No es nuevo. Siempre mimó a algunos de los que debían controlarlo quienes acababan viendo a un ilusionista sin ahondar en el truco. Dice no disponer de nada sino que se le debe «molt» por el paisaje de apliques emblemáticos que dejó aunque lo que los tribunales escruten sea el erial. Y aún habiendo estado entre barrotes sostiene que no es un truhán. Teniéndolo pendiente una buena temporada es cuando certificas que madre no hay más que una.

Alerta máxima

A unos cuantos meses vista del paquete electoral que queda de aquí a fin de año, en los cuarteles generales están de los nervios. El enconado duelo de bloques los tiene en alerta máxima. Cualquier plataforma de apoyo o gesto favorable es recibido con un fervor digno de estudio. Y si quien lo lanza es un famoso, la boca se hace agua. Expertos aseguran que la implicación de seres conocidos «permite llegar a un grupo de votantes al que los candidatos no lo suelen hacer y la gente percibe en ellos algo que los políticos han perdido: la cercanía, el lenguaje…». Viéndolo así, madre mía, igual hasta llevan razón.
Vamos directos al grano. Jorge Javier Vázquez, al que Sánchez llegó a llamar en directo a «Sálvame» desde la Moncloa como votante confeso del pesoe que era, se ha decantado por Mónica García, de Más Madrid, y le ha dicho a Ayuso de todo menos bonita. La consecuencia inmediata es que Mediaset ha endurecido las normas prohibiendo opiniones políticas en programas de entretenimiento, aunque deja una ventana abierta en el de Ana Rosa cuyas ideas circulan en sentido contrario al del colega de cadena&condena o lo que es lo mismo: ante el cariz que toman los acontecimientos Berlusconi ha dicho alea iacta est, criaturas.
Digno sucesor de Arfonzo, el replicante más venenoso es el tal Rufián. Su último trending topic ha sido el de señalar que los derechos no obligan, sino las derechas. O sea, «el derecho al divorcio no te obliga a divorciarte» y así sucesivamente. Bien pues, para él, «quien tenga el apoyo de Ibai Llanos gana las elecciones». Illa se apresuró desde luego a propagar que vio las campanadas con el ínclito y nadie va a enseñarle al exministro qué es mejor ponerse. Quedan por saltar al aparato rostros célebres. Pre pandemia Miguel Bosé pasó de la ceja a posicionarse con Podemos. Y pese a tanto ansia, es posible que no haya mucha pelea por reclutar al bandido.

La restitución

Sobre Carmen de Burgos, considerada la primera periodista de nuestras entretelas que llevó el pseudónimo Colombine por bandera, se corrió un tupido velo con el desenlace de la guerra civil. Méritos hizo de sobra. Al alzarse el telón del XX puso kilómetros de distancia con el maridito que le cayó en suerte, se marcó numerosos artículos, ensayos y volúmenes de diferente índole reclamando el voto de la mujer, fue persistente a la hora de pedir la legalización del divoricio y casi en puertas de morir en el 32 se le ocurrió ingresar en la masonería. Efectivamente para quienes cogieron la vara de mando no había por donde cogerla. Resultado: pasó a formar parte con todos los honores de la lista de autores prohibidos y su obra desapareció de la faz de la tierra. El régimen, que otra cosa no, pero magnánimo era un rato.
Cómo sería la capa de silencio que no se empezó a remover su figura hasta que en los setenta una estudiante de Civilización Hispánica en la uni de Nueva York, Elizabeth Starcevic, que pretendía encontrar para su tesis «una autora comprometida que transmita mensajes claros para transformar lo que haga falta» da con la pista que le ofrece un veterano profe natural de Don Benito y, tras rastrear huellas bien sepultadas, ve la luz el arduo trabajo. Y de ahí nuevamente a las estanterías.
Poco antes de la pandemia, Asunción Valdés dio una conferencia sobre ella en el Instituto Cervantes y una amiga le dijo que con dos cositas más podía hacer un libro. Después de cuatro años absorbida están a punto de salir dos tomos sobre la precursora restaurada y queda material por lo que, si se descuida, la entierra. Para eso Asunción fue pionera con puestos de relumbrón como directora del telediario cuando el porcentaje femenino en las redacciones era el que era y al frente de las mismas ofú, en el Parlamento Europeo y en la Casa de S. M. el Rey entre otros. Pero se quedaría con ser corresponsal en el extranjero y el subidón de desvelar historias radiante como se halla por contribuir a que Colombine esté más viva que nunca.