En el instante en que voy a meterme con esto entran Ayuso y Almeida en la Almudena y se ha oído murmurar a la virgen: «¿No podían darme algo más facilito?».
La verdad, Señora, es que ¿será por encargos finos, filipinos? Ya está aquí el nuevo impuesto de plusvalía después de que el Constitucional tumbase el anterior por lo que el contribuyente ha disfrutado durante unos cuantos días de un oasis en el que vender o heredar ahorrándose el tributo. Sí, ese que el propio alcalde de Vigo y presidente de la Federación Española de Municipios y Provincias venía advirtiendo desde tiempo ha que era preciso revisar porque algunos de sus componentes olían, pero donde el alto tribunal se ha dado prisa en resolver que, para el pagano, no tiene efecto retroactivo. ¿Lo ve, Señora? Si en este órgano reside nuestra salvaguarda, que venga Dios y lo vea.
Y como no todo van a ser las fatiguitas que le quedan por pasar a
Casado para mantenerse en el púlpito de la confesión a la que
representa, también está el caso del jefe militar que, cuatro meses
después de retirarse, ha sido contratado como asesor por una empresa
armamentística a la que durante su generalato favoreció con un
suculento contrato y sobre cuya peripecia los grupos mayoritarios del
Congreso prefieren lavarse las manos. Pues, claro, todo por la patria
como bien reza el lema.
¡Uy! Ahí quería llegar, al concepto de patria esgrimido por Xavi
Hernández durante su estancia en Qatar, sobre suyo régimen dijo: «El
sistema aquí funciona mejor que allá» Comparándolo con el del Barça,
es probable. Pep no solo lo pondera sino que a su estilo profundiza
para encumbrarlo al tiempo que se lo lleva crudo sin necesidad de vivir siquiera en el Golfo Pérsico. Yes, Alá es grande.
Tras un recorrido así hagan el esfuerzo de volver a lo de Madrid,
sin poder evitar en mi caso acordarme de la antropóloga Natassja
Martin atacada por un oso: «Mientras me mordía la cara podía ver su
boca, fue horrible». Pues, eso. Imagínense cómo debe estar pasándolo
el madroño.
Autor: fesquivel74
El circuito completo
Uno de mis guías favoritos en esto de retratarse a través de los
escritos me conminó a que nunca dejara de desnudarme. He recordado el trance al ver a Mercedes Milá entrevistando a quienes fueron sus
invitados para dar una vuelta de tuerca al circuito completo. Se nota
que arrancó cubriendo carreras de motos.
Iniciamos la andadura en la misma redacción. Junto a otras
pioneras, se introdujo en el periodismo deportivo, tan masculino él, y
poco tardó en ponerse ante de las cámaras con su juguetón estilo, ese
que le ha llevado a retomar historias con mucha miga. Frente a Massiel
son dos leonas. La ganadora de Eurovisión detalla cómo el año
siguiente se lo pasó sin salir en la tele, proscrita, hasta que se decidió a escribir a Fraga trasladándole la angustia. Fragmentos de vida intensa, de compatriotas triunfadores que no obstante han pasado
lo suyo y que muestran las pulsaciones de un tiempo, de un país con
telarañas.
El pulso entre dos devoradoras sube de tono al hilo de que la
cantante manifestó que José Sámano fue el hombre de su vida pese a
estar apenas tres años con él cuando a renglón seguido fueron veinte
los que la presentadora compartió con el productor de postín. Es un
diálogo rebosante de ternura que se reproduce en el capítulo con Lola
Herrera después de que la actriz deje patidifuso al espectador que no
lleva la cuenta al señalar que jamás la han llamado de un teatro
público, en privados toda la trayectoria. ¡Jesús, qué dislate! Entonces es
cuando reseña su admiración por Delibes y su predilección por Sámano –tranquilos, que no tuvo nada con él y otro que desfila, José María García, creo que tampoco– a quien invoca antes de cada función tras llevarla de la mano en «Cinco horas con Mario». Pero la expresión a tener en cuenta es la de quien escucha sin mover un músculo dejando a la intemperie que, aún con el tiempo transcurrido, no lo ha olvidado.
Desnudarse es poco, ella hace lo que quiere. Bien se pega una serie con el perro o, si se ve tocadita, transmuta al medio y lo convierte en su terapeuta.
La estela que perdura
No, no pude ir al camposanto donde reposa desde julio y tampoco es que haya hecho falta para tenerla presente al despertarme o bien entrada la noche, en los paseos junto al mar o al ir a llamarla como
habitualmente y dar un respingo poco antes de marcar. Aún sin poder
cogerlo, está. Y tanto que está.
Pervive en la elección de Jonás Trueba, de los Trueba de Billy
Wilder de toda la vida, al considerar a Barbara Stanwyck su
predilecta. En opinión de todos los que la conocieron, mi madre era
clavadita a la actriz nacida en Brooklyn a principios del XX. En el
repaso de fotos con la estética formal de los años cuarenta uno
advierte en la expresión de quienes la acompañan que, al fijar su
mirada en aquella risueña joven recién salida quizá de echar horas en
el departamento de García Vinuesa, parecen preguntarse qué hace ella
aquí si se ha puesto en marcha «Perdición» por las colinas de
Hollywood. Antes de convertirse en un clásico muchos planos afrontaron por esa época su buena peripecia en una casa que mezclaba la arquitectura española con el art decó y en la que Fred MacMurray y
Eduarg G. Robinson dieron la réplica bajo la atenta mirada de
vigilantes a los que hubo que contratar porque en el todopoderoso
gigante tampoco se libraron del racionamiento ni de algún que otro
intento de robo.
Para el realizador de «Todas las canciones hablan de mí» su
intérprete favorita «es casi un género en sí misma». No sospechaba que
conociera hasta tal extremo a la señora Eloisa, con ese manejo de un
compendio de suertes que la llevó como a tantas otras a ser capaz de
hacerse a treinta años de viudedad tras más de cuarenta con su Paco.
Recordándola me dispuse a ver «Belle Époque» no solo por el racimo de
emociones que transmite, sino porque el director comentó en su día que el rodaje resultó de lo más «armónico» en línea con la atmósfera que una de las Stanwych –la que mejor conozco– se hartó de propiciar en sus dominios sin darse importancia de ningún tipo. Bárbara, ya les
digo.
¿Qué pensarán de sí mismos?
El alcalde de La Nucía está encartado por inmunizarse en una
residencia de su localidad cuando aún no lo habían hecho ni los
mayores ni el personal del centro, mientras que las diligencias abiertas a otros cargos públicos no han tenido mayor recorrido por llamativas que resultaran. Pero déjenme que fije la atención en los mandamases de El Verger y Els Poblets, casados entre ellos, tal como tituló un digital en el arranque de este año que, al igual que el anterior, dificilmente olvidaremos.
Ambos deberán comparecer ante la jueza para explicar por qué se
vacunaron contra el covid sin que les tocara. De mantener lo que
esgrimieron dirán que para que no se estropeasen las dosis. En aquellas primeras escaramuzas las imágenes con las que en general se ilustró lo sucedido fueron las de un dueto desenfadado, confiado en su actuación y hasta risueño. En cambio las que acompañan a los actuales capítulos, pese a ser igualmente de archivo en su mayoría, muestran a la pareja con la expresión perdida y un semblante incluso cariacontecido. Parecería que la instantánea ha sido tomada en el plano preciso en que se certificó que la denuncia de la Fiscalía los ha conducido hasta el estrado. Y no es así.
Habría que ver en qué estadio se encuentran. Después de constatar el esfuerzo realizado por colegas de las administraciones, profesionales sanitarios y demás participantes en un operativo que salvo excepciones ha funcionado como un reloj y del ansia de los afectados que somos todos por recibir el mensaje con día y hora para empezar a sacudirse angustia ¿siguen creyendo que se comportaron como debían? ¿Que en el golpe ejecutado al unísono, con lo difícil que resulta a los convivientes coincidir al cien por cien en los pasos a dar, no se sintieron más listos que nadie? ¿No creen que ha pasado el suficiente tiempo para reconocer lo que cualquiera ve? ¿Ni les parece que han podido dejar de contar con la confianza de aquellos con quienes se cruzan? Si piensan que les miran igual, les convendría pasar pronto por el oculista no vaya a ser que tenga que darles cita.
A la caza del ritual
Del 1 al 31 de este octubre serán 70 las series y las docuseries que se estrenen en donde usted sabe. Sí, ya se puede dirigir uno así a la
audiencia porque resulta que el 80 por ciento de los hogares españoles
maneja plataformas televisivas de pago. Es más, la media se ha ido hasta 2,7 por cuarto de estar. Parece coño que las regalan.
Abrumado mando un guasa a otra pareja para ir al cine. Aún a
sabiendas de que ella no ha vuelto a las salas , siento la necesidad de reconocerme. Quedamos, tomamos un arrocito bajo los tenues rayos de
sol que iluminan la mesa, hablamos de los nuestros, destripamos a los
que nos gobiernan y a quienes ni siquiera eso, nos indigestamos con
ciertas sentencias marcianas, el papel que el tan trillado poder
judicial debería ejercer y que ni por el forro, y nos reimos porque
acabamos tomando postre los cuatro cuando ninguno quería. Acuerdo en la elección de peli sí que se produjo. Veníamos oyendo hablar de ella, no podía tener mejor pinta esa crítica social repleta de ironía. Como era de prever nos lo pasamos pipa con bastante gente incluso en
las butacas y salimos haciéndole la ola al guión, a León de Aranoa,
valga la redundancia, hasta terminar descubriéndonos ante ese animal
interpretativo llamado Javier Bardem. Y no solo él está que se sale.
Después de seis horas de compartir, nosotros, conste, también nos
despedimos hechos unos toros.
Y sin embargo aquí estoy hoy intentando elegir entre la desmesurada
oferta. ¿Cuántas propuestas de varias temporadas y no sé qué tira de
capítulos habrán sido abandonadas en el camino? Una cualificada oyente denuncia en Radio Nacional que teuveé entre en el juego de calamares y no espacie las entregas. Que no quiere darse el atracón y sí disfrutar el día de la semana elegido de ritual. Yo hay veces que echo en falta aquellas noches en que los vecinos recogían sillas, dejaban la
cháchara y nos subíamos a ver «El fugitivo» y a rezar porque no lo
cogiera el teniente Gerard. Pero tanto, tanto que, cuando salgo, la
mañana siguiente me la paso buscando al manco.
Me quiere, no me quiere
En la última aventura compuesta por Pérez–Reverte, Elena Arbués, joven viuda de un marino mercante, librera ella, se topa paseando al perro con un hombre de caucho negro desvanecido en la playa y, al ayudarlo, el encuentro casual cambia su vida bajo el auspicio de un amor taladrado por los mitos mediterráneos. Tanto es así que en un pasaje cumbre, y en referencia a ese buzo italiano llamado Teseo Lombardo, la protagonista declama: «Quisiera morir si él muriera». Según el autor se trata del relato de amor más realista salido de su fábrica. De hecho a mí se me fue el santo al cielo perdiéndome el resto de la sesión por los vericuetos de la actualidad.
Sí, porque, al leer el sentimiento de Elena, se me vino el de Iván
Redondo cuando aseguró no hace tanto que si había que tirarse por un
barranco por su presidente, se tiraría, y que ahora lo que viene
soltando es que Sánchez es pasado y que la próxima mandamás puede ser Yolanda. Dentro del extendido runrún de que el inquilino de la Moncloa se las trae, uno ve estos requiebros y piensa en dónde estaría si fuese una hermanita de la Caridad. Ana Rosa tampoco se anda por las ramas: «Sánchez no puede salir a la calle; es un personaje muy
antipático para la sociedad». Ignoro qué le pasa a esta mujer pero
algo en la comunicadora se ha agriado ya que no hace más que
enfrentarse y desterrar colaboradores. Yo la visito fugazmente por si
las moscas.
El caso es que, tras el baño de hermanamiento que el antipático se dio entre los suyos, se aprecia en él una tendencia a la distensión siempre, claro está, que no haya cabras de por medio. Hasta el difícilmente digerible Otegi le ha echado una mano al pedirle a Felipe, dentro de la escabrosa pirueta emprendida en el aniversario del fin de la violencia, que asuma la responsabilidad de los Gal, por lo que es posible que el jarrón chino no diga ni mu. Pese al tono, Sánchez mira que es avieso y al poco de iniciar sus parrafadas está citando a Ayuso para desesperación del jefe de ésta, al que cada día se le nota más fuera de sí. Y es que ni siquiera para Ana Rosa cuenta el pavo.
La desatención
A su modo, todas las franjas de edad han sufrido lo suyo con la
reclusión y las restricciones. Al menos en eso hay casi unanimidad.
Centrémonos en la de los mayores. Se baraja administrar al mismo
tiempo la vacuna de la gripe y la tercera dosis correspondiente al covid a quienes superen los setenta al tiempo que no hay Dios que sepa a estas alturas cuándo se pondrán en marcha los viajes del Imserso que
acumulan un par de meses de retraso sobre el horario previsto. Ya ven.
De pinchazo en pinchazo.
Y eso tampoco es vida. Tan importante son las inyecciones como las
distracciones y, a este paso, los concernidos solo tienen garantizado
socializar con el cuerpo de enfermería, que no es manco, pero que
bastante tiene ya con el tute que viene metiéndose como para darle más bola a la legión entrada en años que necesita volver a respirar. Mi
intención no es epatar pero, tal como camina esto, les sugeriría algo de yoga.
Sí, porque hoteles que acogen las populares estancias ideadas para
compensar el callo que se les ha hecho a los jubilados tras toda una
vida laboral están en la costa preparándose para echar el cierre
puesto que el envío de cartas a los disfrutones no termina de arrancar
pese a la adjudicación hace nada del programa, que cuenta con la
espada de Damocles de otro recursito sobre la sien. Los balnearios, esos centros termales que albergan tomas de relax, andan atacados al haber sido de los establecimientos más castigados por la pandemia. Es que además el asunto ni es novedoso ni tiene pizca de gracia. Son unas
cuantas las temporadas en que los beneficiarios llevan sufriendo la
desconsideración por el lío del montepío instaurado en torno al
concurso público. En la última, la 2019-20, también hubo jarana con la
adjudicación, los licitadores y el descontento de los hoteleros de fondo puesto que no se conforman con lo que rascan. Pero al final se
solucionó en plazo por una simple razón: había elecciones el 10N y no
era plan de que, a los que se presentaban con aspiración de renovar
cargo, un empute así los mandara donde imaginan. En este caso sí que
bien lejos.
Otra dimensión
Los abuelos ejerciendo de tales son para echarles de comer aparte. Les
supongo al tanto. Conozco a uno que, con un par de nietos creciditos, los llevó a un parque de estos de distracciones y, a la hora de comer,
dijo tras pedir los críos que también quería el menú infantil. El
camarero se quedó absorto, sin saber qué hacer, pensando por qué ha
tenido que tocarme a mí. Cuando logró salir de su asombro, elevó
consultas y al regresar escrutó al setentón al que respetuosamente
deslizó: «Me han dicho que, como usted comprendrerá, no está en edad
de…».
Hay otro que, desde que se ungió, antes de dar los buenos días te
pregunta si vas a consagrarte, a lo que durante la intemerata he
contestado que era algo que no me ocupaba ni mucho ni poco. Y, claro,
ha sido enfatizarlo tanto que no ha venido uno, sino dos a la vez. Pau y Soan. Pau es Pau y Soan en hebreo es «gracia», «estrella» en árabe y en hindú… Hay unos pocos miles de Soan en el mundo pero ninguno como
el nuestro. Los hermanos tienen quince días, llevo seis con ellos y en
ese tiempo le he perdido por completo la pista a Ferreras, ignoro si
efectivamente se ha confirmado que el ínclito Toni Cantó fue quien
descubrió América y no tengo ni la más pajolera idea de si este fin de
semana reaparece o no nuestro goleador por excelencia. En fin, que de
golpe he inaugurado una nueva vida.
Los miro y no me canso. Mi ayer, mi hoy, el mañana. Una forma
tierna de trascender como no debe haber otra. A uno de ellos le ha dado por agarrarme el índice con fuerza y no lo suelta. Para qué quiero más. Me clava la pupila y sé que aún no distingue, aunque el que ha perdido la noción de lo que le rodea es el que tiene enfrente. Preparados a fin de dar su primer paseo en cochecito conduzco como si de una alfombra mágica se tratara. Nos saluda Merlín. Ni Chanel nº 5 ni fragancia de marca alguna, el inconfundible olor a bebé es el que de veras penetra. Toca baño, se estiran y ofrecen nítidos signos de relajación… pero, disculpen, que he de dejarles. Uno se me ha meado encima. Mayor felicidad no cabe.
Nuestra película
Tras proyectarse en Venecia, una página web recogió críticas
diseminadas por ahí de la última peli de Almodóvar. Para «Variety» se
trata de «lo mejor que ha hecho desde “Todo sobre mi madre”. Una pieza descaradamente seria, tan honestamente esculpida y emocionalmente realista que no hay distancia entre el público y lo que pasa en la pantalla». Según David Rooney, en «The Hollywood Reporter», «no alcanza las capas intrincadamente entretejidas de sus mejores trabajos, aunque nunca deja de ser fascinante ahora que el director entra en la quinta década de una carrera que sigue sólida». Stephanie Zacharek, crítica de la revista «Time», finalista a los Pulitzer y casada con un crítico cinematográfico, o sea que debe desconectar
poco, subraya que «en sentido histórico es la cinta que ahonda más de
lo habitual en el dolor del pasado de su país trazada con infinita
ternura». Cerremos el recorrido en el Reino Unido, ahora que tantas
fatigas pasan para que el personal se acerque, donde «The Guardian»
detecta «una película turbulenta en “Madres paralelas”. Sus
ingredientes no siempre encajan, pero es tan generosa de espíritu que
quejarse sería una grosería». La propia página en la que me hallo
advertía que había que esperar al estreno en España para saber la
opinión de Boyero. Ya está, aunque se suponía dado que han convertido el encono en un clásico: «Después de “Volver”, todo su cine me parece impostado y la nueva me provoca tedio además de ser oportunista». El colega me mata y me gusta cómo escribe; el cineasta no me mata salvo en tres/cuatro de las suyas y me gusta cómo filma. Al critico que más cobra le da igual que sus análisis no sirvan de guía al lector y al cineasta más internacional le cuesta asimilar que un pavo no le haga la ola. Sin embargo, algo me dice que ambos están orgullosos del papel que representan. Y los espectadores ni les cuento. Cuanta más sangre mayor es el deleite. El resto del orbe alucinará al no haber escarbado lo suficiente. Pero a ver si se enteran de una vez. Eso somos
nosotros.
La semilla engendrada
Tras adaptar la novela de Cercas «Las leyes de la frontera», lo ha dejado caer Daniel Monzón con motivo del estreno en cines: «No
recuerdo una Transición gris, sino una etapa llena de vida». Lo
compro.
Fueron años de efervescencia, un tiempo repleto de sueños y
quimeras por alcanzar, en el que mentes de nuevo cuño tomaron las
riendas para una transformación en la que se respirara de otro modo.
Aunque no en la misma dimensión, el impulso se propició en cantidad de ámbitos. Un joven de aquellos adquirió su primer periódico en el curso que el escritor sitúa la novela y pocos abriles más tarde se atrevió con una cuota robusta de diarios provenientes del Movimiento que,
sacados a pública subasta, editores de tronío con no pocos trienios a la espalda dejaron escapar. Poco a poco el mismo emprendedor que viste y calza fue sumando cabeceras hasta formar un anillo periférico con un
músculo de aquí te espero. Hoy casi nadie da crédito a que vaya a botar una nueva embarcación en medio del tornado y nada menos que en
Madrid. Pero el verdadero riesgo fue el desafío afrontado en los
ochenta, lo de esta ocasión podría decirse que en el fondo no es más
que cerrar el círculo. O no.
El pasmo en torno a la época elegida para la salida de «El Periódico de España» se halla tan extendido que, cuando Javier del Pino aludió en su cabalgata fin de semana a una flagrante temeridad, Peridis intervino y situó la acción con su plácida sapiencia: «No, porque el grupo tiene unos cimientos sólidos. Bueno, es como los tabonucos, unos árboles que en el Caribe se juntan para aguantar los huracanes. Los de alrededor caen, pero los tabonucos no los arrancan porque han formado unas retículas todas las raíces». En una travesía de décadas, a periodistas de la casa repartidos en diversos confines les han dicho de todo por indagar hasta los tuétanos dentro de la innegociable independencia con la que han contado pero, que recuerde, jamás nadie los había tildado de algo tan fuerte y pegado al terreno como es llamarlos tabonucos. Francamente ya era hora.