En una nueva dimensión

Todo esto empezó a cristalizar diez años atrás y yo estaba en Nervión con Pablo al que su abuelo le inyectó sangre roja traída del Guadalquivir. Nunca se había vivido ni volverá a vivirse un prólogo con un ansia de esa magnitud por llevar al equipo a tocar algo, más allá de nuestras fronteras. Antonio Puerta tuvo que ser quien dejara a ese club centenario recién cumplido en las condiciones imprescindibles para empezar una nueva vida. La inició en mayo de 2006 en Eindhoven y en agosto invité al que tienen ahí al lado a ver en casa la Supercopa de Europa, un mundo perteneciente a una dimensión desconocida para los de mi cofradía. Junto a otros culés acudió a la cita en plan displicente como diciendo dónde van éstos hasta que el bloque eléctrico aquel dejó al Barça de los Ronaldinho, Messi, Eto ́o, Deco, Xavi con un tiro al portal de Palop en todo el primer tiempo antes de irse con tres chícharos encima que animó a los convidados a no saber qué decir. Pablo, los miles que sienten como él y como yo tampoco teníamos claro que el subidón quisiera decir nada más allá de lo sucedido y ni en sueños que ese resquicio que abrió Antonio con su gol al Schalke convirtieran a estos colores en los que más cumbres europeas han alcanzado en el presente siglo por delante de Barça, Bayern y no digamos ya del Madrid y, si sumamos a las nacionales las dos garantizadas para arrancar la próxima temporada, 16 finales en una década. No está mal para una afición que hasta dos días antes celebraba con fruición la consecución del Colombino. Empiezo a entender a los merengones cuando sueltan que se puede ser o del Madrid o envidioso. Por la de rivales que vas dejando en el camino, qué alegría reporta caer cada vez peor en este terreno. Ni que decir tiene que Emilio no vendrá en la presente ocasión a ver nada. Temerá encontrarme displicente.

El abanico de faenas

El pepé ha prohibido matar al Toro de la Vega y los del tripartito están a punto de colgar el No hay billetes en la Feria de San Juan. Sabíamos que lo lograrían.

Ya sea con la animalada de tradición asentada en Tordesillas o con la exhibición de esteladas en la final de la Copa del Rey, las huestes de Mariano poseen la virtud de conseguir a través del sesgo autoritario que les invade el efecto contrario. De momento tienen a los tordesillanos levantados en armas por el decreto que pretende acabar con la exhibición troglodita que zahiere los Campos de Castilla, pero lo único claro en este instante es que los mozos que se niegan a olvidarse del morlaco no sacarán a pesear estelada alguna.

El tripartito, supuestamente de izquierdas, alcanza al final el mismo efecto que sus contrincantes electorales gracias a la nulidad de mando acreditada. Si no recuerdo mal, vinieron a debutar en el cargo con la declaración de una de sus miembros, según la cual iban a acabar de plano con aquello de lo que hicieron bandera de entrada. Para pretender terminar con las corridas –se supone que de toros–, nunca en la vida se ha concitado mayor expectación que ante el cercano ciclo de Hogueras. José Tomás habrá puesto de su parte, pero anda que nuestra cuadrilla… Siempre he pensado que la mejor fórmula para finiquitar una materia controvertida es dejar que muera de muerte natural como ya ha ocurrido con la taurina en otros rincones patrios. Pero montar alrededor una fiesta tras otra obtiene un efecto similar al de las enseñas: que los fabricantes de las prohibidas se pongan las botas.

Bien es verdad que, con el paso del tiempo, el gobierno municipal no solo ha puesto sus ojos ahí. El cortinglés no es ninguna ganadería; el comercio tradicional, tampoco; la poli municipal también ha tenido que aguantar desplantes…En fin, que el abanico de faenas que se aprecia es variadísimo. De hecho Manzanares y los Rivera han descartado el quite del perdón. Han dicho: ¿Pero dónde vamos nosotros con los profesionales que lo ejecutan aquí?

Tiempo de valientes

Sigo la travesía actual de Buenafuente de aquella manera. Pero la emisión de este capítulo la aguardé con impaciencia.

Con «sólo un día no vamos a reir», el payaso de la imaginación dio paso al improvisado estudio en Lesbos adonde se había desplazado para alentar a los especímenes solidarios allí establecidos, acompañado de ese trovador del mar que nos une y que hemos convertido en escarnio, llamado Serrat. El profesional del salvamento sobre el que nuclea el reportaje pegó en septiembre un respingo en el sofá, se ofreció a las administraciones y nadie le echó cuenta. Los que nos representan son quienes aún no han contestado a los mensajes de situación que continúa transmitiéndole la embajada de voluntarios. El expedicionario que abrió el programa de Andreu se llama Óscar Camps, no confundir con Paco, tan solícito siempre con los accidentados. Debe ser como respuesta al arraigado pasotismo de las autoridades nativas por lo que este país nuestro es el que más cooperantes proporciona a la crisis humanitaria. Algo así como cuando Benedicto XVI cayó por Valencia y Cotino salió al encuentro, pero al revés. Por alguna vía es preciso respirar. Pero sobre el terreno hay que echarle bemoles. El día de septiembre que llegaron estos valientes se cargaron móviles y lo que llevaban encima porque tuvieron que arrojarse al mar nada más avistar el panorama. Ya por la carretera se cruzaron con un regimiento de caminantes empapados sin que nadie hiciera nada por ellos. Hasta 8.000 personas han alcanzado la orilla muchos días. Un mes después se produjo un naufragio descomunal que dejó a Óscar paralizado los cinco segundos que podía permitirse antes de decidir por dónde empezar. Siria es el tablero de ajedrez en el que está metido hasta 007 y así anda, claro, con Europa por ahí cubriéndose de gloria. No había más que ver los rostros severos del auditorio solidario mientras El Nano lo llevaba de Algeciras a Estambul. Una forma sencilla y estimulante de rasgar la guitarra contra los que han perdido por completo la sintonía.

Esos destellos de dialéctica

El 15M concitó el hastío y malestar de la plebe y de ahí que recogiera simpatía de todos los colores. Un lustro después, la mayor visibilidad con diferencia de aquel impulso acampado en la Puerta del Sol reside tan cerca y tan lejos de allí, investido en unas decenas de escaños que conviven con los frescos de la Cámara Baja. Su pastor y el cogollito de oficiantes se ha esfumado de la calle y se ha quedado mediopensionista en un rosario de platós, por lo que el abuso ha conseguido transformar su dialéctica en algo viejuna precipitadamente. Pablo Iglesias se ha hecho carne en todas las posturas y se ha dejado ver frente o junto a cualquiera. Deben faltarle muy pocos para completar el álbum. Uno debía ser éste con el que me pasan el vídeo de la sentada que realizó hace poco en el hall del castizo cine Doré. Su interlocutar deja la tarjeta de visita: «En este periodo, donde cada vez hay más gente ha- blando, tengo dudas de que haya más gente escuchando». Pero es con el siguiente ¡zasca! con el que al mesías de Podemos no le queda más que esconder la mirada a pesar de haber investido de cordial el encuentro como suele hacer con la mayoría de los pasajes bíblicos que protagoniza. Tras sus desprecios al desempeño de la transición, el acompañante enmarca la procedencia de ambos en la misma época y espeta: «Cuidado con criticar lo anterior antes de que nosotros hagamos no ya algo grande, sino digno de mención. Basta de criticar lo que hicieron nuestros padres hasta que no hagamos algo por lo menos criticable por nuestros hijos». Enseguida habrán percibido que quien replica al que quiere convertirse en gallito de la izquierdona no es ninguno de los dirigen- tes visibles de la competencia, puesto que la inmensa mayoría absoluta son papagayos, entre los que sobresale Susana Díaz dado que su plumaje aún pesa un quintal. No, es alguien al que sus correligionarios tildan de falto de ambición, y es posible que así sea, pero que se come con patatas fritas al ínclito y no es otro que Eduardo Madina. En fin, lo que le faltaba al guapo.

Con los ojos en el entramado

Como todo, Los intocables llegó a España con retraso. Un año después de que sus 118 episodios se pasaran en Estados Unidos y en otras latitudes atravesó esta unidad de destino en lo universal. Mi padre no se perdió uno y, amparándose en los dos rombos supongo, me puso muy difícil el acceso a alguno de ellos. En un primer momento pensé que detrás de su apetito se escondía únicamente la fascinación por una de las primeras series estrenadas pero, con el paso del tiempo y al ver cómo las aventuras de Bonnie and Clyde le tiraban igualmente, empecé a convencerme de que algo más subyacía en su interior: en concreto los 44 años de empleado de banca que se chuparía. Él siempre fue muy agradecido porque, otra cosa no, pero agradecidos sí que éramos a pesar de que se jubilara con un brochecito para la solapa y sin vista apenas. No obstante, ser bancario representaba un seguro de vida si te portabas y él se portó, aunque su debilidad por los tiros y los atracos bien perpetrados en la ficción quizá delataban un ansia reprimida como Dios manda, en unos tiempos en los que acudir al psicólogo o echar mano de un coaching para que te lo interpretara no entraba en los cálculos. La vida, con esas cosas que tiene, quiso sin embargo que la última peli a la que lo llevé en recuerdo a su pasión fuera la versión de Brian de Palma y guión de David Mamet con Kevin Costner, Sean Connery, Andy García y Robert de Niro poniéndole glamour a los agentes federales, a la mafia y a la ley seca del Chicago, años 30. El pedazo de hombre que fue no vivió lo suficiente para asistir al desmoranamiento de buena parte del entramado financiero del que él jamás salió desde su mesa en el servicio de Cartera y, por tanto, me he quedado sin saber si se le habría escapado una sonrisilla por la comisura al igual que cuando Eliot Ness se acercaba a su presa. Por todo esto me hirió que un portavoz del pesoe comparara el tercer grado de Carlos Fabra con las vicisitudes de Al Capone. Por favor, un respeto a la épica de los que iban a pecho descubierto.

Desfile de intérpretes

Buena parte de los llamados consejeros andan camino del banquillo, uniéndose de ese modo al de los próceres principales que ya pasaron y seguirán pasando por él. Sobre sus hombros se amontonan señalamientos proclamando que contribuyeron por activa y por pasiva al aniquilamiento de una entidad financiera que a principios de siglo rebosaba salud. Está por ver cuál será el destino de cada uno pero, por muy firmes que se muestren los tribunales, siempre será mejor que el de la caja de ahorros que a todo un territorio inoculado por su germen se le murió de sopetón. Los encartados vivirán sin vivir en ellos, ¿no? Bueno, este aspecto sí es difícil de precisar. Existe constancia de que uno de los popes centrales de este drama disfruta de los conciertos que tiene a mano. Se le ha visto deleitándose con Mozart, Mahler, Brahms… y, aunque falta por saber si está impuesto en la materia, eso nunca le ha arredrado para hacer como que movía la batuta de la orquesta. Otros juegan tan ricamente al tenis, al golf o pasean por la playa y, si advierten que viene de frente alguien poco apetecible, cambian al ritmo de los 800 metros con la gorra hasta las cejas. Algún que otro ha llegado a infiltrarse en reuniones de oenegés intentando, eso sí, disimular la procedencia concreta. Los autores intelectuales presentan síntomas de estar convencidos de que hicieron lo que debían. Si el presidente de la nación proclamó por aquel entonces que la economía española era de Champions, ¿por qué iban a tener que saber ellos más y arrederarse ante atractivas operaciones de riesgo? Sí que sabían más y barruntaban lo que se avecinaba, pero eso no les frenó a meterse en el jaleo con el que no pocos del gremio y alrededores andaba trajinando. Es posible que se dijeran que no querían ser los más tontos. Que si las burbujas no tienen techo, tampoco estaban dispuestos a quedarse sin tanto suelo suculento. Y ahí es donde han ido a parar: al subsuelo social, sin que ni la mejor de las filarmónicas sea capaz de afinar la manera en que han dado la nota.

Guiones cruzados

Por más que nos duela, reconozcamos que los franceses son únicos para lo suyo. Pese a consumir su cine como si fueran pipas, una reciente analítica no ha detectado nada de qué preocuparme. Reconcilia con el género humano que se sientan orgullosos de ese filón. Buena parte de cintas concitan un refrendo a prueba de bombas, entre las que se encuentra la última que he visto y que al día siguiente costaba recordarla. No pocas de ellas son historias intrascendentes en las que apenas se esbozan los trances, pero que durante hora y media distraen porque tocan situaciones que suelen quedar próximas. Aquí, para reconocer a algún creador, tiene que ser un hacha, caer bien, no posicionarse ideológicamente y haber derrotado a Napoleón porque tampoco garantiza la valía ganar un oscar ni dos.

Ahora, el no va más gálico viene cuando esos guiones que solo pueden germinar en sus mentes se trasladan a la actualidad política. Ahí sí ya que el deleite no tiene parangón y, después de tantos casos de vidas cruzadas entre personajes estelares del melodrama republicano como se le pueden estar viniendo a la mente, ha vuelto a ocurrir. El hombre de moda s ́appelle Enmamuel Macron, 38 añitos, ministro de Finanzas, exbanquero, algo más que inquieto, activista a día de hoy y que, encabezando la corriente ganas de cambio en la gente, se antoja futuro gran rival de Manuel Valls que, si no me equivoco, fue quien lo aupó. Pero lo que tiene fascinado al electorado femenino es la semblaza amorosa que lo envuelve. A los 29 se casó con la que fuera su profe de Arte Dramático, que se enrrolló cuando aquél tenía 16 por lo que hubiese podido ir a la cárcel. A estas alturas los críos con los que pasa el fin de semana el reputado De Guindos gabacho son los nietos de de Madame Ma- cron, quien lo acompaña a reuniones y va sin sueldo a su despacho porque aseguran que es un placer frotarse el cerebro juntos. La película es total, pero en cambio a la socialdemocracia no le va precisamente de cine por tanto como anda frotándose.

Un poquito de por favor

La maquinaria de la formación mandona llevó la cita de sus baluartes autonómicos con el presi en funciones de candidato al Marq. Los ocupantes del recinto tuvieron ocasión de contemplar las huellas de las guerras romanas en el sudeste de Hispania. El Señor de hilillos se detuvo ante la mano de bronce en la que el emperador empuña una espada con un águila de dos cabezas. Aunque el hallazgo impresiona resulta insuficiente para quitarse de enmedio a Javier Arenas, águila también presente, perteneciente a la época que quieran. En la actual, que no es de las más preciadas, la cúpula del partido gobernante ha querido poner a su jerarca frente al espejo para ver si, como los demás no se atreven, él es capaz de darse cuenta de que en lo que se ha convertido es en pieza de museo. Y Rajoy aprovechó andar rodeado de vitrinas para advertir que sí, que menos da una piedra.

Dirá lo que quiera pero, mientras tanto, el país se descuajeringa. Baste con decir que se ha anunciado la desaparición de Jordi Hurtado. Esto sí que no lo había conseguido nadie. Si alguien resplandecientemente inmortal se encamina al quirófano, ¿qué futuro nos espera la resto? Cuando ya ni el conductor por excelencia de nuestras digestiones se muestra en condiciones de Saber y ganar, ¿quién va a estarlo el 26-J? Las universidades, por ejemplo, plantean muchas dudas igualmente. Una de las más señeras, la Complutense, ha necesitado 23 años para retirarle el honoris causa a Mario Conde. A velocidad de las nuevas tecnologías no parece que vaya. En Twitter, que se dispara a 140.000 por segundo, una de las broncas más sonoras ha sido la protagonizada en torno a Fernando Tejero quien, tras recibir lo suyo por sumarse al manifiesto de intelectuales que pide al unión de bloques sin Albert, escribió: «Soy artista, homosexual, apoyo a Podemos y, a los que me faltan al respeto, les seguiré pidiendo que me coman el rabo». Esto entronca desde luego con los embrollos de la izquierda en España. Carrillo también llevaba rabo.

Desecho de tienta

Durante la celebración del Godó se ha constatado que el aprovechamiento de los tiempos muertos provocado por Nadal hasta que se decide a sacar da para chuparse La Vanguardia entera. El mundo editorial es consciente de que no se puede desaprovechar oportunidad alguna. La calma chicha que preside la legislatura está resultando, en cambio, un boomerang. Los espectadores no se explican ni el juego desplegado ni los reveses y el interés por empaparse de redundantes análisis cuatro meses seguidos es perfectamente descriptible. Menos mal que poniendo a un periodista de chupa de dómine, Pablo Iglesias ha volteado la aversión hacia los medios, que si no…

¿Y Europa? Luciéndose como saben. A qué altura estará comportándose que lo que más simpatía despierta con diferencia es el fenómeno del humildísimo Leicester, a punto de conquistar la todopoderosa Premier. Y si estuviese disputando la Champions, se la llevaba. Pese a ser dirigido por Ranieri, rebotado de la selección griega tras su destitución al perder en casa frente a Islas Feroe, le sale todo. El equipo es un desecho de tienta, mister incluído. Su hombre de mayor calidad es un argelino que acaba de ser elegido mejor jugador del ciclo y cuyo coste fue de cuatrocientos mil euros procedente de un Segunda francés. Vardy, máximo goleador, deambulaba cuatro años atrás por la séptima división inglesa y hoy está en la selección. Y cuando anda castigado como ahora –llegó a llevar tobillera electrónica por su mala cabeza–, sale Ulloa, ex del Castellón y del Almería, y, en lugar de uno, mete dos.

A otros, por más que se lo propongan, no les sale nada. Como árbitro de la contienda, al rey le están reportando un debú que es para pedirse una excedencia. La pseudocompetición es tan sublime que las apuestas abundan en que quien más posibilidades tiene de coger las riendas tras la consulta es el mismo que no la ha soltado. No es extraño, pues, que la afición clave la mirada en ese método que asfixia a lo que tiene delante. ¡Uf! sí, el de partido a partido.

Ideales quijotescos

Dos personajes más que secundarios del Quijote como Altisidora y Antonio Moreno osan salir de su decoro con tal de defender los derechos –orgullo mejor– de autor dentro de la cruzada anti Avellaneda emprendida por don Miguel, harto ya de estar harto y hasta la coronilla de que sus detractores hicieran de su capa un sayo con las aventuras de quien ni los más acérrimos contrincantes evitarán que, al pasar de los tiempos, se convierta en santo y seña de la singularidad de un pueblo. Y eso que quienes la emprendieron contra el ingenioso manco de Lepanto eran, en línea con él, cuatro muertos de hambre. Fíjense si al sin par narrador le hubiese tocado lidiar con Google. Dado que éste arrasa con todo, ahí sí que se hubiese acabado la magia del viaje al interior porque lo que nadie puede poner desde luego en duda es que el buscador es un gigante.

La velocidad de distribución por entonces era casi tan considerada como la de Movistar. Los primeros cinco ejemplares del Quijote salieron en febrero de 1605 y no llegaron a Hispanoamérica hasta octubre del año siguiente. Y lo hicieron, con perdón, a Panamá. Pero apenas unos meses después, en un pueblo minero por las cercanías de Cuzco, el de la Triste Figura, Sancho Panza y Rocinante formaban parte junto a otros caballeros consagrados de representaciones, reminiscencias de torneos medievales y fiestas en honor del nuevo virrey que, pásmense, no era el podemita de Pablo Iglesias. Qué barbaridad. Menos mal que la afrenta pronto será reparada ahora que, tras colgar de los molinos a quienes lo cuestionan, el prenda es lo que siempre persiguió. Maduro, claro.

No deja de ser paradójico la cantidad de quijotes hoy sueltos y los pocos hidalgos que se adueñan del escenario. Lo advirtieron en su día Unamuno, Gavinet y Rodó: ¿Por qué el maestro de la proverbial locura no hará de vez en cuando aparición..? Bueno, para eso están los arqueólos que aseguran haber dado con sus huesos. Aunque tonto, Cervantes no era. Y si se ha tirado siglos desaparecido, por algo sería.