En el cruce de caminos

Dos alumnos de la Politècnica de València se enfrentan a cuatro años de expulsión tras ser detenidos por la poli al haber falsificado sus notas del curso pasado pirateándolas, lo que se detectó el 1 de febrero aunque no se diera a conocer hasta ahora. La cuestión es remover todo donde sea para hacer daño a Cristina Cifuentes debido a la cruzada librada por la dirigente madrileña en pos de la transparencia combatiendo sin desmayo las mangarrufas e impurezas detectadas alrededor. Es lo que tiene ser estandarte de integridad.

Profes afectados por la vulneración de sus sistemas de seguridad han presentado denuncias en comisaría, aún a sabiendas de que la esmerada instrucción ha contribuido en buena parte a la gran preparación mostrada por esos discípulos capaces de acceder al corazón del sistema que alberga las calificaciones. No olvidemos que, una vez cumplidas las condenas, significados hackers han sido contratados por empresas o servicios de inteligencia para que desarrollen los conocimientos que los incriminaron. Habrá quien aprecie escasa flexibilidad en la reacción de las instancias académicas de la politécnica. como diría un portavoz del pepé durante la reciente convención nacional «hay gente p’a tó», mientras suena de fondo la ovación de reconocimiento a Cifuentes.

La Rey Juan Carlos, en cambio, ha mostrado en el episodio detectado en sus entrañas un absoluto pluralismo por parte de los responsables. No ya es que el director del máster haya basado que fue el rector quien lo empujó a hacer cositas sino que éste ha respondido con una posible querella y a ninguno de los dos les ha importado decir lo contrario de lo asegurado en la comparecencia inicial. Más cintura no cabe. Reseñar que, quien sostiene que la presidenta madrileña llegó a exponerle su trabajo fin de grado, suscribió en su día convenios con Blasco y con Cotino no es necesario, se da por supuesto. Estamos a dos segundos, pues, de que Cifuentes se querelle contra su uni y exclame: «¿¡Pero qué es este máster que me habéis dado!?».

De Santana al Grupo Kosmos

La eliminatoria de Valencia tiene trazas de convertirse en la última que se celebre en suelo hispano dentro de las travesías propias de la Copa Davis desde hace más de un siglo, que ha llevado a que aficionados de esta tierra se paseen por medio globo agitando el nombre de las poblaciones que más animadores ha aportado al séquito fiel de la armada. Todo este esfuerzo resulta conmovedor en torno a un deporte que no es de masas como el otro, siempre que consideremos al otro un deporte.

De las hazañas íntimas que uno tiene grabadas a fuego están las vacaciones navideñas del 65 en que mi padre me despertó tres madrugadas para ver la primera final a la que España accedió y el efecto que nos produjo cuando, perdida ya la final por ko, Santana fue capaz de darnos un punto sobre la hierba de Sidney con el 13-15 del cuarto set. En este siglo los nuestros han conquistado cinco ensaladeras que no suman ni la mitad de emoción que sentí con el triunfo ante el gran Roy Emerson. Es lo que tienen la épica, la niñez y el no ser nadie, que es lo que éramos en aquel mundo en blanco y negro.

Dejando sentado que donde mejor está la nostalgia es enterrada, hoy cualquier universo que se precie se mueve por otros registros en el que lo amateur no es el interés que prevalece. Y como el passing shot también cotiza en bolsa, la Federación Internacional de Tenis ha llegado ya a un acuerdo con el grupo inversor Kosmos para transformar el formato en 2019 por 2.450 millones de euros. La idea es concentrarlo todo en una sede y liquidar el torneo en una semanita porque el circuito no da abasto. Curro Romero decía que no toreaba en Pamplona porque le dolía la cabeza con tanto ruido y que el público educado, organizado y silencioso del tenis es el que le gustaba, lo que en no pocos países durante la Davis se ha desfigurado por completo. Pues verán la que puede formarse aquí en cuanto se corra que, el cambio radical del secular torneo, llega de la mano del amigo Gerard Piqué. Hasta Curro entonará «a Pamplona hemos de ir».

Un libro de feria

Uno de los volúmenes con más polvareda está siendo el del baqueteado periodista Arcadi Espada que, en torno a Francisco Camps, responde a un título cortito y de lo más comercial: «Un buen tío». Si por ser residente, no como el autor, tiene dificultades para situar al ínclito, le diré que el buenazo en cuestión es el que hace un mes le echó el muerto a quien lo dejó al frente del garito, endosándole la autoría de introducir a la trama Gürtel y al exbigotes, Álvaro Pérez, en el territorio que bendijo Benedicto XVI durante una visita, que low cost quizá no fuera, del único Papa que dimitió en los últimos seis siglos.

Sí, Arcadi ha dado en la tecla. Camps es tan bendito que su testimonio puso a huevo a su antecesor la escapatoria. Zaplana anduvo ocurrente en la respuesta al dedo acusador que lo señaló en la audiencia nacional: «De ser cierto lo afirmado por el señor Camps, sería en lo único que habría seguido mis directrices». Lo que estará pasando este hombre de bien leyendo el perfil fidedigno que han trazado sobre él al tener que aceptar que el gran ideólogo de su gobierno permanezca en la trena por haberse metido en el bolsillo seis milloncetes destinados a la ayuda de los países necesitados. Y además de ello, sobrellevar las fatiguitas de sus entrañables Cotino y Fabra así como la del centenar de imputados cercanos por untarse, a lo que hay que añadir el trío de procedimientos por los que está siendo él mismo investigado y que podrían hacerle un traje. Pero, a diferencia del papa, el bonachón de Camps no renuncia a pontificar desde el Consell Juridic Consultiu por más de 75.000 euros asegurados hasta 2026 en agradecimiento a dejar la Comunidad como la dejó. Si esto no es una criatura virtuosa, justa y servicial, merecedora no de uno sino de varios tomos, que venga Dios y lo vea. Sobre Zaplana, que no ha ido ni como invitado a proceso alguno y al que la mayoría de medios vitoreó por el interés más desinteresado, habría que preparar entonces otra novedad editorial. Propongo «un santo varón». Lo sobrecogedor será escribirlo.

Chulapa sin miramientos

En nada asistiremos al pleno extraordinario de la Asamblea de Madrid para que la presidenta de la Comunidad cuente lo del máster. Qué tontería, por Dios. Mira que tener que explicarlo con lo claro que está. Ya lo ha dicho ella además a través del plasma para dejar bien establecida la profunda admiración que profesa a los métodos utilizados por el genuino líder. La transmutación de la nota de «no presentada» en un siete y medio idéntico, precisamente en las dos asignaturas distraídas, es lisa y llanamente el escarmiento propinado por los enemigos que se ha fabricado combatiendo desaforadamente la mandanga, hasta el extremo de que no se conoce otro caso de dejarse la piel a tiras del modo que lo ha hecho Cristina Cifuentes.

Escúchenla, por favor, en la previa de la que se avecina porque el alegato pone los pelos de punta: «La lucha de mi Gobierno contra la corrupción, levantar alfombras, abrir ventanas y regenerar la vida política y las instituciones, afecte a quien afecte y caiga quien caiga, tiene un alto precio». Cómo habrá sido su batalla, cuántas alfombras habrá tenido que sacudir esta mujer que, de los alumnos que hicieron el máster de la Rey Juan Carlos, ninguno la vio por allí, lo cual tampoco es de extrañar si se tiene en cuenta que, aún tratándose de un modelo presencial, contenía apenas 600 horas de clase que, dentro de la tarea histórica en la que se halla embarcada, se pasan en un santiamén.

Pero es tal su empeño en que resplandezca la verdad que, aunque se ha abstenido de sacar a la luz el trabajo fin de curso porque no le gusta recrearse en sus méritos, qué va, ha autorizado al centro a que lo haga. En el caso de que nos lo desayunemos próximamente podemos estar seguros de que, el vía crucis que pasó Dios Nuestro Señor camino del Calvario, habrá sido reeditado por los negros que hayan de convertir en cara la cruz de la mandamás. De cualquier manera y, ante la peña más próxima, Cifuentes lo ha dejado ya sentenciado: «Conmigo no van a poder, que se enteren». ¡Huy! Ésta no conoce a los suyos.

Sensaciones encontradas

Ahí estoy entre Marilyn, los Kennedy, el Sha de Persia y Liz Taylor. también tengo enfrente un Mao enorme al que millones de personas visualizan a la primera. Fue la forma que tuvo el artista de combatir al comunista más reconcentrado de la historia: comercializándolo hasta el desiderátum. Sí, claro, me muevo por la imponente retrospectiva de ese modernete enclenque, polifacético e inseguro que responde al nombre de Andy Warhol y al que cualquiera que imagine sus andanzas vislumbrará como un creador que debió privarse de poco. Pero toda travesía es un cúmulo de casualidades que nos marca. Nacido en el seno de una familia de emigrantes eslovacos, lo de la firma convertida en icono fue un error de imprenta que le atrajo dado que lo cierto es que se apellida Warhola. No es coña. Cuando llegó a oídos de su madre que el veinteañero andaba pordioserín y esquelético, alimentándose solo de chuches, le hizo una visitilla y se tiró un par de décadas. Al producirse el adiós de doña Julia, la criatura fue incapaz de digerirlo, desistió de asistir al entierro y siempre negó que hubiese muerto.

Dejo atrás CaixaForum y cruzo Recoletos con la idea fija de acercarme al estanque del Retiro, que desde hace siglos solo veo en el recuerdo y esto de la edad lo pone a uno de un sensible que espanta. Pero como enseguida percibo lo desapacible del día, cambio de idea y acelero porque viene el 27. Me chupo la castellana y me apeo entre los juzgados de Plaza de Castilla a la izquierda y el Canal de Isabel II a la derecha por si quieres arroz, Catalina. En la fundación de este último cuelga la cartelería de Toulouse-Lautrec, que lo transporta a uno a madrugadas de cancanes. Regreso al punto de partida para comer y ya no se habla de otra cosa que de la caída de un árbol que, en el parque al que desistí de ir, se ha llevado por delante la vida de un crío de 4 años que patinaba a nada de distancia del padre. Solo de imaginar la escena, los placeres percibidos quedaron sepultados. Es lo que tiene la puñetera realidad. Que gasta una iconografía de aúpa.

Para dar y tomar

En noviembre de 2014 Alicante acogió el Congreso Nacional de la Empresa Familiar con ponentes de altura. La actualidad derivó otra parte del interés informativo en comprobar si la alcaldesa de armas tomar y doblemente imputada se presentaría a la clausura, por lo que no se sabía si Rajoy acudiría provisto de algún disfraz o si, siendo como es, tampoco lo precisaba. Finalmente, una gastroenteritis repentina alejó a Castedo de la tentación el mismo día que, en otra acera de la trama urbana, el juez citó a declarar a Modesto Crespo y a López Abad por una de las fruslerías cometidas. Es lo que tiene el paisaje que nos rodea: que no nos privamos de nada.

Tres años y medio después, la ua abrió sus puertas a la celebración del Día Mundial del Agua, una cuestión residual para esta tierra como todo el mundo sabe, tanto que ningún miembro del gobierno municipal socialista tuvo a bien representar a la ciudad. La razón es muy sencilla: Ximo Puig no hacía más que mirar para allá y para acá no fuera a ser que la diarrea –mental, por supuesto– que sufre Echávarri lo llevase a hacerse in extremis la típica foto del procesado por partida doble con el comandante en jefe de Morella en el caso actual. Por motivos obvios no resulta fácil adivinar quiénes están dispuestos a organizar por estos lares citas de categoría que requieran la presencia de las más altas magistraturas del estado. Sin embargo, no sería de extrañar que la próxima entrega de «La peste» ya tuviese localización.

El aroma a Brugal y a otras fragancias que empujaron a Alperi a tomar las de Villadiego no impidieron que su brazo derecho sacase en las urnas una victoria escandalosa. Dicen que el voto de derechas digiere mejor el tomate y que el moje apenas si le provoca acidez. El de izquierdas –hablo del pesoe, por si cuesta situarse– afirman los enterados que no lleva bien esos tragos al paladar. De ser así, el futuro que se le presenta a un partido que fue el prime en alzarse con la vara de mando se antoja conmovedor. A su lado, el Hércules podría llegar a parecer de Champions.

Inmersión bíblica

Entre la marea del 8 de marzo y la de los pensionistas a lo que hay que sumar la de la cantada secuela sobrevenida tras la trágica historia del chavalín, que ha servido de caldo de cultivo para que el partido mandón se erija en el máximo garante de firmeza frente a la pretendida inseguridad que nos acucia, los paisanos dudan sobre cuanto les rodea y, al ir reencontrándose, preguntan a bocajarro: ¿Y lo de Cataluña? No sufran, que ya mismo nos marea.

Atentos porque los independentistas trajinan para una investidura en plena Semana Santa, con lo que las arraigadas tradiciones que pueblan la Cataluña profunda corren el riesgo de verse anexionadas por el otro espectáculo como puede ocurrir con el ball de la moixiganga en Castellterçol, dentro del Vallès oriental. Allí, los asistentes se quedan extasiados por un baile que recrea los últimos días de Jesús a través de diferentes figuras y ejercicios acrobáticos. Pero, claro, ¿y si el momento cumbre coincide con que el nuevo elegido por la ensoñación contemporánea es presentado con algo más que la intención de que ascienda a los altares cuando desde el versículo 155 de la interminable representación se confiaba en que la única celebración fuera si acaso la de la Dansa de la Mort que resuena en Verges? Ya, pero es que lo que tenemos es la biblia en pasta.

El arraigo de las escenas litúrgicas diseminadas por las comarcas alejadas de los límites de Tabarnia es tal que no sería de extrañar se hubiera reescrito un nuevo testamento en Bruselas y que se pretenda implementar el calvario de exiliados y presos a la Passió medieval de cervera, considerada la más antigua de Europa, a la de Olessa de Monserrat, a la de Els armats de Mataró, a la de Esparraguera, al Via Crucis de Sant Hilari y al Christus de Olot. Se trata ésta última de una de las puestas en escenas más originales por la forma en que combina plástica y poesía. El texto recoge aportaciones de reconocidos autores catalanes y narradores pertenecientes al Orfeó Popular Olotí van recitándolo. Jesús desconoce si deberá llevar el lacito amarillo.

Los nuevos y los viejos

La gente se ha echado a la calle a decir que ya está bueno lo bueno y esto ha obligado a moverse algo a Rajoy. No hay derecho. Y encima la onu ha sacado uno de sus informes anuales en el que se elige país más feliz del mundo a… Finlandia. Hombre, el resultado no afecta a nuestro capitoste porque es bien sabido que, en la clasificación individual, él es con diferencia el más feliz pero, claro, el estudio realizado tiene en cuenta variables como producto interior bruto, ayudas sociales, longevidad media, calidad de vida de los inmigrantes, índices de libertad y ausencia de corrupción, por lo que el país presidido por quien lo preside, del que la plebe goza la intemerata y a que según la reciente comparecencia del ínclito en el Congreso «el sistema está recuperando el equilibrio financiero en un clima de gran creación de empleo, que ofrece las mejores garantías para mejorar las pensiones sobre cuyo sistema no existe hoy ningún peligro», aparece situado en el puesto 36, pegado a Colombia y a Trinidad y Tobago. Como diría el siempre encomiable Rafa Hernando, «no sé; yo soy de Almería».

Finlandia, cierto es, ha tenido suerte. Solo acumula cien años de vida en plan nación y sin embargo España ha contado con siglos de historia para destrozarse a sí misma. Lo que pasa es que desde muy temprano ese sitio tan al norte fue tomando iniciativas inverosímiles y en 1906 se convirtió en el primer estado de la vieja Europa en otorgar el derecho de voto a las mujeres. En palabras de quienes la conocen a fondo, «se trata de una sociedad muy transparente y con múltiples políticas de apoyo social». Para los finlandeses la educación no es cuestión de dinero y su sistema está considerado el mejor del mundo. La forma de haber sido educados ha reportado gran seguridad pese a contar con 140 polis por cada 100.000 habitantes frente a los 365 de aquí. Todo para que, al final, la esperanza de vida sea inferior a la nuestra. La gente no lo valora, pero Mariano se las sabe todas y ahí está el quid. En que tanta felicidad no hay quien la resista.

Sí, mi equipo es mú grande

El 6 de febrero del 58, el día que apagaba las velas de mi segundo cumple, el avión del United se estrellaba en Munich y como durante el mundial del 66 me embrujó un superviviente llamado Bobby Charlton, nunca he podido evitar cierta atracción por el trágico halo que irradia Old Tradford. El año del accidente el Sevilla de Antoniet –ídolo de mi padre–, Arza, Bustos y Campanal alcanzó los cuartos de la Copa de Europa y se inauguró el Sánchez Pizjuán, aunque ya antes me llevaron en brazos a ver la colocación de la primera piedra. Y esos fueron mis 45 años siguientes de fiel sufridor: una piedra.

Por eso y por tantas razones la cita de Champions, en este siglo que es gloria bendita, era tan especial para mí y para el sursum corda. A pesar de tratarse del pase a cuartos, nunca me han acribillado de este modo a mensajes nada más perforar las redes del todopoderoso anfitrión. Eran muchos los ingredientes que se juntaban: milagrosamente nos televisaban en abierto; se estima que los partidos disputados por los reds devils son seguidos por 600 millones de espectadores en todo el mundo, por lo que con que solo se nos venga el diez por ciento tras el baño, la tienda de Nervión no va a dar abasto y porque por ahí andaba el entrañable Mou. Solo Ansar le ha reportado tanto apoyo al oponente.

Desde que el cabal Roberto Alés tomara una nave a la deriva tan discretamente que ni les sonará y, sin un duro pero con gente que lo siente como Monchi y Caparrós impulsara un plan de choque, se le ha dado y de qué modo la vuelta al calcetín. Con las dos que disputará próximamente, mi equipo habrá jugado 17 finales en 12 años que se dice pronto para alguien arraigado en la pertinaz sequía. He estado en algunas de aquéllas y en eliminatorias, incluída la del gol de Puerta, pero es que conozco parados que no se han perdido un viaje. Hay que ser artista. También es verdad que más caro está saliéndole a los suyos el trajín europeo que viene marcándose Puigdemont, aunque su juego, eso sí, sea espectacular. Qué manera de fintar.

Frente a las giratorias

Tras 33 temporaditas entre late show y late night, convirtiéndose en uno de los dioses de la variedad al uso, David Letterman pronunció en 2015 su epitafio: «No quiero hacerlo más». ¡Pues, ea!, ya ha vuelto. Es lo que tiene Netflix y demás compañeros de viaje: que es tal el caramelito, que resulta difícil resistirse. A su disposición cuenta con una órbita de 100 millones de suscriptores detrás de una ventana que da a 190 países, cuando él se despidió con 14 millones de audiencia. Y puede hacerlo sin presión alguna, con una barba estilo Papá Noel puesto que uno de sus sueños era no tener que afeitarse al igual que lo era aquella retirada a tiempo. A este respecto admite no obstante que «si uno dice adiós para pasar más tiempo con la familia, debe consultarlo con ella primero».

La serie con la que ha renacido lleva por título «no necesitan presentación». La razón es simple: de partida los invitados han sido Barack Obama y George Clooney. Pero las entrevistas en un auditorio con público van salpicadas de desplazamientos del conductor del espacio a la geografía humana del invitado con tal de lograr plasmar una especie de Ésta es su vida dentro de lo que se convierte en un hallazgo dialéctico socarrón, inteligente e inspirador. No piensen en Bertín y acertarán.

En el capítulo del actor, Letterman se adentró por Kentucky para compartir jornada con los padres de aquél y conectar por skype con Amal y su chico, enterándoos así de los proyectos humanitarios que se llevan entre manos. En el de Obama, el barbudo se fue a Selma con el legendario luchador contra la discriminación racial John Lewis para que le permitiera cruzar el famoso puente con él ya que, cuando se escribió esa página, Letterman andaba pegándose la vida padre con amigotes. Bien, pues Netflix y otras ya están detrás del matrimonio Obama para que lance ideas que sacudan este secarral una vez que Barack confirmase a David que ha puesto en marcha en el sur de Chicago una fundación a fin de dedicarse a formar la próxima generación de líderes. Igualito que los nuestros.