¡Ay, los padres! Esos seres…

No sé cuánto le queda al Día del Padre. La natalidad en Occidente empezó a caer en los 70 cuando en España el número de nacimientos por cada mil habitantes era de 18,7 y, justo a los 40 años, el baremo se ha quedado escuchimizado. Andamos por el 9, que es de los más bajos de Europa a pesar del tantarantrán causado en su momento por la niña de Rajoy. El hombre hizo lo que pudo para remover a los indecisos pero, con su política, la cosa tampoco se ha animado en este aspecto. No tiene su día Mariano. Bueno, que más quisiéramos que fuese uno.

Como en tantos flancos, el asunto supera al menda. Mi padre se iba a currar antes de que abriera los ojos y, cuando regresaba después del consabido pluriempleo, su niño ya estaba roque. Del mismo modo, yo he disfrutado más de los míos cuando se han pirado de casa e incluso del país que cuando vivían bajo el mismo techo. Si a esto se une el avance en el rol de la mujer, gracias a las iniciativas de conciliación que hemos logrado implantar, más que hijos lo que criamos son huérfanos. En algunos casos, eso que salen ganando.

Una vez que lográramos las condiciones que tienen a su alcance los humanos en países escandinavos, Alemania y Francia, entre otros, podríamos plantearnos entrar por derecho, y no porque no queda otra, en la reinante dimensión anglosajona: tener o no tener hijos, esa es la cuestión. Egoísta, superficial, ensimismado es una recopilación de 16 ensayos de diferentes autores en los que la elección de no pro- crear gana enteros. Dentro de los mismos, Lionel Shriver, creadora de Tenemos que hablar de Kevin, manifiesta: «Durante mis años fértiles, he tenido tiempo para tener hijos. Tuve dos relaciones estables, una de ellas desembocó en un matrimonio que continúa. Mi salud era perfecta y podría habérmelos permitido económicamente. Simplemente, no los he querido. Son muy desagradecidos». Aunque me quede sin regalo, no va desencaminada. Por lo único que tienen un pase las criaturas, sabido es: porque, de ser hijo, no hay quien se libre.

En espera de lo que ha de venir

Poco antes de terminar la ronda inicial del rey con los candidatos tomé una caña con Román Bono, aquel presi de la Cam que, cuando era mucho lo que había que representar, lo hizo como Dios pese a enterarse de lo que ocurría y no cobrar ni siquiera dietas por asistencia a los consejos creo. Parece ciencia ficción. Sin salir de ella, me preguntó por el pronóstico y, aún con mi contrastada incapacidad como apostante, respondí que elecciones. Se hizo un silencio y creo que pensamos lo mismo. Que habernos decantado por unos dry martini tampoco habría ayuda- do puesto que ni los que llevan el asunto son capaces de saber qué ocurrirá. La situación se ha vuelto tan peculiar que hasta alguien como Iñaki Gabilondo la parodia. Con su autodenominada penúltima energía, el periodista de cabecera para no pocos profesionales inicia un programa sobre los adelantos que han de venir al hilo de Cuando ya no esté. El mundo dentro de 25 años. Aprovechándose de ello, Buenafuente lo invitó a compartir la mesa de un presunto informativo en 2041, que el maestro de las ondas arrancó con la siguiente noticia: «Pedro Sánchez reinicia la ronda de contactos para formar Gobierno». ¿Será una exageración o se quedarán cortos? El caso es que solo con un par de meses metidos en harina ha dado tiempo a que a los reyes se les vea el plumero por el sumidero cortesano y a corroborar que al pretendiente socialista le cuesta sumar y que, cuando aún le queda un mundo para que le cuadren las cuentas, comienza a restar por su entrega al coleguete gallego. El estado de la nación hoy en día es un acrónimo de nada con sifón en el que Rivera engorda gracias a que la pertinaz estrategia de Rajoy no es otra que santa Rita lo que se da, no se quita. Y para que resulte difícil mirar hacia algún lado, ahí está Podemos empezando a descalabrarse. Es el riesgo de partir de esa forma la pana. Aunque lo que tiene a la gente en un sinvivir es saber qué ha sido del bebé de Bescansa. Pues debe estar donde la inmensa mayoría nos encontramos: en otro sitio.

Movilidad «A» y movibilidad en «B»

Tras ver Brooklyn, hermosa película basada en la novela de un autor irlandés, un director de Cork y una portentosa actriz estadounidense de idéntico origen al de los anteriores, me vino la escena de la mañana en la que dejé atrás mi ciudad. Mis padres hicieron los 120 kilómetros hasta Córdoba en el coche para volverse por su cuenta mientras yo seguía rumbo al Mediterráneo, no sin antes propinarnos abrazos y advertir a continuación por el retrovisor cómo les caía lagrimones en descarnada y armoniosa competencia con los míos. Me fui porque llevaba un tiempo en paro, acababa de aprobarse la Carta Magna, vivíamos en plena ebullición, corría el riesgo de tirarme por otros derroteros seductores cuando lo que perseguía era seguir siendo carne de Redacción e irme con el ejemplar recién salido a la cama –si además venía alguien más, ya ni les cuento– y, periodísticamente, lo que había por allí era aún menos atractivo que Donald Trump. Al segundo día de insertarme en el paradero escogido supe que era mi sitio y el llanto se borró del mapa.

Años después, la papelera Holmen invitó a componentes de esta casa a ver sus instalaciones en Estocolmo y a pescar cangrejos. Otros tiempos, sin duda, en los que hasta los animalitos estaban convencidos de que andaban p ́alante. El relaciones públicas, que parloteaba lo escandinavo como Abba, era de Málaga. En su caso se dio el piro por un amor de otro tipo. Se ligó a la famosa sueca de los sesenta, se casa- ron y, a los nueve meses de comer espetos, soltó ella que hacia los fiordos o nasti.

En la necesidad de comprobar si uno es capaz de salir adelante por sí mismo, de montarse su propia vida reside el meollo de lo que soñamos ser. Por eso cada día que pasa resulta más sangrante tener chavales desparramados en destinos forzados, mochileros diplomados que pelean con amiguetes por ver si consiguen servir y limpiar la cocina en cualquier Burger de Londres o de Dublín. Es lo que la galana llamó movilidad exterior. Esperemos que, a la mayor brevedad posible, lo pruebe.

El que ampara los incendios

Cuando se refieren a él,buena parte de los simpatizantes del pepé no lo pueden disimular: Pablo Iglesias les cae de fábula. Mejor que Willy Toledo posiblemente. Y, lo que sí es significativo, tampoco ocultan cierto hastío, una porción de vergüenza y la fatiguita que les provoca esos chanchullos que han perforado la moral de la plebe. Aunque con la de escándalos que llevamos, la perforación se antoja blanda.

Dos escenarios con sesiones paralelas nos han llenado la vista. Uno en Palma, el otro en la carrera de San Jerónimo. Y las consecuencias son de lo más divergente. Para el cuñado y yerno de reyes, la senten- cia está echada. En adelante no podrá salir a la calle, salvo en Ginebra y si anda deprisita, curiosamente el mismo país en el que anida el factor Bárcenas para los restos. Y sin embargo el máximo responsable de la organización, en la que los tesoreros han sido contables al estilo Rus y en la que una pléyade de figuras a los que el ungido por Aznar se comprometió a emular andan en la trena o camino de ella, no solo sale a la calle tan campante sino que amenaza con la renovación de su contrato al frente del combinado nacional. Cuando los creyentes de la formación suspiran porque Soraya, Feijóo, alguno de los novísimos –sin contar a Arenas, que ahí seguirá– o el sursum corda giren el rumbo para que se transforme la atmósfera reinante tan irrespirable ella, el ínclito pregona que es un activo a mucha honra y que, de aquí hasta que el nudo traiga el desenlace, será un moscón que revolotee sobre el resto de moscardones del espectro viviente. Ha anunciado que estará al acecho y que in- cluso no piensa ni dejar a Sánchez a su aire. Los suyos, en cambio, sí que parecen dispuestos a continuar en primer tiempo de saludo, saludando con aspavientos su socarronería desde el escaño y perpertuando de ese modo la presencia de quien por ignorancia o por todo lo contrario ha contribuido a atizar los incendios que nos rodean y a que las especies autóctonas estén buenas. De acuerdo, vale que su cohorte no intervenga. ¿Pero y el Seprona?